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LA SELECCIÓN URUGUAYA Y LOS RECUERDOS (primera parte)

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Es común que para un uruguayo medio la pasión por el fútbol  sea algo que  lo acompañe durante toda su vida.  Los partidos de la selección uruguaya en los mundiales constituyen mojones importantes y a muchos de nosotros nos han marcado tanto que es posible recordar las circunstancias en que seguimos aquellos partidos, evocando sentimientos, sensaciones  y ambientes de otras épocas.

Leonardo Haberkorn es un periodista que  domina el oficio de escribir. En su su blog “El Informante” tiene un post titulado “Cuarenta años en el desierto celeste” en el que hace una crónica muy personal de cómo vivió uno a uno los mundiales de fútbol(http://leonardohaberkorn.blogspot.com/2010/11/cuarenta-anos-en-el-desierto-celeste.html). El Salmón recomienda leer esta crónica.

Ante el inminente comienzo para Uruguay de unas nuevas eliminatorias para una Copa del Mundo se me ocurrió copiar su idea (el que avisa no traiciona) y replicarla desde mi óptica, con la evocación de las circunstancias que yo viví en cada uno de aquellos hitos.

1962: Primeros recuerdos

Mi primer vago recuerdo es  del año 62 y mi padre atento a la vieja  radio a válvula. “Qué estás escuchando, papá?”   “El Mundial de fútbol”, Fue mi primera  toma de conciencia de que existía algo llamado “Mundial de fútbol” que interesaba a los adultos. Al poco, una noche, jugaba Uruguay con  “Rusia”  y lo único que sabía era que Uruguay debía ganar para seguir jugando.  Ganarle a los soviéticos parecía absolutamente imposible. Por algún motivo los “rusos” eran vistos como temibles.  Cuando   iban 1 a 1 una prima que estaba de visita  comentó: “aunque sea que no nos hagan un gol más”, y alguien le respondió. “pero así igual quedamos afuera”. Luego nos hicieron otro gol y nos despedimos. Por demás de ese mundial los otros recuerdos que me quedaron fueron apenas la sorpresa del tercer puesto de Chile que había derrotado al cuco ruso, a mi padre hinchando por Brasil en la final ante Checoslovaquia y el comentario de mi tía al sentir como el relator – seguramente Carlos Solé – se trababa con los apellidos de los jugadores checos:  “con los nombres  que tienen éstos   cómo se puede hinchar por ellos”.

En aquella época la idea que me quedó de aquel mundial era que Uruguay era un pobre equipo y ni idea tenía de los títulos que había conquistado en el pasado. Mi primer contacto con la historia fue a través del primer juego electrónico que  tuve en mi vida. Se llamaba El Cerebro Mágico y consistía en una especie de cartón con botoncitos de metal, sobre los cuales se ponían unas cartulinas divididas en cuadraditos. La cartulina tenía dos partes: del lado izquierdo los cuadraditos contenían preguntas y del lado derecho, en un orden caprichoso estaban las respuestas. Cada cuadradito tenía en el medio un orificio que encajaba perfectamente en los botoncitos de metal.  El juego se completaba con dos varillas de metal y una lamparita. Se pinchaba con una de las varillas en el botoncito correspondiente a una pregunta y con la otra se buscaba la respuesta. Cuando se encontraba  se pinchaba el botoncito correspondiente, y si la respuesta era la correcta se prendía la lamparita. Una de esas preguntas era “¡quién fue el primer campeón del mundo de fútbol?, y obviamente la respuesta correcta era – para mi gran sorpresa – Uruguay. Me costó mucho entender que ese equipo “chico” de fútbol hubiera tenido un pasado de gloria. Es más, creo que hasta el día de hoy no lo puedo entender.

