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HABLEMOS CORRECTAMENTE

Uno de mis mayores defectos intelectuales es que nunca he logrado entender lo que quieren decir los diccionarios y menos que cualquier otro el terrible esperpento represivo de la Academia de la Lengua.

Gabriel García Márquez

ACLARACIÓN IMPORTANTE:  Este artículo fue escrito en setiembre 2015. En junio 2016 un lector nos hizo un comentario – que puede leerse en esta misma página – de que varias de las palabras cuyo significado criticamos en el post fueron modificadas posteriormente. Esto no quita la validez de las críticas.

En comentarios a posts anteriores de esta página, algunos lectores me escribieron criticándome por el mal uso que yo hacía de algunas palabras. En particular, un lector me criticó por la forma en que empleaba la palabra “bizarro”, ya que según el diccionario de la Real Academia Española (DRAE) significa “valiente, arriesgado” o “generoso, lúcido, espléndido”, mientras que yo le estaba dando otro sentido. Y hace menos tiempo otro lector, me reprochaba que utilizaba la palabra iconodulia que no está en el DRAE.  Lo que los lectores decían respecto al DRAE y esos vocablos es estrictamente cierto. Sin embargo, la palabra bizarro se usa en muchos contextos con el sentido de “raro, extraño”; en particular es muy frecuente su uso en psicología cuando se describen las llamadas “conductas bizarras”, y cuando se usa en ese sentido normalmente entendemos de qué se está hablando. En realidad yo ni siquiera estaba utilizando la palabra  en ese sentido, sino que el nombre – como había explicado en mi primer post – provenía de un comic que leía en mi infancia y donde había un “mundo bizarro”, un extraño planeta donde la gente hacía todo al revés.  Más aún, si en algún momento queremos que una persona se sienta elogiada por su generosidad y lo calificamos de  “bizarro” seguramente logremos el efecto opuesto. Y, en relación a iconodulia, es una palabra extensamente usada en muchos ámbitos; proviene del griego: “iconos”(imágenes) y “dulia” (veneración) y   más allá de que –   vaya uno a saber por qué motivos – no figure en el DRAE me parece bastante apropiada para describir las conductas de seguimiento incondicional y acrítico a ídolos, políticos o ideologías.   Adicionalmente, otro lector me escribía, en referencia al post en el que hablaba de los lugares comunes que usaban los periodistas, para marcarme cómo el idioma se degradaba cada vez más, ya que la gente tendía a hablar de cualquier manera y cada vez peor.  Los comentarios de todos estos lectores me hicieron reflexionar y hacerme   preguntas   respecto a cuál es el criterio de “corrección” en el lenguaje.  Aclaro que para muchas de estas interrogantes no tengo respuesta.

Sinceramente, los diccionarios nunca me gustaron demasiado, si bien  me divertían cuando de niño  me dedicaba a buscar malas palabras, por más que la mayoría de las veces terminaba frustrado porque las más gruesas no estaban. A veces las definiciones que dan los diccionarios terminan confundiendo más y en otras hay que dar varios rodeos para poder entender.  Así, por ejemplo, si busco “exportación” en el DRAE el significado es “1. f. Acción y efecto de exportar. 2. f. Conjunto de mercancías que se exportan.”. Con lo cual me mantengo en la ignorancia y tengo que buscar exportar.  La definición de exportar es: Vender géneros a otro país. Y ahí, tengo dos opciones, o me quedo convencido que exportar es venderle telas a otro país o buscar la palabra géneros. Al buscar géneros me encuentro que es definida como: En el comercio, mercancía. Y ahí recién  me empiezan a quedar las cosas un poco claras después de dar unas cuantas vueltas. No entiendo por qué de pique no definieron exportación como: “acción y efecto de vender mercancías a otros países”. Y ni qué hablar si no tengo muy claro el significado de mercancía y sigo buscando, ya que me remite de nuevo a géneros con lo cual entro en una explicación  circular. En otra acepción alude a “cosa mueble que se hace objeto de trato o venta”. Y ya no sigo, porque yo estaba convencido que los inmuebles también podían ser mercancías y que los servicios podían ser objeto de exportación, pero eso no lo veo por ningún lado.  Me hice lío.

