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EL TEATRO Y LOS CELULARES

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You should be made to wear earphones
‘Cause something is happening and you don’t know what it is
Do you, Mr. Jones?

Bob Dylan (Ballad of a Thin Man)

Sin duda que los celulares han sido uno de los principales  protagonistas de los últimos años de este siglo XXI, signado por la intensificación del cambio tecnológico. Y está claro que han cambiado nuestra forma de vivir. Las comunicaciones ahora son más fluidas, uno puede enviar en cualquier momento un mensaje o una foto a bajo o nulo costo a cualquier persona en cualquier parte del mundo, hablarle por teléfono, hacer una videoconferencia, pedir un taxi y ver por donde viene, orientarse en una ciudad desconocida, escuchar un programa de radio de donde quiera, pagar facturas sin salir de su casa, encargar una pizza, pagar la tarifa del estacionamiento, conectarse a internet, levantar personas del sexo opuesto (o del mismo), ver videos, escuchar música, bajar películas, aprovechar mejor horas muertas como cuando se hace una cola o se viaja en ómnibus, despedir directores técnicos, romper con novios sin tener que enfrentarlos, anticipar terremotos  y muchas cosas más que seguramente vendrán en los próximos años.

Por supuesto, que como toda innovación tecnológica, están los riesgos de su mal manejo. Muchas veces los han utilizado los malhechores para ser más efectivos en sus fechorías (malhechores y fechorías son palabras robadas de la jerga de los comics y las series traducidas y en este texto están usadas a propósito, no piensen que hablo así). Incluso hasta alguna vez se han usado para hacer explotar bombas. Pero dejando esos casos extremos y yendo a las personas comunes, hay quienes caen, es cierto, en un uso adictivo del aparato y están permanentemente pendientes de la pantallitas aún cuando estén manejando,   asistiendo a un espectáculo, una clase o conferencia,  conversando o incluso copulando. Estas formas inadecuadas de utilizarlos a veces suelen ser molestas, y también son frecuentemente aprovechadas por los retrógrados y los enemigos de la tecnología y la innovación para generalizar y acusar a todos quienes hacen uso intensivo de este adminículo como de adictos.

Hace unos meses el actor Roberto Jones se molestó por un celular que sonó dos veces en la sala mientras él interpretaba la obra “La memoria de Borges” y, al finalizar la función, increpó duramente al dueño del mismo.  Luego, durante varios días, recorrió  los medios de comunicación y  las redes sociales mostrando su indignación. Se refirió a la persona que “había hecho sonar su celular” como “un mal educado, una persona marginada de las buenas costumbres, un irrespetuoso violador de los derechos de los otros”. Y por si fuera poco lo trató de marginado social, adicto y psicópata.   Además anunció su próximo retiro de los escenarios, ya que según él en esas condiciones ya no se puede actuar. Según algunas versiones no comprobadas también se refirió en tono despectivo a la gente de Carrasco y a los que se educaron en instituciones privadas. El artista, luego  desmintió estas últimas cosas. Como no estuve ahí no sé si lo dijo o no, pero concedamos que es así como dice él. Pero lo que sí es cierto es lo que él declaró luego, usando artillería gruesa. http://www.elobservador.com.uy/el-enojo-roberto-jones-plena-obra-un-celular-n679367

” Un mal educado, una persona marginada de las buenas costumbres, un irrespetuoso violador de los derechos de los otros, hizo sonar dos veces su máquina, producto de su irrefrenable adicción“, ….. . Dos veces me quede sin letra, Dos veces tuve que realizar un esfuerzo impropio para continuar. Este esfuerzo me provoco una hipertensión que luego se concretó en un hematoma facial. No se puede hacer teatro así. No se puede más convivir así. Se violan las reglas indispensables y las buenas costumbres y quienes lo hacen no reciben jamás la mas mínima advertencia, ni hay ninguna consecuencia de sus actos. Salvo el enojo y el justo reproche del perjudicado, que naturalmente, como siempre, cae en saco roto. Una minoría de marginados sociales nos dominan e imponen sus malas costumbres. El miedo y el cómplice silencio de la mayoría lo permite. Yo no me callo. Pero me canso. Me canse. Mi función social no es rezongar psicópatas”.