1966: la gran mentira

El Mundial del  66 fue el que viví con más intensidad en toda mi vida. Lo esperé ansiosamente a partir de las Eliminatorias (Perú y Venezuela que en aquella época eran meros trámites) y seguí toda la previa casi obsesivamente, ayudado además por una hepatitis que me mantuvo en cama y sin mucho para hacer por casi todo el mes previo. En un cuaderno iba escribiendo una especie de diario del Mundial. Me iba ganando la ansiedad que trasmitían los diarios y la radio. La tele no contaba: estaba en otro cuarto y ni yo ni ella se podían trasladar; yo estaba a quietud por mi enfermedad y la televisión no podía moverse de donde estaban las conexiones a la antena que había en la azotea. Todo se fue impregnando de una atmósfera inglesa que fue haciendo nacer en mí una relación amor-odio con Inglaterra que dura hasta la actualidad. Todos nos sorprendimos cuando robaron la Jules Rimet y un perro la encontró. En el disco duro de mi cerebro, en ese lugar donde se guardan las cosas inútiles, quedaron grabados para siempre las alineaciones de algunos equipos completos, (los de Alemania, Inglaterra y por supuesto Uruguay), así como el triángulo final de Corea del Norte: (LI Chang Myung, Pak Li Soop y Li Don Woon), o de Bulgaria: (Naidenov, Salamaniev y Penev,).   Años después logré taparle la boca a unos cuantos amigos que creían que yo inventaba esos nombres cuando resultó que Penev efectivamente existía, ya que fue el técnico de la selección búlgara de 1994.

A Uruguay le había tocado el estreno con Inglaterra y los periodistas ingleses especulaban sobre  la magnitud de la goleada que íbamos a recibir.  El partido era al mediodía,  en plenas vacaciones  de julio y fue el primer día que me levanté después de la hepatitis. Antes del partido mi padre me hizo un comentario que – a la vista del resultado final – me quedó grabado a fuego y que, 48 años después – a modo de cábala , tradición u homenaje a mi viejo -se las repetiría, tal cual, a mis hijos.  “no nos van a ganar, los ingleses nunca pudieron con nosotros”. Seguramente en la memoria de mi padre estaba muy presente el triunfo por 4 a 2 que les habíamos propinado en el mundial de Suiza 12 años atrás y en algún amistoso anterior, así como esa rivalidad que había con los inventores del fútbol, dada la arrogancia y aires de superioridad con que trataban a los sudamericanos. Escuchamos en aquella vieja radio como Carlos Solé inflaba la actuación celeste. Supuestamente Uruguay hacía un brillante partido, jugándole de igual a igual a Inglaterra. Si vemos el video del partido en realidad lo que ocurrió es que pusimos la bañadera y ellos no supieron definir.  Y todavía recuerdo cuando – engañados por lo que fue casi un grito   gol del relator  –  nos levantamos a festejar cuando un cabezazo débil pero bien colocado de Rocha era sacado sin problemas por el golero inglés. (45 segundos del video). Esa y un tiro de Cortés (minuto 1:20) serían las únicas incidencias en que les llegamos.

 https://www.youtube.com/watch?v=79lrer93xqU

De todas maneras, fue una sorpresa para todo el mundo, y el fútbol ultradefensivo del técnico uruguayo Ondino Viera había dado resultado.

Unos días después, por la tarde, tocó Francia.  En esta ocasión el partido lo escuché solo y a través de la voz de Heber Pinto.  En aquella época había una división generacional, los mayores escuchaban a Solé, los jóvenes a Heber.   Me acuerdo de su comentario chovinista (una de sus más típicas características): “Uruguay le tiene que ganar a este equipo que es tan mediocre que su principal figura ni siquiera es de su país”. Se refería a Combin, centrodelantero que efectivamente era nacido en Argentina.

Uruguay aquel partido lo ganó 2 a 1 de atrás, y por lo que se ve en el video luego de sacada la ventaja volvió a poner la bañadera.

Y nuestro ombligo siempre grande nos llevó a decir que Mazurkiewiecz fue el mejor golero del mundial. Solo para los uruguayos, claro está; para todos los demás fue Banks, el golero inglés. Y por las dudas aclaro, Mazurkiewiecz era verdaderamente un golero excepcional.

El tercer partido fue contra México,  que en aquella época era un equipo muy flojo, el rival más débil del grupo. Se jugaba de tarde, la hepatitis y las vacaciones habían terminado y ya había vuelto a la escuela. En aquella época que no había televisación en directo no se interrumpían las clases para escuchar el partido, y una maestra – que seguramente escuchaba a escondidas – nos informó: “terminaron 0 a 0, Uruguay jugando horrible”. Estábamos clasificados.  No sería mucho tiempo después, internet mediante, cuando tomaría real conciencia de qué tan horrible habíamos jugado – la maestra tenía razón – y de lo cerca que estuvieron de ganarnos. Algunas de las imágenes de los jugadores mexicanos dejando parada a nuestra defensa suenan bastante familiares.   (ver video).