Afortunadamente no estoy solo en esto de que no me gusten los diccionarios; más aún, estoy en buena compañía.  Gabriel García Márquez  ha calificado el diccionario de la RAE como de terrible esperpento represivo.                                                                          http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/ggm7.htm

En un acertado artículo sobre diccionarios y García Márquez el escritor colombiano Rubén López Rodrigué comenta:

En el diccionario de la Academia se aceptan las palabras ya a punto de fenecer, cuando están muy gastadas por el uso, y sus definiciones son tan rígidas como el cadáver momificado de Ramsés II……Las palabras las crea la gente en la calle. No los académicos. Los autores de los diccionarios las embalsaman por orden alfabético, luego de capturarlas casi siempre con mucha tardía y en numerosas ocasiones cuando ya no tienen el significado que les asignaron sus inventores. Desde antes de ser editado todo diccionario de la lengua comienza a desactualizarse y por mucho que se esmeran los autores no logran echarle mano a las palabras en su carrera hacia el cajón desteñido del olvido. Al mausoleo del diccionario le servirían de separadores nervaduras de hojas disecadas, plumas de pájaros exóticos y alas de mariposas. http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/lopez_rodrigue_ruben/garcia_marquez.htm

Y luego agrega, refiriéndose a su colega y compatriota Premio Nobel :

Es una afición suya encontrar imbecilidades de los diccionarios y percatarse que a veces se dan cuenta de que han hecho el ridículo y lo corrigen en una edición posterior. Esto le pasó al de la Real Academia Española con la definición de perro: «Mamífero doméstico de la familia de los cánidos, de tamaño, forma y pelajes muy diversos, según las razas, pero siempre con la cola de menor longitud que las patas posteriores, una de las cuales levanta el macho para orinar.» Una precisión excesiva que se prestó para muchas burlas.

En la misma línea agregaría que los diccionarios atentan contra dos de las prácticas más creativas que se tienen en la lengua: el uso irónico de las palabras y el darle significados diferentes a aquellos “oficiales”.  Los diccionarios son útiles referencias que (a veces) nos orientan sobre el significado de ciertas palabras; pero lo que es equivocado es considerarlos como si fueran “biblias” que nos traen la verdad revelada y que lo que no está ahí no existe. En ese sentido terminan convirtiéndose en objetos iconodúlicos y  mucha gente los utiliza para desacreditar a quienes utilizan palabras que no están en el digesto oficial o a quienes le dan un significado diferente a las que sí están.

Pero además el DRAE omite muchas palabras de uso generalizado (y no me refiero necesariamente a las vulgares o provenientes del lunfardo, sino también a algunas de uso científico o académico), en otras equivoca el significado y en muchas es confusa o redundante. (en algunos casos ha llegado incluso a la ridiculez como en el citado ejemplo de “perro” y en las definiciones de animales en general).

Veamos algunos ejemplos tomados al azar:

Para empezar  creo que lo mejor es comenzar con el comentario irónico que Gabriel García Márquez le ha dado a la definición que da el DRAE de simplificar: : Hacer más sencillo, más fácil o menos complicado algo. Como bien dice el escritor (http://www.mundolatino.org/cultura/garciamarquez/ggm6.htm#Entrevista%20concedida%20por%20Garc%C3%ADa%20M%C3%A1rquez%20a%20Joaqu%C3%ADn%20Estefan%C3ADa) “esa definición dice tres veces lo mismo” ¿era necesario?

Muy divertida es la definición que el DRAE da de nuestra conocida palabra “tupamaro”: Perteneciente o relativo a la organización guerrillera uruguaya Túpac Amaru. Creo que no es necesario efectuar mayores comentarios al respecto.

Tengo algunos amigos economistas que me han enseñado el significado de la palabra inflación y me han explicado que es bien distinta a la que trae el DRAE: Elevación notable del nivel de precios con efectos desfavorables para la economía de un país. En el mejor de los casos es una definición imprecisa. ¿qué quiere decir “notable”? ¿grande?. ¿Cuándo una elevación del nivel de precios es lo suficientemente grande como para transformarse en inflación?  Es que, según los economistas,  para que haya inflación solo alcanza con que se verifique un aumento persistente en el nivel de precios, no importando su magnitud. Es como confundir temperatura corporal con fiebre. Por otra parte, le  agrega a la definición una característica adicional e incorrecta. Para que el aumento de precios se defina como inflación, de acuerdo al DRAE, tiene que tener efectos desfavorables para la economía de un país. Una inflación baja no tiene por qué tener efectos desfavorables para una economía y no por ello deja de ser inflación.  De hecho la mayoría de los países se ponen como objetivo mantener una inflación baja. Si la inflación fuera algo desfavorable se propondrían eliminarla directamente.

