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ESCUCHANDO ROCK EN VINILO (SEGUNDA PARTE)

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Al final de la primera parte hablábamos de dos de las opciones que existían para comprar discos “difíciles”: las disquerías de importados y comprar fuera del país.

[elastro5.jpg]La tercera opción era hurgar donde se vendían discos usados o de ocasión. A veces uno se podía encontrar con cosas insospechadas, discos importados (eufemismo para LPs que se traían de bagayo) o ediciones locales agotadas. Los sitios donde se vendían discos usados eran la Feria de Tristán Narvaja y un par de disquerías cercanas. La más famosa de éstas era “El Astro de los Discos”, en Uruguay y Tristán Narvaja. Un viejo y pequeño local   abarrotado de todo tipo de discos, a cuyo frente estaba David, un judío  que seguramente no entendía nada de música de rock, pero que tenía un olfato muy especial para los negocios. Hoy – pese a que David murió –  todavía existe y la atiende su hijo. La otra, no tan buena, se llamaba Discomoda, y a su frente 79T6CHOvestaba un tipo al cual le llamaban “Pinocho”, que tenía fama de malhumorado. Creo que todavía está él al frente del negocio. A lo largo de la feria de Tristán Narvaja había una gran cantidad de puestos que diferían en cuanto a la calidad de lo que vendían. En general, vendían folklore, tango, melódico internacional y las cosas más trilladas del rock o del pop. Pero de vez en cuando aparecía algo raro. Había que tener paciencia y buscar. A la altura de d4roB_I Paysandú había un señor relativamente obeso con una galera y una remera ajada que tenía muchos discos y que voceaba su mercancía al grito de “consuman discos, consuman discos”. Generalmente las cosas que se encontraban ahí  no solían estar en muy buen estado y no sé por qué en mi memoria siempre quedaron grabados –  como esos archivos erróneos que a veces quedan en un pendrive y es imposible borrar – los títulos de tres categorías consecutivas en que ordenaba el contenido de sus bateas: “protesta, paraguayos, progresiva”. Más abajo, frente a la también histórica Librería Ruben había dos veteranos que no tendrían más de 100 discos a la venta, pero que insólitamente se iban renovando al punto de que dos por tres se podía encontrar algo interesante.  Otra vía interesante de conseguir discos un poco difíciles eran las liquidaciones. Una vez al año las casas más YCDdRKh6importantes lanzaban una liquidación de discos al 50% donde se sacaban a la luz cosas que a veces habían pasado guardadas en los depósitos durante un buen tiempo. Y se podían conseguir cosas buenas. A los discos se les hacía una perforación en una esquina de la tapa para marcar que estaban rebajados. Recuerdo haber conseguido en estas liquidaciones buena parte de los viejos discos de los Rolling Stones. En 18 de Julio casi Gaboto había una disquería llamada algo así como Discoplan que tenía una liquidación permanente. Estuvo años con un cartel que decía  “Liquidamos todo por pronto cierre” y fundamentalmente tenía cosas de un catálogo que ya no existía llamado Antar, dedicado más bien a la música uruguaya, pero donde aparecía de vez en cuando algún disco de rock muy viejo.  También había una o dos casas de discos usados por la calle Fernández Crespo, a la altura de los puentes sobre Galicia.

Comprar discos, ya sea en un viaje a Buenos Aires o en una incursión dominical por Tristán Narvaja – que invariablemente se iniciaba en lo de David para seguir por el resto de los puestos de la feria -era toda una excursión de caza en que los trofeos eran los viejos vinilos.