Al llegar a mi casa la noticia bomba: Corea del Norte había eliminado a Italia (1 a 0 con gol de Pak do Ik). El triunfo absurdo de un equipo débil sobre una selección poderosa era siempre para festejar.

En cuartos de final Uruguay enfrenta a Alemania. Ese partido fue al mediodía y lo viví prendido a la radio junto a mi padre. La derrota 4 a 0 fue la decepción más grande que tuve en un partido de fútbol en toda mi vida, alimentada por la manija victimizadora de la prensa: a los uruguayos nos habían estafado. Todo había sido un complot contra Uruguay y Argentina. No voy a repetir lo que ya escribí en otro post sobre este partido https://salmonbizarro.wordpress.com/2015/06/14/las-eternas-victimas/. Solo reiterar la idea general de que durante muchos años yo, al igual que otros de los de mi generación, vivimos engañados pensando que habíamos sido objeto de una conspiración. Con el paso del tiempo, mirando videos y razonando fríamente me he quedado con otra verdad: un partido que se comenzó jugando bien, algún error arbitral que efectivamente nos perjudicó, un gol bobo que se comió “el mejor golero del mundial” y luego  el descontrol de nuestros jugadores y las dos expulsiones que determinaron que los alemanes, jugando 11 contra 9 nos caminaran fácilmente. Pero lo de la conspiración fue un invento de uruguayos y argentinos producto de la frustración. Una cosa son los errores arbitrales, otra una conspiración. (absolutamente absurdo pensar que para “robar” aquella copa Inglaterra se  conspirara para que nosotros quedáramos afuera y no Alemania que era su verdadero rival, futbolístico e histórico). Lo cierto que aquella jornada fue de mucha bronca, ni siquiera amortiguada por el hecho de que Argentina, nuestro eterno rival también había caído. En aquella época yo estaba impregnado por el sentimiento general de odio a los argentinos y me hubiera sido intolerable que nuestros vecinos hubieran llegado más lejos. En mi casa las opiniones estaban divididas, mi madre era profundamente antiargentina (aun lo sigue siendo) y mi padre que tenía muchos primos del otro lado del río era todo lo contrario. Con el paso del tiempo, después que mi padre muriera y varios viajes a Buenos Aires mediante, mis sentimientos irían cambiando poco a poco.

El regreso de nuestra selección fue en medio de un escándalo, con el técnico que se borró de la concentración y la prensa furiosa por el fracaso.  El triunfo de Inglaterra en ese  mundial siempre quedó bajo sospecha; es que los ingleses no eran nada populares y – si bien probablemente fuera cierto que su condición de locales y el hecho de que el presidente de la FIFA era inglés  hayan pesado – me parece que su presunto robo de aquella copa ha sido sobredimensionado.

1970: cuartos con poquito

México 70 fue el primer mundial en que algunos partidos se televisaban en directo. En aquella instancia había confianza. Se jorobaba con las cábalas: 30,50,70 y las tres M: Montevideo, Maracaná, México. Uruguay no era un mal equipo, tenía una muy buena defensa y medio campo aunque le faltaba gol. Su gran figura era Pedro Rocha, uno de los grandes armadores de la historia de este país y de quien el equipo dependía claramente, ya que estaba en su apogeo. Recuerdo que algunos jugadores jugaron rapados, cosa totalmente atípica para la época, seguramente por cumplir  promesas al haber sido convocados: Julio César Cortés y Omar Caetano – que habían sido suspendidos por dar positivos en un examen  antidopping y rehabilitados luego para que pudieran integrar la selección – y Víctor Espárrago, que por aquella época era tan malo y resistido que seguramente consideró un milagro su convocatoria. Es que Uruguay no tenía centrodelantero y en aquel puesto probaron con él y con Dagoberto Fontes que eran mediocampistas.

