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¿POR QUÉ A LOS DELINCUENTES LOS LLEVAN PRESOS?

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Hace unos meses la opinión pública se vio conmovida cuando un conductor borracho atropelló y mató a un motociclista. La conmoción fue mayor por el hecho de que el conductor era el padre de Edinson Cavani. En las redes sociales  se instaló una ola de indignación, exigiendo el linchamiento del conductor. Exigencia tanto mayor cuanto se presumía que, como el hijo tiene mucho dinero, el delito iba a quedar impune mediante una generosa contribución del futbolista. Al final el conductor fue procesado con prisión por el delito de homicidio culposo y liberado poco antes de los tres meses. Realmente fue un grave acto de inconsciencia lo que hizo el padre de Cavani, con la terrible consecuencia, además, de una persona muerta.  Un tiempo después ocurrió otro accidente relacionado con el mundo del fútbol. El futbolista Martín Cáceres se dio en Italia con su Ferrari contra una parada de ómnibus. El examen de sangre arrojó que también había ingerido alcohol, pero como tuvo la fortuna de que en la parada no había gente, y por lo tanto no hubo víctimas, no se desató la ola de indignación que hubo contra el padre de su compañero de Selección. De hecho el Maestro Tabárez, pese a su pregonada política de mantener la disciplina entre los jugadores lo siguió convocando para defender los colores de la celeste, cosa que no hicieron en su club, la Juventus, donde entendieron – con algo más de criterio – que su conducta era lo suficientemente grave como para separarlo del plantel.

Más allá de la lógica  indignación que provoca el hecho que protagonizó Cavani padre la pregunta que a mí me surge  es ¿cuál es la pena que le corresponde a alguien que ha hecho algo de este tipo? ¿la prisión del (i)responsable es la mejor solución para la sociedad en su conjunto?. Sin dejar de reconocer la gravedad de lo que hizo y, lejos de tener un ánimo de indulgencia hacia el conductor, creo que el tema debería ser analizado en forma desapasionada y fría. La justicia no debería dejarse ganar por las bajas pasiones. Esto ha llevado a reflexionar al Salmón sobre algunos aspectos de la justicia penal que le cuesta comprender.

Para empezar, una pregunta fundamental: ¿cuál es el motivo por el cual la gente va presa? ¿cuál es el objetivo de poner a alguien entre rejas durante un determinado período de tiempo?

En ese sentido se me ocurren tres posibles razones no excluyentes: 1) para apartar sujetos peligrosos de la sociedad, 2) para disuadir acciones delictivas, 3) para castigar.

Empecemos por el primero: a todo el mundo seguramente le parecerá sensato y lógico que cuando un individuo es peligroso para la sociedad es conveniente aislarlo, y para ello, por lo menos hasta ahora, no existe mejor método que ponerlo entre rejas.  En ese sentido es absolutamente lógico encarcelar a sujetos peligrosos para evitar que sigan delinquiendo. Sin embargo aquí hay cosas que me cuestan empezar a entender. Por ejemplo, la existencia de una tabla que relaciona los resultados de los delitos con las condenas.  Si una persona mata se lleva una determinada cantidad de años de condena, si solo hiere, menos. Por lo general las leyes actúan en función de evaluar la gravedad de acuerdo al resultado del delito, más que a la peligrosidad de la persona que se desprende de lo que ha hecho o intentado hacer. Algunos delitos pueden tener peores resultados, pero no necesariamente quien los comete representa un peligro mayor para la sociedad. Quién es más peligroso? ¿Un rapiñero que entra a los tiros a un comercio y de casualidad no mata a nadie o el padre de Cavani? Los delitos no son hechos aislados, son actos cometidos por personas, que tienen su historia y por lo  tanto su grado de peligrosidad. Se debería juzgar los delitos en función de lo que representan como reflejo de la peligrosidad de la persona, no como hechos aislados.1/. Con  la  filosofía imperante, muchas veces la pena se relaciona más con la suerte que con la peligrosidad. Pensemos en este ejemplo: una persona decide matar a alguien: toma un revólver, busca a su víctima y le pega  tres tiros. Pero justo la víctima se mueve y erra el blanco. Ese delincuente será condenado por “intento de homicidio” lo cual implicará una pena mucho menor que si efectivamente hubiera acertado con  sus balazos. ¿cuál es la diferencia desde el punto de vista de la peligrosidad de uno u otro? Definitivamente ninguna, los dos deberían tener la misma pena, la única diferencia allí fue el azar.  O el caso del rapiñero que es detenido antes de efectuar la rapiña, o aquel al que el robo le salió mal porque la víctima logró escaparse.  En nuestro derecho penal los “intentos de” son penados con la tercera parte del delito que intentaban consumar, con algunas excepciones que pueden llevarlo hasta las 2/3 partes, pero nunca se equiparan.