Vamos a otra. Masturbación:  Estimulación de los órganos genitales o de zonas erógenas con la mano o por otro medio para proporcionar goce sexual. Y aquí empiezan los problemas. Yo toda la vida pensé que masturbación era con la mano o con algún aparatito destinado a ese fin. (y no quiero entrar en la discusión de si es algo que uno se hace a sí mismo o si se aplica también cuando se le hace a otra persona). Pero aquí parece que – al decir “por otro medio” – el alcance es muy amplio. El sexo oral, por ejemplo, cumple con todos los requisitos de la definición para ser considerado masturbación. También cualquier caricia  erótica –  y los besos –  deberíamos considerarla masturbación, ya que tiene la característica de ser de naturaleza sexual y producen goce (Gozar=Sentir placer, experimentar suaves y gratas emociones, según el DRAE).  E incluso lo sería la propia cópula, la estimulación por excelencia de los órganos genitales (por otro medio) para proporcionar goce sexual. En fin, toda actividad sexual cabe dentro de la definición de masturbación.  Así que de aquí en más cuando alguien diga “estuve practicando una masturbación” va a ser muy difícil saber a qué se está refiriendo.

Y ya que estamos en temas sexuales un vómito podría ser considerado una eyaculación, atendiendo a que su definición es: Lanzar con rapidez y fuerza el contenido de un órgano, cavidad o depósito, en particular el semen del hombre o de los animales.  Anoche me cayó mal la comida y la eyaculé toda. Suena raro, no? Y cuando el semen sale sin fuerza, (a veces pasa) ¿no se considera eyaculación?

Veamos la definición de hacienda. De las muchas que tiene analicemos dos:  1. Conjunto de bienes y riquezas que alguien tiene. Los bienes son parte de la riqueza, por lo que la definición es redundante; esto es como si dijéramos: “conjunto de perros y animales” 2. Conjunto de las rentas, impuestos y demás bienes de cualquier índole regidos por el Estado o por otros entes públicos. Esta definición  es muy entreverada: ¿las rentas y los impuestos son bienes?. Esto sí que es novedoso. Además, supongamos que las rentas y los impuestos fueran bienes, para qué enumerar dos y después poner “y demás bienes de cualquier índole” y no poner directamente como definición “bienes de cualquier índole regidos por el estado…….”. Es como decir: “Los alumnos de esta clase que pasan de año son Alejandro, Milton, Helena, Conrado,   y todos los demás”.

La palabra puto(ta), – probablemente una de las primeras palabras que todos buscamos en el diccionario cuando éramos niños – entre sus múltiples acepciones, tiene el de sodomita (que practica la sodomía). Y como sodomía se define como práctica del coito anal, los hombres que practican el sexo anal son putos y las mujeres que lo hacen son putas. Caramba!!! Así que ya lo saben, no digan que el DRAE no se los avisó. Pero adicionalmente también la práctica del coito anal es definida como pederastia, por lo cual transitivamente pederasta y puto también pasan a ser sinónimos. (no estaban errados, entonces los diarios de antes cuando en las crónicas policiales se referían en esos términos cuando un homosexual era asesinado)

