Canal RSS

CAETANO Y GILBERTO: UN RECITAL MUY PARTICULAR

I’m alive and vivo muito vivo, vivo, vivo
Feel the sound of music banging in my belly
Know that one day I must die
I’m alive

Nine out of ten (Caetano Veloso)

Debo confesar que nunca fui demasiado entusiasta de la música brasileña. No es que me parezca mala, para nada. Sólo que no me llega. Excepto Chico Buarque, y por sobre todo, Caetano Veloso, en mi opinión, uno de los grandes músicos de esta época. Ayer, sábado 12 de setiembre, Caetano Veloso y el ex ministro de educación del gobierno de Lula, Gilberto Gil dieron un recital en el Velódromo Municipal en una helada noche montevideana. El Salmón, atraído más bien por la figura de Caetano – a Gilberto lo he seguido muy poco, lo admito – estuvo ahí.

La primera vez que escuché a Caetano Veloso fue por un amigo que se había hecho traer de Buenos Aires el disco grabado por el músico en su exilio en Londres. Había leído en la Revista  argentina Pelo sobre las cualidades del músico y se la jugó, porque nunca había escuchado nada de él. A principios de los 70 era un músico prácticamente desconocido en Uruguay. De inmediato nos sentimos atraídos por la onda del tipo, el singular sonido que iba bastante más allá que lo clásico de la música brasileña, cantado además en un inglés pronunciado de forma bastante elemental, fácil de entender, pero que –tal vez por ello mismo – no dejaba de agregarle un encanto muy especial. A partir de ahí me hice seguidor de su música y tuve la ocasión de verlo por primera vez en vivo en Río de Janeiro en 1980. En aquella época Brasil estaba muy barato y Río de Janeiro estaba al alcance de la mano. Sólo alcanzaba con tener la capacidad de bancarse dos días arriba de un bus de la TTL,  pero eso no era problema para el grupo de seis jóvenes que nos largamos. Un día, como de casualidad, y sin que la noticia apareciera con demasiado resalte vimos  un aviso en un diario,  que anunciaba su actuación en un lejano lugar llamado Olaria, a aproximadamente hora y medio de Copacabana en ómnibus. Toda una aventura internarse en un lugar desconocido en aquel Rio de Janeiro del cual se contaban tantas historias de violencia y marginalidad que chocaban y contrastaban con la relativa tranquilidad que se vivía en aquel Uruguay; en términos de delincuencia común, claro está; no hay que olvidar que se vivía otra violencia, la de la dictadura. En aquel Brasil con precios baratos se podía percibir claramente la efervescencia de la inminente apertura democrática y eso se notaba en el público que asistía al recital.   El lugar era un gimnasio deportivo, una especie de Palacio Peñarol, pero más grande, aunque con una acústica mucho peor, lo cual ya es bastante decir.  Caetano todavía no era demasiado conocido en Uruguay y sus discos prácticamente no llegaban, por lo que la mayoría de las canciones eran desconocidas para nosotros. Pero los brasileños, que llenaban totalmente el lugar,  sí las conocían. Casi no escuchaban:  además de bajarse toneladas de latas de cerveza cantaban, bailaban, saltaban y entre nuestro desconocimiento de la mayoría de las canciones, el barullo de los locales y lo espantoso de la acústica nos sentíamos como sapo de otro pozo. Fue poco lo que pudimos disfrutar de aquel recital. Simplemente dio para decir que estuvimos y fuimos testigo, entro otas cosas de los llamativos y vitales saltitos y bailes que daba el bahiano en el escenario. Tuve que esperar hasta 1992, a poco de que el artista cumpliera 50 años,  para verlo y disfrutarlo en buenas condiciones. También coincidiría en un viaje a Rio de Janeiro, por otros motivos, con una actuación suya en el legendario Canecao. Eso sí, fue otra cosa. Caetano presentaba su disco Circulado y recuerdo que una de las canciones que más me impactó fue la versión que hizo de Jokerman de Bob Dylan.  Era, también, otro Brasil. Era el Brasil previo a la caída de Collor, donde la inflación llegaba al 30% mensual y los depósitos bancarios habían sido congelados (un corralito a la brasilera). No sé si fue ese mismo año o el siguiente que visitó por primera vez Montevideo y nos deleitó con prácticamente el mismo recital en el Solís. Lo volví a ver 5 o 6 años después en el Plaza con su Fina Estampa, – probablemente en la cima de su fama aquí en Uruguay, “Capullito de Alelí” mediante, y por última vez en el Charrúa en marzo de 2010 en un espectáculo que desconcertó a la audiencia, que esperaba sus canciones más tradicionales. Caetano, en cambio, presentó un espectáculo totalmente rockero, con canciones del disco Zii e zie, y apenas si interpretó un par de sus clásicos. Algunos de los grandes artistas tienen eso de sorprender  a su público – a contracorriente como los salmones -dándole cosas que no esperan. El caso más típico seguramente sea Bob Dylan que no solo vive cambiando permanentemente el repertorio de sus recitales, sino que además altera  la forma en que interpreta sus viejas canciones.  Algo parecido ocurrió con el desaparecido Luis Alberto Spinetta  cuando hace unos años se presentó aquí con un recital totalmente rockero, cuando todo el mundo esperaba  sus baladas de la época de Almendra. Luego Caetano estuvo en 2013 en el Teatro de Verano. Según algunas crónicas  (no estaba en el país en aquel momento) asistió muy poco público, lo cual las crónicas lo atribuían al antecedente del poco convencional espectáculo del Charrúa.

