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El diablo y las descargas digitales.

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En Santa Marta todo era felicidad hasta que llegó el progreso. Con el progreso, entre otras cosas, llegó “la internet”, una invención del diablo. Esta demonización del progreso presentada en esta canción de Larbanois-Carrero, verdadera apología del atraso es algo tan viejo como la humanidad misma. Es que inevitablemente el progreso genera ganadores y perdedores. Pensemos lo que pueden haber sentido los vendedores de velas cuando se inventó la lamparilla eléctrica o los aguateros cuando pasó a distribuirse el agua por cañerías.

En el siglo XVIII y XIX algunos obreros a los que la revolución industrial los amenazaba con el desempleo  la arremetían destruyendo las máquinas; fue el llamado movimiento ludista. Uno puede entender la reacción de esta pobre gente que se quedaba en la calle; cuesta un poco más entender las que ocurren en el siglo XXI como respuesta a determinados progresos tecnológicos.

Días atrás un diario titulaba: “Amenaza WhatsApp: caen llamadas por móvil y SMS” (http://www.elpais.com.uy/economia/noticias/amenaza-whatsapp-caen-llamadas-movil.html). El progreso tecnológico genera una enorme mejoría en el bienestar de las personas al permitirles hablar o mandar textos al instante y en forma (casi) gratuita con cualquier parte del mundo. ¿Se acuerdan los más veteranos cuando para hacer una llamada para comunicarse con un familiar en otro país había que esperar varias horas la conexión y cómo, además, esa llamada desestabilizaba el presupuesto? ¿y cuando la única forma de enviar un texto era una carta que a veces, si llegaba, demoraba semanas? Sin embargo esto es presentado como una “amenaza” porque jaquea las ganancias de un grupo de empresas. No sería de extrañar que las compañías de telecomunicaciones comenzaran campañas pidiendo el bloqueo de estas aplicaciones o buscando algún tipo de regulación que las limite. Va a ser muy difícil que lo logren ya que, en este campo, el progreso es incontenible. Por ahí, tal vez, tengan un poco de suerte al aliarse con los nostálgicos de Santa Marta que solo ven en estos adelantos sus aspectos negativos (“están todo el día distraídos con los mensajes de texto ”, “se aíslan”, , “lo usan para difundir pornografía o para hacer bullying”, etc. ).

Entre los que se ven amenazados por el progreso tecnológico hay un sector que, toda vez que puede, se hace escuchar: el de los artistas, principalmente los que se dedican a la música y, más recientemente, los escritores. Es que el progreso, a la vez que favorece al consumidor, les perjudica su negocio.