Tremendamente caótico es el lío que se hace el DRAE (y estamos mirando su edición actualizada en 2012) con las monedas. En primer lugar no hay un criterio único de qué cosas poner para explicar el significado, se omiten algunas monedas existentes y figuran otras desaparecidas como si estuvieran en circulación. Si buscamos peseta nos dice, correctamente 1. f. Moneda española de curso legal desde 1869 hasta 2002. Y complementariamente define euro como Unidad monetaria común a los Estados de la Unión Europea, salteándose el hecho de que no todos los Estados de la Unión Europea han adoptado el euro como moneda. Debería haber dicho “a algunos Estados”, “a la mayoría de los Estados”, o directamente nombrarlos. La precisión para definir la peseta no aparece en otras monedas (¿será porque el diccionario mira desde el ombligo español?). Por ejemplo, de dracma dice:  Unidad monetaria griega y no aclara que, como la peseta, ya no tiene más curso legal. Lo mismo ocurre con franco, definida como: Unidad monetaria de Francia y otros países. Y aquí agrega otro problema, una cierta discriminación que deja al lector en ascuas ya que no se le dice cuáles son esos “otros países”, error que se suma al hecho de que en esos “otros países” hay algunos que – como Francia – ya no lo usan más (Bélgica) y otros que sí (Suiza).  Más discriminación aparece con la extinta lira que es la moneda italiana, omitiendo que también es el nombre de la moneda turca (vale preguntarse por qué se complica con llamarle a unas moneda y a otras unidad monetaria y no usa un criterio uniforme).  En una línea parecida el marco y el florín son definidos  respectivamente como Unidad monetaria de algunos países  y Unidad monetaria de varios países .  Incoherentemente el chelín tiene tres  definiciones diferentes: 1. Unidad monetaria de varios países africanos. 2. Moneda inglesa que equivalía a la vigésima parte de una libra 3. Unidad monetaria de Austria. Dejando de lado la segunda acepción, no se entiende por qué engloba a “varios países africanos” en una bolsa y le dedica una entrada separada a Austria (donde por otra parte ya no circula).  Cuando pasamos a peso pone Unidad monetaria de diversos países americanos. No sé que le costaba aclarar que esos países son Uruguay, Argentina, Chile, Colombia, México, República Dominicana  y Cuba. No son tantos.  Pero hay cosas peores. Según el DRAE el austral es la Unidad monetaria de la Argentina desde 1985, con lo cual –además del obvio hecho de que esa moneda hace 23 años que no existe más – uno se pregunta por qué para las otras monedas no aplica el mismo criterio de decir desde qué fecha circularon.  ¿o lo hicieron desde siempre?  El cruceiro sigue siendo la unidad monetaria de Brasil,  mientras que el real directamente no aparece.  Y se cometen incoherencias en el significado de quetzal, definido como Moneda guatemalteca, que en una de sus caras lleva grabada la imagen de esa ave.  Por un lado, de ninguna otra moneda da una descripción física, y por otro lado, al hablar de “caras” da la impresión que se refiere solamente a una moneda en sentido físico, omitiendo que el quetzal no solo es el nombre de una moneda, sino que es la unidad monetaria de Guatemala. También revive al sucre como unidad monetaria de Ecuador. Y podríamos seguir un rato más. Dejamos al lector que siga buscando si es que lo encuentra divertido.

La contabilidad se le complica bastante al DRAE, ya que las palabras debe y haber tienen un sentido un poco particular Debe: Una de las dos partes en que se dividen las cuentas corrientes, cuyas columnas comprenden todas las cantidades que se cargan al individuo o a la entidad a quien se abre la cuenta. Además de que limita esta definición sólo a las cuentas corrientes y se olvida que es un concepto que abarca todas las cuentas de la contabilidad ¿a qué se refiere exactamente?. Cuando dice “cuyas columnas” , ¿se refiere a las dos columnas de una cuenta, o quiere decir que el debe se divide en columnas? ¿qué quiere decir “se cargan”?  Cuando buscamos cargar nos dice: Anotar en las cuentas las partidas que corresponden al debe con lo cual la explicación se vuelve circular y el debe sería algo así como la columna en que se anota todo lo que va en el debe. Haber está un poco más claro, más allá que, como debe, limita su significado sólo a las cuentas corrientes y vuelve a caer en una circularidad: Parte, de las dos en que se divide una cuenta corriente, en la cual se anotan las sumas que se acreditan o abonan al titular. La circularidad aparece porque   acreditar quiere decir: asentar una partida en el haber. El significado de “debitar” se limita a Cargar una cantidad de dinero en el debe de una cuenta corriente, en lugar de asentar una partida en el debe,  como sería lógico y coherente con acreditar.  No sé si me pudieron seguir hasta aquí, pues el entrevero que se hace el DRAE con esto es bastante grande.

Por otra parte hay una gran cantidad de palabras omitidas; por ejemplo:  asertividad, hiperinflación (palabra que la historia económica utiliza desde hace casi  100 años) , estanflación (una palabra acuñada hace 50 años) , insulinemia, hiperinsulinemia, (los que han sido diagnosticados con esto, quédense tranquilos, su enfermedad no está en el DRAE por lo tanto no existe, ustedes están sanos), disforia, proactividad  (bravo!!! todos esos jefes pesados que insisten con que tenemos que ser proactivos en nuestro trabajo tampoco existen), hiperfagia, hiperkinesis, hipoacusia, metadatos, hipercubo,  hipermetría (figura solo como figura poética y no en su acepción médica), coliforme (o sea nuestras playas no están contaminadas),  fainá (ni del medio ni del orillo), vaginismo, afrodescendiente (hay que volver a decir negro?…y la corrección política?), anticíclico, ébola, postraumático, autoerotismo, subibaja o subeybaja, . Y la mayoría  de estas palabras no son precisamente de uso vulgar.

