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YA LA NAVE ZARPÓ HACIA EL IDEAL (Give el Varela a chance)

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Este farol no alumbra, no alumbra este farol.

20160119192338En estos días el país se vio conmovido por el – al parecer-  inminente cierre del Colegio Nacional José Pedro Varela. El JPV es una de estas instituciones parte del paisaje montevideano, cuya desaparición  genera un cierto impacto, tal como ocurriera con la Onda, el Sorocabana o el Cine Plaza.    Sin duda que, además, el cierre de un centro de enseñanza de más de 70 años de antigüedad y que cuenta en la actualidad con casi 1.200 alumnos es un hecho que impacta negativamente en una gran cantidad de gente.

20160119192407De los cuatro a los quince años fui alumno de esta Institución, luego  cursé dos años en el IUDEP e incluso tuve un breve pasaje como docente. Ello me motivó a escribir esta nota y, como soy consciente de que el tema puede interesar sólo a un pequeño grupito de lectores (me imagino que entre ellos habrá algún ex-alumno o docente, porque según mis cálculos conservadores entre 5 a 8.000 personas han pasado por esta institución) he tratado de – partiendo de un caso individual – hacer una reflexión un poco más general sobre la educación en Uruguay.  Desde ya no pretendo entrar en este post en la oposición enseñanza privada-enseñanza pública, una oposición que en estos días han alentado muchos tratando de llevar agua para el molino de la hipótesis de que esto implica la crisis del modelo de gestión de la educación privada.

Para empezar, una aclaración ya habitual. Mi post  – pese al duro momento que vive la institución – no será condescendiente.  Si bien   voy a hablar, fundamentalmente, desde mi experiencia de hace muchos años, desde ya quiero decir que en mi opinión esta institución ha sido sobrevalorada durante

mucho tiempo. Pero eso no quita que mis sentimientos vayan por otro lado y  que sienta una profunda pena y nostalgia por el cierre del colegio que me vio crecer. Y por otra parte trato de ponerme en el lugar de los alumnos que no saben donde seguirán sus estudios, de sus padres que han confiado en la institución y de los funcionarios que corren el riesgo de perder sus trabajos. Disculpen, desde ya, los que esperan una apología incondicional de la institución, y quiero anticiparme a las críticas de quienes me dirán que “justo en este momento plantear estas cosas no conviene para el salvataje del Colegio”. Creo que, por el contrario, es importante que en los momentos en que se está  tratando de empezar una nueva etapa, se repare sobre los errores cometidos para fortalecer la futura insitición.

20160119163114La sobrevaloración del JPV es pariente próxima de la sobrevaloración que existe respecto a lo que – según muchos – fue la enseñanza hace unas cuantas décadas.  Para nadie es un secreto que nuestra educación hace mucho que está en franca decadencia y es muy común que las generaciones mayores evoquen con nostalgia los tiempos en que “las cosas eran diferentes”. No voy a discutir el que la educación sea hoy peor que la de hace 40 o 50 años. Me parece bastante obvio.  Pero tampoco aquello era la panacea. Es más, me atrevería a afirmar que esta educación es hija o nieta de la de aquellos años, y lleva sus mismos genes; probablemente su estado desastroso es porque ha expandido sus vicios. Y cabe quebrar una atípica lanza por la educación actual, ya que no todo es peor: hoy muchas instituciones imparten valores que antes no se tenían en cuenta.

A vía de ejemplo, cuando uno entra en la página de facebook de ex-alumnos del Varela se encuentra una persona que – con toda buena intención – hace este comentario:

Qué épocas de oro, de inocencia, respeto y picardías. Éramos un ejemplo para lo que existe hoy. La rectitud se ha esfumado, nosotros hasta levantábamos la mano para ir al baño. Entraba un profe, una maestra y silencio total…..”O…”. pahh, era terrible, odiaba a los hombres, un compañero  S… se comía cada garrón siempre, lo agarraba de los pelos y lo sacudía, siempre me acuerdo de eso. A mí un día me sentó en la papelera y siempre gritaba,  malhumorada, era pá requete ácida, daba pavura, No sólo S… se comía los garrones de O…..

Luego de leer este comentario le pregunté a mi hijo más chico si en el liceo de él cuando alguien quiere ir al baño pide permiso o directamente se levanta y sale. Mi hijo me miró extrañado, “obvio que piden permiso”, fue su respuesta. Es que la idealización del pasado pasa por una demonización del presente. Observen, por otra parte,  la contradicción del comentario. ¿de qué respeto y rectitud esfumada hablamos cuando en el Colegio se toleraba que una maestra agarrara de los pelos a un niño y lo sacudiera?.