Hasta que Edison inventara el fonógrafo (1877) y aparecieran los primeros discos (fines del siglo XIX) los músicos no tenían forma de conservar los sonidos que producían y, por tanto, era imposible que los difundieran comercialmente. La única manera que tenían de ganarse la vida era mediante la realización de conciertos o gracias a algún mecenas que los mantuviera. Pero incluso la realización de conciertos estaba limitada a los teatros o clubes; no había tecnología para que el sonido se difundiera en grandes espacios abiertos. Fundamentalmente a partir de la invención del tocadiscos en 1925 y los discos de vinilo, en la década de los 40, los músicos empezaron a tener otra fuente de ingresos. A partir de los 50 o los 60 las ganancias por ventas de discos pasaron a ser mucho más importantes que las que provenían de los conciertos. De hecho algunos grupos musicales (no sólo los Beatles) dejaron de dar conciertos y se limitaron a grabar. Desde el punto de vista tecnológico el vinilo tenía una “ventaja”: era imposible la copia doméstica del disco. La primera amenaza tecnológica fue el cassette, de gran auge en la década del 70: una pequeña cajita con una cinta de audio adentro. Como el cassette virgen era muy barato se podía pedir el disco a un amigo que lo hubiera comprado y grabarlo sin ruidos de ambiente.  Por aquella época se desató una campaña de los músicos – y de las compañías de grabación que en realidad eran quienes se llevaban la mayor tajada del negocio – tendientes a que los cassettes fueran gravados fuertemente con impuestos de forma tal que dejara de ser rentable su compra para copia. Pero los vinilos resistieron bien el embate y los músicos siguieron haciendo su negocio. Las razones por las cuales el vinilo resistió son fáciles de explicar. En primer lugar el cassette era algo de muy mala calidad; para obtener un cassette bueno y que no se oyera el sonido a cinta al reproducirlo había que gastar más dinero y ahí el negocio dejaba de ser rentable. Los cassettes frecuentemente se enredaban y estropeaban, se iban deteriorando con el uso y había que guardarlos cuidadosamente ya que cualquier suciedad los echaba a perder. Adicionalmente era complicado seleccionar una canción determinada. Mientras que con el disco eso se lograba simplemente moviendo el brazo del tocadiscos con el cassette había que ir para adelante y para atrás con las teclas ff y rw hasta ubicarse en el lugar exacto, lo cual además deterioraba el objeto. Pero había otra razón adicional: el producto disco de vinilo LP era algo más que un simple soporte para grabar música: era un objeto que satisfacía al consumidor no sólo por la música que tenía grabada, sino por su envase: las tapas de los discos tenían un atractivo en sí mismo. Muchas  eran emblemáticas (http://rollingstone.es/noticias/las-diez-mejores-portadas-de-discos-y-su-historia/), y algunos discos son recordados no solo por su música sino por su portada. Escuchar música de aquellos discos tenía un contenido más ritual: la gente se sentaba a escuchar. Tal vez el hecho de que a los 20 minutos había que dar vuelta el disco los hacía poco aptos para usarse como música funcional. Mientras la música sonaba se miraba y remiraba la tapa una y otra vez, siempre había algo a descubrir, o bien se leían las letras (si es que las traía); incluso se palpaba y olía la portada, porque algunas venían con un olor muy especial. La amenaza seria comenzó en la era digital con el advenimiento del cd, primero y del mp3, después. El cd fue -aparentemente – una importante mejora tecnológica y esta superioridad bastó para desplazar al vinilo; fue tan rápido este desplacamiento  que la industria  no reparó en la magia del vinilo derrotado para rescatarla y descuidó la forma del nuevo producto, lo cual a la postre resultaría fatal. Desde ese punto de vista el CD fue una verdadera y despreciable porquería. Ningún producto que, además pretenda valorizarse como objeto, puede tener tapas de plástico, y al principio la mayor parte de los cds eran así, unas cajas inmundas que normalmente se rayaban, quebraban o se rompía la parte donde el cd se encastraba o donde la tapa se unía a la contratapa y cuando más adelante se avivaron de mejorar la presentación con tapas de cartón ya era tarde. El CD se hizo rápidamente vulnerable a la “piratería”; bastaba tener una computadora con un copiador de CDs y por un par de dólares o menos se obtenía prácticamente el mismo producto que en el mercado valía doce o quince. Y para rematar todo el mp3 hizo innecesario el soporte físico. Toda la música del mundo podía circular en la web, ser apropiada y copiada, prácticamente sin costo, mediante sencillos programas que además se descargaban gratuitamente. Era – definitivamente – el fin del negocio para los músicos y el paraíso para los consumidores. Muchos (no todos) pusieron el grito en el cielo y se largaron en una furibunda lucha contra la piratería dispuestos a poder recuperar sus derechos de autor. Así promovieron el cierre de sitios de descarga, los bloqueos de lugares de almacenamiento, la baja del material subido o hicieron lobbie para que se sancionaran leyes penando el copiado. Incluso se llegó a perseguir penalmente a quienes hacían descargas gratuitas para su uso personal. Pero a la larga todo será en vano: la tecnología ha convertido la música grabada – y otros archivos digitales – en lo que los economistas llaman un “free good”. Cobrar por la música digital va a ser como pretender cobrar el aire.

Dentro de las voces que se han levantado para condenar la piratería hay una ilustre y que me merece el mayor de los respetos: Mario Vargas Llosa. El gran escritor peruano, tantas veces denostado injustamente, es un liberal normalmente muy coherente con sus ideas, se esté o no de acuerdo con él. Sin embargo, en este caso, parece que su liberalismo queda de lado y predomina su condición de afectado por el cambio tecnológico. En la charla que realizara en la Universidad Católica, en ocasión de su visita a Montevideo, dedicó una buena parte de su exposición a despotricar contra la piratería en los campos de la música grabada, los dvd y los libros. Respecto a la música dijo que los usuarios de la red pirateaban con total impunidad, se quejó de que la cadena Blockbuster había sido arruinada (pobres fabricantes de velas) por el comportamiento ilícito de quienes compran películas en mercados alternativos y que “las campañas contra la piratería hechas por las cámaras del libro fracasan por la falta de apoyo de los gobiernos y porque a la gente no le importa”. Estos conceptos los ha ido reiterando una y otra vez, todos en nombre de la protección de los derechos de autor.   (http://180.com.uy/articulo/18328_La-prensa-sensacionalista-no-corrompe-nace-corrompida) (http://archivo.larepublica.pe/10-04-2014/mario-vargas-llosa-la-pirateria-es-mortal-para-los-escritores)