En una ocasión nos fuimos a Buenos Aires con un amigo. Otro amigo uruguayo que estaba viviendo allá nos llevó a una feria de discos usados que quedaba en una Plaza por la Avenida Rivadavia, pasando el Once, probablemente en las cercanías de Flores (no recuerdo exactamente el lugar ni el nombre de la plaza). Allí se reunía una interesante fauna compuesta por cientos de seres portando varios vinilos bajo el brazo, los que intercambiaban o vendían.  El procedimiento para la transa era muy particular. Las personas deambulaban por la plaza con sus discos y el que quería ver lo que vendía el otro, lo paraba y  comenzaba a “tantear” con los dedos los discos que  llevaba. Si había uno que le gustaba comenzaba la negociación. Se veían cosas increíbles. Vi un tipo que vendía un disco doble, made in USA, que tenía los dos discos que había hecho Syd Barret como solista. Era algo muy raro de ver – vaya a saber de donde lo había sacado – y lo vendía a precio de oro. Recuerdo la expresión de un potencial comprador Lizard500que desistiera por el precio: “esto debe ser flor de divague”.  En aquella incursión recuerdo haber conseguido un par de discos de Zappa, versión argentina: “Chungas Revenge” y “Grand Wazzoo”. Por entonces uno de los discos más codiciados era “Lizard” de King Crimson, que ni siquiera estaba editado en Argentina y según se rumoreaba era incluso difícil de conseguir en el norte. Mi amigo tuvo la suerte de encontrarlo en esta feria y fue como si hubiera encontrado petróleo. En el viaje de regreso a Montevideo, en el Vapor de la Carrera, íbamos a cada rato al camarote a ver si el disco seguía estando allí. Solo faltaba que le hiciéramos un altar y le prendiéramos velas. Una semana después de este viaje, revolviendo rutinariamente en lo de David, me encontré  el extraño disco de Syd 44xa5pwT_thumb_thumbBarret que había visto en Buenos Aires, el que no dudé en comprar, ya que el precio esta vez era sumamente accesible (de paso diré que el disco no era ningún divague). Cómo había llegado ese disco hasta ahí era todo un misterio. Era bastante improbable –dada la rareza que significaba en aquel momento -que en el Río de la Plata hubiera más de un ejemplar de este disco. La única conclusión que se podía sacar es que era el mismo que yo había visto en la feria porteña y que algún uruguayo lo había comprado, no le gustó, y no tuvo más remedio que malbaratarlo en lo de David.  Por lo menos esa es la historia que yo quiero creer.  En otra ocasión con este mismo amigo hicimos una excursión por la feria de Tristán Narvaja. Como siempre, comenzamos por el Astro de los Discos. Al poco de estar revolviendo me llevé una gran sorpresa. Allí estaba la edición uruguaya de Highway 61, – reliquia que aún conservo – un disco monoaural, del cual desconozco la fecha en que fue editado, ya que no lo dice (pero debía tener en ese momento cerca de diez años de antigüedad).

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El disco se había agotado hacía mucho tiempo, e incluso muy poca gente sabía que alguna vez había sido editado aquí. Era una verdadera rareza; vaya uno a saber cómo había llegado allí. El disco estaba impecable, daba la impresión de que ni siquiera había sido sacado de su funda alguna vez. Hasta tenía el sobre interior de nylon, que en lugar de ser cuadrada se ajustaba a la forma del disco.  Pude ver en el rostro de mi amigo la cara de (sana?) envidia. Seguimos camino, recorriendo los distintos puestos de la feria, yo tremendamente orgulloso con mi hallazgo. Estábamos revolviendo en el puesto de los veteranos que estaban frente a Ruben, cuando veo que la cara de mi amigo adquiere un tono particular, como de estar viviendo algo irreal: “no puede ser!!!”  Allí estaba, insólitamente otro disco de H61 exactamente igual al mío, y en el mismo estado,  totalmente virgen !!!  Que hubiéramos dado con uno era todo un acontecimiento, pero que el mismo día apareciera otro ya rozaba en lo milagroso.  De acuerdo  a mis recuerdos el hallazgo de H61 resultó uno de los más excitantes que tuve, solo superado tal vez, por el hallazgo en una disquería de Basilea en una casa de discos usados de los seis primeros discos de Frank Zappa, que por aquella época (1987) estaban agotados incluso en el primer mundo.  Para tener una idea de lo emocionante que podían ser estos hallazgos hay que ubicarse en la época y tener en cuenta que uno sabía de la existencia y la importancia de estos discos por algún libro que había leído o alguna revista (Pelo, por ejemplo) en que le daban para arriba, pero era altamente improbable haber tenido ocasión, aunque fuera una vez,  de escuchar algunas de las canciones. La mayoría de los temas de H61 jamás los había escuchado.

Una vez me llevaron a la casa de un tipo que tenía bruta discoteca, unos discos increíbles. El hombre la había puesto a la venta, ya que necesitaba la guita por algún problema personal. Pocas veces vi tanto disco junto en la casa de una persona. Le habré comprado 8 o 10, pero me hubiera llevado muchos más. El dueño de los discos se había mandado hacer un sello que decía DISCOTECA JOFEPACE, que supongo serían las iniciales de sus nombres y apellidos. Durante muchos años sus discos con el sellito andaban por todos lados y era posible encontrarlos en la feria o en el Astro de los Discos.  Tal vez algún lector tenga alguno con ese sello.