Volviendo a García Márquez, en su famoso  discurso del Congreso de las lenguas de Zacatecas , el escritor fue más allá y se descargó contra las rígidas reglas gramaticales y ortográficas dictadas por la RAE.:

En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. Y que de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/zacatecas/inauguracion/garcia_marquez.htm

Les confieso que esta postura de “Gabo” me genera una serie de sensaciones encontradas. Coincido con él que sería mucho más fácil si simplificáramos las reglas gramaticales y ortográficas. ¿Quién determina que está bien decir podamos y no puédamos, haya y no haiga, cuando muy probablemente sea tanta la gente que usa dichos vocablos de una manera como de la otra? Simplemente porque alguien (con el poco democrático y legítimo título de “real”) así lo decretó. 1/ Porque además muchas palabras que hace unos años nos podían parecer aberraciones del idioma hoy han sido bendecidas, ya que el DRAE les ha otorgado “legalidad”: toballa (toalla) , crocodilo (cocodrilo), cederrón (CD-ROM), almóndiga (albóndiga), vagamundo (vagabundo), buniato (boniato), manís (maní) y murciégalo (murciélago). Marisopa y devedé todavía no están. O sea que nada de corregir a los niños cuando empiezan a hablar.

Un argumento frecuente es que las lenguas, al igual que las matemáticas, tienen una cierta lógica y para comunicarnos mejor es bueno seguirlas. Puede ser. Sin embargo nuestro idioma (y todos los demás) está lleno de cosas ilógicas y hasta absurdas ¿Por qué, entonces, existen verbos de conjugación irregular a los que se les admite una forma violatoria a las reglas generales? No sería más lógico decir “Yo sabo”, en lugar de “Yo sé”. Probablemente “Yo sé” haya comenzado como una deformación de la regla “correcta” y por algún motivo quedó como oficial ¿Qué nos asegura que dentro de algunos años “haiga” no sea considerada tan correcta como “haya” o fuistes como fuiste?. De hecho si miramos cualquier texto de español antiguo encontraremos formas ortográficas y gramaticales que hoy nos parecerían “horrores”. (“v” en lugar de “b”, “f” en lugar de “h”,  por ejemplo).

Hasta aquí todo bien. Sin embargo, cuando el lector Hugo me comenta su desagrado por cómo se deforma el idioma y cómo, por ejemplo, hay muchas personas que dicen “haber”, cuando quieren decir “a ver”, “mirenlon” en lugar de “mírenlo” “halla” o “ay”, como voces  del verbo haber en lugar de “haya” o “hay, “fuistes” en lugar de “fuiste”, no puedo menos que compartir con él que a mí también me desagrada cuando veo palabras mal escritas, lo cual es contradictorio con algunas de las cosas que he dicho antes.  Me cuesta explicar bien por qué, pero me fastidia la gente que escribe con faltas.

Y empiezo a tirar hipótesis.

Una de ellas puede ser que es más fácil comunicarse cuando la lengua es bien hablada. Puede ser, de última el idioma consiste de en una serie de convenciones que todos aceptamos en una determinada comunidad. Sin embargo la lengua “bien hablada” del DRAE a veces es oscura, como puede ser oscuro el correcto lenguaje de los eruditos, y a veces una palabra inventada, o una distorsión gramatical o una expresión “clandestina” pueden ser atajos lingüísticos que ayudan a mejorar la comunicación. ¿Acaso existe una expresión más certera para referirnos a que alguien es mala persona que decir “es un hijo de puta”?

Otra posibilidad es que para quienes manejan “bien” el idioma la abolición de las reglas o el “todo vale” signifique algo parecido a la pérdida de   una ventaja, por lo cual cuidan celosamente la existencia de dichas reglas que les representan una diferencia respecto al resto. En efecto, quienes   hablan correctamente es porque en algún momento han invertido tiempo y esfuerzo en aprender los códigos y las reglas. Si cada uno puede hablar y escribir como quiere ese activo se desvaloriza rápidamente.