El  maltrato de la maestra “O…”  no es un caso aislado, y a continuación paso a numerar algunas de las experiencias que recuerdo de aquellas “épocas de oro”:

En la escuela

El primer recuerdo que tengo de mi maestra de primer año es una afirmación de nacionalismo barato hecha el mismo día que empezaron las clases: “El Uruguay es el mejor país del mundo”. Empezamos mal.  Pero eso no es nada. La maestra tenía fama de muy severa. En realidad no era severa, era una maltratadora. Era frecuente que pegara cachetadas, tirara del pelo y sacudiera a los alumnos.  Había  prohibido borrar – y por lo  tanto equivocarse – y si  en un deber encontraba rastros de tan denigrante acción, llamaba al alumno, le incautaba la goma y luego del maltrato lo “condenaba” a quedarse fuera de hora trabajando, en lugar de dejarlo ir a su casa. Siempre tuve curiosidad por saber cómo reaccionaban los padres frente a estos hechos, ya que en realidad lo que hacía era privar de libertad a un niño, además de efectuar una apropiación indebida de una goma de borrar perteneciente a la familia del menor. No sé qué potestad tenía la maestra para evitar que los padres llevaran a los niños a su casa a la hora de finalización de clase, aunque tengo la sospecha que la mayor parte de ellos aplaudían los métodos de la maestra, por aquello de “la letra con sangre entra”, puesto  que, ya de grande, he oído a muchos referirse a ella como “qué brava qué era, pero los niños salían aprendiendo y derechitos.”  Creo que buena parte de la idealización de este tipo de educación deriva de   privilegiar conocimiento a valores; de una visión incorrecta de  la disciplina, confundiéndola con autoritarismo y arbitrariedad; y también de una forma equivocada de ver la infancia, como si fuera simplemente una etapa de preparación hacia la edad adulta y no  como una etapa de la vida tan importante como ésta.  Si uno mira en los foros del grupo de ex alumnos del colegio en facebook los comentarios respecto a la maestra son lapidarios. Sin embargo muchos sacan a relucir el famoso (y falso):  “Pero aprendíamos, había disciplina y respeto”   o  “pero seguro que nadie salió con demasiados traumas y a la larga todo el mundo recuerda a sus maestros con cariño” .  El tema no es solo si de esa etapa quedaron traumas – cosa que además la persona que afirma que no, opina ligeramente sin saber –   sino si los niños pasaban mal en aquella etapa. Y nosotros vivíamos verdaderamente aterrorizados cuando entrábamos a clase y debíamos enfrentarnos con esta maestra – nuestra segunda madre – que había abolido la propiedad privada de la goma de pan e invadido la patria potestad de los padres al tener poder de decisión sobre la hora en que podían volver a sus casas.  Aclaro que esta maestra era contemporánea de “O…”, citada anteriormente. Ella era maestra de otro primero, lo que induce a pensar que mi maestra no era un hecho aislado.  Pensar que en esas misma casa de estudio que toleraban  esto se llenaban la boca con la forma en que José Pedro Varela modernizó la enseñanza, desterrando, entre otras cosas, los famosos reglazos correctivos. Por las dudas, no recuerdo a todas mis maestras con cariño. Tal vez sea muy insensible.

De la maestra de segundo, uno de los recuerdos que tengo era que había un chico de nombre Jorge cuyos padres tenían mucho dinero y respecto al cual era notorio que  hacía claras preferencias. Se refería a él como “Jorgito”, en una época en que lo común era que a todos nos nombraran por el apellido, le hablaba con más dulzura que al resto y – aunque no era muy buen alumno – le ponía siempre buenas notas. A los siete años esas cosas se perciben. Y duelen.

La maestra de tercer año humillaba a los niños que eran un poco revoltosos, pegándolos al banco con tachuelas que le clavaba a sus túnicas, y convirtiéndolos en los hazmerreíres de la clase.  Si bien, al lado de los otros dos casos parece un detalle menor, y hasta algo cómico, contribuía con estos actos a la estigmatización de aquellos más inquietos.