Finalmente existía una última opción, “de emergencia”, yo diría una no-opción: el cassette, ya sea   los que se compraban ya grabados  o los que venían vírgenes. El cassette permitía pedirle a un amigo ese disco raro y difícil de conseguir 1367879_599948-pile-of-audio-tape-cassettespara grabarlo. Era una opción extrema, para cosas que uno ya había perdido la esperanza de conseguir o para poder oir mientras tanto se conseguía el LP. Yo odiaba los cassettes. En los cassettes sólo cabía la música, pero no había lugar para nada de la magia del vinilo. No todos eran de buena calidad y la música perdía fidelidad, se oía incluso  el silbido de la cinta y eso a veces molestaba bastante. Además era complicado encontrar el pedazo de canción que uno quería oir especialmente y si se abusaba de los botones de forward y rewind se corría el riesgo de que el cassette se enredara y comenzara a salirse la cintita, generando a veces verdaderos desastres. Era muy difícil luego reconstruir el contenido del cassette, porque por más que se rebobinara siempre algún pedazo quedaba quebrado o arrugado y por lo general la cinta toda floja se volvía a salir. Todas las veces que tuve algo grabado en cassette cuando pude conseguir el lp original lo compré y deseché el odiado sustituto. En una o6a00d8341bf67c53ef017d3ce66c40970c-800wiportunidad mi entonces suegra efectuó un viaje a Europa (el viaje a Europa que se sollía hacer entonces). No me dejó que le encargara discos porque le hacían mucho bulto en la valija, y entonces le di una lista de cassettes grabados. Eran todos los de Dylan desde el primero hasta John Wesley Harding, incluido pasando por las sesiones de los Basement Tapes. Cuando me los trajo pude experimentar oir sonidos maravillosos que nunca antes había podido, pero no era lo mismo, y a poco, a medida que  tuve la oportunidad los fui sustituyendo por LP – o CDs que ya empezaban a aparecer. Por supuesto, el despreciable objeto tenía sus utilidades: se podía grabar ahí la música que uno quisiera para pasarla en el auto o en un walkman. Mi citada ex-suegra tenía un auto   con la tal innovación tecnológica para aquella época (principios de los 80): un pasa-cassette que al llegar el final del lado uno seguía automáticamente con el lado dos.  Conocí también algunas personas un  tanto histéricas que grababan todos sus discos en cassettes de la mejor calidad que se podía obtener y solo escuchaban la música de ahí para no estropear los discos. Y  también servía para grabar allí aquellas cosas que uno podía sentirse inclinado a escuchar alguna vez, pero sin demasiado entusiasmo. Había otro objeto parecido al cassette, y creo que anterior, el magazine, que era como un cassette más grande, pero para ser sincero nunca escuché ninguno.

En 1973 pasó algo extraño e inesperado. La distribuidora Clave (la de la Diskería) compró el catálogo de varios sellos y comenzó a editar intempestivamente cosas impensadas y en ediciones de cartulina blanda, pero bastante decentes que respetaban los diseños originales: el primer disco que recuerdo fue Living in the Past, de Jethro jethro-tull-living-in-the-past-vinil-original-bras-14636-MLB178134347_4218-Fparlp13950_800x800_2048x2048Tull. En dos meses habían editado también Aqualung y Thick as a Brick (sin el diario entero, obviamente). Luego Trilogy de EL&P, Tarkus y Brain Sallad Surgery que hacía pocos días había salido. Waka Jawaka,  de Frank Zappa, al cual luego seguiría Apostrophe  y Overnight sensation (Aclaro que el disco no era sobre la suba de tasas de la Reserva Federal de Estados Unidos). Nadie entendía nada, pero el aluvión siguió: Yes, King Crimson, volvieron los Rolling Stones con Sticky Fingers y los que seguían,  Joni Mitchell (Miles of aisles, qué disco), CHR1044-innerfoldCarli Simon, CSN&Y, Yes album, Tales from Topographic Oceans y muchos más que ahora no recuerdo. Y como seguramente vieron que esa música vendía, detrás de ellos siguieron las demás discográficas. El Palacio de la Música – sin desapegarse de sus horrorosas presentaciones con tapa de nylon – sorprendió con Dark Side of the Moon a principios de 1974 y paulatinamente el país pareció recuperar buena parte del tiempo perdido. En forma aluvional y a veces desordenada aparecían los discos de Cream, de vez en cuando algún Dylan, The Who, (muy triste ver la edición de  Tommy en funda de nylon y con la lista de canciones escrita a máquina, pero por lo menos se podía encontrar para escuchar). Ni siquiera la crisis del petróleo con la escasez de materia prima que trajo aparejada detuvo el impulso, 111945-baunque sí tuvo una consecuencia indeseada, ya que las casas de discos hacían un descuento en el precio de venta de los discos a quien les entregara otro vinilo en cualquier estado, para así poderlo reciclar. Seguramente debido a ello se perdieron una gran cantidad de piezas únicas que se agotaron para siempre. De todas maneras una parte importante de la producción discográfica seguía sin llegar. Por lo general no se editaban los discos más viejos ni se reeditaban los agotados. La discografía básica de Dylan o Zappa  seguía ausente, y hasta muchos discos de la carrera solista de los Beatles demoraron en aparecer. Ir a Buenos Aires o a la feria a buscar discos difíciles siguió siendo todo un imperativo hasta bien avanzada la década de los 80.