El lector Hugo ensaya una explicación que me resulta muy convincente: la deformación del lenguaje tiene que ver con la aparición de “tribus” con sus propios códigos sociales y también lingüísticos; es un reflejo de la fractura de nuestra sociedad. Y seguramente algo de eso debe haber.  Probablemente una persona de Pocitos y uno de los  autodenominados “planchas” tengan graves dificultades para comunicarse.  Reafirmarse en los modismos propios de la tribu es una forma de diferenciarse respecto al resto. No sólo pasa en este tipo de tribus, sino también, por ejemplo,  con los nacionalismos de algunas comunidades de España. En el caso del vasco que se niega a hablar castellano, el idioma en lugar der ser un medio de comunicación es un medio de incomunicación, o en todo caso un medio de comunicación selectivo, una perfecta consecuencia de la Torre de Babel.  Sin embargo, cabe aclarar que muchas de estas “deformaciones” del lenguaje (por ejemplo, el haiga, el puédamos, el fuistes, el hubieron) existen desde hace mucho tiempo y probablemente no tengan nada que ver con la fracturación de nuestra sociedad en tribus. El uso de estas palabras no es reflejo de ninguna tendencia de deterioro; desde siempre hubo gente que habló así. Y de última, si vamos al origen último de nuestra lengua, ¿acaso el castellano no termina siendo una especie de latín mal hablado?

Otra explicación posible es que el mal hablar no es más que un indicador de otras carencias. Cuando una persona escribe con muchas faltas de ortografía y gramaticales es muy probable que tenga limitaciones en su formación o su intelecto, o que sea una persona poco afecta a las normas. Cuando vemos que alguien escribe ay (de haber) sin hache  es natural que pensemos que algo no está bien con él, más allá del simple error formal.

Finalmente, se me ocurre una última explicación, y es que simplemente muchas formas de nuestro lenguaje las vemos como correctas, porque tienen que ver con una cierta apreciación estética, que como toda estética es relativa a un tiempo y lugar. El lenguaje no está exento de armonía y solemos reconocer a una persona que “habla bien”,  no sólo porque le entendemos lo que dice, sino porque nos agrada cómo lo dice.  El “buen hablar” es parte de esas convenciones que conocemos como “buen gusto”. Así por ejemplo – y si bien no existen normas que lo decreten – la mayoría de nosotros puede estar de acuerdo en que una persona que se aparezca a una reunión de chancletas y traje está mal vestida. Lo mismo ocurre con lo que define el buen hablar. Al igual que una buena vestimenta una buena forma de hablar puede ser un arma de seducción, de la misma manera que andar desarreglado puede generar tanto rechazo como hablar mal. Y como toda norma estética,  es algo dinámico y cambiante con el tiempo y el espacio. A principios del siglo XX la gente iba de traje a la playa y si alguien se aparecía con un short como los de ahora seguramente pasaba por desubicado o ridículo.  Hoy sería al revés. No hay más que mirar la foto de arriba, seguramente nos genera una sonrisa.  Probablemente lo mismo pase con el idioma.

Para terminar, hace un rato en el supermercado presencié la siguiente escena: una niño de 4 o 5 años se dirige a su padre y le dice:  “¿papá, puedo coger este perfume?” A lo cual su padre le dice: “coger no, agarrar, estamos en Uruguay”. ¿qué les parece? ¿Estuvo bien lo que hizo este señor en términos de defensa del idioma español correctamente hablado?

Qué salado !!!!

NOTA: Para ver como la RAE modificó algunas definiciones, probablemente luego de leer este artículo, como hacían con García Márquez, leer https://salmonbizarro.wordpress.com/2016/07/10/aciertos-y-errores-de-el-salmn/  (el tercer subtítulo)

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1/  Dicho sea de paso en épocas de la dictadura se emitía por televisión un micro que bajo el título “Hablemos correctamente nuestro idioma” se le pretendía enseñar a los uruguayos cómo debían hablar.

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  1. Buen día vecina! decía “el” Omar Gutierrez y tras de eso matizaba sus comentarios con clichés predecibles y siempre festejados, me consta, por un público numeroso.
    Ud. ha sido muy claro y es poco lo que puedo agregar acerca de nuestro idioma, ese “organismo vivo” que muta y nos permite comunicarnos. Me temo que la tan mentada fractura social que nuestros políticos manejan a su antojo y beneficio (con distintas recetas, pero iguales resultados), nos toca a todos.
    En mi trabajo no empleamos muchos recursos”ideomáticos” (otro barbarísmo) y el “coso con los cositos” (se acuerda del Sketch de Santiago Bal en La Tuerca? )y “el fierrito de vidrio ” son, junto a sonidos guturales, lo que luego de 15 años logran un efecto corrosivo en mi lenguaje y escritura (es notorio!).
    Cuando era adolescente me encantaba adoptar los modismos “porteños” que me identificaban como grupo. Los “peludos” hablábamos con los “piola” (creo que ya no se usa), , “se la banca”, “fuerte”, “guambia”, “terraja”, etc . Recordemos que en la época de los 60s decirle “viejos” a los viejos (perdón …padres), no era aceptado. El tango y el ambiente carcelario nos ha “nutrido” de términos que hoy utilizamos. A lo sumo nos queda el artilugio de “encomillarlos” para demostrar/nos estar “letrados”.
    El tutear de varios locutores de programas musicales causó furor en mi generación, radios como Vanguardia o Sarandí fueron pioneras en un tratamiento del lenguaje, que hoy es habitual.
    Es muy común ver en las fiestas de alta sociedad arrancar como locos a bailar y hacer farándula coreando letras de cumbia villera, demostrando que al influjo del alcohol a todos “se nos ve la tanga”.
    Me quedo por aquí, interesante “su” propuesta (el usted siempre sacraliza la relación y nos previene del rechazo) es muy interesante y me deja pensando en todos estos refugiados que golpean las puertas de Europa, son una inmensa hipodérmica que “inocula” (entre otras cosas) los idiomas.
    Lo dejo, me voy a comer los ravioles de la vieja, que están de más!.