51ccb1703f2e4Unas semanas después se repitió un incidente similar con la actriz Nidia Telles. Esta vez la  actriz fue más lejos, interrumpió la obra y echó de la sala a la dueña del inoportuno celular.  http://www.elpais.com.uy/informacion/expulsado-teatro-sono-celular.html. “Le pido a la persona cuyo teléfono acaba de sonar que se retire.  Esto no puede suceder en un teatro“. Para la expulsión invocó el artículo R.15132.20 del digesto municipal de 1996:  

Se prohíbe el ingreso a las salas de cine y teatro con mates y termos.
Asimismo está prohibido a los espectadores el uso de teléfonos celulares, intercomunicadores inalámbricos, walkie-talkies o cualquier otro elemento que implique la utilización de la voz humana para transmitir o grabar mensajes en salas de espectáculos públicos.
En los espectáculos deportivos estará prohibido, asimismo, el ingreso con mates y termos.
Quien infrinja esta disposición, será retirado del espectáculo y perderá el derecho a la devolución del importe de la entrada. http://normativa.montevideo.gub.uy/armado/48360

Las dos circunstancias generaron gran revuelo en las redes sociales. En el caso de Jones la gente se dividió en dos bandos, los que apoyaban al actor y los que consideraban que se había excedido, pero en el caso de Nidia Telles la mayoría  aplaudió a la actriz y  no titubeó en condenar a la molesta persona, aprovechando además para descargar toda su batería de prejuicios y agresividad contra los mal educados que no tienen en cuenta al prójimo y contra los – supuestamente – adictos a la tecnología.

Unos días después del incidente con Jones el hombre que “hizo sonar dos veces el celular”  envió una carta  a los medios –bastante repetitiva en sus conceptos, por cierto- en la cual daba su versión de los hechos:

La torpeza de mi parte fue no conocer bien el funcionamiento de mi teléfono portátil, y por tanto no haber tenido en cuenta que aún estando el mismo en “modo silencioso” como lo puse antes de comenzar la función, eso no impediría que sonara una alarma que había quedado activada sin yo recordarlo. ……  De allí a sostener que soy un “mal educado, una persona marginada de las buenas costumbres, un irrespetuoso violador de los derechos de los otros” “que hizo sonar dos veces su máquina producto de su irrefrenable adicción” hay una gran distancia. Demasiada distancia…….Sí que se puede enojar, claro. Usted también es humano. Pero no tiene por qué gritarme durante más de tres minutos, y decirme que lo “miro con cara de imbécil” solo porque lo miro sin poder hablarle. Y lo miro sin poder hablarle porque usted grita enardecido y yo no deseo hacer lo mismo, además de porque estoy sorprendido e incrédulo de lo que está pasando……..
Usted se está aprovechando de su especial posición en el escenario para arremeter verbalmente contra mi persona.  http://www.montevideo.com.uy/auc.aspx?285604

También unos días después de la expulsión en la obra de Telles el esposo de la señora expulsada, en un tono muy moderado dio su versión:

“Nos retiramos con mucha pena, más bien cabizbajos, y mi señora alcanzó a pedir perdón a la actriz. Tenemos unos cuantos años, 80. Mi señora casi que no ve y en el apuro, al intentar apagar el celular, tal vez no apretó el botón correcto”,…..Usted me preguntará por qué llevamos el celular? Bueno, porque tenemos los traslados hasta el lugar y porque estábamos pendientes de una llamado de una hija nuestra que está en París”. http://www.elpais.com.uy/informacion/expulsados-teatro-celular-se-disculparon.html  (aclaración: esto había pasado muy poco después de los atentados en París)