De la de quinto año me quedó hasta hoy grabada una anécdota. Es una anécdota menor, pero igual la voy a contar. No sé a santo de qué comenzó a hablar de la inteligencia de las personas, y cómo a veces la inteligencia se refleja en cosas pequeñas, como por ejemplo lavar una escalera. ¿Cómo se lava una escalera? ¿de arriba para abajo o de abajo para arriba? La maestra explicó que se debía lavar de arriba para abajo, porque si no la persona después no podía subir, ya que la escalera quedaba mojada. Tomando acríticamente la palabra santa de mi maestra,  al llegar a mi casa – que tenía una escalera de mármol de 34 escalones – le pregunté a mi madre: “Vos lavás la escalera de arriba para abajo o de abajo para arriba? “ “De abajo para arriba, por qué?” Tremendamente humillado por la falta de inteligencia de mi madre   le dije: “porque mi maestra dice que se debe lavar de abajo para arriba porque si no la persona después no puede subir”. Mis madre largó una carcajada y con lógica simple pero abrumadora me dio la explicación: “preguntale a tu maestra cómo hace cuando lava la escalera de abajo para arriba para apoyarse para lavar si los escalones de abajo están mojados”. Tal vez deba agradecer a esa maestra el haberme permitido darme cuenta que a veces era necesario pensar las cosas de manera distinta a cómo nos las habían enseñado quiénes supuestamente tenían el monopolio del conocimiento. Me gusta pensar que allí comenzó a formarse el salmón bizarro.

En sexto año teníamos un sistema de enseñanza muy especial. Había tres grupos, y cada uno de ellos, como es lógico, tenía una maestra responsable. Pero las tres maestras, a su vez, rotaban entre las clases, de forma que una se especializaba en matemáticas,  otra en idioma español y una tercera se ocupaba de geografía e historia.   La razón es que ese año los alumnos de los colegios privados deberían dar un muy temido examen de ingreso. El examen era tan temido que muchos padres les hacían cursar a sus hijos el sexto año en un colegio público para eludirlo. Así que concentraban los esfuerzos en enseñar únicamente las materias que se pedían para dicha prueba especializando asimismo a las maestras en cada tema. En principio la idea no era mala y además iba preparando a los alumnos para el régimen de profesores del liceo. Esto permitía, además, al  Colegio vanagloriarse de tener una altísima tasa de aprobación de dicho examen (casi el 100%), pero la contrapartida era que no se enseñaba absolutamente nada de otras disciplinas presentes en la currícula de sexto año, porque no se exigían para el examen.  Curiosamente, sin embargo, en forma oficial había dos y no tres grupos. Había uno, el que tenía como responsable a la maestra de idioma español, que estaba repartido entre los otros dos, incluso para la foto de fin de año. Por otra parte la maestra de idioma español no figuraba por ningún lado firmando carnés, ni en las listas del colegio, ni nada.  Era como si no existiera. La razón era algo que era vox populi: la maestra – por cierto bastante mayor – estaba jubilada y trabajaba en negro. Un lindo ejemplo para quiénes nos estábamos formando. Pero por otra parte esta maestra era otro caso de extrema “severidad”. Si bien no era común que aplicara los castigos corporales – a lo sumo algún sacudón – hacía uso de los verbales, a veces expresándose con un vocabulario muy particular, típico de quien se ha digerido varios diccionarios. Una de sus expresiones preferidas era “cínico” – la maestra de historia y geografía también usaba ese lenguaje – y tengo el recuerdo de que una vez agarró de la solapa de la túnica a un compañero y le espetó  la seguidilla de : “cínico, granuja, caradura y zángano”, a la par que le regaba la cara con la saliva que despedían sus labios, ya que le hablaba muy de cerca.  A otro compañero que era un poco inquieto y que había ingresado ese año desde el Erwy School lo discriminaba llamándolo despectivamente  “el chico del Erwy”. Y así muchas más cosas que seguramente nos pasaban desapercibidas o que ya he olvidado. Eso sí, machacaba tanto las reglas ortográficas y gramaticales que los que salíamos de ahí normalmente escribíamos sin faltas de ortografía. Y aquí, de nuevo, la distorsión de los valores: la maestra era una de las grandes referentes del colegio, una de las fuentes del prestigio institucional (al punto que la mantenían aún después de jubilada violando leyes laborales) ; no importa que tratara mal a los alumnos, lo importante es que les enseñaba a escribir sin faltas. La apuesta era a la eficiencia, no a los valores.

Otro recuerdo que tengo es respecto a la forma en que fomentaban la creatividad y el respeto a las opiniones. No sé bien en qué año tuve que hacer una redacción sobre el otoño.  Era obligatorio que todas las redacciones terminaran con una estúpida frase admirativa, del tipo “¡qué lindo que es el otoño!”. Mi frase de cierre, (ya perfilando una veta iconoclasta) en cambio fue “El otoño no es una estación linda”, que fue lo que en esos momentos yo sentía. y además era coherente con el resto del texto, en el que el niño (yo) expresaba cierta incomodidad por los primeros fríos, humedades y el comienzo de las clases. La maestra, sin explicarme ni preguntarme nada,  me tachó el no, lo cual además me hizo sentir como una especie de bicho raro, ¿cómo podía ser que a mí no me gustara algo que me enseñaban que me tenía que gustar?