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La aparición del CD en la década de los 90 comenzó a cambiar las cosas. El CD aparecía como el sumun de la tecnología musical, prometía un sonido muy superior y una mayor duración. No voy a entrar aquí en la discusión que luego se generó entre los nostálgicos del vinilo y los que se reconvirtieron sobre cuál era mejor. Solo diré que entré rápidamente en la segunda categoría, al punto que buena parte de mis vinilos fueron a dar a Tristán Narvaja, cambiados por dinero y el dinero cambiado por CDs. Poco a poco fui reconvirtiendo mi vieja discoteca de vinilos a CDs. Llevado por la euforia dejé por el camino algunas viejas reliquias que hoy me arrepiento no haber conservado. En algún momento paré el proceso y todavía conservo algunos de mis vinilos. La disponibilidad de CDs ya no dependía de los caprichos de las discográficas locales. Directamente se importaban (o contrabandean), y como al ser el CD un objeto más pequeño tenía menos costos de transporte y almacenamiento empezaron a proliferar disquerías pequeñas. Algunas traían CDs a pedido y así prácticamente el escucha de música comenzaba a estar conectado con lo que se editaba en cualquier lugar. Se terminaban las largas peregrinaciones en busca del disco “raro”. Entre las disquerías de aquel entonces recuerdo Rarities, en la galería Yaguarón; era el mejor surtido, pero los precios eran demasiado elevados (algunos cds salían alrededor de 30 dólares), Semifusa, CD Warehouse (donde se podía canjear cds viejos), Oberlin,  Crossroads (ahí me compré mi primer CD, el  Bootlegs número 1 de Dylan), Funhouse y alguna otra. Los discos en general eran caros (arriba de 20 dólares) y entonces apareció otro personaje: el bagayero de cds., un tipo con contactos que hacía una lista a pedido y se la pasaba a otro que viajaba, los traía y hacía la distribución “mayorista”, aprovechando que el tamaño relativamente reducido del CD hacía rentable el negocio. Con eso los discos se abarataban muchísimo. Y finalmente apareció Amazon, o sea la disquería total. El equivalente musical de la biblioteca infinita del cuento de  Borges. Fin de los problemas para conseguir cualquier disco, pero fin  también de las aventuras para conseguirlos.  Más allá del tema técnico el CD resultó ser un soporte más frío y menos glamoroso que el vinilo. Es difícil encariñarse con un producto que viene en un estuche de plástico. Además a veces las presentaciones se descuidaban,  especialmente al principio con las ediciones de música vieja y muchas parecían ser la versión en cd de los viejos vinilos que vendía el Palacio de la Música, solo que en lugar de nylon venían en plástico. El CD generalmente venía envuelto en un estuche protector de celofán que a veces era difícil de arrancar, y el soporte de plástico frecuentemente se rompía, ya sea en el círculo interior donde se enganchaba el agujero del disco –el cd quedaba suelto –  o en la pequeña solapita donde se enganchaba la tapa y la contratapa (la tapa se salía). Los discos nuevos salían con libritos, pero el librito normalmente venía enganchado en una solapita de la tapa y daba un poco de trabajo sacarlo y ponerlo. Eso, unido a que lo que venía en estos libritos a veces eran textos muy extensos y de letra pequeñita generaba cierta pereza de leerlos (sin contar que nuestros órganos visuales ya no eran los de antes). Tengo una gran cantidad de libritos acompañantes de CDs que nunca leí. Con el paso del tiempo y cuando vieron que las descargas digitales –legales o ilegales – les caminaban por arriba los fabricantes de CDs se acordaron que el disco podía ser en si mismo también un objeto y comenzaron a mejorar las presentaciones: tapas de cartón, más información, cajas tratando de replicar la portada de los vinilos, reediciones con chiches.  Pero ya era tarde. El CD hoy día está herido de muerte y solo los nostálgicos que tenemos algunas colecciones completas seguimos comprando el soporte físico. Mientras lentamente, el vinilo ha recuperado espacios y se mantiene en un nicho del mercado.  Probablemente el vinilo y el CD lentamente vayan desapareciendo en una o dos generaciones. Hoy se escucha música de otra manera (caminando, en el ómnibus, en el auto, en la sala de espera del médico), la gente ya no se reúne a escuchar música. Tampoco interpretemos este cambio en las costumbres como algo necesariamente negativo. La vida social hoy tiene otras formas, simplemente, y habrá que adaptarse.

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El Rey de las Púas en su taller-sótano de Paraguay y Carlos Gardel, un sobreviviente de aquellas épocas.

 

 

 

 

 

Esto lo acabo de agregar luego de posteado el artículo:

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  1. Muy completo el informe, como para empezar “a hacer muela” y que “la barra” le agregue condimentos.
    Seguramente anécdotas van a surgir de todo tipo, me quedé pensando si en algún momento no estuvimos codo a codo “peleando” por un disco en las bateas del Astro. Al lado mío un peludo coetáneo me “madrugó” el de Manal que recién había salido (no se podía tener tal ambigua suerte!) y yo quedé caliente con mi tía que nos había demorado en la feria (el Astro abría los domingos,por supu!).
    Me acuerdo de la enfermedad de los simples con que se paliaba la espera de juntar plata para comprar el LP. Ni hablar de las “audio interruptus” de las “ensaladas”.
    LOS CASSETTES! linda porquería que también supe odiar , entre otros motivos por haber sido la primera estocada con que me empecé a desangrar (laboralmente hablando). Tengo una anécdota jugosa sobre esa “Cajita infeliz”, cuando arreció la venta de cass trajeron una máquina de última generación, la OTARI, japonesa ella. Entonces se planteó la posibilidad que la grabación se realizara con Dolby System (“si no posee su aparato el sistema, reduzca los agudos” rezaba en la lámina). Como para utilizar ese artilugio electrónico, que la competencia ya tenía (Sondor), había que pagar derechos, se optó por ponerlo pero “jopearla” imprimiendo en la etiqueta un cartelito “OTARI System” que identificaba “un nuevo y exclusivo” sistema reductor de ruido, Como siempre los “Otarios del system” fueron los clientes.
    Bueno…como decía D´angelo…” nos vemos!”.