En el liceo al cual yo concurría teníamos una clase de coro que era dirigida por un profesor  que era o había sido director de la Orquesta del SODRE, pero que pese a su gran cultura musical era muy mal educado; por ejemplo maltrataba a la pianista delante de todo el mundo cuando equivocaba alguna nota y era frecuente que insultara a los alumnos. En una ocasión, en medio de una clase,  se me cayó el capuchón de un bolígrafo, el cual rodó por el pasillo que había entre los asientos del salón de actos. Cuando el profesor lo vio me señaló con el dedo y haciendo abuso del poder que le daba su investidura me dijo: “tú que tiraste el proyectil te vas sancionado a la Dirección”. En aquel momento me quedó toda la impresión que el profesor de coro, frustrado porque los alumnos no  daban bolilla a su muy aburrida clase, a la cual además no podía controlar manteniendo la disciplina, estaba esperando la primera oportunidad para descargar su bronca contra alguien. Y justo me tocó a mí. Lo acontecido con Jones y Telles me hizo acordar a la injusticia y arbitrariedad de la acción de este profesor.  Es cierto que mucha gente resulta muy molesta con sus ringtones o cuando se pone a hablar por celular en lugares inapropiados o se pasa todo el tiempo mandando mensajes de texto. (¿nunca les pasó estar en un velorio y que a alguien le suene uno de esos ringtones bien pachangueros?) Pero ninguna de estas situaciones era así. No se trataba en ninguno de los dos casos de personas que estuvieran molestando “adictivamente” con sus aparatitos sino de personas a los cuales les sonó el celular porque cometieron descuidos, en un caso por no conocer bien el manejo pensando que lo conocían – cosa que como puntualizó el propio acusado no hubiera pasado si realmente hubiera sido un “adicto” como lo calificó Jones – , en el segundo se trataba de una persona mayor de edad con problemas de visión –y que seguramente tampoco conocía totalmente el funcionamiento del equipo. A cualquiera le puede pasar. A veces los celulares de pantalla táctil se trancan (o porque funcionan mal o porque hay humedad o vaya a saber por qué) y cuando uno aprieta mecánicamente el botoncito de “apagar” no responden; uno piensa que los apagó, pero no. O bien, puestos en el bolsillo en modo silencioso – o incluso apagados – un roce, un mal movimiento de nuestra mano buscando algo en el bolsillo pueden volverlo a colocar en su anterior posición sin que nos demos cuenta. Y no digan que nunca les pasó.  Uno puede entender la molestia que puede haber significado para el actor el inesperado sonido, e incluso para los otros espectadores. Pero me parece que en cualquiera de los dos casos hay toda una exageración propia, o bien del divismo de los actores, o de su predisposición contra los celulares en sí mismos (independientemente de que se los use bien o mal). O también puede ser que sean actores que están buscando cualquier excusa para hacerse notar. En cualquiera de los dos casos los que se comportaron como mal educados e irrespetuosos fueron ellos. (Subrayo: se comportaron como maleducados, no quiere decir que lo sean necesariamente. Juzgo a las conductas, no a las personas)

Muchas veces algunos actores de teatro hacen gala de un divismo que se manifiesta en el aire de superioridad con que se autodefinen como “portavoces de la cultura”. Se sienten que están efectuando una tarea extraordinaria, especial, que tienen una misión en el mundo que muchas veces es incomprendida por las masas incultas y mal educadas. oh!! la cultura !!…soy culto!!.  Observen como, por ejemplo Jones habla de su “misión social” Un iluminado.  Así se sienten por encima del bien y del mal y tratan con desprecio a los que consumen productos de entretenimiento que no encajan dentro de los esquemas de lo que ellos definen como culto, sea Tinelli, el fútbol, los videojuegos, la televisión o los celulares. Hablar de la “tinellización” de la cultura es una recurrente muletilla de quienes muchas veces, desde su torre de marfil son incapaces de percibir los cambios que la sociedad va procesando o la necesidad que la gente puede tener en algún momento de relajarse mirando una estupidez.