Art. 87. Penalidades del delito tentado. Individualización. El delito tentado será castigado con la tercera parte de la pena que correspondería por el delito consumado pudiendo elevarse la pena hasta la mitad, teniendo en cuenta la gravedad del hecho y la peligrosidad del agente. Tratándose de los delitos de violación, homicidio, lesiones, rapiña, extorsión y secuestro, y en mérito a las mismas consideraciones, el Juez podrá elevar la pena hasta las dos terceras partes de la que correspondería al delito consumado. (código penal uruguayo http://www.wipo.int/wipolex/en/text.jsp?file_id=196342)

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1/. He oído muchas veces a abogados penalistas pronunciarse contra esta posición con los argumentos de que “se debe juzgar al hecho y no a la persona” o que tomar en cuenta el pasado para ver si la persona es reincidente implica condenar dos veces por el mismo delito

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En el caso de un conductor que maneja ebrio ¿cuál es la diferencia, desde el punto de vista estrictamente de su peligrosidad para la sociedad, entre el que atropella y mata a alguien y el que tiene la suerte de no cruzarse con nadie en el camino como fue el caso de Martín Cáceres? Ninguna.  ¿No deberían entonces aplicársele las mismas penas al conductor que es detenido con exceso de alcohol en la sangre por los inspectores de tránsito que el que termina matando  por tener ese mismo grado de alcohol? ¿o debemos esperar tranquilamente hasta que el primero mate a alguien para recién ahí condenarlo?. En el caso del que mata terminará preso, en el otro caso alcanzará con una multa y el retiro del permiso de conducción por unos meses. Resulta muy difícil razonar separando los efectos de una infracción de la infracción en sí misma, pero desde el punto de vista de la peligrosidad del individuo es exactamente lo mismo. Seguramente la mayor parte de las personas que matan por manejar alcoholizados – así como los que matan por cometer torpezas, malas maniobras o imprudencias –  no sean asesinos, ninguno de ellos habrá querido matar a su víctima, sino que lo que hicieron fueron terribles actos de inconsciencia. Pero el conductor que maneja con el mismo nivel de alcohol en la  sangre, y no tiene la desgracia de que alguien se le cruce adelante es tan inconsciente como el que terminó matando y reviste la misma peligrosidad para la sociedad.  A veces se ve el absurdo de que cuando una persona ha lastimado a alguien y esta última muere en medio del juicio, inmediatamente cambia la carátula del delito, cuando éste en sí ha sido el mismo. La diferenciación de penas en función de la consecuencia de los actos  efectuados debería tener más que ver con la justicia civil en la cual los daños se cuantifican económicamente y se obliga al infractor a pagar una indemnización y no con el derecho penal en que las consideraciones deberían ser otras.

Relacionado con esto  ¿cómo se evita que un individuo peligroso no siga cometiendo actos de peligro para la sociedad? Es claro que en el caso del asesino o el rapiñero la única solución es privarlo de la libertad de forma tal que no pueda volver a robar o a matar, ya que tiene tendencia a hacerlo y en ese sentido es peligroso para la sociedad. A ninguno de nosotros nos gustaría ver suelto por la calle a un rapiñero o a un asesino. Seguramente si nos cruzáramos con alguno de ellos trataríamos de alejarnos lo más rápido posible. En cambio ¿vale lo mismo para el conductor ebrio? Si nos encontramos por la calle con el padre de Cavani ¿tratamos de huir de él? Seguramente que no, mientras se limite a venir caminando. La peligrosidad de una persona que ha cometido un delito por manejar borracho (o incluso manejar en forma imprudente) se limita, a menos que se demuestre lo contario, al momento de manejar. Para evitar que esa persona deje de ser un peligro para la sociedad bastaría con no dejarle manejar nunca más. Desde el punto de vista pura y exclusivamente de la peligrosidad para la sociedad no habría necesidad de meterlo preso.

Por otra parte, cuando un delincuente cae preso, inmediatamente se le aplica una “tablita de conversión”: de acuerdo a la gravedad del delito  , la magnitud de la  pena. Cumplido lo que indica el código penal, la persona es liberada y ahí terminó todo: nadie se preocupa de averiguar si el delincuente está en condiciones de insertarse en la sociedad sin ser un peligro. Un rapiñero, que hace de ello su modo de vida, es encarcelado por enésima vez, está los años en prisión que le marca la tablita y sale  ¿No deberían los presos, para poder salir, demostrar que están aptos para insertarse en la sociedad?  De la misma forma que una persona para obtener un título universitario tiene que dar una serie de exámenes, no alcanzando simplemente con haber concurrido 5 años a una facultad para tenerlo. Incluso algunos delitos menores que de acuerdo al código merezcan penas leves pueden ser las primeras manifestaciones de la peligrosidad de un a persona. (algo de alguna forma relacionada con la teoría de las ventanas rotas).  Claro, todo esto suena un poco ingenuo, y seguramente lo sea. ¿Cómo es posible que una persona demuestre que está apta para reinsertarse en la sociedad? Y aquí vamos a uno de los meollos del asunto, la  tan manoseada y repetida palabra “rehabilitación”. Para permitirle a los reclusos que puedan demostrar que están aptos es necesario la existencia de planes en serio de rehabilitación que impliquen, por ejemplo,  la enseñanza de determinadas habilidades, la práctica del trabajo, un sistema de salidas transitorias vigiladas, etc. Los reclusos deberían demostrar que están aptos y no salir libres por el mero paso del tiempo.  Lo cierto es que hoy las cárceles son simples depósitos de personas que esperan el cumplimiento de su pena para salir sin que nada de lo que se haga dentro de la prisión tenga la finalidad de evitar que al salir de allí reincidan en sus conductas anteriores.  Muchos no saben hacer otra cosa que delinquir.  De hecho, según distintas estadísticas, entre un 50 y un 60% de los presos que son liberados vuelven a reincidir (http://www.elpais.com.uy/informacion/gobierno-adjudica-liberacion-presos-aumento.html) .  El propio ministro Bonomi se manifestó en ese sentido: “En el último año han salido en libertad 10 delincuentes por día dispuestos a reincidir. Y eso no debe suceder”   ( http://www.subrayado.com.uy/Site/noticia/48480/bonomi-pide-penas-mas-severas-para-delincuentes-reincidentes)  Y peor aún, dado el estado actual de nuestras cárceles, hacinamiento y maltrato, los que pasan por allí, seguramente salgan con mayores habilidades para delinquir  y deseos de hacerlo. Las cárceles son verdaderos posgrados en delincuencia y fábricas de incrementar el resentimiento.