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  2. Hola! Interesantes reflexiones sobre el lenguaje! Opino sobre algunas: a) “bizarro” siempre tuvo entre los hablantes (cultos) rioplatenses el sentido de “raro”, “extraño”. Yo me sorprendí mucho cuando lo busqué en la RAE…b) Iconodulas es el antónimo de iconoclastas, palabra mucho más usada. Ya veo que sabés lo que significan y supongo que también de dónde provienen. c) Estoy de acuerdo con lo que exponés en la última parte del artículo: hablar bien es como vestirse bien. Yo siento un rechazo extremo por la gente que escribe con horribles faltas de ortografía y se expresa mal, tanto como por los que van a espectáculos como teatro, conciertos y ópera, de vaqueros rotos y ojotas como si estuvieran en Punta del diablo.
    Dos acotaciones: los niños que hablan como el de la anécdota del supermercado, es debido a los doblajes de las pelis infantiles y juegos on line, Mi nieto que acaba de cumplir 6 años utiliza esos términos y ya sabe que pertenecen “al Español de España” aunque no tiene ni la más remota idea de la geografía ni de lo que significa.
    En un 192 presencié una conversación (?) entre dos supuestos planchas, que constaba de unas dos o tres palabras, gestos y onomatopeyas. Se me cayó el alma al piso, porque pensé, cómo pueden manejarse en sociedad, mejorar, trabajar, interactuar, con ese nivel de lenguaje.
    Rosario

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  3. Me siento muy identificado con las reflexiones y algunas experiencias que menciona el artículo, en particular al ejercicio de buscar infructuosamente algunas “malas palabras” en el diccionario cuando era niño. Cuando tenía éxito me surgían un montón de dudas, que intentaba aclarar con el mismo diccionario. Muchas veces terminaba en un conjunto circular de definiciones, según el cual luego de saltar de una definición a otra volvía a la primera palabra. De ese modo recorría el círculo de definiciones, cerrándose sin agregar información a mis acotados conocimientos.

    El tema de las malas palabras me hizo acordar a esta conferencia de Roberto Fontanarrosa sobre las “malas palabras”. Se las recomiendo, a mí me parece buenísima, va en la línea del artículo.

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  4. Me bajé recién del otro foro. No venía con la intención de comentar en aquél sino en éste.
    Vengo decidido a contar una anécdota que me sucedió el fin de semana y que en el medio de la calentura, que luego contaré, me hizo acordar de este post.
    Resulta que este fin de semana realicé una guardia laboral, que consiste en llevar el control de la temperatura de las distintas cámaras de un frigorífico muy conocido. Implica la responsabilidad de mantener en distintos valores la refrigeración de las 20 cámaras y depósitos de congelados. Bueno , todo estas funciones hasta hace unos años se realizaban manualmente. A partir de la tecnificación todo se acciona electrónicamente y un programa (por lo que pude saber MUY COSTOSO) de PC. nos alivia el trabajo. Resulta que el sistema se cayó (han escuchado esa frase?) y al volver la conexión de red yo ya no poseía el control y las gráficas de la PC , que son mis ojos virtuales, estaban estáticas. Llamo al service y me contesta el técnico, que me consta maneja la eléctronica con gran idoneidad (título universitario).Pero ahí comenzaron los problemas. Las personas nos hemos acostumbrado a escribir mensajes de textos indescifrables, que se abrevian y cambian los tiempos de sus verbos en forma aleatoria. Dicha torre de babel terminó de marearme y en lugar de entrar al programa, lo bloqueé. Bueno, .me dije, lo llamo y verbalmente será más fácil…para qué!? No lograba hilvanar una frase con claridad y todavía se enojaba cuando le corregía (no para humillarlo, sino para estar seguro de lo que decía) , el icono que estaba atrás , para mi era el que antecedía , para él (me lo porfió) era el que venia después (atrás de alguien vengo yo, es decir DESPUÉS! , me espetó con sorna) y una suma garrafal de inconsistencias gramaticales. En una me hizo calentar cuando me dijo que fuera a estudiar! a estudiar computación sí , pero composición gramatical en todo caso… los dos.
    Me puse a pensar si la falla hubiera implicado algo riesgoso con la evacuación de amoníaco al exterior en un día de trabajo y emulando a Johnny Weissmuller limitarme a mascullar “yo Tarzán, Jane y chita… que rajen”.