Seguramente concentrarse para actuar en una obra teatral, especialmente en un monólogo, no sea una tarea sencilla. Y sea algo tan importante como la impostación de la voz, la gestualidad o el manejo del cuerpo para lograr una buena actuación. Por ese motivo uno espera que los actores de teatro estén preparados para este tipo de cosas. El ruido de un celular no es lo único que  puede distraer a los actores. La diferencia es que es algo relativamente nuevo. La gente normalmente puede toser, estornudar, caérsele cosas, quedarse dormida y roncar, o moverse en los asientos. Y a veces pueden llegar ruidos de afuera. Tampoco desconcentran solamente las cuestiones sonoras, sino también las visuales.  Hace unos años tenía un amigo  actor que integraba el grupo de El  Galpón. Una vez me comentó que  hicieron una gira por Venezuela, donde las costumbres eran totalmente diferentes:  iban a la sala  con radiograbadores, filmadoras, comida y  eran sumamente ruidosos y movedizos. Y los actores se la tenían que bancar, no había otra. También me comentaba que una de las cosas que a veces molestaba a los actores era la tos y que eso a veces los ponía muy mal. “Empieza a toser uno y siguen todos”.   Justamente el ejercicio de concentración implica la capacidad de hacer abstracción del mundo al punto de percibir solo lo que pasa en la obra.  Me imagino que el tema de la gente que hace ruidos en las salas, – y en particular el problema de los celulares – ocurre en todas partes del mundo. Y los actores de alguna forma lo manejan, no abandonan su carrera por ello como amaga Jones. Dicen que en una ocasión en un monólogo de China Zorrilla sonó un celular y la actriz con mucha cancha, se desvió brevemente de lo que estaba diciendo, se dirigió al espectador y sin perder la calma le dijo: “si es para mí decile que no estoy”, y siguió sin problemas la obra. También está el recurso de la mirada fija. La mirada fija y penetrante de un actor a un espectador es algo que mete miedo.  Actuar como hizo Telles, además de ser una falta de respeto a los veteranos pudrió más la obra que si los hubiera ignorado.   Me imagino además que muchas veces los actores tendrán dolores de cabeza, de estómago, náuseas, ganas de expeler un gas arriba del escenario, o les picará el culo, cosas que supongo también deben conspirar contra su concentración  Es curioso, porque los  actores tienen esa máxima de que “el show debe seguir”. Se vanaglorian con que son capaces de seguir una actuación aun después de haber recibido una noticia jodida como la muerte de un ser querido, pero se ponen quejosos si suena un celular. Y para los espectadores, no me joroben, esto no es de ahora, solo que simplemente cambió la tecnologia. Toda la vida tuvimos que sufrir el molesto ruido del que desenrollaba el papelito del caramelo en el cine o teatro, el que le comentaba algo al de al lado en voz alta, el que le leía al niño los subtítulos que no alcanzaba a comprender y los vivos que pegaban gritos en medio de la función. Obviamente esto no exime de culpa a los que se ponen  activamente a hablar por celular en medio de una función o que contestan cuando los llaman. Pero una cosa diferente es aquellos a los que les suena por acccidente.

La  invocación que hace Nidia Telles al digesto municipal demuestra que ya al entrar a la obra venía predispuesta a castigar justicieramente al primer “transgresor”. No fue algo espontáneo, por algo tenía el digesto en la cabeza. Por otra parte el decreto parece no haber sido hecho con ese espíritu, sino más bien con el de impedir que la gente se pusiera a grabar la obra con celulares. Pero, lo más importante,  si el digesto es aplicable no es el actor el que lo tiene que hacer efectivo. Nada lo faculta a ello. En todo caso son los funcionarios del teatro que deberían estar instruidos en como actuar al respecto. Si yo hubiera estado en la sala me hubiera enojado más con el actor que se desvió de la obra que con quien hizo sonar el celular. Salvando las distancias es como si en medio de una operación un cirujano deja de cortar para reprender al ayudante al que le ha sonado el celular.  Me pregunto además qué hubiera pasado si la espectadora se negaba a retirarse. Después de todo estaba en   su derecho, había pagado entrada y se le había disparado el celular por error. Se podría haber armado un escándalo de proporciones. Después de este incidente prácticamente Nidia Telles no ha hablado más del tema. Probablemente su silencio sea el reconocimiento implícito de su error. A diferencia de Jones que siguió despotricando varios días.