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    • juro que no fui yo el que se llevó ese disco de Manal.. no hay que tener un auto/ ni relojes de medio millón/ 4 empleos bien pagados, ser un astro de televisión /
      jugo de tomate frío/en las venas deberás tener…

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  2. Pablo Crossroads

    Estimado salmón, reponiendome de haber llegado a Montevideo definitivamente por este verano ( ya no queda la esperanza del viernes al martes afuera…) decidí leer sobre algo que me animara. Y que mejor que leer sobre discos, vinilos, casas de discos y semejantes. Excelente post!! Ya sabe que no soy del elogio fácil, pero ha tocado todos los puntos que hemos vivido quienes tenemos su edad ( calculo que es similar a la mia), todos los que sufrimos esas épocas de carencia de ediciones, y toda esa evolución desde el vinilo al K/ y luego al cd.
    Confieso que compré mi primer CD antes de tener compactera. Fue un disco que juntaba dos lp de The Lovin’ Spoonful. Ni lo pensé. Lo ví y lo compré. No tengo donde escucharlo, no importa …y si se lo lleva alguien…y si no lo consigo nunca más…jajajaj acostumbrado a que no hubiera nada y que lo que milagrosamente había, se acabara, cometí esa insensatez. Pero creo que Ud. entenderá.
    Me emocionó ver la foto del “judío” David. Sin connotación peyorativa, insultante, mucho menos racista, era el Judío David como es el Negro Rada. Punto. Cuantos momentos en ese sucucho, pero no los domingos, iba entre semana, ya que yo era alumno del Juan XXIII y me quedaba a la vuelta ( del Juan viejo, el que no era mixto). Y David, concuerdo, no sabía un pomo de rock, pero tenía un sexto sentido para detectar lo que era valioso y solicitado y lo subía siempre de precio.
    Su hijo , que me perdone, pero es un asqueroso, malhumorado y pedante que no le llega ni a los talones a su padre. Luego que murió David, fui alguna vez y nunca más.
    Y el de Discomoda te rezongaba, no te vendía jajajaj
    Para agregar a las mencionadas, le recuerdo que había varias disquerías de usados en la Galería Montecarlo, frente al viejo canal 4, donde luego fueron suplantadas por fotocopiadoras hasta que estas fueron declaradas fuera de la ley por acción de los profesores de la facultad de Derecho que obtienen pingues ganancias con sus libros obligatorios a los estudiantes. Nosotros, buenos giles, en nuestra Facultad a nuestro libro lo hicimos renunciando a cualquier tipo de regalías para que su precio fuera bajo y llegara a todos sin necesidad de fotocopiarlo. Retomando luego de esta disgresión, recuerdo esas disquerías porque iba a la ACJ y pasaba por ellas. Tenía unos líos bárbaros para poder meter los discos en los casilleros del vestuario.
    Rarities tenía mucho y muy buen material pero carísimo y fue la pionera, creo, en comprarte por Internet. Los podías encargar con unos catálogos que te prestaban pero te los cobraban como si viajaran en 1ª a comprarlos. Nunca compré ninguno de esa manera.
    Así que el aluvión de ediciones del 73 ( no recordaba el año pero si el hecho) tuvo esa causa?? Lo pude aprovechar. Igualmente siempre me sorprendió que acá se consiguieran discos de Toe Fat, Flame o Head Hands & Feet ( que aún tengo) y no de Jethro o The Who, hasta bastante más adelante.
    Y la anécdota de Guayabox, ilustrativa, sumamente ilustrativa, de quienes éramos los nabos de siempre.
    Abrazo y ya me acordaré de algo más