En relación a la disuasión, sin duda que la posibilidad del encarcelamiento opera como un elemento importante para evitar que las personas cometan delitos, y en este sentido encarcelar a quien ha cometido un delito suena como algo justificable.  La disuasión implica generarle un “costo” a quien delinque de forma de desestimularlo. Y ahí parece tener más sentido la “tablita” al mostrarle al delincuente que cuanto más grave es su delito mayor será su pena. Pero probablemente en muchos casos existan una serie de penas alternativas o complementarias a la prisión que operen como disuasivos tan eficaces como el temor a ir preso.  En el caso del ejemplo de los conductores, para que la disuasión sea efectiva se le debería aplicar la misma severidad a Cáceres que al padre de Cavani. Por otra parte, con el tema de la “tablita” existe un problema: se supone que el delincuente conoce la tablita antes de delinquir y que actúa en forma perfectamente racional comparando, al momento en que decide violar la ley, los beneficios de incrementar el grado de delito con el incremento de pena que tendrá y teniendo en cuenta la probabilidad de ser arrestado. Así, según este razonamiento,  al efectuar una rapiña y ver que la víctima no le quiere entregar el dinero evaluará cuantos más años de pena le darán por pasar de rapiñero a asesino, y comparará este costo, junto con la probabilidad de ser prendido, con el beneficio de obtener el dinero de su víctima. Si el beneficio no le compensa el riesgo de ir unos años más preso sacará la mano del gatillo. Sabemos que en la práctica las cosas no funcionan así. Si bien es probable que muchos de los delincuentes – especialmente los reincidentes – estén bien informados sobre algunos aspectos de la legislación (en particular cómo sacar provecho de las debilidades de ésta), difícilmente sean capaces en el momento de tomar una decisión de evaluar fríamente las consecuencias de sus actos.  En el ejemplo anterior, y en la mayoría de ese tipo de casos, los rapiñeros no tienen en ese momento capacidad de razonar y se mueven por impulsos, dado el estado límite de tensión en que se encuentran.  Una prueba de ello es que en los países en que se implanta la pena de muerte los delitos no descienden. Pero además, normalmente los delincuentes son personas que están jugadas y tenderán a subvaluar el riesgo de ser capturadas. Si no, no se dedicarían al delito. Normalmente los delincuentes tienden a  sobrevalorar el presente. Que por una acción les den 10 años de cárcel o 15 para ellos seguramente sea lo mismo. Una de las esencias mismas de la actividad delictiva es la ansiedad: querer las cosas ya, nada de trabajar durante años para obtener lo que desean. El futuro es algo lejano y demasiado incierto como para  tenerlo en cuenta en la toma de decisiones.  Eso no quiere decir en absoluto que la prisión como elemento disuasivo no sirva para nada, simplemente que hay que relativizar los efectos de la forma en que se aplica. Y que muchas veces pueden existir otras formas de disuadir tanto o más eficaces.