Israel no fue rival para Uruguay y les ganamos 2 a 0. Pero quedó un saldo amargo, ya que a los pocos minutos Pedro Rocha salió lastimado y ya no volvió. Recuerdo en una fiesta familiar oir el comentario de uno de esos clásicos e infaltables sabelotodo que  tanto me divertían por sus teorías exóticas: “Israel nunca le iba a ganar a Uruguay, porque fue un uruguayo, Rodríguez Fabregat, quien jugó en la ONU un papel decisivo para crear el estado judío en 1947. No nos podían hacer la fuerza que le hicieron a Italia (al que empataron 0-0)

El segundo partido fue contra Italia, el primero en ser televisado en directo (y el único de la serie), un verdadero bodrio; dos selecciones ultradefensivas y mezquinas que no arriesgaban nada y donde yo creo que no hubo una sola incidencia de gol. Y finalmente la serie se definió en el partido con Suecia, donde perdimos 1 a 0 con un gol en la hora y clasificamos sufriendo y por mejor diferencia de goles.

El partido con la Unión Soviética iba en diferido por tv, así que hubo que escucharlo por radio. Todo pintaba para un 0 a 0 grande como una casa y la definición en aquella época, luego del alargue era por sorteo. Carlos Solé despotricaba contra la pérdida de jerarquía del fútbol uruguayo que se había vuelto ultradefensivo, del bochorno que iba a significar una definición por sorteo y de la mediocridad  del fútbol en general (“un campeonato mediocre donde no está Argentina 1/ y están El Salvador y Marruecos“, repetía con enojo). Hasta que el técnico Hobergh hace el cambio: no me acuerdo quien sale y entra Espárrago. Recuerdo comentarle a mi padre: “no, no puede poner a este burro”, Pero el burro terminó haciendo el gol. Y a partir de ahí comenzó a dejar de serlo. Fue aquella famosa y polémica jugada de Cubilla tan protestada por los soviéticos que reclamaban que la pelota se había ido afuera. En el video se ve al golero soviético abriendo los brazos, y no sé si no se distrajo  protestando el fuera. Cuando uno ve la jugada varias veces y concluye que la pelota no había salido, queda claro que fue una jugada genial – e infravalorada al quedar diluida en la polémica de si la pelota había salido o no – ;  es notable como Cubilla se las ingenia para robar esa pelota. En mi memoria quedó resonando durante mucho tiempo el EspAAAAAArrrAAAgo del relato de Solé (que curiosamente no está entre las grabaciones famosas del relator que circulan por Internet).  De más está decir que después de ese gol Espárrago parece que agarró confianza en sí mismo y se convirtió en un muy buen jugador. Para un adolescente que había vivido toda la vida oyendo la historia de que el fútbol uruguayo una vez había sido glorioso, pero que eso era pasado muerto ver a Uruguay en una semifinal de un campeonato del mundo era algo para no creer.

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Y vino la semifinal con Brasil, y como siempre la prensa agita el recuerdo de Maracaná como si eso alcanzara para salir campeón. Les dimos un susto, porque ellos eran muy malos en su defensa y nos regalaron una pelota que Cubilla supo aprovechar. El partido era en la noche de Uruguay y en mi casa gritamos ese gol como si fuera el último (de hecho casi lo fue, porque después de eso comenzaron los 40 años de gran sequía). Durante mucho tiempo se especuló con qué hubiera pasado si ellos no nos hubieran empatado en la hora del primer tiempo. Seguramente nos hubieran ganado igual porque eran muy superiores y en el segundo tiempo nos pasaron por arriba. Al otro día en el liceo un profesor casi no pudo dar clase porque llegó afónico por ese gol que nos ilusionó.

También esta vez nos quejamos por un arbitrario cambio del lugar donde se jugó el partido que nos perjudicó  (también hablé de esto en el post citado anteriormente), pero lo cierto es que aquel equipo de Brasil nos ganó bien. Fue, seguramente – y más allá de lo desacertado de comparar selecciones de distintas épocas –uno de los mejores equipos de fútbol de todas las épocas.

El partido por el tercer puesto contra Alemania lo miré de a ratos. Era una tarde de sábado previa a un cumpleaños de quince y estaba con unos amigos que pretendían enseñarme a bailar para la ocasión. Entre paso y paso ensayado iba orejeando sin entusiasmo ese partido absurdo en que la pelota rondaba el arco alemán, pero no entraba. A la noche, en el cumpleaños, los menos bailarines hablábamos de fútbol, y me quedó grabado el comentario de un compañero sobre la selección de Brasil,: “ Qué jugadores que tiene: No es solo Pelé, también están Gerson, Tostao, Rivelinho y – pensando que eran dos jugadores distintos – Jair y Jairzinho”.