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  3. Acabo de pasar por el “astro” según creo y me llevé dos discos de Purple edicion argenta y yorugua. 1974 y 76. Quemar y Vení y probá la banda (jaja). Ya de ver las carátulas en español me dije que tenía que comprarlos. Como vivía en Punta del este, hace años (una década) creo que no caminaba por tristán narvaja entre librerías y vinilos. Ahora lo voy a hacer… Soy de la época del Cd aunque me crié entre vinilos y los escuchaba (los de mi viejo) en la adolescencia. El cassete nunca fue lo mió, aunque debo decir que el “walkman” lo usé y abusé, pero no compraba cass. originales. Mi intención es conseguir mis discos favoritos en vinilo, ya los tengo en CD. En aquellas épocas (90´s) me movía por Cd Warehouse (intercambiabas los usados) en al feria, Rarities y en Aquarius (si más no recuerdo el nombre) en Bvr España cerca del Ombú donde atendía el gordo (no recuerdo el nombre) que era un personaje, era librería y disquería y el personaje este era un freak de los buenos u tipo joven con cultura musical y de arte en general, conocía y te daba charla, vieja escuela. Quedaba cerca de casa por lo que era parada obligada cuando volvía del liceo (JuanXXIII también, el mixto). Luego apareció la compra online por amazon. Mi primer encargo fue en 1995 The Cage, Dario Mollo – Tony Martin (ex Black Sabbath). Mi colección de CD´s es sagrada y está en cajas desde que mi primera hija aprendió a gatear y me arrunió un par de Cds. jaja. Ahora escucho el 99% de la musica por streaming en mi smartphone con auricualres mientras la familia duerme. Ya me haré mi espacio para dedicar tiempo a la musica y ambiente… mientras tanto la colección crecerá siempre que “haiga” billete…

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  4. Jaime Página

    on seguridad, todo el mundo tiene alguna historia para contar sobre el Astro de los Discos. Me acuerdo de que iba religiosamente los sábados para ver si encontraba algo no editado en Uruguay. Le compré muchos discos a David, del hijo me acuerdo de haberlo visto en la disquería, bien jovencito, no puedo tejer comentarios sobre él porque después de que me fui del Uruguay no pisé más el negocio. Recuerdo de que David, después de cierto tiempo como cliente, me llevó al sótano (no piensen mal, se portó como un caballero) y me mostró unos discos que no ponía a la venta para el público, los reservaba para algunos. Yo siempre le preguntaba si no me conseguía el de Días de Blues y él me decía que iba a ver si encontraba alguno, y ese día que me llevó al sótano me dio el disco de Días de Blues, cero kilómetro, impecable, no lo podía creer y no me despellejó en el precio, porque en aqueelos momentos no se conseguía ni usado. También compré uno de Jean Luc Ponty, antes de haberse hecho conocer, que lo llevé para revenderlo y el segundo de Motörhead (Overkill) en 1979, no sé cómo y quién se deshizo de dicho lp, pero aquí va mi agradecimiento para él y uno que estuve mucho tiempo buscándolo, Demons and Wizards de Uriah Heep y David siempre acababa consiguiéndolos, un crack. Después me vine a Brasil y ahí se dio vuelta la tortilla, el problema no era conseguir el disco, sino tener guita para tanto disco que quería comprar. El cassette lo usé porque era más práctico en ciertos lugares y los usé con el walkman. Con el CD vino el destape, no solo por el sonido limpio, sino por la cantidad de oferta que había, pude comprar álbumes que ya eran imposible de conseguir y ahí no paré de comprar, tanto producción brasileña como importada. Después ocurrió lo mismo que con el vinilo, algunos cds no fueron lanzados nuevamente, entonces aquellos que no tenía cómo comprarlos, pedía una copia en cd y listo el pollo. Además, no sé si en otras partes del mundo había una galería de rock en San Pablo con tres pisos llenos de locales vendiendo cds hechos en Brasil, EE.UU., Europa y Japón, era imposible no conseguir el cd que uno deseaba, lamentablemente no pudo resistir a la era de download gratuito y muchos cerraron, algunos resisten porque saben que hay clientes, como yo, que aún quieren un formato físico. A pesar que continuó un mercado subyacente de vinilo desde hace unos años hay otra galería de vinilos, prácticamente todo el mundo vendió los lps y se formó un mercado para ellos. Yo me quedé solo con aquellos que tengo un lazo afectivo y vendí el resto, y no me arrepiento, no soy de los que sienten saudade del vinil, salvo por las tapas, pero los cds, principalmete japoneses y europeos lanzan ediciones de lujo en los cds con más información y fotos de los que traían los vinilos y los cds también los obligó a grabar más músicas, ya que en el vinilo estaban restringidos a 40 minutos y en el cd podían llegar a los 60. Ahora compro mucho por Ebay y tiendas que venden usados en Europa, de Argentina, con precios más accesibles que en Brasil, dejé de comp´rar en Amazon por el precio del envío. Lo único que no conseguí fue convencer a mi esposa de que necesito más espacio para los cds, en fin, hay que negociar. Saludos.