Llegamos al tercer motivo, el castigo. Lo dejé para lo último porque es el más difícil, a la vez que el más “popular”. Es común oir que los individuos tienen que ir presos para “pagar su deuda con la sociedad”. Nunca entendí esto. ¿cómo es que uno paga la deuda con la sociedad yendo preso?  ¿Cómo al ir preso el conductor borracho “paga” el haber matado una persona? ¿cómo paga el violador, el asesino o el rapiñero?  La palabra “pagar” viene del latín “pacare” que significa “apaciguar”, o sea dar algo a alguien para calmarlo y mantener la paz.  Y a partir de este origen etimológico  es que empezamos a entender un poco. El castigo al delincuente, el hacerle “pagar”, es una forma de dar satisfacción a los perjudicados por el acto delictivo.  Es lo que explica, por ejemplo, que los parientes de los asesinados asistan, en Estados Unidos, a las ejecuciones de los asesinos. En tiempos pretéritos era común que en las plazas públicas donde ejecutaban a los condenados se juntaran multitudes a regocijarse con el espectáculo, una forma de que la sociedad “cobrara” su deuda. En definitiva, el castigo es un pariente próximo de la venganza. Es uno de los impulsos más primitivos de los seres humanos, probablemente con orígenes religiosos (pensemos en el concepto de infierno).  Y no es que no comprenda la indignación, bronca y odio que pueda generar un delincuente en una persona a la cual le han matado un familiar, y seguramente si tuviera la desgracia de pasar por una situación así tendría un sentimiento similar. Pero por algo en los países donde existe el estado de derecho la administración de justicia no queda en manos de los propios damnificados, sino que se delega en un órgano especializado que se supone que debe actuar con ecuanimidad por encima de las pasiones y tratando de ordenar la convivencia. Las consideraciones de “castigar”   en el momento de fijar una condena deberían estar subordinadas  a las de separar los individuos peligrosos de la sociedad y a las de disuadir a la gente de cometer dlitos.   Como ya dijimos, para la reparación de los daños causados por los actos de los individuos está la justicia civil y si bien es cierto que una vida humana no se recupera por muy generosa que sea la indemnización económica (y además muchos delincuentes no tienen recursos como para indemnizar), también es cierto que una dura pena tampoco hace revivir a los muertos. Por otra parte muchas veces el “pagar” por un delito de acuerdo a la tablita de equivalencias del código penal puede llevar a la ficción de que una vez que el individuo cumplió su castigo ya está listo para volver a la sociedad sin problemas, como si hubiera tenido un pasaje purificador por el purgatorio. Y al respecto es bien ilustrativo un ejemplo que he tomado de un artículo de prensa. Se trata de la familia de un joven que fue atropellado y muerto por un conductor alcoholizado. El conductor está preso, y ya tiene un antecedente de haber matado a otra persona manejando en el mismo estado. La preocupación de la familia es que una vez que salga pueda volver a conducir y a atropellar a otra persona. Obsérvese que esta familia  no pide el linchamiento del conductor ni que se pudra en la cárcel. Simplemente pide que no lo dejen conducir nunca más.  Algo que suena sumamente sensato. Según el artículo, en nuestra legislación el tiempo máximo por el cual una persona puede ser privada de su permiso para conducir es dos años. No existe la prohibición de por vida. O sea que el conductor borracho que atropelló y mató una persona (en realidad dos), está “pagando” su deuda con la sociedad con algún tiempo en prisión y al salir, pasado un tiempo, (una vez que “pagó”) podrá volver a conducir ebrio, manteniéndose como un verdadero peligro para la sociedad. O sea, sufrió el “castigo” que le correspondía, pero sigue siendo tan peligroso como antes de ir preso. La sociedad no ganó nada. De hecho en el caso del ejemplo ya había matado y “pagado” antes. Si luego de la primera vez que atropelló y mató ( y aún si no hubiera matado) le hubieran sacado la libreta de por vida se hubiera evitado la muerte del joven y también nos hubiéramos ahorrado la posterior prisión del conductor. (http://www.montevideo.com.uy/auc.aspx?279898,3) Cuando ocurre algún hecho de éstos la sociedad, lógicamente, se indigna y la gente clama por la cabeza del responsable. Quieren, de alguna manera, ver correr su sangre. El legislador se ha hecho eco de esto y ha privilegiado en la elaboración de las leyes el componente de venganza al componente “peligrosidad” y al componente “disuasión”. Con hacer pagar, apaciguar a la  sociedad enardecida, alcanza. Poco importa lo que pasa después con el delincuente y sus actos peligrosos para la sociedad. Incluso muchos jueces encarcelan a la gente con el dudoso argumento jurídico de la “alarma pública” (a veces incluso con el argumento de proteger al delincuente para que la gente no haga justicia por cuenta propia). En otras palabras, el argumento de la “alarma pública” es lo más parecido que hay a cobrar al grito.

Sé que es muy difícil cuando una persona está indignada por un delito evitar   pensar en el “castigo”. Porque si los delincuentes que salen de prisión no están preparados para insertarse en la sociedad también es cierto que la sociedad no está preparada para acoger delincuentes rehabilitados. En la película  “La Naranja Mecánica”.  Alexander de Large sale de prisión “curado” por el tratamiento que le ha sacado su agresividad. Ya no es más un peligro para la sociedad, no habría ningún problema en que camine por las calles normalmente, pero ahora debe enfrentarse al rechazo de la gente porque no cumplió con su “castigo”.   Y a medida que va completando su recorrido circular a la salida de la prisión todas sus víctimas quieren cobrar su deuda, recibiendo el protagonista una agresión tras otra de algunas de sus anteriores víctimas.  “You’ve made others suffer. It’s only fair that you should suffer proper”,  le dice el extraño que ocupa su lugar en la casa de sus padres. El “castigo” de ir preso, de alguna manera, opera para evitar el linchamiento del delincuente.

A medio camino entre la disuasión y el castigo existe otro argumento para privar de libertad que me suena más razonable que este último, y es el de la “autoridad moral” del estado. Si el estado permite que los delincuentes queden sin sanción ¿con qué autoridad podrá imponer sus normas? En este caso el imponer penas es una situación imprescindible para mantener la cohesión social.

Seguramente muchos de los lectores me critiquen por lo que estoy diciendo y es probable que haya en este artículo muchas cosas criticables. Un abogado penalista se podrá hacer un festín con este post y la mayoría de las personas me tratará de ingenuo por mis ideas respecto al castigo. Este no es un artículo de un experto en derecho, ni mucho menos. Son simples reflexiones, pensamientos efectuados en voz alta.   Lo que sí me queda claro es que si la sociedad pensara menos en el castigo y más en disminuir la peligrosidad de las personas y en disuadir las cosas andarían un poco mejor.  Y más allá de todas estas disquisiciones es importante que tengamos claro cuál es la vía a través de la cual una determinada pena incide en la disminución del delito, cosa que normalmente no está clara. Al respecto vale un ejemplo. Frente a un mismo hecho – la disminución de las rapiñas causadas por menores – y la misma medida –  la elevación de la pena mínima a un año de prisión para los menores que efectúen rapiñas – hay dos interpretaciones diferentes. Una, la del abogado Daniel Sayagués, quien explica la reducción de las rapiñas en el motivo “apartamiento de la sociedad”: al estar como mínimo un año presos y además haberse eliminado las fugas los delincuentes dejan de ser un peligro para la sociedad en la medida que no circulan por ella. http://www.elobservador.com.uy/rapinas-cometidas-menores-cayeron-61-tres-anos-n673416. En cambio, para el economista Ignacio Munyo se trata que el aumento de la pena ha agregado un “costo” adicional a delinquir, lo que opera como un desincentivo para los delincuentes. (lamentablemente no encontré la referencia). Cada lector podrá formar su propia opinión respecto a cuál es la mejor explicación, aunque les adelanto que, personalmente, me vuelco por la primera explicación. Mientras no entendamos lo que es la pregunta fundamental que planteo en el blog: “¿para qué va la gente presa?”  difícilmente se puedan implementar políticas eficaces para hacer disminuir el delito.