Entrando en el recital de anoche caben unas primeras palabras para la organización. Ciertamente hubo poca cosa que reprochar, salvo por un pequeño detalle. Durante los meses previos al espectáculo una propaganda  hablaba de una promoción consistente en un  descuento si se compraba la entrada con una determinada tarjeta de crédito. La promoción tenía una fecha de vencimiento, pero una vez pasada la misma la propaganda seguía anunciando el descuento. Por otra parte existía la posibilidad de comprar las entradas por Internet, lo cual normalmente es una comodidad. Sin embargo, una vez que la entrada era adquirida por esa vía,  había que pasar por las boleterías del Velódromo entre dos horas y media hora antes del recital a retirarlas. Todo un atraso y una incomodidad, ir hasta el Velódromo y volver o tener que estar un buen rato antes en el lugar pasando frío por las dudas, no vaya a ser que se pase la hora en que cierren las boleterías y uno quede afuera. Se supone que esta forma de comprar una entrada es para facilitar las cosas, no para complicarlas.  No entiendo muy bien cuál es la razón por la cual no se pudiera imprimir el voucher y entrar con él directamente. Después de todo, en algo mucho más complejo, como es un vuelo por avión, el web check-in funciona de esta manera.  Más allá de ello el ingreso al lugar fue fluido. Nada que ver con lo caótico que había sido la entrada al Charrúa en 2010, donde recuerdo largas colas para poder ingresar que retrasaron el comienzo del espectáculo por más de una hora. El recital empezó 20 minutos después de la hora prevista y un grupo – para mí desconocido – de canto popular entretenía a la audiencia impaciente. Entretenía es un decir, ya que normalmente – y en este caso no fue la excepción – a estos grupos nadie les presta atención.  Lo que pude escuchar de ellos fue bastante patético. Sonaban parecido al desaparecido Pablo Estramín e interpretaron una demagógica canción dedicada a los negros, donde metieron todos los lugares comunes habituales: Isla de Flores, la luna, los adoquines, la explotación, el progreso que los margina, febrero.  Sinceramente, pensando que Caetano y Gilberto podrían estarlos oyendo me daba un poco de vergüenza ajena. Les dejo parte de la letra de lo que pude captar:

Guerra de siempre, guerra de otros,/llegan baúles de colonos/ con pretensiones de quedarse /y si se van se llevan todo/ y toma un trago de la vida /mira el paisaje por el fondo del vaso/ que ni bien fue lleno ya fue vaciado/ cual Macondo/ y toma otro por las dudas/ de que la luna este desnuda/ cuando regresen adoquines/ levitando a su sepultura/ ya lo verás Isla de Flores/ seguir tu luna de febrero /la que recorre el derrotero/ tus adoquines de colores/ y aunque los vivos no lo lloren /ni se lo extrañe en las esquinas/ aun es testigo de las ruinas /de este progreso que se impone/, golpe a golpe peso a peso/ se hacen  los negros del rezo/ que por las noches les faltan niños /en su torre más alta…

 

El público, como es costumbre en este tipo de recitales, era heterogéneo en edades y costumbres, predominando los veteranos. Estaban los insufribles que llevan el termo y el mate a todos lados hasta los que gustan inundar de aromas a porro el ambiente. Todos muy abrigados porque el frío era realmente cruel y con la clásica quietud del pueblo uruguayo. Tampoco la música era para el agite, el repertorio era más bien intimista y claramente el lugar no era el más adecuado para este tipo de espectáculos.  El auditorio Adela Reta (que en estos días recibe al patético Piñón Fijo, vaya desperdicio) con su magnífica acústica hubiera sido el lugar más adecuado. Obviamente hubiera entrado menos gente y las entradas hubieran sido más caras. Y esto nos lleva a nuestra lamentable realidad de la falta de lugares apropiados en Montevideo para recibir artistas de  nivel.

En relación al recital en sí, algunas pocas palabras, porque seguramente en los próximos días podrán leer crónicas especializadas en los diarios mejor que la que les pueda ofrecer El Salmón.  Dentro de la subjetividad que  existe en este tipo de comentarios les puedo decir que no salí defraudado para nada. Fue un muy buen espectáculo, de estilo intimista, podríamos decir minimalista, ya que eran sólo ellos dos, sin músicos acompañantes y apenas con sus guitarras y voces. Voces que pese a los 73 años de ambos están impecables, tal vez un poco más cascoteada la de Gilberto, pero en cualquiera de los dos casos con una increíble capacidad para pasarse de graves a agudos y viceversa rápidamente. Pese al frío de la noche – insoportable realmente – y a la vestimenta de Caetano (muy abrigado con rigurosa bufanda) lograron trasmitir toda la calidez y calidad de que son capaces.  Caetano y Gilberto funcionaron como un verdadero dúo, no como a veces ocurre cuando se juntan dos grandes y cada uno canta sus canciones por separado.  Hubo canciones de todas las épocas y entre las destacadas cabe mencionar  la increíble “Tropicalia”,As camélias do quilombo do Leblon, “Sampa” y “Terra”. Pero la que realmente se ganó la noche fue la impresionante y sentida interpretación de Gilberto  “Não tenho medo da morte”, cantada apenas con la compañía del repiquetear de los dedos en la caja de la guitarra

não tenho medo da morte
mas sim medo de morrer
qual seria a diferença
você há de perguntar
é que a morte já é depois
que eu deixar de respirar
morrer ainda é aqui
na vida, no sol, no ar
ainda pode haver dor
ou vontade de mijar

La temática de la muerte estuvo presente en varias canciones en el recital, pero  tal vez como una reafirmación de que estos dos veteranos artistas están bien vivos y en plena producción creativa. Sobre el final Caetano y Gilberto, como rememorando otras épocas en que su capacidad física les permitía otra movilidad, ensayaron unos bailecitos muy festejados por el público.

Más allá de la parte estrictamente musical el espectáculo fue una ocasión interesante para la evocación y la reflexión sobre el ineludible transcurso del tiempo que fue convirtiendo a estos dos jóvenes inquietos de ropa multicolor de  la primera foto en estos veteranos con aspecto “venerable” y que dan un tranquilo recital prácticamente sentados todo el tiempo, pero con la energía comunicativa prácticamente intacta.