Para resumir, los actores de teatro deberán acostumbrarse a que existen los celulares y pueden sonar. Ya sea porque el que lo hace sonar es un maleducado,   un simple distraído o torpe o una persona mayor no familiarizada con la tecnología. Es el mundo que toca vivir y uno de los costos que hay que pagar por la existencia de ese aparatito maravilloso.  Deberán desarrollar nuevas técnicas para manejar estas  situaciones, y si no son capaces de hacerlo deberán dar  paso a quiénes sí puedan.  El propio Jones parece ir en ese camino dadas las declaraciones en que anuncia su retiro (aunque es improbable que lo haga).  No es la primera vez que pasa que los que no se pueden adaptar tienen que abrirse. En muchos aspectos de la vida y también en el mundo del espectáculo. Cuando apareció el cine sonoro Charles Chaplin fue uno de los principales opositores a la nueva tecnología y llegó a firmar un manifiesto oponiéndose a la introducción de sonido en las películas. Muchos de sus filmes contienen alusiones en ese sentido. Por ejemplo en Tiempos Modernos el personaje que se ve obligado a cantar en un bar y no conoce la letra comienza a improvisar sonidos sin sentido después que la chica escondida detrás de una puerta le susurra un “Las palabras no importan”. Si bien la analogía puede parecer un poco traída de los pelos porque la aparición del cine sonoro es algo que le ocurre al espectáculo, mientras que los celulares es un cambio que les ocurre a los espectadores, puede ser un ejemplo de como a veces, incluso a los grandes genios les puede costar adaptarse a las nuevas circunstancias de un mundo siempre cambiante.  Claro que Chaplin, en lugar de limitarse a patalear nos regaló con joyitas como las de la escena que relaté:

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  1. “El ringtone fatal de la tecnología”, nos cuesta asumir que siempre hemos lidiado en espectáculos con situaciones novedosas que nos incomodan. En mi pueblo hubo hasta mediados de los 70s un lindo cine que nos convocaba de viernes a domingo a la fantasía del color. Separado por unas arcadas tipo romanas funcionaba una cantina muy coqueta, separada por unas pesadas cortinas que como un telón se cerraban al comenzar la película y se abrían en el intervalo. En su época dorada la cantina no expendía durante la función, pero luego la presión del cantinero logró que la comisión administradora le permitiera realizar venta de bebidas y de a poco servir copas en el mostrador. Al igual que en los velorios uno se va tomando confianza y el murmullo se torna bullicio incontenible. Luego ni el teléfono se descolgaba y se escuchaba al cantinero responder “no sé Sra. a que hora termina, y no me doy cuenta si está la Margot con el novio” y pintoresquismos verbales de todo tipo y calibre (hasta obscenos, copas mediante). Primero nos molestaba o hacía reír, pero luego nos fue haciendo indolentes y no perdíamos el hilo de la trama. Como ahora cuando viendo por Netflix arranca la lavadora o mi hijo desengancha el plug del auricular, haciendo que el Danubio azul de 2001 sea tapado por Highway Star.
    Una vez en el 73 proyectaron en el cine “Renegado vengador” (“a un año apenas de su estreno ” rezaba en el pizarrón de la boletería), en una de sus partes cruciales, en un primer plano al caballo de Ch. Bronson, en el medio de un tenso silencio, se escuchó la voz aguardentosa del “Perro”, que con un pedo celeste y mirando entre las cortinas dijo: “¿no es
    ése el caballo que le robaron al Pocho Bovio?”…y sí, era igualito.
    Sin hacer ninguna burda apología, imagino que si Telles y Jones hubieran vivido en mi pueblo, habrían tomado las cosas con más “cantina”,

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  2. Ahora si Guayabox entiendo la mención en su tweet, jeje. Mi tema con la cerveza es meramente circunstancial y no una adicción, me gustaría dejar en claro… así como el uso del “smartphone”. Cuando la situación amerita, se lo deja de lado. 😉

    Debo confesar que soy una especie de Talibán o adherente del Estado Islámico en el cine. No voy al teatro la verdad, nadie es perfecto (cuando el teatro sea perfecto, iré)

    Hay una forma y sólo una de mirar una película, y es en silencio y sin distracciones. Es palabra de Dios…

    No voy al cine ya, logísitica familiar (dos niñas pequeñas) y la bandera blanca de la rendición ante el enemigo que me supera en número.