Cuando uno mira fríamente el cuarto puesto de México – y más allá que Uruguay tenía  un buen equipo –  parece como una garroneada: tres derrotas, un empate y dos triunfos,  4 goles a favor y 5 en contra.  Muy poquito para consagrarnos como la cuarta selección del mundo.

1974: La gran decepción y el comienzo del declive

Estuve en la Tribuna Amsterdam del Estadio un frío día de julio de 1973 cuando Uruguay perdió 1 a 0 ante Colombia por las eliminatorias para Alemania 74, pese a lo cual mantenía su chance de clasificar.   La selección fue muy criticada – y no sólo porque jugó muy mal – sino por haberse presentado a jugar a pocos días de efectuado el golpe de estado, y en plena huelga general de resistencia a la dictadura.  En el partido la CNT hizo una volanteada y cuando tocaron el himno, se gritó con fuerza y puño en alto,  el “Tiranos temblad” . Dirigió en aquella eliminatoria, finalmente ganada, Hugo Bagnulo, pero, curiosamente,   para Alemania fue designado como técnico Roberto Porta. Hay una versión que dice que esto se debió a que la dictadura metió la mano y le bajó el pulgar – por cuestiones de discrepancia política – a los dos técnicos más capaces de entonces: Bagnulo y el profesor De León – este último declaradamente comunista. En cambio Porta parece que tenía las simpatías del régimen.

Esa selección salió hacia Alemania con una gran expectativa: por primera vez se jugaba con repatriados, ya que a principios de los 70 había comenzado el éxodo de los mejores jugadores. Con la sola excepción del gran defensa Atilio Anchetta se había logrado traer al mejor equipo que se podía formar.  Y además estaba Fernando Morena. Se decía que era la mejor selección uruguaya desde 1954. Hubo un gran circo montado  en parte por los militares que necesitaban distraer un poco a la gente. Más allá del circo mucha gente se ilusionaba y hasta había especulaciones de que en caso que Uruguay saliera campeón los festejos populares podrían derivar en una gran movilización contra la dictadura. Era la época de la gran crisis del petróleo y había fuertes restricciones energéticas. Había un día de la semana en que los autos con chapa par no podían circular y otro en que la prohibición alcanzaba a los impares. Las disquerías ofrecían descuentos a quiénes les entregaran viejos discos de vinilo en cualquier estado a efectos de reciclarlo, ya que se quedaban sin materia prima. Y a los canales de televisión los obligaban a trasmitir recién a partir de las 7 de la tarde para que bajara el consumo de electricidad.  Pero a efectos que la gente pudiera ver los partidos los militares   levantaron parcialmente la restricción de horario televisivo, ya que los partidos eran en la tarde temprano. Al frente de la selección el técnico Roberto Porta se reveló como un verdadero inútil y sobre él cayó toda la responsabilidad del fracaso.

El primer partido era con Holanda y recuerdo cuando  en la transmisión previa le preguntan – mientras de fondo suena el clásico “vayan pelando las chauchas” – a Washington “Pulpa” Etchamendi, el técnico que sacara campeón de América a Nacional en el 71, cuál pensaba  que iba a ser el resultado del partido. No dudó en su respuesta_  “Uruguay 2 a 0, ¿que inventaron los holandeses?, el queso nada más”.  Nunca antes había visto ni volvería a ver a una selección uruguaya tan humillada e impotente como en ese partido. Ni siquiera cuando Dinamarca nos hiciera 6 goles en el 86. Pasamos la mitad de la cancha en contadas oportunidades y sin mayor peligro, cayendo reiteradamente en fuera de juego, ya que los holandeses, entre los excepcionales recursos tácticos con que contaban sabían manejar como ningunos la ley del off-side.   Metían presión en el arranque uruguayo y cada vez que uno de los nuestros tenía la pelota se la sacaban rápidamente. El resultado fue extremadamente benevolente y deberían habernos goleado en forma aplastante.  Luego del partido, y con el paso del tiempo, quedó la idea de que en ese partido no nos hicieron más  goles porque Mazurkiewiecz se atajó todo. Uno de los que efectúan este comentario, incluso,  es Leonardo Haberkorn.  Sin embargo, y sin desmerecer la actuación del notable golero que efectivamente salvó algunos goles, lo cierto es que ellos erraron lo menos diez goles por su mala puntería.