Para finalizar, algo para reflexionar. Cuando se conoció la liberación del padre de Cavani el abogado penalista Diego Durand habló de un derecho penal de dos velocidades comparando la pena recibida por el padre de Cavani con la de un rapiñero.  Corresponderá al lector juzgar, a la luz de lo que he escrito y de sus convicciones, si tal aseveración le parece acertada y quien debería tener una pena más severa, el rapiñero o el padre de Cavani.

Está probada la culpabilidad en cuanto al alcohol, está probado el choque de atrás; el homicidio culposo está lo suficientemente claro. Esto tiene que ver con un derecho penal  de dos velocidades”, sostuvo. Por un lado, las rapiñas -o tentativas de rapiñas- que se pagan con 12 meses de prisión como mínimo. Por otro, un homicidio culposo que, en este caso, se pagó con cerca de dos meses y medio de cárcel.  http://www.elobservador.com.uy/a-penalista-durand-le-llama-la-atencion-liberacion-prematura-padre-cavani-n677602

El Dr. Durand es un famoso criminalista que ha defendido a delincuentes de mucha peligrosidad. Es un derecho de cualquier delincuente – por más despreciable que sea – tener defensa para que su juicio se ajuste a la ley. Y en ese sentido no hay nada que reprochar. Pero muchas veces ocurre que los abogados criminalistas  se ponen del lado de los delincuentes en relación a cómo deberían ser las leyes. Una cosa es buscar que  los delincuentes tengan un juicio justo. Otra muy distinta, es buscar que las leyes sean más benevolentes para éstos. Y muchas veces los abogados criminalistas caen en esto. No quiero decir que éste sea el caso, solo digo que muchas veces pasa.

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  1. Estimado Salmón,

    Un brevísimo comentario a tu columna. Tampoco soy penalista (como quedará más que claro en lo que sigue). El fallo de la Justicia penal (como toda decisión) debería ser la opción que asegurara el mejor futuro posible a la sociedad (incluido el inculpado) en comparación a sus costos (una simple relación costo beneficio social; simple en su formulación, claro). Si se trata de un castigo, este se justificaría por una socialmente mejor conducta futura del acusado y/o la induccción a mejores conductas de otros (por inducir comportamientos correctos), con los recursos que tal castigo supone (poner a alguien preso no es gratis; matarlo tampoco; reeducarlo menos; estudiarlo en profundidad para tipificar su modus operandi…) . Es desde esta perspectiva que, en el acierto o el error, analizo la justicia penal y tus reflexiones.

    Cordialmente

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    • interesante su punto de vista, aunque lógicamente tiene los problemas típicos de las valoraciones de los beneficios sociales. ¿qué arroja más beneficio social? la disminución de los crímenes en un 1% o la rehabilitación de un individuo, que pase de delincuente a “virtuoso”. De acuerdo a la parábola del hijo pródigo de la biblia pocas cosas tienen más valor que rehabilitar una oveja descarriada. Sin embargo para otra persona puede ser más importante disminuir la criminalidad que rehabilitar. Inluso no debe haber solución más barata para erradicar la criminalidad que poner a todos los delincuentes juntos en una cárcel y prenderles fuegos. Para muchos eso tendrá un costo social muy grande que lo haría injustificable. Para otros todo lo contrario. De hecho si uno mira este artículo http://www.elpais.com.uy/informacion/muere-inau-menor-banda-tatitos.html y especialmente los comentarios de los lectores verá el estado de ánimo de mucha gente que lleva a poner una valoracion 0 a la vida de los delincuentes. De todas maneras estoy de acuerdo en que sí habría que analizar más los efectos de las medidas que se toman – que siempre son esenciales en un análisis costo-beneficio – . Hya poco estudio serio sobre cómo influye ciera medida en la criminalidad. Después se le pondrán las valoraciones correspondientes, pero previamente hay que evaluar los efectos.

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      • Los “problemas” típicos de los beneficios sociales… son los que tenemos y debemos resolver para tomar las decisiones correctas para mejorar nuestra vida en sociedad. No encuentro en ningún lugar de mi comentario alusion alguna a que tal desafío sea simple (por algo llevamos varios milenios tratando de mejorar reglas, procedimientos y conductas con éxitos parciales… a la sazón, es la búsqueda de perfeccionamiento de la vida social la que también alienta el debate en este foro). Me alegro que estè de acuerdo con analizar las medidas por sus efectos (los resultados son la única cosa que puede justificar una medida en cualquier caso).

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      • Si algo tengo claro – y creo que en esto coincidís conmigo – es que uno de los grandes problemas de todas las políticas que se implementan en todos los aspectos de nuestra sociedad es que raramente se hace una evaluación de sus resultados. Aumentamos el presupuesto de la educación, pero no sabemos si eso se tradujo en mejoras, reformamos el código penal pero no tenemos ni idea de como impactaron en el delito, hacemos políticas sociales de ayuda a los más pobres sin medir sus resultados y así podríamos seguir.
        Tú claramente hablás de una simple relación costo-beneficio, y agregás, simple en su formulación, claro, sugiriendo que el problema es complejo y de hecho lo que traté fue de reafirmar esa idea. En la valoración de costos y beneficios sociales no nos escapamos de las valoraciones subjetivas, lo cual complica todo el asunto, pero claro, por algo hay que empezar.