Cómo debemos entender esta situación?. Vayamos por partes. Vargas Llosa, como liberal que es sabe muy bien que el progreso tecnológico y el mercado son imparables y normalmente todos los intentos de ponerles vallas artificiales fracasan. El contrabando, por ejemplo, es la típica respuesta ilegal a las trabas a la circulación de bienes. La piratería es la respuesta a los costos elevados de la industria musical o editorial. El argumento de denostar una actividad desde el punto de vista moral porque “la ley lo prohíbe” es una falacia. Sabemos perfectamente que las leyes se pueden cambiar y que muchas veces las cosas que prohíben no son contrarias a la ética. No creo, por ejemplo, que el escritor se vuelva tan intolerante contra quienes practican el aborto o fuman marihuana en sociedades en que esto está prohibido. Al respecto es interesante leer este artículo http://elpais.com/diario/1998/10/11/opinion/908056807_850215.html donde utiliza certeros argumentos sobre el accionar del lobby de la iglesia católica en el tema del aborto que no utiliza para el caso de los artistas. Más bien, en este último caso se lamenta que el lobby fracase.

En segundo lugar, no se trata de un problema moral. Es una ley económica. Si la tecnología convierte un artículo en completamente gratuito no hay con qué darle. Durante muchos años los artistas – y las compañías distribuidoras – se han beneficiado del poder monopólico que tenían sobre la distribución de las obras que creaban. La tecnología, al eliminar los costos de reproducción de las obras ha destruido ese monopolio y poco puede hacerse para mantenerlo. Las viejas leyes empiezan a quedar obsoletas y llegará un momento en que el costo de hacerlas cumplir será mayor al beneficio de su cumplimiento. Imaginemos por un momento que en lugar de música se tratara de alimentos y que se hubiera descubierto la forma de clonar domésticamente y sin costo una papa usando una computadora. ¿Sería una inmoralidad clonar una papa para alimentarse porque perjudica a sus productores?

En tercer lugar, muchas veces se argumenta que si la descarga gratuita de música, libros o películas fuera completamente legal esto implicaría el fin de la música, la literatura o el cine, ya que los artistas no tendrían estímulos para crear. Más allá que los estímulos económicos no son los únicos estímulos para un creador esto no es así. Implicaría simplemente que muchas de las personas relacionadas con estas actividades (y no necesariamente los intérpretes o creadores) ganarían menos dinero o deberían ingeniárselas de otra forma para mantener su estándar de vida.

En el caso de la música es muy sencillo. Se trata de volver a lo que era antes: conciertos y mecenazgo, sólo que aggiornado con la tecnología del siglo XXI. Hoy los conciertos se pueden hacer en espacios más grandes, y además está la televisión. La televisación de recitales en vivo – tal como ocurre en el fútbol – es una opción no explorada. Claro, para que eso funcione los artistas deberían hacer un mayor esfuerzo. No podrían repetirse a sí mismos constantemente, tendrían que innovar de continuo. Si en Santa Marta – cable mediante – despierta interés el que Palermo erra un penal es porque antes de tirarlo no se sabe si lo va a errar o no . Habría que ser muy fanático para mirar todas las semanas el último concierto de los Rolling Stones en el que Mick Jagger invariablemente interpreta Satisfaction de la misma manera y dando los mismos saltitos. Los músicos deberían componer más y hacer sus shows menos estandarizados; y los consumidores, agradecidos. Y si este razonamiento es correcto deberíamos concluir que las actuales formas de comercialización de la música han “achanchado” a los artistas.  La otra opción es el mecenazgo. Ya hoy en día, muchas grandes empresas están dispuestas a promover artistas. Con la ayuda de internet aparece otra posibilidad: el mecenazgo voluntario a pequeña escala. Sin duda mucha gente común y corriente estaría dispuesta a poner dinero voluntariamente a efectos de que sus grupos favoritos siguieran tocando, produciendo música y colgándola en la web o sus escritores escribiendos De la misma manera   como ocurre en las iglesias que se financian por los aportes de sus fieles; ejemplo adecuado ya que muchos fanáticos profesan por sus grupos favoritos una admiración casi religiosa. O con los clubes de fútbol y sus socios. Las páginas web – con la ayuda de las redes sociales – podrían operar como los elementos centralizadores y coordinadores. En lo que me es personal, por ejemplo, estaría dispuesto a aportar una mensualidad para que Vargas Llosa siguiera escribiendo sus novelas (aunque no para que los Rolling Stones sigan fabricando clones cada vez más pauperizados de su vieja y brillante obra). Y aquí todos contentos, los artistas seguirían viviendo de su arte y los consumidores con muchas más posibilidades (podrían ellos mismos grabar conciertos y subirlos a la web, por ejemplo). Tampoco desaparecerían las grabaciones digitales hechas por los propios músicos, ya que sería la forma de dar difusión a su obra. Y el mecenazgo voluntario podría operar como una especie de “contrato” del artista con su público – ya sin la mediatización de los distribuidores – que los obligara a mantenerse en producción.