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  5. Fantástico su artículo. En él hay mucha lucidez y se abordan aspectos que sólo una mente muy ejercitada en esas lides puede tomar en cuenta. En lo personal, agradezco la gentileza de haber considerado mi petición (aunque también lo fue de otros) de emprenderla contra los atropellos lingüísticos. La importancia de poder entenderse correctamente lo que alguien expresa queda dramáticamente estampada en el relato de Guayabox (trasládese el caso a un botón rojo que, pulsado, eyecte un misil cargado con ojivas nucleares!).
    Sin que venga muy a cuento en el tema que aquí se trató, pero por encontrarla graciosa, me tomo la libertad de relatar la anécdota siguiente: En una firma en la que trabajaba, en Sao Paulo, contratamos una auxiliar de contabilidad, persona joven y de corto rose que, al percibir que no era yo brasileño, quiso congraciarse ofreciéndome un “cafezinho” de la siguiente manera: “Você-querer-café?” a lo que, no dominando mi espíritu cáustico respondí preguntando: “Índia-nao-falar-português?”. Otra, al leer un informe en el que describía la “animosidade” existente entre dos gerentes de una institución, un compañero me increpó por tratar de “animáis”(animales, en español) a los involucrados en dicho informe. Última: en otro informe escribí “e fulano nao hesitou (duvidou, dudó, en español) em tomar tal medida” y el gerente acotó que la expresión usada era muy fuerte. Al no entender a qué se refería, pregunté por qué pensaba éso y respondió “hesitar-se sexualmente, por exemplo” refiriéndose a “excitar-se sexualmente”.
    Ah, y gracias también por mencionar el mundo Bizarro (así se llamaba también el personaje que representaba el reverso de Superman) pues es la primera persona que lo menciona -lo he relacionado infinidad de veces pero nadie le conocía; he llegando a creerme que había soñado dicha historieta. Saludos,

    Parsifal

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    • Muy buen aporte, Parfisal. Lo de hesitou me hizo reir un buen rato. me acabo de a cordar de un chiste de la època de la dictadura, de que los militares habìan inventado un nuevo animal: el pato conejito, pues asì pronunció un militar de alto rango un pacto con Egipto.
      El mundo bizarro no lo soño. Un inconciente le aplico un rayo a superman pretendiendo obtener un doble. El experimento salio mal y ahi nacio bizarro. Despues no me pregunte como aparecio un mundo bizarro entero que tenia forma de cubo. A Bizarro lo afectaba la kryptonita azul, que la había fabricado el lpropio superman aplicando el rayo a una piedra de kryptonita verde, para asi poder defenderse del engendro que lo vivia molestando.

      Sin duda, y pensando un poco en lo que dice guayabox estamos entrando en una torre de babel en que cada profesion tiene su propia jerga y a veces es difícil comunicarse entre personas con ocupaciones diferentes. Y todavía hay gente en el mundo que reivindica sus nacionalismos idiomáticos aferrándose a ellos y negándose a hablar el idioma de la mayoría del país.

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  6. Salmón, recién veo este articulo. Se ve que alguien de la RAE lo leyó, ya que la versión Online de su diccionario, corrige las críticas hechas aquí, por ej.:

    tupamaro, ra
    1. adj. Perteneciente o relativo a la organización guerrillera uruguaya Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros.
    2. m. y f. Miembro del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros.

    cruceiro
    1. m. Unidad monetaria de Brasil hasta la implantación del real en 1994.

    La realidad real define las palabras y no es el diccionario quien define la realidad. Aunque alguna gente parece pensar que es así. Como todo, los sajones son más pragmáticos y no tienen una academia de lengua y el uso y significado de las mismas es más “libre”.

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