Este transcurso del tiempo,  que nos hace a quienes seguimos a alguno (o a los dos) de estos artistas durante casi toda nuestra vida adulta, también evocar los momentos y las diferentes circunstancias de vida que atravesábamos cuando escuchábamos algunas de las canciones repasadas anoche o vimos algunos de sus anteriores recitales.

Dejo para el final dos pequeñas anécdotas y un par de videos.

La primera anécdota ocurrió en Buenos Aires a fines de los 70.  Caetano Veloso actuaba en el hotel Bauen en Corrientes y Callao y yo andaba por ahí de paseo. Ya era un músico internacionalmente reconocido aunque muy poco conocido en Uruguay. En ese momento se generó una discusión entre quienes compartíamos aquel viaje: algunos queríamos ir a ver a Caetano Veloso, otros querían ir a ver a Edmundo Rivero que estaba actuando por ahí cerca. Argentina tenía precios muy caros y no daba para las dos cosas, además que a muchos de nosotros Edmundo no nos atraía. Finalmente no fuimos a ver ni a uno ni a otro, pero uno de los partidarios de ir a ver a Edmundo Rivero  ironizó haciendo alusión a los precios altos de las entradas del show de Caetano: “este tipo quién se cree que es, tiene el culo lleno de papelitos. Quisiera ver qué queda de él cuando tenga la edad de Edmundo Rivero”.  En esos momentos Edmundo Rivero tenía 67 años. Hoy Caetano tiene 73, y ahí está, seguramente mucho más entero y creativo que como estaba Rivero a esa edad.

La segunda anécdota tiene que ver con el primer disco de Caetano que les mencionaba al comenzar el post. En aquella época en que uno se reunía con sus amigos a escuchar discos siempre nos había llamado la atención una mención que hacía el artista en una de sus canciones a Libertad Lamarque. La canción era “A little more blue” y en su elemental – y por ello claro – inglés se podía entender perfectamente que decía:

One night I saw a mexican film
These twin brothers tryed to kill each other
But Libertad Lamarque, who was the mother
Suddenly appeared between them

Muchos años después, en un reportaje que le hacían luego de haber cumplido 70 años  Caetano decía:

No quise ningún homenaje cuando cumplí los 70 años. Pero algunas cosas acontecieron. Procuré desalentar todos los eventos que siempre suceden cuando se conmemoran fechas redondas. Me parece un poco aburrido todo eso, como si yo fuera el único que tuviera esa edad. ¿Pero sabés lo que me hubiera gustado hacer? Un pedido por las redes sociales para descubrir quién en el mundo tenía la edición inglesa de mi primer disco grabado en Londres. Porque la edición brasileña tenía un corte en “A Little More Blue”, realizado por la censura. Yo hacía mención a la actriz argentina Libertad Lamarque y ellos pensaron que estaba pidiendo la libertad para Lamarca. Quería esa grabación original aunque fuera en MP3”. http://todoshow.infonews.com/nota/166356/caetano-veloso-cinco-decadas

 

Carlos Lamarca fue uno de los líderes de la resistencia armada a la dictadura brasileña y en esa época estaba preso. La censura brasileña,  paranoica como toda censura, había eliminado aquella versión pensando que Caetano pedía su libertad, cuando simplemente hacía mención a las películas de Libertad Lamarque que había visto en su infancia. La posterior edición en CD se basó en la versión censurada. Leer ese mensaje e ir a buscar en mi depósito de viejos vinilos – ya que yo también supe tener aquella edición – fue inmediato. Pero el vinilo ya no estaba. Ignorante del valor que tenía lo había   llevado – junto con otros discos más –  a la feria de Tristán Narvaja, vendido y “convertido” en CDs, como correspondía en aquella época de transformación tecnológica. Llamé a mi amigo y él también le había dado el mismo destino. Me quedó el sabor amargo de haber tenido aquello entre mis manos y haberlo dejado ir. Se lo hubiera regalado de buena gana a Caetano. No sé si ahora lo habrá conseguido – es increíble que Caetano no hubiera podido tenerlo – pero cuando paso por alguna tienda de discos usados de esas que todavía quedan en el mundo – me doy una mirada con la vana esperanza de encontrarlo y aunque sea devolverle al cantante algo de los buenos momentos que me ha hecho pasar.