Lo que vino después fue predecible. Pese al bochorno contra Holanda la prensa siguió dando manija, hablando de una falsa performance, por lo que luego de la decepción la expectativa renació. Algún periodista recordaba como en el año 54 Alemania había debutado siendo goleado por Hungría y luego terminó siendo campeón. El siguiente rival era Bulgaria y unos minutos antes del partido,  en medio de toda la expectativa, el gobierno se descargaba con un decretazo con fuertes aumentos de tarifas, apostando a que el descontento de la medida quedara oculto por el entusiasmo del partido. Ese partido – que vi junto a mis padres en el living de mi casa – sería el último partido de un mundial que compartiría con mi padre. En esa oportunidad la estrategia de la selección uruguaya  fue tirar pelotazos largos para que la agarraran los de arriba. Se logró un costoso empate que fue el primer punto ganado por Bulgaria en la historia de sus participaciones en los mundiales . La debacle final fue contra Suecia. Caímos 3 a 0 sin levante. Aquel último partido lo vi con unos amigos, en un bar de Solymar, luego de habernos bajado alguna botella de vino lija (del que vendían suelto, por supuesto) y unos tallarines todos pegoteados. El primer tiempo Uruguay lo único que hizo fue patear al arco desde cualquier lugar aprovechando que tenía jugadores que le pegaban bien, pero solo fue para el lucimiento del golero sueco. Y en el segundo tiempo nos pasaron por arriba aprovechando su superioridad física. Esta vez sí, nadie salió a protestar diciendo que nos habían estafado.

Aquella eliminación me dejó un resabio amargo y creo que a  partir de ahí perdí por muchos años toda ilusión de que alguna vez Uruguay pudiera llegar lejos en un mundial. Era tal la distancia entre este Uruguay, que había ido con su mayor potencial (eso creíamos), y aquel equipo de Holanda o los europeos en general, que todos pensábamos que el fútbol se había transformado para siempre y era como el básquetbol, en que a los equipos top no había con qué darles. Porque además también Argentina o Brasil parecían a años luz de los europeos. Fue como una pérdida de la inocencia futbolística y nunca más el fútbol de un mundial podría volver a ser lo mismo para mí. Con la retrospectiva del tiempo, si uno mira como jugaba aquel equipo holandés que revolucionó el fútbol de la época, se da cuenta que hoy por hoy, cualquier selección – me atrevería a decir que incluso Uruguay – juega más rápido y corre más. Pero fue el principio de una nueva forma de jugar al fútbol.

Como dato anecdótico recuerdo a Carlos Solé, ya en su total decadencia como relator equivocando constantemente los nombres de los países. En lugar de Suecia decía Suiza, en lugar de Bulgaria Hungría. No tenía rapidez en su voz para contar enteras las jugadas y cuando  había una incidencia de peligro medio rápida no la podía relatar, se limitaba a gritar AAyyy !!! Su relato se apagaba de la misma forma que se apagaba el fútbol uruguayo, comenzando la sequía del desierto celeste, como dice Haberkorn.

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1/ Argentina había quedado quedado afuera en la serie eliminatoria con Bolivia y Perú.

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  1. …..!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!……………………….

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  2. …..me dejó sin comentario posible ….enmarqué mi silencio con mojones de admiración, ante su capacidad de condensar tantos emocionantes recuerdos que …si me permite, me atrevo a compartir con usted.

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  3. En la pelicula Sixty Six un niño inglés de religión judía celebra su bar mitzva en pleno mundial del 66 y al igual que su hepatitis eso le trajo problemas para disfrutar su pasión futbolera.

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  4. Discúlpeme, quise poner el enlace del trailer y me salió cualquier cosa.

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  5. Está clarito que la mayoría de los problemas que sufrieron unos cuantos equipos uruguayos fueron debido a la maldad de la terna arbritral, a la altura, al mal tiempo, a la falta de tiempo para entrenar, a los esguinces, a …

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