    El deber llama, luego sigo

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  3. Estimado Salmón: ¿ vio usted alguna vez a un hombre o mujer salivar en el omnibus ?
    Yo jamás y eso que he escuchado en algún que otro viaje unas cuantas carraspeadas que anunciaban un escupitajo tremebundo y repugnante.
    La ventaja es que el salivazo se puede tragar y el celular no. Que se entienda.
    Como usted dice, los actores deberán acostumbrarse y buscar nuevas técnicas de concentración y reconcentración frente a las incomodísimas interrupciones de los timbres, teléfonos y despertadores del estupendo aparatito en cuestión.
    ¿ Por qué ? Porque siempre ha habido ” chorros, maquiavelos y estafaos ” y no hay por el momento, manera de discriminar entre esas categorías de usuarios.
    Cuando un tenista va a sacar requiere de mucha concentración y usted habrá visto el silencio que se produce cuando el sujeto hace su rutina al respecto. Algunas veces alguien interrumpe. El tenista se desconcentra y no saca. El juez manda callar. El entrometido no repite el molesto ruido y el partido sigue. Todo porque el jugador ( tenía ganas de repetir ” tenista ” ) vuelve a concentrarse y hasta capaz que nos regala un estupendo ace.
    Eso señores actores, contraten a tenistas retirados como entrenadores y problema solucionado.
    En serio, joden y mucho los celulares y el trabajo del actor necesita de mucha mucha concentración. Y también la de nosotros los espectadores.
    Me banqué una sonada viendo ” Historias abominables ” de Bertold Brech en el teatro ” El Galpón ”
    El tema de la obra la ascensión del nazismo, drama y drama . Eran varios actores en escena y la sala grande. Un silencio incómodo, murmullos de reprobación y los tipos volvieron a sacar.
    Apunto.
    Jones se fue al carajo, debe ser otro mentiroso, de cajón que sufrió un ACV aunque lo matizó así : ” Dos veces me quedé sin letra, dos veces tuve que realizar un esfuerzo impropio para continuar. Este esfuerzo me provocó una hipertensión que luego se concretó en un hematoma facial”,
    China Zorrilla nunca actuó más que de si misma. Por tanto no tuvo que concentrarse en nada. Además esa anécdota debe de ser otra de sus mentiras contagiada al público.
    Lo de los viejitos del caso de Nidia Telles….si hasta dan ganas de llorar hasta el fin del mundo. Solitos, cieguitos, con dificultades para caminar y con una hija viviendo en la esquina de la sala Bataclan.
    Capaz que es todo cierto y soy un tremendo hijo de puta, pero me cuesta tanto creerlo. Solo haré fe en el cuento cuando el viejito haga como Trintignant con Emmanuelle Riva en ” Amour ”
    Ah Salmón, ya sabemos a que colegio fue usted. Resulta que fui al mismo y se quien es ese profesor de coro. Un reverendo pelotudo
    Terminó diciendo que soy como el Perro 666, un talibán del cine. Envenenaría el pop,las pajitas con que chupan ruidosamente la Coca Cola y rompería todos y cada uno de los celulares que se prenden en la sala. Ni me animo a decir que haría con los dueños de los que suenan en el medio de la película.
    Pero opté por no calentarme para evitarme “… una hipertensión que luego se concretó en un hematoma facial”
    Siga usted Masa..este digo, Salmón