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    • Pablo Crossroads

      Hola Jaime, en un post anterior, no se si fue el primero sobre vinilos, hice referencia a ese sótano, con aquella escalerita estrecha. Igual que vos debo aclarar que las veces que fui David también se portó como un caballero jajajaj. Yo accedí a él por herencia, mis padres iban siempre a comprar discos, clásicos mamá y de folklore y tango mi viejo, y como eran clientes descendían al “paraíso” ( paradójico, no?) De ir con ellos David me reconocía y me permitía el acceso al mismo. Una de las cosas que recuerdo era su particular manera de catalogar los discos para ponerlos en las bateas, si eran negros, eran de soul, si eran blancos eran de rock, muy peludos, rock pesado. Buscando encontrabas cualquier cosa en cualquier lado…pero creo que ahí estaba el encanto y además la chance de encontrar cosas que no estabas buscando.
      Yo conservo mis vinilos, tocar esos cartones trae sensaciones de antes( no malinterpretes, eh?), la mayoría tiene pegados recuerdos de personas, bailes, lugares, momentos de compra y búsqueda. Yo calculo que en parte es saudade por la edad, pero no veo que un pibe de ahora toque el plástico de un cd dentro de 20 años y le rememore nada. Las dificultades en conseguir esos materiales les dotaron de un valor afectivo que dificilmente alguien que no lo haya vivido lo comprenda.
      No todo tiempo pasado fue mejor, solo fue distinto.

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  5. Ahora que Jaime nombró el sótano del Astro (al que nunca pude acceder) recordé el sótano que tenía Discoplan. Cada tanto pasaba a revolver los mismos discos En ese lugar guardaban cosas rarísimas, era la época que me enrosqué con la bossa y me dijeron que “abajo” tenían uno de Sinatra con J. Gilberto y me llevó a lo que sería el paraíso/vinilo del vintage (de aquella época). Allí tenían un sacabocado para agujerear el centro de sobres que carecían de Lp, los daban vuelta y colocaban otro título que carecía de cubierta (una charrería). Montones de Discos 78 rpm, simples 45rpm todos de Antar con ediciones que por contrato hubo que editar y quedaban de clavo. De esa época tengo alguno de los Kinks, Country J.and The F.. ¡Long J. Baldry !(…hace tiempo que no lo veo, pero quiero creer que todavía está) Los Olimareños en París (no se rían), y principalmente un simple con sobre original de Buddy Holly (Peggy Sue), que en el futuro creo que me ayudará a pagar algún mes del geriátrico.
    Con respecto a Pinocho (recién me entero del nombre) de Discomoda, un día estaba revisando y habían otros loquitos peludos en onda “me guardo el disco abajo de la campera” y el tipo se avivó, como creyó que yo estaba en la componenda me sacó a mi también a los empujones. Le conté a mi tía y le armó tal lío al tipo que se cagó todo y me empezó a tratar como a un rey, ” Ahí viene Antonio Tormo” rumiaríal tipo cuando me veía llegar.
    PD : Antonio Tormo conocido como “El cantor de las cosas nuestras”.

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    • Pablo Crossroads

      Hola Guayabox, no conocí el sótano de Discoplan. Antonio Tormo??? Perdón, estimado amigo, Ud de que siglo es? jajajajaaaa
      abrazo

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  6. Pablo Crossroads

    Salmón, dos últimos comentarios sobre vinilos y la locura que podía desatar en nosotros.
    En 1980 en lugar de entrar a 5º año decidí ponerme al día con los examenes atrasados de la facultad e instalé el “boliche” (consultorio en que los estudiantes hacemos nuestras primeras armas y pesitos antes de recibirnos). Entre mayo y setiembre ahorré U$S 1.000 ( que fácil era la vida…) y agregándole mi sueldito de Ayudante de Cátedra hice un base y me fui a Brasil: por la costa desde Porto Alegre hasta Salvador, nordeste hasta Belem do Pará, en barco hasta Manaos y empujando ómnibus por el barro colorado de la Amazonia y el Mato Grosso y el Pantanal hasta Sao Paulo. El 24 de noviembre , en Río me compré en una disquería de Nuestra Señora de Copacabana, una recopilación de Buddy Holly y el 26, en la misma disquería, un Highway 61 de Dylan. Tengo las fechas anotadas en los discos, adelante mio. Los llevé conmigo en los ómnibus, navegando, empujando, caminando, a través de todo Brasil, cuidandolos más que a mi mismo. En Salvador les agregué un Mel de Maria Bethania, a la que tuve la suerte de ir a escuchar porque me llevaron unos pibes que conocí, que estudiaban Odontología en la Universidad de bahía. No la conocía y me mató. Salí y me compré el disco. En Belem do Pará estuve en un hotel como la gente y logré que me prestaran el tocadisco de la sala de eventos para escuchar algo!!!! Me acompañaron todo el viaje y llegaron sanos y salvos, mejor que yo, que vine con 8 kilos de menos.
    En 1993 me casé con mi actual esposa y fuimos de Luna de miel al nordeste. En Recife encontré unas disquerías bárbaras y baratísimas, pero no podía pasarme horas adentro en plena luna de miel!!! Y ahí nació la idea, que hasta hoy llevamos a cabo con mi esposa: “tarde libre”. Le sugerí que se fuera al shopping y yo me iba a las disquerías. El problema fue que me aparecí con un par de cd ( uno es una recopilación de Paul Williams impresionante) , una caja de cd de las sesiones de grabación de Layla y varios vinilos, incluyendo una caja de varios discos de Elvis. En resúmen, un socotroco enorme y pesado, con el que cargué el resto del viaje. Hasta hoy nos acordamos y además la anécdota se renueva en cada viaje, porque de sus “tardes libres” ella retorna con ropita liviana , a lo sumo zapatos, y yo con libros y discos pesados e incómodos.
    Chau Salmón, no molesto más…por un rato