Pero, además. existe aún espacio para la difusión comercial del arte en los viejos soportes. Por más que los escritores se vienen quejando desde hace mucho tiempo de la competencia de las fotocopias, lo cierto es que los libros resisten. Es que el libro como objeto es muy superior a la fotocopia. Cualquiera que ha pasado por la experiencia de leer un libro fotocopiado lo sabe. La mayor amenaza a los libros viene del lado de las ediciones digitales. Pero los libros también funcionan como adorno (cuántas veces hemos pagado más por una edición simplemente porque luce mejor en nuestra biblioteca) y –al igual que los viejos LP de vinilo – existen otro tipo de placeres: táctiles, visuales e incluso olfativos que las ediciones digitales no pueden brindar. Probablemente a la larga el libro impreso – al igual que otros soportes de productos artísticos – pierdan la batalla, ya que las preferencias de las nuevas generaciones cambian. Y si las ventas de libros caen tampoco culpemos a la digitalización y a la piratería. Pensemos simplemente en la mayor oferta de productos de entretenimiento que – afortunadamente – existe hoy en día y que compiten con la lectura.

Frente a este tipo de amenazas la apertura mental de los artistas determina si las amenazas quedan en pataleo o se transforman en desafíos y oportunidades. Al respecto es bien interesante ver la distinta respuesta que frente al fenómeno de la piratería han tenido dos grupos de metal rock : Metálica e Iron Maiden. Mientras que los primeros la emprendieron contra todos sus fans que bajaban la música de internet, movilizando abogados para efectuar acciones legales y haciendo lobbies para que se prohibieran las descargas los segundos usaron la tecnología para identificar de qué parte del mundo venía la mayor cantidad de descargas para realizar ahí sus conciertos. Cuestión de mentalidad.

Finalmente, la demonizada tecnología ha democratizado algunas concepciones del arte haciéndolo más inclusivo. Hoy cualquier artista desconocido y con pocos recursos puede hacer grabaciones y darse a conocer con la ayuda de internet y las redes sociales sin tener, necesariamente, que agacharse frente a contratistas y sellos discográficos. Bien conocido es el caso de Federico Alvarez y su video de 300 dólares que lo llevara a Hollywood.                                                  

Una vez (ya no me acuerdo quien y hace mucho tiempo), me contaron una anécdota que tampoco sé si es cierta (no he podido encontrarla por ningún lado). Y si no es cierta, tanto da. Dicen que en una oportunidad el poeta Antonio Machado andaba deambulando por un pueblito de España cuando vio en una taberna a una persona recitando uno de sus poemas. Machado se acercó al hombre y le preguntó si sabía quién era el autor de lo que estaba recitando (no era para denunciarlo al equivalente español de AGADU). El hombre le respondió diciéndole que era de un autor anónimo. Machado, dicen, se puso a llorar. No lloraba  por la pérdida de sus derechos de autor. Lloraba de emoción, porque para un poeta no hay nada más glorioso que su obra se incorpore al folklore del pueblo, fundiéndose en él y  que de esa manera se corte  el cordón umbilical con su creador.