El primer video es una especie de joyita que encontré en youtube, una entrevista de un Caetano muy distinto al señor que es ahora al también distinto – aunque no tanto – Mick Jager:

El segundo es una versión, de otro recital por supuesto, de la mejor canción de anoche: “Não tenho medo da morte”, y bastante parecida a la que hiciera en el Velódromo.

Anuncios

»

  1. Dichosos tus oídos.
    Me tocó la semana de guardia nocturna y debí optar por el sonido infernal de los compresores de NH3 en lugar de los celestiales acordes que usted comenta.
    Yo conocí a Caetano escuchando Discodromo y los comentarios de Rubén Castillos en la cx8. Como una rama de mi familia es argentina (“nuestros hermanos argentinos”, como escribió usted) siempre les encargaba discos que acá demoraban en fabricar, así pude tener Transa (aunque al poco tiempo lo editó el extinto sello Philips en Uruguay). Tardé muchos años para verlo en vivo, pero por suerte pude hacerlo y aquilatar el momento, cosa que en otros recitales en mi juventud tomé más a la ligera, creyendo que ciertos momentos de bohemia serían eternos.
    Bueno, no quiero cargar el comentario con citas personales (vieja costumbre), saludos y “sincopadamente” … we walk a lo- lo- lo- lo- long way .

    Me gusta

    Responder
  2. No comulgo con esos artistas ni con recitales, pero me pareció un despropósito cuando vi la publicidad teniendo en cuenta la fecha en que dicho espectáculo se realizara en el Velodromo. En particular por la incomodidad para el publico por el clima en estas fechas.

    Me gusta

    Responder
  3. Me olvidé lo principal, son muy jugosas las anécdotas. Desconocía la referencia a Libertad Lamarque, siempre creí tener LP raros pero usted “me tiró el chico lejos”. El video con Jagger me trajo melancolía de un tiempo en que los Stones todavía me resultaban originales.
    Los cover de los Beatles hechos por Veloso son impecables.
    Yo hubiera elegido lo que Ud., pero mire que Rivero tenía su magia… escuchó el disco “En lunfardo” ?.
    Cuantas piras funerarias levantamos con vinilos en El Astro de los Discos y Discomoda !, no me haga acordar, que llorar no quiero.

    Me gusta

    Responder
  4. Me gustó su artículo.
    Mi relación con Veloso tiene sorprendentes coincidencias con la suya o más bien con la de su amigo
    Compré esa revista Pelo en el quiosco de Uruguay y Rondeau a Milton Codesal, el “ canillita de dos esquinas “
    La crítica, muy positiva, ponía juntos ese disco de Caetano y uno de Gil del mismo período de exilio londinense.
    Un familiar realizó un viaje inesperado a Buenos Aires y en el afán consumista elaboré una lista de apuro que incluía ambos discos más algún otro que no recuerdo en el banco de suplentes.
    Mi familiar entregó en la disquería mi lista y dejó en manos de terceros el futuro.
    Al menos un gran amigo mío compartió para siempre la admiración y el cariño por Caetano.
    Del resto, comparto sus palabras.
    Si me permite, hace muchísimos años coincidí en un cumpleaños con Gastón Ciarlo “ Dino “. Era el tiempo de ese otro estupendo disco Vientos del sur.
    Le comenté que un amigo había encontrado y comprado su primer disco ( el de Dino ) en El astro de los discos.
    El tipo me dice que no tiene ese, su primer disco, que le encantaría tenerlo, que por favor le diga a mi amigo que se lo venda.
    Mi amigo se rehusó de plano a la transacción.
    Si Veloso le hubiese hecho un pedido similar en 1977 ………
    Ah, tampoco tengo más el disco. Lo quemé como usted y el señor Guayabox por un puñado de CDs
    Y si, se me pianta un lagrimón por tal fatalidad

    Me gusta

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: