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UNA MERLUZA NEGRA EXQUISITA

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El otro día tenía ganas de comer pescado.  En Uruguay resulta políticamente correcto comer pescado. Pero a mí además me gusta y hace bien a la salud (estoy pasado de peso). Sin embargo, pese a lo que dicen dietistas y médicos y a la abundancia de peces en nuestra costa y ríos, los uruguayos no tenemos todavía totalmente incorporada la costumbre de este tipo de carnes; y por ello no existen muchos lugares en el Centro de Montevideo donde uno pueda salir al mediodía de su trabajo y despacharse con una buena y rica porción de corvina, lenguado o brótola. (si saben de alguno avisen).mercat

Una persona amiga me mencionó que le habían recomendado un restorán en la Ciudad Vieja que se dedica principalmente a la venta de productos del mar y, como la idea me gustó, allí me largué. El lugar está en una esquina de la Calle Piedras con Colón, bien cerca del Mercado del Puerto. Es la típica casa vieja que fue disfrazada de rústica de modo de no gastar demasiado en su refacción. Ladrillos vista y objetos antiguos como decoración. No está mal. Es fácilmente reconocible porque la fachada está toda pintada de negro y sobre la pintura han sobreimpreso en varios idiomas el anuncio de “pescado fresco”. No soy experto en idiomas, pero creo que muchas de las versiones en lenguas foráneas están incorrectas por falta de concordancia de número entre el sustantivo y el adjetivo, tal como pueden ver si hacen doble click en la foto para ampliarla. Así en francés se dice  “poisson frai” y no “poissons frais” y en italiano “pesce fresco” y no “pesci fresco”. Confieso que mis conocimientos de alemán no son suficientes como para saber si es más correcto “frische Fische” que “fische frische”, como algún gracioso intentó corregir graffiteando un par de flechas. El lugar es chico y estaba lleno de gente y de mesas previamente reservadas, pero el mozo logró acomodarme en una mesa individual que sacó no sé de donde. Cuando uno pide el menú, en lugar de la clásica carta, le acercan unos pizarrones donde tienen escrito en tiza los platos con sus precios. Original, sin duda. También originales los precios, pero bueno, ya estaba jugado y con mucha hambre como para dar marcha atrás. Además, ya había perdido mucho tiempo como para buscar otro lugar, ya que la persona que me lo había recomendado es bastante despistada (un saludo afectuoso si me está leyendo) y me dio mal la dirección, por lo que anduve varios minutos dando vueltas por la zona.

Me ofrecieron como opciones, lenguado, salmón y muy especialmente una merluza negra que recién les había llegado, plato por el cual finalmente me incliné después de haber descartado el salmón por razones de evitar canibalismo. Ahí empezó una larga, aburrida y nerviosa espera durante la cual me comí todo el pan con la salsita de acompañamiento y tres cuartas partes de la botella de refresco (light), mientras veía como a un grupo de más de veinte personas que llegaron después de mí le iban sirviendo mejillones al vapor y algunos otros platos que no pude ni intenté reconocer. Seguramente, esta gente, que tenía reservada su mesa, había ordenado su comida con anticipación, por lo cual los cocineros pudieron despacharlos tan rápidamente. Todo bien. Solo que, debido a ello, es probable que la pequeña cocina del lugar se saturara, por lo que hubiera estado bueno que me avisaran que mi comida iba a demorar. Las demoras pueden ser lógicas cuando la gente va a comer en grupos, porque normalmente las personas que se juntan a almorzar no lo hacen solamente por la comida, sino que ésta es una excusa o un complemento para conversar o pasar un rato juntos; en los almuerzos o cenas se suelen concretar negocios, solucionar problemas de relación y ni qué hablar que es un vehículo óptimo para ir concretando o consolidando un levante. Pero cuando se aparece una persona sola es obvio que lo único que quiere es satisfacer la elemental necesidad fisiológica de la nutrición, y si además está vestido con pinta de “white collar worker”, es indicio de quiere hacerlo rápido para volver a su trabajo. Los que trabajan en los restoranes deberían saberlo y tenerlo en cuenta. No cuesta nada avisar: “mire que va a demorar” así uno decide si se queda o no. Pasaron 52, minutos controlados por reloj, durante los cuales y ante mi evidente impaciencia el mozo trató de aplacarme varias veces con las clásicas frases: ”lo suyo está en camino”, “ya sale su plato”, , “mire que no me olvidé de su plato, ya está saliendo”, antes de que se me aparecieran con la merluza negra. Como ocurre frecuentemente en estos casos el mal humor se me fue en forma casi instantánea y dio paso a la instintiva voracidad. Nobleza obliga, debo decir que la merluza estaba realmente exquisita. De eso no puedo quejarme. Eso sí, debido a todo el tiempo perdido tuve que liquidarla a toda prisa, para volver a mi trabajo.

Le pido la cuenta…..610 pesos (22 dólares). Sí, 610 pesos; precios del primer mundo, no de la Ciudad Vieja de Montevideo. Pero bueno…se ve que de última son los precios adecuados, porque a varias personas que entraron después que yo les tuvieron que decir que el lugar estaba lleno. Y después de todo – no me voy a cansar de repetirlo – la merluza estaba espectacular. Así que, saqué mi tarjeta de crédito, dispuesto a cumplir con mi obligación de buen consumidor, a la vez que recibir de parte del Estado el descuento que opera como estímulo para los turistas o como premio por ayudarnos a formalizar a los comercios. Cuando el mozo me dijo que no trabajaban con tarjetas comencé a olfatear algo raro (y no era el olor de la comida, precisamente). Siempre hay que desconfiar de los  restoranes que están en una zona turística, cobran precios altos y no aceptan tarjeta. Se supone que esos precios más que compensan los costos de los pos y de las comisiones que les cobran. Si bien las cámaras de vigilancia han mejorado mucho la seguridad de la Ciudad Vieja hoy en día la gente no suele andar por esa zona –ni por otras de Montevideo – con mucho dinero en efectivo encima y los comercios también tratan de minimizar su uso. Traté de imaginarme la cantidad de billetes que se deben haber utilizado en la mesa de las más de veinte personas y lo nervioso que estaría cualquier comerciante al recibir tanto dinero en efectivo, con el agregado que después tiene que ir a depositarlo al banco. Pero bueno, no usar tarjeta es una opción del comercio, no tengo por qué ser desconfiado, aunque es realmente molesto para el consumidor.  Claro, mi paranoia aumentó cuando le extiendo un billete de mil al mozo y este me hace la extraña pregunta de si necesito boleta. La verdad que no la necesitaba para nada. Es más, normalmente me incomoda andar llenando mis bolsillos de papelitos inútiles. Pero igual le dije que sí, puesto que ellos deberían saber que es obligación dar boleta y si les daba mucho trabajo hacerla porque había mucha gente lo  siento. Es mi derecho, además. Pensé por un momento que el “necesita boleta?” se refería más bien a saber si era consumidor final o si tenía posibilidades de descontar. Pero tampoco era por eso, ya que no me preguntó para nada mi número de RUT. Me quedé con mucha curiosidad respecto a por qué me había hecho esa pregunta . ¿Qué hubiera pasado si yo les decía que no? ¿Como hacían para pasarle al Estado el IVA que yo, a través de ellos, había pagado dentro de los 610 pesos?. No puedo saberlo, pero el hecho de que me hubieran hecho esa pregunta me da derecho a sospechar. Obtenida mi boleta y mi vuelto me fui sin dejar propina, mirando la boleta y pensando. La boleta era oficial y estaba en perfecto orden (en mi paranoia se me dio por escanear luego el código QR), pero había sido llenada a mano y lejos de mi vista. ¿qué garantía tengo yo que el duplicado tenga exactamente el mismo importe que la vía original que me dieron a mí? Basta por no poner carbónico detrás del original y escribir otra cantidad en cualquier hojita apoyada en un carbónico sobre el duplicado, pagando así menos impuestos. Los consumidores normalmente tiramos la boleta (ya les dije que me incomoda que mis bolsillos se llenen de papelitos), de hecho creo que tiré la mía. Ojo!!! De ninguna manera estoy diciendo que en este restaurant hayan hecho esto. Si lo hubieran hecho sería un delito y no creo que quienes son capaces de cocinar una merluza negra tan exquisita sean ladrones de gallinas. Simplemente son reflexiones que se me ocurrieron a raíz de la experiencia vivida en el sentido de la indefensión que tenemos los consumidores que deberíamos poder saber si efectivamente lo que pagamos de impuestos va a financiar – entre otras cosas – las cámaras de vigilancia que permiten mejorar la seguridad de lugares como la Ciudad Vieja (y que sin duda beneficia también a estos comercios que están en la zona) o, si por el contrario terminan en mayores ingresos para los dueños de los establecimientos. Tal vez  haya algún mecanismo para saberlo, pero lo desconozco. Si alguien de la DGI lee este artículo estaría bueno que nos avisara.

Ahh….. les repito… la merluza negra estaba espectacular. Les recomiendo el lugar, siempre y cuando estén dispuestos a gastar una buena cantidad de dinero, esperar cerca de una hora, no les importe pagar en efectivo y no sean paranoicos.

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Una situación parecida me pasó en febrero de 2014 en un restorán IMG-20140223-WA0078en Punta del Diablo. Fui a comer unas pizzas y no me aceptaron la tarjeta.  De casualidad andaba con efectivo. Pero aquí fue peor,  porque como boleta me dieron un pedazo de hoja de cuaderno con el detalle de mi consumo.

En este caso tenían un menú como Dios manda (si es que Dios se mete en cosas tan pequeñas).  La originalidad esta vez no estaba en que llevaran un pizarrón a la mesa, sino en la forma  en que escribían algunos platos como verán en las fotos de abajo.  image

IMG-20140223-WA0069

 

 

 

 

 

 

 

 

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  1. Muy bueno salmón, totalmente de acuerdo en que se avise el tiempo de espera si sobrepasa la media hora y en que las facturas deben ser claras.

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  2. Buen relato, hubiera pensado lo mismo de las distintas maneras de escribir “pescado fresco”. Lo de que no se aceptan tarjetas, debería estar especificado, de alguna manera, en la puerta, o bien en el menú.
    52 minutos, es una barbaridad. El mozo, menos cancha no podía tener. Como la mayoría de los mozos ….

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