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    • Pablito intuyo que somos de la sufrida generación del 55. Mi ecléctico “acerbo” musical se debe a que en mi casa había (hay) 3 galpones, en uno mi viejo (mecánico) escuchaba folklore, en otro mi tío (carpintero) tangos y boleros y en el 3ero mi abuelo (tornero) con zaping constante. Cuando cerró la fábrica de vinilos me mandaron a la venta (Suc. El gaucho, luego Cordón ) como “manejaba” el catálogo de muchos años empecé a pedir CDs viejos (50s, 60s y 70s) y a generar una pléyade de seguidoras veteranas que lograron que uno de mis viejos compañeros me bautizara con el mote de “Julio C. Armi” .
      En fin una característica de mi vida el “picar” aquí y allá, lo que me recuerda una frase de mi viejo “peón de mucho…oficial de nada”.
      PD: J. C. Armi , famoso actor de radioteatros conocido como “EL GALÁN DE LAS CLASES PASIVAS”.

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      • Yo también he sido ecléctic en algún momento de mi vida, luego fui depurando mis gustos. Igual me gusta Caetano, Zitarrosa, Jaime y unas cuantas cosas más no estrictamente rockeras

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      • Pablo Crossroads

        Exacto Guaya, soy gemelo exacto de Bill Gates. Gran año el 55!!! Además nace Steve Jobs, se abre el primer McDonald, Rock Around The Clock, Elvis hace su primer gira y una larga serie de etcéteras. Debemos habernos conocido a ambos lados del mostrador, ya que iba a ambas sucursales del Palacio. Y el eclecticismo familiar creo que ha sido decisivo para abrir nuestras orejas.
        Y Salmón, yo también escucho algo distinto a veces, de mi madre adquirí el gusto por los violines y la música del este de Europa, a Gardel y algunos tangos los valoro más cuanto más viejo me pongo, el folklore argentino d elos 60 me gusta, Jaime por supuesto(es la única murga que soporto, aguanten Delgrossi, Kerogliàn y todos los que han reconocido y denunciado publicamente el apropiamiento ideológico del carnaval, a mi me corrieron a finales de los 80). Perdón, soy un hereje falsouruguayo, no tomo mate, no me gusta la murga, el candombe me deja frío y a Zitarrosa no lo escucho. Amén. Uyyy escribí una palabra religiosa, quizás violé la laicidad….
        Algunos temitas para post te largúe, nooo? jeje
        abrazo

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      • Son una manga de sexagenarios….

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    • Bien por vos que lograste llegar a ese acuerdo, sin el cual un matrimonio puede naufragar perfectamente.

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  7. Quizás éste comentario tendría que ir en el de los recitales en Uruguay lo que sucede es que hoy recordé un link que un compañero amigo mío y de Crossroads me había pasado sobre Paul Williams en Uruguay donde se lo ve comiendo en La Pasiva y con comentarios de él sobre la gira sudamericana que no tienen desperdicio, les dejo acá el link
    http://www.paulwilliamscouk.plus.com/pwexperiences1.html

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    • Dicho sea de paso. ¿Nadie fue ayer a ver a John Cale?

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      • Pablo Crossroads

        No, yo no fui. Un amigo velvetomaníaco estuvo y me mandó un mensaje preocupante: estuvo buenísimo y me firmó la banana!
        Mi estupor duró 10 segundos hasta que me llegó el segundo mensaje con la foto del disco de la Velvet con la banana en la tapa y firmado por Cale. Ufff, que alivio.
        No soy muy amigo de la velvet y sus secuelas, aunque debo reconocer que hay muchas csas de ellos y de Lou Reed que me agradan.

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      • eso de la banana hubiera estado complicado. Menos mal que era la de Warhol

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    • Pablo Crossroads

      Hola Pablo tocayo y colega, que buen recuerdo! Como conseguiste eso??? He buscado años algo sobre esa visita. Recuerdo en el Plaza cuando un policía sacó o más bien amagó sacar un revolver en el escenario…como lo puteó Paul Williams!! Que buen concierto!!! Un abrazo y gracias

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      • Estimado tocayo y colega, me lo pasó hace un tiempo tu colega de facultad y amigo mío y lo había perdido y me lo puse a buscar y lo encontré, si sabés inb
        glés te habrás dado cuenta de los comentarios imperdibles tanto de Paul como del que cuenta que estuvo en el concierto, se trata de eso de compartir materiales

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  8. Por cierto a los seguidores de la música uruguaya les doy el dato de una serie que emitió televisión Nacional hace algunos años que se llama Historia de la Música Popular Uruguaya y que los 15 capítulos están en youtube son imprescindibles para saber de la música uruguaya (no solamente rock) desde comienzos de los 60 hasta entrados los 2000

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  9. link del capítulo 1

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