El liceo

Mis experiencias liceales en el JPV tienen también condimentos negativos. Tanto desde el punto de vista humano como del académico.

Uno de los personajes más tenebrosos era un bedel. En una ocasión nos reunió solo a los varones para darnos una clase de Educación Sexual, dado que muchos de nosotros íbamos con preguntas del “temita” a los profesores.  Lo único rescatable de aquellas reuniones fue que nos ayudó a desterrar la idea de que la masturbación era perniciosa. Pero luego utilizó el espacio para hacerse el crack y contar anécdotas referidas a leyendas urbanas (la de la mujer que llegó al sanatorio con una botella en la vagina, la del tipo con un aerosol en los intestinos o la de la alumna del colegio que murió  mordida por un perro mientras copulaba con él al enfurecerse el can cuando intentó desabotonarlo), a contar sus hazañas sexuales y a dar patéticos consejos: “A ninguno de ustedes se le vaya a ocurrir cargarse a una compañera de clase para llevarla a la cama. Lo mejor para iniciarse sexualmente son las sirvientas. Yo me inicié así”. (Recuerdo que un compañero, muy inocentemente le dijo: “pero la de mi casa es una vieja”). En las etapas del liceo es común que los chicos se peleen con frecuencia. Cuando este bedel veía dos peleándose, o cuando alguno se le iba a quejar por una agresión, su respuesta era: “yo aquí no quiero maricones”, y les decía que tenía a su disposición un cuartito en la azotea del colegio para que se agarran a trompadas.  En la ceremonia de graduación de mi generación – a manera de despedida –  le entregaba a cada uno de los egresados un diploma; y les daba la mano….. ¡¡ sólo a los que habían pasado con nota!!. Con el paso del tiempo, las vueltas de la vida me llevaron a compartir sala docente con algunos de mis ex-profesores en la IUDEP. El bedel se había convertido en encargado de esta sección del JPV. No gozaba de buena reputación. En una ocasión muchos profesores estaban indignados porque en una clase que era de mayoría (o totalidad) femenina, ante la reiteración de ciertas indisciplinas o malos rendimientos se dirigió a las alumnas diciendo: “ustedes en lugar de venir a estudiar aquí es mejor que se queden en su casa cosiendo o tejiendo”.

Estando en cuarto de liceo un hecho me quedó grabado. Se generó una rivalidad entre dos compañeros. Uno de ellos tenía 18 años, un gran lomo y pinta de matón. Venía de un liceo público donde había tenido problemas. El otro un chico de 15.  El matón lo  desafiaba constantemente y el de 15, coaccionado por el ambiente machista que se  respiraba, aceptó el desafío, por más que sabía que tenía las de perder. Se agarraron varias veces en el cuartito de la azotea La última pelea – anunciada además unos días antes – fue en la Plaza de los Treinta y Tres, a la vista de todo el mundo, estudiantes y funcionarios del liceo que balconeaban el gran espectáculo desde las ventanas del edificio viendo pasivamente como el grandulón molía a golpes al otro, que salió prácticamente desvanecido, pero seguramente con la moral en alto porque había confirmado que no era maricón.   Durante el liceo jamás pisé en horas del recreo los baños. Una barra de los estudiantes de cuarto– que se pasaban la posta año a año – los habían copado y el incauto que entraba en el lugar era capturado, pasado de un lugar a otro, le hacían la clásica “morta” y hasta a veces lo mojaban con el agua del water. Todo el mundo sabía eso, pero nadie hacía nada. En eso consistía el respeto y la rectitud que debería servir de ejemplo para las generaciones actuales.

El bulling – que muchos piensan que es cosa de esta época – era práctica corriente, pero la característica era que también lo efectuaban los profesores muchas veces humillando o burlándose de los alumnos como forma de venganza “¿Usted es de los que en los bailes baila o se dedica a sostener la pared?”, recuerdo un profesor de inglés que se vengaba así de un compañero con fama de tímido a la hora de encarar con el sexo opuesto, al no poder mantener la disciplina en la clase que era un verdadero caos.   Aquello de la rectitud…uumm! Yo diría que una buena parte de los profesores eran incapaces de controlar a los alumnos. Muchas clases eran caóticas: guerras de tizas o de pelotas de papel, falta de respeto de los alumnos a los profesores y viceversa y una gran falta de límites.  Y no era solo el tema de los valores, también lo curricular. Yo diría que los profesores se dividían en tres grandes grupos: los que eran malas personas o no sabían tratar con estudiantes, los mediocres incapaces de manejar los grupos y totalmente displicentes a la hora de enseñar (diría que eran la gran mayoría, muchos de ellos pasados de edad) y un puñado de personas rescatables en ambos aspectos, de los cuales daré sus nombres, aunque para muchos de los lectores no signifiquen nada: Escudero (matemáticas), Violante (filosofía), Simoens (francés), Lima (geografía). Seguramente sea injusto con 3 o 4 más (no muchos más), pero estos son los pocos buenos nombres que me quedaron grabados.  En el IUDEP las cosas eran algo mejor. Mi recuerdo para la profesora de literatura Eduarda Veiga de Gienochio.