O, tal vez, como dice la propia gente de Santa Marta, tan vapuleada por el progreso y nostálgica del pasado: “la cultura no puede quedar de lado/no todo está en venta/no todo es mercado

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  1. Las nuevas tecnologías han comenzado a eliminar los intermediarios y tirado abajo viejos modelos de negocios. En este articulo usted hace referencia a la industria discográfica. En este sentido las discográficas se han visto perjudicadas por los formatos digitales. No así las bandas que gracias al formato digital les es mucho más sencillo arrancar y hacerse conocer.
    Pero la internet, no solo está matando a la industria discográfica. Desde la posibilidad de tener internet en tu dispositivo móvil han aparecido aplicaciones que quieren derribar monopolios. Pregúntenle a Dourado que opina de Easy Taxi, y eso que aún no conoce a Uber. En Europa los hoteles están perdiendo parte de su negocio por culpa de Airnb… y si hay algo que la historia nos ha enseñado que no hay forma de vencer a la tecnología. La tecnología siempre gana.

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  2. Me ha gustado mucho, pobre vendedor de velas y pobre aguatero!!!

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  3. Hola ,veo que fiel a su conducta iconoclasta, el salmón “corta pa la salida”, sin mirar si son muchos. Y son demasiados los que aplauden la visión bucólica del pueblito S. Marta. Sin llegar a ponerme vazferreiriano puedo dar fe que la falsa oposición de pueblo chico con o sin Web es otra imagen “retroprogre” muy común en estas épocas abonadas por voluntarismo y demagogia. Si hay algo que conozco de adentro son los pueblos “de afuera”. Nací, me crié y vivo en uno de ellos. Supe vivir en Montevideo en época de estudiante, luego trabajé 25 años yendo y viniendo.Nunca pude apreciar diferencia alguna en cuestión de defectos y virtudes. Lo característico de los Santamartas es esa visibilidad que te hace transitar como desnudo por las calles y que cual tesis darwiniana logra rastrear tu pedigree familiar y te condiciona en forma positiva (si llenás las expectativas) o te segrega, si reniegas del legado (legajo?) familiar.
    La proliferación de Facebook se ha transformado en un mágica ventana abierta del vecino, por la cual se ven amores y viajes (verdaderos o inventados). Eso que dice la canción “que con la internet nadie sabe del vecino”…minga!, el bendito Facebook oficia de petite Big Brother para el chusmerio del barrio
    En lo personal no termino de gozar con los mil videos y grabaciones que ni soñaba poder apreciar (“gracias youtube por todo lo que nos das”). Grupos musicales y películas que dormían en artículos de amarillas revistas, ahora me “colocan” y rejuvenecen.
    Con respecto al resto de la nota ya no sería tan ecuánime al comentar. Yo soy otro de esos que la tecnología desplazó irremediablemente.:En el 93 coloque las matrices del último vinilo salido de una Toolex Alpha,en Uruguay, bajando la cortina a esa industria local, para siempre.(Fimasa, calle Nueva York 1176). Cambié el olor del cloruro de polivinilo recién prensado, por el de la carne recién desangrada .. (cualquier similitud con “La metamorfosis” es una “terraja” pretensión mía de,oficiar un “Réquiem” para mi ocaso laboral ).
    Guayabox
    P.D. Es notorio que que la canción quiso ser un alegato contra la globalización, etc etc. .Pero el salmón cuando quiere llegar al fondo, a veces destripa. con precisión quirúrgica. .

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  4. De acuerdo.
    La anécdota de Machado no se si será verdad o no. Pero te cuento que el Hermano de Antonio Machado, Manuel, también poeta, escribió un poema llamado “la copla” (lo interpreta musicalmente Ricardo Comba) que en una de sus estrofas dice precisamente que para un poeta es la gloria que sus versos vayan a parar al pueblo y se diga que no los ha escrito nadie.
    En general muy interesante el artículo.

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    • Excelente su comentario amigo Bradbury. Un gran aporte. Realmente no conocía el poema que aquí transcribo:
      LA COPLA

      Hasta que el pueblo las canta,
      las coplas, coplas no son,
      y cuando las canta el pueblo,
      ya nadie sabe el autor.

      Tal es la gloria, Guillén,
      de los que escriben cantares:
      oír decir a la gente
      que no los ha escrito nadie.

      Procura tú que tus coplas
      vayan al pueblo a parar,
      aunque dejen de ser tuyas
      para ser de los demás.

      Que, al fundir el corazón
      en el alma popular,
      lo que se pierde de nombre
      se gana de eternidad.

      La anécdota que refiero me la contaron hace más de 40 años, difícil saber si era verdad, si era en realidad algo inventado a partir de este poema o si este poema refleja un hecho. Importa poco realmente. Lo que importa es el sentido de todo esto.
      Y una vez más le agradezco por su excelente aporte.

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