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  2. Muy buen artículo, es un poco infrecuente encontrar textos que analicen con profundidad este tipo de problemas. La cuestión de los motivos últimos por los que se impone una pena a quien delinque es antigua y de difícil dilucidación. En general en la teoría penal el tema se encara desde los conceptos que se denominan prevención general (dirigida a toda la sociedad) o prevención especial (dirigida a quien sufre la sanción). A su vez la prevención general tiene una faz negativa (el efecto intimidatorio que tiene la amenaza de la pena sobre quien delinque) y una positiva (el efecto de reafirmación de la vigencia de las normas para la sociedad cuando quien delinque es castigado). También la prevención especial tiene un aspecto negativo (aislar al individuo de la sociedad y evitar que delinca) y otro positivo (la famosa rehabilitación). Observo, en el desarrollo de tu artículo, que haces énfasis en el concepto de peligrosidadc omo guía que en tu opinión debería definir la magnitud de la pena, lo que está más que nada vinculado a la prevención especial negativa. La idea de la peligrosidad marcó toda una época de la evolución del derecho penal, en las primeras décadas del siglo pasado, a través de la llamada escuela positiva italiana (representada sobre todo por Lombroso y Ferri) y dejó importantes huellas en nuestro Código Penal, porque su autor, José Irureta Goyena, adhería a esa teoría y así la plasmó en el código que hizo. Esta teoría, sin embargo, llevada a sus últimas consecuencias, conduce a graves limitaciones desde una perspectiva de los derechos del imputado y del derecho penal liberal. Y a esas últimas consecuencias la llevaron los propios autores italianos; Ferri llegó a sostener que, en último análisis, de lo que se trataba no era de penar sino de defender a la sociedad de un sujeto peligroso (se le llama también la doctrina de la defensa social) y por ello pugna por la eliminación del concepto de imputabilidad y de pena y adoptar un concepto uniforme de medida de seguridad (es decir, no importa si el sujeto es un sujeto consciente de sus actos o un loco, porque lo único que importa es defender a la sociedad). En definitiva termina suponiendo la abolición del derecho penal como tal y su reemplazo por una concepción medicalizada o psiquiatrizada, basada puramente en la idea de peligrosidad y en el combate al delito como a una enfermedad. Esto, que puede tener un lado humanitarista (así las medidas sociales que propone como parte de los sustitutivos penales) tiene también uno muy peligroso, que es la disminución o supresión de las garantías que sí brinda el derecho penal liberal.

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    • Muchísimas gracias por su aporte. Veo que usted sí sabe del tema. Supongo que en los principios que rigen los criterios de las ciencias jurídicas, así como en cualesquiera otros principios las visiones extremas son malas y aferrarse a capa y espada a una concepción puede llevar a deformaciones muchas veces aberrantes.
      En realidad mi énfasis en el tema de la peligrosidad era para reafirmar un criterio que creo que muchas veces se deja de lado en nuestra sociedad pensando más que nada en el tema de castigo-venganza. En el ejemplo del padre de Cavani queda claro, la sociedad quiere lincharlo y no es un individuo peligroso. En cambio hay personas que delinquen y salen de la cárcel y todo el mundo sabe que son peligrosos y van a seguir delinquiendo.

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  3. Buenos dias estimados!!!!

    Muy interesante el tema. Creo que ha quedado mas que claro a lo largo de estos cientos o miles de años donde se ha buscado castigar el crimen, que la funcion disuasoria de las penas es absolutamente inutil. El ejemplo mas claro de esto son los EE.UU., en los estados donde las penas son mas serias, llegando hasta la pena de muerte, sus tasas delictivas son mayores que los estados con penas menores… Sencillamente, un hecho “a posteriori” del delito, no puede modificar la conducta. Aqui un estudio muy interesante sobre la diferencia entre los estados con y sin pena de muerte, y su tasa de homicidio: http://www.deathpenaltyinfo.org/deterrence-states-without-death-penalty-have-had-consistently-lower-murder-rates

    Creo que es un hecho que el ser humano no aprende facilmente de lo que le ocurre a los demas. Por lo que asesinar a una persona como castigo (la causa de muerte en los certificados de defuncion de los ejecutados es Homicidio http://www.kevinmd.com/blog/2014/04/executed-death-homicide.html), dificilmente disuada a una persona que vive del delito, es mas, puede llevarlo a “no dejar a nadie vivo” para no caer preso… Sin quererlo, se puede estar aumentando el delito, o haciendolo mas violento, cuando se pretendia lo contrario…

    Por otro lado Suecia esta cerrando carceles, pues ya no tiene suficientes presos, prefieren la educacion al encierro… y sus tasas de criminalidad estan muy por debajo de paises desarrollados: https://en.wikipedia.org/wiki/Crime_in_Sweden#Murder_and_homicide
    (el indicativo internacionalmente aceptado es el homicidio, pues es el delito en el que se denuncia practicamente el 100 % de los hechos)

    Por otro lado y tocando el tema de Cavani padre, se notaron los clamores de venganza de la turba (antes se hacia con antorchas y palos, ahora es en los medios sociales)… Cuantos de ellos aprobarian darle clases y rehabilitacion a un delincuente? Cuantos aceptarian que el estado les diera una casa para darle lo minimo para vivir sin delinquir?.
    Creo que muy pocos, entonces tambien se convierte en un problema cultural, si no admitimos el crimen sin la venganza (seamos sinceros, la parte de castigo del sistema penal es de hecho una venganza), dificilmente admitamos una sociedad con muy poco crimen, pero solidaria y con la mano tendida… Preferimos, por ahora, gastar en castigar y reprimir, que invertir al futuro en una sociedad mas solidaria y menos represiva.