Todo tiempo pasado fue mejor

En el imaginario colectivo aquéllos eran años dorados. Es cierto que hoy hay una decadencia curricular y una gran falta de valores en la enseñanza y en la sociedad en general. Sin embargo, – por lo menos en esto último – no creo que fuera demasiado diferente en aquellas épocas, y en algunos aspectos tal vez fuera peor. Muchas veces se ha hablado de las presiones que hacen hoy día los padres en los colegios, cuestionando frecuentemente la autoridad de maestras y profesores, reclamando por lo que piensan son notas injustamente bajas. Y seguramente sea cierto que se han pasado de rosca en ese sentido (es común leer de agresiones de padres a docentes). Sin embargo, mal o bien, hoy los padres tienen más derechos, y eso es una garantía contra el abuso.  Hoy en día  la maestra de primer año difícilmente permanecería en una institución privada de enseñanza.  (la enseñanza pública – como todo empleo público – es otro mundo).    Valores como la inclusión de los discapacitados, la protección del medio ambiente, el respeto al diferente eran totalmente desconocidos. Se me podrá decir que eran otros tiempos. Es cierto  y justamente de eso se trata. Eran otros tiempos en que faltaban algunos valores que hoy – aunque en muchos casos apenas pase de lo declarativo – sí existen. Más allá – enfatizo – del desastre que es hoy nuestro atrasado sistema educativo.

Juan Garay

garay en la puerta

Cualquiera que haya sido alumno del Varela en el siglo XX tendrá un gran recuerdo de Juan Manuel Garay. Garay era el portero del Colegio y fue un referente para varias generaciones.   Era un tipo muy especial, atento, educado y cariñoso, que supo ganarse el afecto de todos quienes concurrimos a la Institución. Conocía a todos los alumnos, y se acordaba de los ex-alumnos cuando los volvía a ver., y sabía muchas de sus historias.  Al morir, fue, incluso, homenajeado en el Parlamento http://www.parlamento.gub.uy/htmlstat/sesiones/pdfs/camara/20000314d0004.pdf     Era, también, un tipo muy particular.  Tenía un pasado misterioso. Nadie sabía de donde venía o cómo había sido su vida antes de entrar al Colegio. En una nota que publicara un diario a fines de los 90 se hablaba que había nacido en Salta, que a los diez años había perdido a su padre y que luego tuvo una historia tenebrosa que no quería recordar. Una maestra, en un video que hicieron en su homenaje, sugiere incluso que Juan Manuel no fuera su verdadero nombre, sino Pedro Antonio, ahondando aún más el misterio de su leyenda.   https://www.facebook.com/golivera/videos/1365696474782/?theater. Garay vivía en el mismo Colegio, en una habitación que tenía en los altos. Allí estaba prácticamente todo el  tiempo. Era un GARAYhombre  solitario, nadie supo nunca que hubiera tenido compañía. Leía mucho – entre otras cosas se había leído el DiccioGARAY2nario de la RAE !!! – había adquirido cultura en base a autoformación  y tenía una forma muy particular y formal de expresarse. Pero su sonrisa cariñosa tenía un dejo de mucha tristeza. Cuando ahora, tocado por los acontecimientos de estos días evoco con nostalgia su figura me viene a la cabeza una idea, tal vez injusta, que quiero compartir con ustedes: más allá del cariño que despertaba me da la impresión que el Colegio le daba un tratamiento – más que de ser humano – de mascota. Disculpen la maldad de mi comentario. Dejando de lado esto, es justo decir que nadie en el JPV generaba tanta unanimidad como él.