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    • Señor Esquina: muy bueno su aporte; por la forma en que escribe usted debe ser otro de los integrantes de esa difícil y a veces molesta generación del 55. ¿Así que fue a mi mismo liceo? Tal vez algunas veces nos hayamos cruzado en los corredores del viejo antro masón, y hasta tal vez hayamos comentado las bondades de la anatomía de alguna profesora de francés….c’est toi?
      Respecto a sus comentarios, sin duda que los celulares cuando suenasn inoportunamente son muy molestos como son molestos los comentarios de los desubicados que se sienten en la necesidad de comentar cada escena de la obra con su compañero de al lado, como si fueran Scelza comentando como el golero acomoda la pelota para sacar, cosa que vemos todos. y los que arrugan papelitos, eructan, sacuden las llaves o se tiran entre las butacas a tratar de encontrar un anillo que se le ha perdido. ¿nunca se sentó al lado de un espectador con hipo o con problemas digestivos, esos que les suenan las tripas? Dicho sea de paso…qué ocurre si a un actor le viene hipo en escena o se le empiezan a bajar los mocos? supongo que alguna vez pasará. También está el caso del espectador que se pone a reir irrefrenablemente (qué palabrita me mandé) porque se acordó de un chiste viejo. Una obra de teatro, una vez en Santiago de Chile , culminaba dramáticamente con el protagonista gritando…¡¡¡ estoy curado, estoy curado !!!, lo cual provocó la risotada general de los trasandinos, porque inmediatamente les vino a la cabeza la palabra borracho. Y por s upuesto rompió todo el clima. Y ahí sí que no había posibilidad de volver a sacar. Y también el docente al que le corta el hilo de su exposición el púber que le tira una tiza al compañero distraido.
      Y respecto a lo que usted dice del tenis, es cierto, y me vienen a la cabeza los gritos cuasieróticos y salvaje de la Sharapaova, (que ahora podemos presumir de donde sacaba la estimulación) que sin duda debían desconcentrar al rival, o como Bobby Fisher jugaba con un peón capturado en su mano distrayendo a Boris Spasky. Pero frente al ejemplo de los tenistas quejosos y concentrados cual Jones y Trelles le voy a citar el del futbolista templado que se enfrenta a los silbidos e insultos de la hinchada rival cuando va a patear el penal decisivo que lo puede dejar en la gloria o en el infierno. Y ni qué hablar del basquetbolista cuyo equipo va abajo por un punto y al terminar el partido cuenta con dos libres (que sin duda requeiren mas concentración que el penal). ¿se imagina a los Shaquille O’Neal, Magic Johnson, Washington Poyet, Manolo Gadea, Pulpo Freire, Oskar Moglia, Jorge Pohosky, Alejandro García Morales, ls hermanos Gasol, Manu Ginobili, Mario Bray, Pata Pisano o Hebert Nuñez saliendo con un hematoma facial producto de la hipertensión derivada de los gritos, insultos, escupitajos y silbatinas de la hinchada rival?

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      • Muy buenos los comentarios. Comparto con El Esquina y Salmón.

        Ahh, sigo con la diatriba respecto al cine, como dije, no asisto al teatro:

        Palomitas de maiz: Porqué muchas personas, me animo a decir la mayoría, tiene que escarbar el recipiente para hacer el mayor ruido posible? Le dan con saña. Comen así frente a sus hijos o familia? Animales… Así no. No voy a mentir y decir que yo no consumo alimentos o bebidas en el cine (cuando he ido), pero, hago todo el esfuerzo de no hacer ruido para no molestar a los demás. Me transformo en un “Ninja” del pop o del envoltorio alimenticio. Soy un Elfo en el bosque de las bebidas. Paso desapercibido.