    Abrazo!!!!

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  4. Buenas noches, habiendo leído el artículo muy por arriba sólo vengo a decir que sobre el tema uno de los ensayos más completos y reveladores es “Vigilar y castigar” de Foucault, que no veo mencionado en el post. Si tenés un rato pegale un vistazo.
    Saludos

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  5. Conozco del caso de un chico al que agredieron en la ciudad de salto un par de años atras, el estuvo en coma 1 mes y no murio de casualidad. Por dicho motivos las 15 personas que lo golpearon solo 6 de ellas fueron procesados con 2 meses de prision pero ya que uno de ellos tiene plata, logro salir junto a a los demas y un tiempo atras se volvio a procesar pero solo a uno (el pobre del grupo). Es decir… el chico estaba tirado en el piso y le estaban partiendo piedras en la cabeza, eso que es? es querer matar a una persona. No lo mataron de casualidad pero hasta el dia de hoy el chico tiene secuelas que le van a quedar de por vida. Tendrian q haber sido procesados (cosa q no paso) y no solo x intento de homicidio, sino como un homicidio mismo.

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  6. Debemos pensar que una persona que atropelló a alguien manejando alcoholizada, no va a manejar nunca más porque le retiraron la libreta de por vida?… No caigamos en la trampa de ser más realistas que el rey. El problema es que las leyes no se cumplen. Se redactan cosas para después no cumplirlas, y es claro que mientras más dinero y poder manejes, mejor te va a ir. El padre de Cavani cometió un crimen en Uruguay, Cáceres en Italia, además no se puede condenar 2 veces por un mismo hecho en el mismo ámbito. En cualquier caso ambos de alguna forma utilizaron sus recursos para zafar de una pena mayor. Si usted analiza el poder de la sociedad para autorregularse, todos nos jactamos del lóbulo frontal, pero ignoramos al que todo lo comanda que es el famoso cerebro reptiliano, con nada más que 2 funciones en los hombres y 3 en las mujeres: 1 seguridad (alimentación techo defensa) 2 reproducción (esparcir la semilla) y en el caso de la mujer 3 cuidado de la descendencia. La venganza no es más que un impulso de eliminar la amenaza para siempre, por más que su lóbulo frontal le diga lo contrario, en los momentos de mayor estrès, este impulso estará tan presente que sino tiene como canalizarlo la sociedad en su conjunto, terminará seguramente buscando esa seguridad por algún medio… El estrés en si es un mecanismo de supervivencia, ya que el cavernícola no podía estar igual de apático si estaba “bien comido, bien cogido y bien dormido” que si sucedía lo contrario. Ese estrés en cualquier caso, le duraría 30 minutos por día… Hoy en día convivimos con un cerebro que puede manejar un smartphone, manejar, hacer cálculos cuanticos, estudiar los fragmentos desprendidos en un colisionador de hadrones, pero que sigue recibiendo órdenes de un cerebro motor de un cavernícola, ergo convivimos con estrés las 24 hs del día, y es prácticamente como que nos persigue un tigre dientes de sable todo el tiempo, comemos lechuga pero la presión está en 15/9, se sufre de disfunción sexual y la glucosa está con valores superiores a 1, a la sombra de un árbol… Por lo tanto, las malas decisiones están a la orden del día. El análisis de fondo, es de reconocernos como depredadores y apareadores compulsivos, sumado a que tenemos una exquisita maquinaria de potenciar “N” veces esos instintos básicos, y que tenemos que de alguna forma dar equilibrio al mundo en que vivimos, identificando los riesgos potenciales y actuando sobre ellos con un marco claramente definido; no hagas lo que no querés que te hagan… Negar eso es como negar que se tiene sangre en las venas…

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    • Interesante su punto de vista, aunque no entiendo muy bien a dónde termina concluyendo. Según lo que le puedo entender no hay nada que podamos hacer porque siempre primará en nosotros nuestros instintos básicos.

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      • Si usted piensa lo contrario, intente dejar de comer un día entero… Por no citarle otros ejemplos…

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      • Está claro. Pero entonces ¿no vale la pena intentar nada? Hay países que pese a estas restricciones propias de la naturaleza animal han logrado disminuir el delito.

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      • No hay una formula, si no se repiensa la sociedad desde un punto de vista científico. Los neurocientíficos hace años lo están diciendo. Si no estamos tomando en cuenta las cosas básicas, no podremos solucionar el mar de fondo que hay. Acá mismo hay un ejemplo que cita a Suecia como un ejemplo del mundo, y hace una semana atrás entró una persona a una escuela y mató a 2 jóvenes con una espada, y tienen una tasa de violaciones superiores a la India; 63 de cada 100.000!!!. Le recomiendo leer la teoría de Olduvai, que en resumen dice que una civilización cuanto más prospera en tecnología, más cerca está de su autodestrucción. Usted no puede pensar que en el sistema Kafkiano en que vivimos, tenga respuestas filosóficas-burocráticas a problemas que se encuentran en un plano tangible. Disculpeme pero es una masturbación mental pensar en intenciones, con un muerto bajo las ruedas.Los humanos tenemos la capacidad de ponernos en el lugar de otros y eso a veces nos juega a favor, y otras en contra. La cagada empezó con el primer acopio de grano, que se les ocurrió los fenicios, después los contadores y abogados aparecieron, y estamos cagados hasta el fin de los tiempos… Jajaja…

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      • http://www.spanishprisoner.net/2013/04/el-fin-del-mundo-la-teoria-de-olduvai.html

        el 2030 no está tan lejos…podremos retomar el tema en su momento si estamos vivos. Desde la crisis del petróleo del 70 que se han largado todo tipo de hipótesis sobre el fin de la civilzación por agotamiento de la energía. A solo 15 años del colapso energético el precio del petróleo está en uno de sus mínimos históricos. Difícil de explicar.
        https://davidruyet.wordpress.com/2011/07/10/teorias-del-colapso-energetico-iv-olduvai-o-vuelve-el-hombre-de-cromagnon/

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      • Hola estimados, ya esta muy bueno el debate!!!