A modo de resumen

Quise dar unas pinceladas sobre lo que fue este Colegio en los años en que estuve vinculado a él. tratando de proyectar alguna reflexión sobre la educación que hiciera el post algo más general. Luego que dejé de ser alumno y docente creo que volví a entrar dos veces: una, para votar en una elección nacional. La segunda cuando estaba buscando un colegio para mi hijo menor, llevado por la nostalgia y el deseo de que las cosas hubieran cambiado. En aquel momento lo que vi no me convenció.   En estos días he hablado con muchos ex-alumnos de varias generaciones, así como padres de ex-alumnos. La idea que me he hecho es que las cosas, en algunos aspectos, no han cambiado demasiado. De hecho la directora que yo tuve a partir de los 60 – y de la cual no tengo para nada buenos recuerdos – siguió siéndolo durante mucho tiempo.  Tal vez haya más respeto hacia los estudiantes que en mi época y sin duda que no se deben usar los métodos de abuso de aquélla,  pero el punto en que todo el mundo coincide es que se trataba de una institución masificada y fría, donde los docentes están lejos de los alumnos. El hecho que nadie pueda recordar otro referente distinto de Garay (la Bibliotecaria Norita es la excepción) es un claro síntoma de ello. Deseo fervientemente que la vieja casa de Colonia y Minas – hoy a medio pintar de un azul chillón y espantoso – vuelva a lucir su viejo cartel de “Colegio Nacional José Pedro Varela” y vuelva a abrir sus viejos portales de madera para que sean visibles desde afuera los patios de baldosas cuadriculadas (símbolo masónico?) y aquel cartel con los versos del poema de Calderón de la Barca que no sé si sigue estando :

porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira cómo procede.

y todo ello lleno de niños y adolescentes cantando las barrocas y recargadas estrofas del himno del colegio:  “Palpitante…..

Serían bueno que quienes tengan la misión de conducir esta nueva etapa – en caso que ello ocurra – recojan todo el cariño que hoy le dan alumnos y ex alumnos y lo vuelquen en poner a la Institución a la altura de la sobrevalorada leyenda que se ha construido. Y que la nave pueda zarpar hacia el ideal realmente y no se convierta nuevamente en un Titanic sin rumbo.

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Videos sobre Garay:

https://www.facebook.com/golivera/videos/10207324613905921/?theater

https://www.facebook.com/golivera/videos/10207324733828919/

https://www.facebook.com/golivera/videos/10207324938994048/?theater

https://www.facebook.com/golivera/videos/10207324373299906/

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  1. Cómo medimos las cosas mirándolo de afuera! Siempre creí que ese colegio era casi la panacea. Trabajé del 94 hasta el 2001 en las 2 casas de discos que hubo al lado de Mosca (Palacio y Musishop) y conocí a varios profesores que hablando del lugar me cantaron loas.
    Igualmente sigo pensando que como toda actividad humana en este país, se logran mejores resultados en la educación privada. Por lo menos la desidia institucionalizada no corre en los lugares donde los padres pueden reclamar como “clientes descontentos” (suena feo, pero ésas son las reglas del mercado).
    Si le sirve de tonto consuelo le aviso que sus anécdotas no me extrañan. En algún momento pensé en escribir mis experiencias vividas desde los 4 años en un colegio de monjas, pero se necesita cierta objetividad, cosa que no manejo como Ud.
    Para no sentirme tan mal y ver que siempre se puede estar peor, voy a buscar entre mis VHS para ver si encuentro la película If de L. Anderson.
    Saludos.

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    • ja…me gusta porque sus vivencias musicales siempre presentes en todo. Tengo alguna mala experiencia de uno de mis hijos en la enseñanza pública. Al empezar tercer año – escuela Chile – un compañero de trabajo cuyo hijo había cursado el año anterior con la misma maestra que le tocó a mi hijo me advierte: “vas a ver que promediando el año pide licencia por enfermedad, está el tiempo justo para no perder el cargo y después vuelve. En realidad en ese tiempo tiene un curro en el Palacio Legislativo”. Dicho y hecho. Cuando terminó su licencia regresó y prácticamente no conocía a los alumnos, que además se habían encariñado con la suplente. ¿a quién irle con quejas? ¿al legislador que la encubría? Lo único que correspondía era sacarlo de ahí y optar definitivamente por la imperfecta, pero mejor, educación privada. Tengo también historias tétricas de personas que han ido a colegios de monjas y curas. Aquí tiene el link a esta inolvidable película https://www.youtube.com/watch?v=PmoHv8Mf_-o

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  2. 1200 alumnos y se fundió. Quien lo gestionaba? Sendic?

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  3. mariela badano

    Excelente la nota..los gritos de ofelia,pastora y yolanda,aunque hoy muchos las idolatren,se escuchaban de mi clase…mi maestra dulzura total..Nelly..pero todos te advertian de las “brujas” de las otras clases…en cuanto a luna…merece un libro y capaz terminamos colgados en la plaza publica(las minisculas y mayusculas en nombresno son casuales como nada en esta vida!)