        Teléfono: Lo apago, así de fácil. Vieja escuela. A mi acompañantes los intimo a apagarlo también. Dejarlo en silencio es trampa al solitario, uno siente la vibración de que llegó el mensaje y los más turros van a sacar la herramienta comunicativa satánica (para estar a tono con el uso de “máquina” de Jones) del bolsillo y el resplandor de la pantalla no sólo les ilumina su feo rostro sino que el resplandor baña los alrededores… y algunas bestias, se ponen a escribir!!
        Me ha tocado ver y oir con total sorpresa a gente atender una llamada en plena función.
        hola? si mirá, ahora estoy en el cine, no te puedo atender… te llamo cuando salgo ok? besos, saludos, gracias… EL HORROR, EL HORROR!! Y el tipo seguro se queda contento porque le dijo que no le podía atender!! nadie le vaya a mirar raro u osar decir algo! El peor maleducado es el que se afirma en el error y se ofende cuando alguien le dice algo. Pasa todo el tiempo en el tráfico, en el cine es igual, uno está dispuesto a pelearse, lastimar o ser lastimado, antes de reconocer un error. Como la vida misma…

        Vivos: son los que cuentan la trama en voz alta, o explican un chiste, o responden a dialogos en la pantalla con salidas “inteligentes”. Seguramente están en grupo y son adolescentes o veinteañeros con ganas de hacerse notar. Hace muchos años mandé callar a 3 en una sala de unos de los Shoppings luego de varios comentarios en vos alta, nadie decía nada. Se callaron con un “vamos a ver cuando termine la película”. Obviamente cuando terminó la película se fueron sin mirar atrás. Yo no asusto a nadie, pero una voz y posición firme muchas veces ponen las cosas en su lugar, el tema es que a nadie le importa decir algo o “meterse en líos”, mejor dejar a los molestos correr a gusto.

        Los que golpean o apoyan pies en el asiento delantero: son la misma raza de los que se apoyan en el asiento delantero para sentarse o levantarse en los buses interdepartamentales, maleducados importantes la mayoría, algunas personas mayores no tienen otra forma de ayudarse a hacer esos movimientos, pero son la minoría. Varias veces le llamé la atención a gente que ponía sus zapatos a cms de mi oreja o nuca, o en el apoyabrazos de mi asiento si era contra el pasillo. No exagero. Algunos golpeando rítmicamente mi respaldo, como si yo tuviera que compartir su ansiedad…

        Mejor lo dejo por acá porque me va a dar un ACV como a Jones (Shóuns me gusta decir, como en inglés)

        Pero, quizás el problema lo tenemos nosotros… han leído “Soy Leyenda” de Richard Matheson? lo recomiendo encarecidamente, habla,en otro escenario de ciencia ficción y fantasía, justamente de estos problemas…

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  4. Pingback: PRIMER AÑO DE EL SALMÓN BIZARRO | El salmón bizarro

  5. Jaime Página

    Si en el lugar de Jones hubiese sido João Gilberto, lo agarra a trompadas al tipo del celular. João no dejaba ni que volara una mosca en la sala, no se podía ni murmurar en sus shows.

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  6. Monica Bujacich

    El teatro y los actores no deben acostumbrarse al celular, hay cientos de normas y protocolos que aceptamos en diferentes circunstancias, por ejemplo, si hago una fila pretender pasar al de adelante esta mal, el final de un libro o película no se cuenta, en un cumpleaños llevamos regalos al festejado…¿Dónde se escribieron estas conducta sociales? pero las aceptamos, quiero decir que no necesito una legislación para ser considerada, el trabajo del actor y el placer de quienes asisten a una obra se respetan haciendo silencio, todo es más simple no es objeto de debate, no hay opción, un celular se apaga en el teatro .

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    • estoy de acuerdo con lo que usted dice de que los celulares en el teatro tienen qu estar apagados. Pero mi blog no apunta a eso. Apunta a que me pareció que la reacción de ambos actores fue desmedida y no tomaron en cuenta que a veces estos aparatos se escapan, como a uno se le puede escapar un acceso de tos, un estornudo, o a veces se pueden sentir en las salas los escapes de los autos o ladridos de perros. En este caso eran personas que simplemente cometieron torpezas, no eran imbéciles irresponsables que usaban su celular para molestar o que estaban pendientes todo el tiempo de ellos. Esta rapidez en prejuzgar es propio, creo yo, por un lado del divismo de algunas personas relacionadas a la cultura, que se creen por encima de todo, y por otra parte, un tema generacional de quienes demonizan al celular en cualquier circunstancia. Muchas gracias por su participación respetuosa.

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