        El caso de Suecia y las violaciones, aqui se plantea que pudiera ser por como lo registran: http://www.bbc.com/news/magazine-19592372, no niegan que haya un aumento, pero plantean -no sin logica-, que es muy dificil de comparar con otros paises… tambien hay que aclarar que ni siquiera estos paises con bajisimas tasas de crimen lo han podido eliminar del todo, hay algo evidentemente mas profundo, y que quizas no tenga solucion total: despues de todo, un sicopata asesino serial matara sin importar su condicion social o economica… Esta la antiquisima pregunta de si esos casos Nacen o Se hacen, crianza vs naturaleza, pues hay sicopatas que nunca llegan a matar…

        Abrazo a todos!!!!!

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      • interesante el artículo sobre como las estadísticas a veces nos pueden llevar a conclusiones inapropiadas.
        Obviamente que pensar en erraedicar el delito en el mundo es más que una utopía. Solo aspiremos a mantenerlo a niveles manejables, o por lo menos a niveles mucho menores de los que tenemos hoy enUruguay. Dudo que nuestra legislación actual nos ayude. Simplemente eso.

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  7. Perdon, pero eso no es pensar contra la corriente, es remar a favor en un bote emparchado… Razonelo de esta manera, olvidese de la perdida de energía, sino la causa de fondo, mientras más tecnología hay, mas posibilidades hay de que a una persona, desde un solo lugar, presione un botón y nos haga desaparecer. De hecho ya estuvimos a punto, sin saberlo: https://es.wikipedia.org/wiki/Stanislav_Petrov
    63 de cada 100.000 en un país que se jacta de su sistema judicial!!! Que hay que no se pueda entender en esto, que hay de confuso?!!! Si seguramente la India que está hecha mierda no lo registre bien…
    El sistema judicial es un parche tras otro que niega tanto la naturaleza humana como las religiones… Pero me quedo más con los 10 mandamientos que con las eternamente violadas constituciones…

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    • por suerte el sistema judicial niega las religiones.

      Aquí tiene sus diez mandamientos:
      1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
      2. No dirás el nombre de Dios en vano.
      3. Santificarás las fiestas.
      4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
      5. No matarás.
      6.No cometerás actos impuros.
      7.No robarás.
      8.No darás falsos testimonios.
      9.No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
      10.No codiciarás los bienes ajenos.

      Aquí tiene. me quedo con el 5, el 7, el 8 y el 10. Los demás se los regalo.
      Es curioso, recién caigo que en los diez mandamientos se pide que se honre al padre y a la madre, pero no hay ningún mandamiento que pida que se honre a los hijos.

      un abrazo y gracias por sus comentasrios.

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      • Sigue remando a favor, no entiende de ironias… Aquí no hay clima de debate, sino de egos… Chau Sardina!

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      • Ja… me parece que el que no entendió de ironías es usted.
        y mire que no siempre se trata de remar contra la corriente por remar contra la corriente. Es más, a veces hay muchas corrientes que van en sentidos distintos y el salmón-sardina no puede remontarlas en todas en contra.

        No se enoje, pues sus aportes y comentarios son siempre bienvenidos. saludos.

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  8. Curioso..se habla de los delincuentes que rapiñan, que matan ..pero no se mencionan las estafas de los banqueros ni los multiples pecados de codicia politicamente y socialmente aceptados? como calificamos a los politicos corruptos?

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    • Estimada Farmer: efectivamente no se habla en el artículo de los ladrones de cuello blanco, simplemente porque no era el objetivo del mismo. El artículo estaba más bien condicionado por las cosas que nos son más urticantes en los últimos días, como la inseguridad en las calles y también estaba motivado por la forma en que la sociedad maneja situaciones como la de los conductores imprudentes. Eso no quiere decir que tenga un ánimo indulgente contra este tipo de despreciables delincuentes. Tampoco hablo en el artículo de los violadores de derechos humanos y los genocidas. Todos estos casos son un tipo especial de delincuentes (no creo que sean socialmente aceptados como usted dice). En este caso yo creo que se aplican los mismos criterios que para los otros tipos de delincuentes, solo que tal vez haya un componente que debría pesar más, el de ser ejemplarizantes. Un político corrupto que queda impune, si bien no es peligroso cuando circula por la calle como un rapiñero, trae como consecuencia, más allá del daño que hace por el delito en sí, algo adicional, como es que destruye la cohesión social y la credibilidad en las normas de convivencia. Cuando tuvimos la opción de votar contra la ley que, s amnistiaba a los violadores de los derechos humanos, más allá de los temas referidos a justicia, etc. en mi caso particular sentí que no podía darle el ejemplo a mis hijos de convalidar con mis votos una ley que dejaba impune a los criminales. Con todo este tipo de delincuentes que lo hacen por el acceso que tienen al poder no hay excusa para no ser implacable
      Gracias por colaborar.

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