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  4. Jaime Página

    Bueno, Samón, por lo que infiero estuvimos muy cerca de conocernos en el Varela. A mis padres no les había gustado la experiencia de la escuela pública con mis hermanos y nos pusieron en el Varela, con gran sacrificio, no éramos de la clase media alta, pero hicieron el mayor esfuerzo para darnos una educación más estructurada. Yo también cursé todo primaria y secundaria en JPV y por tus descripciones tuvimos a las mismas maestras y los mismos profesores aunque hayas declinado de darles nombres a aquellos que no te dejaron grandes recuerdos, jsjsjsjs. También me gustaría agregar algunos nombres a los que me dejaron un grato recuerdo en el liceo, por ejemplo, a la profesora de Química, Wadad Akiki, para mí, una persona maravillosa desde todo punto de vista; el profesor Viola, de Física, Violante y Escudero (los que tú habías mencionado), Arregui,el de Francés, las dos profesoras de Historia, de cuyos nombres no me acuerdo (la edad, ¿viste?) Lima, de Geografía y debe de haber algún otro que se me escapa a la memoria, como también algunas que ni fu ni fa. En la lista de los imbancables, había un profesor de Historia que usaba corbata de moñita, que era un nazi, estoy seguro de que se le caía la baba cuando escuchaba el nombre Adolf; el de Derecho Usual, en cuarto, era hijastro de la directora, abogado y se relamía con el golpe, estamos hablando de 1974; el de Literatura, González Bouza, creo que era así, no nos bancábamos mutuamente, pobre, tenía ínfulas de director de teatro y acabó dando clases de Literatura, pero era una amargura sin fin. En la escuela, recuerdo con cariño a Pocha (que era la hermana de la directora), a la de primero que si no me falla la memoria se llamaba Alicia, la de cuarto año, de esta sí no recuerdo el nombre y nada más. Ahora, la lista de los imbancables era larga, tú, quizás por no herir susceptibilidades no quisiste dar nombres, pero yo no tengo problemas de mencionarlos: la vieja Rosita, con su inseparable “cínico” y medio litro de saliva que te dejaba en el guardapolvo; la bipolar Sara en sexto, que pasaba del mayor de los gritos al susurro más tierno en décimas de segundo (después de adulto uno se da cuenta de esos transtornos de personalidad, con mis 11 años ¡qué iba a saber!); Ofelia, en el segundo año, quien creo que es la “O” a la que te refieres, que por la edad parecía que había sido ella la que había redactado las Instrucciones del Año XIII en la Quinta de la Paraguaya, bastante babosita y chupamedias de los más pudientes; hay otras de las que no me acuerdo el nombre, pero no me simpatizaban, pero tampoco me causaron algún trauma. De Luna, el bedel que mencionas, de mi parte, no lo bancaba, era mutuo, no nos bancábamos, pero como profesor, enseñando la materia de Biológía, fue uno de los mejores que tuve en mi vida, una cosa no tenía nada que ver con la otra, pero que era a veces un tereso, eso sí. Cuando yo estaba en el liceo, en el baño de los hombres no ocurría lo que relataste, pero Luna dejaba a los de cuarto año fumar a la hora del recreo en los baños, lo de las peleas era así como lo describes, Después me enteré que trabajaba como periodista (me fui del Uruguay en 1980), lo vi una vez en la TV con bigote, le faltaba el quepi para ser un militar. Con la directora, no tenía ningún problema, siempre me trató bien, pero te olvidaste de mencionar al más odiado de todos: Zipitría, el pichón de Francisco Franco, el Adolf Hitler del JPV, el Elmer Gruñón de la secretaría, ese sí es al único que si yo estuviera manejando un coche y lo viera cruzando la calle lo atropellaría y daría marcha atrás para asegurarme, un imbancable, solo gritaba, hasta para decir “buenos días”. Te pido perdón por la extensión del comentario, muchas veces he querido comentar, péro se apodera de mí una pereza increíble y dejo pasar tanto tiempo que ya no tiene sentido escribir sobre el asunto. Y felicitaciones por el blog, muy interesante y estoy de acuerdo con lo que escribes en un 95 %, dejemos el otro 5% para discoradar, si no se vuelve muy aburrido. Un abrazo y dale pa’ delante.

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    • Jaime: tú sos como 4 años menor que yo, pero había cierta continuidad entre los profesores. Muy interesantes tus comentarios, me hiciste acordar de algunos personajes que me había olvidado, como Pocha, por ejemplo, que no sabía que era hermana de la directora. Traté de no dar nombres por un tema de estilo, incluso edité varias veces el artículo y saqué datos que pudieran ser identificatorios, pero no sé si es lo correcto. De hecho apenas uno cuenta las anécdotas la gente identifica. El año que egresé las clases fueron muy irregulares, por lo que me es difícil calibrar adecuadamente a algunos profesores de cuarto. Por ejemplo me acuerdo de Akiki, pero no tengo recuerdos ni a favor ni en contra. me acuerdo más de la de tercero, Armada que era muy buena. Igual con Arreghi. Tal vez engas razón con Viola, creo que era buen tipo. Y estoy de acuerdo contigo con lo que decís de Luna. Era muy bueno desde el punto de vista docente, un tipo muy dinámico que contrastaba bastante con la desidia de muchos profesores. De Zipitría nunca entendí muy bien cuál era su función además de gritar como un salvaje. Tenía una expresión que era…. Bueno, cheee !!!. El profesor de historia con moñita no era Bugel? No lo tuve de profesor pero se corresponde con la descripción. Mis profesores de historia fueron Ferrer (un buen tipo, pero que estaba demasiado viejo y achacoso como para dar clase, era el padre del compositor de tangos), Lorda, (le decíamos Chopito, era muy bueno y entretenido, tal vez sea algunos de los que me olvidé nombrar), Larrainci y Arcas. (un tipo que se te caía un testículo porque era como escolar). Gracias por darle para adelante al blog.

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      • Jaime Página

        Puede ser que sea ese el nombre del profesor, muchos nombres no consigo recordarlos. En una de mis vueltas por el pago, 2009, pasé por el colegio y aproveché para ver cómo estaba, si seguía igual. Me atendió un muchacho muy simpático, colombiano, le expliqué que había estudiado 11 años en el colegio si no me permitía echar un vistazo, los recuerdos que me traía, etc, no hubo problema, me dejó entrar y llamó a un muchacho de la administración para que me entregaran un libro conmemorativo de los 50 años del colegio, muy gentil el chico. Estuve la segunda semana de diciembre pasado en Montevideo y vi el colegio de lejos pintado con ese azul que era una agresión a los ojos, no sé a quién se le ocurrió cubrir la fachada con ese color, en fin. Algo imperdonable es no haber comentado nada de Garay, el estandarte del colegio, una memoria prodigiosa, se sabía el nombre de todos los alumnos y exalumnos de la escuela y el liceo, realmente una figura muy querida por todos. También tengo grandes recuerdos, amigos y compañeros de tantos años, gracias al Facebook estamos nuevamente conectados y nos reunimos unas tres veces en el año para vernos, recordar anécdotas y pasar un rato reagradable. Por último, el nombre que aparece en el comentario es un heterónimo en homenaje a uno de los guitarristas de rock que me acompaña desde mi infancia-adolescencia hasta hoy (entre muchos otros), si lo traduces al inglés te vas a dar cuenta. Saludos.

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      • caramba….cómo no me di cuenta del seudónimo. Así que, amigo, me da la impresión que en esto del Varela, respecto a nuestros tiempos “the song remains the same”

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    • Me quedé pensando…había un poco de nepotismo en todo esto, no? Pocha la hermana de la directora, el de derecho (Serna?) hijastro de la directora. había una profesora de inglés, llamada Rosemary que era sobrina de la directora. y encima la directora estaba casada con el Presidente del colegio.

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  5. Soy de uan época mas cercana, curse el liceo en los noventa, pero siento lo mismo que tu. Siempre senti q el JPV era absolutamente sobrevalorado.No me aporto absolutamente NADA a nivel humano y lo basico a nivel academico. Jamas enviaria a mis hijos alli…. y sin embargo aclaro que la pase muy bien, no sufri maltrato ni nada por el estilo, pero en estos dias estuve pensando en quen que me dejo el varela luego de concurrir durante seis años…. y la verdad no encuentro respuesta.

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  6. Paaahhh . . . imaginate . . . si el Varela es esto . . por favor, lo que serán otros !!
    A todo esto, una pregunta importante (no que sea la más importante, pero creo importante):
    aprendiste? te enseñaron?

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    • supongo que algo debo haber aprendido. Mal no me ha ido en la vida. Lo que sí me queda claro que los niños y adolescentes pasan mucho tiempo en las aulas recibiendo información – m+as que aprendiendo – de temas que los profesores no saben motivar y que podrían aprovecharse de otra manera. Cuatro años de francés que teníamos antes, bien enseñados dan para manejarse bien con esa lengua, sin embargo nadie salía aprendiendo. ¿qué le queda a uno de los años de historia que estudia, de literatura, que es una carga y no un placer como debería ser?

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