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TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR (SEGUNDA PARTE)

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Seguimos en este post interrogándonos respecto a qué tan cultos éramos “antes” o qué tan buenos eran nuestros valores. En especial en respuesta a esa concepción que tiende a ver todo lo actual como decadente en relación a una supuesta época dorada. Y como probablemente muchos lectores no han leído la primera parte reitero el concepto: no se trata de defender algunas de las cosas lamentables que ocurren hoy social y culturalmente, sino que se trata de desmitificar este pasado en el cual, estas cosas, tal vez con otras, formas también ocurrían.

La sociedad más formal.

320448_20150731151151_1445Sin duda que hace unos 40 o 50 años nuestra sociedad era más formal.  Empezando por la forma de vestir. No hay más que ver cualquier foto antigua para ver la ropa que llevaba la gente: las mujeres con rígidos vestidos que les tapaban todo el cuerpo, los hombres de traje así hicieran 40 grados   También en la forma de hablar, las malas palabras en público eran mal vistas y además los hombres no solían decirlas delante de las mujeres.    Para muchos, esa gente era más educada. Había ciertas costumbres que todo el mundo dice que se han perdido: el saludar al entrar a un lugar, el dejar pasar adelante una mujer, el darle el asiento a una persona mayor o a una mujer embarazada. . No sé qué tan así fue siempre esto; a mí me queda bastante patente el recuerdo de mi niñez de estar en un ómnibus y ver cómo ante la subida de una persona anciana o de una mujer embarazada todo el mundo se ponía a mirar para abajo como si estuvieran buscando el boleto que se les cayó, esperando que fuera otro el que cediera el asiento. La gente se vestiría de forma más cuidada, pero la ropa era absolutamente incómoda (pensemos en cómo iban a la playa) y afortunadamente los trajes han ido perdiendo terreno en el vestir hasta quedar confinados a las ocasiones de más etiqueta. Las personas no decían tantas malas palabras como hoy, pero eran más reprimidos. No las decían en público, pero los hombres se descargaban en reuniones utilizando todo su repertorio haciendo todo el alarde posible, ya que era una muestra de hombría. El que no las dijeran delante de las mujeres aparentaba una postura más respetuosa hacia las damas, pero en el fondo era una forma de excluirlas y una expresión más de su dominación de machos: una mujer que se preciara no podía decir malas palabras, por lo tanto estaba mal decirlas delante de ella. En el fondo el no decir malas palabras delante de las personas del sexo femenino era la contracara de sacarles  el derecho a decirlas.  Así se educaba entonces. Y fuera como fuera, esa mayor formalidad y educación probablemente no fuera más que el envase con el que se mostraba la gente en sociedad, mientras que en el fondo las cosas eran muy diferentes y ese señor que se inclinaba reverente para dejar pasar delante una dama al subir al ómnibus, seguro que al llegar a su casa se tiraba arriba del sofá a leer el diario mientras  su mujer permanecía encerrada cocinando o lavando los platos. Porque en aquella época “dorada” las cosas funcionaban así.

La mugre y el vandalismo

Tenemos una ciudad muy sucia: caca de perro por todos lados, basura a los costados de los contenedores, papeles y restos de comida en el piso, yerba y cáscara de bananas en IMG-20160505-WA0006la playa, restos de botellas, condones usados en los parques.  Esto es innegable. Qué pasó? los uruguayos nos hemos vuelto más sucios? No, simplemente que ahora hay más para ensuciar, pero nunca hemos sido demasiado cuidadosos con el entorno, por lo menos en lo que yo me acuerde.  Los perros siempre cagaron en la calle y su materia siempre quedo allí y la playa siempre estuvo sucia de porquerías. Ocurre que había menos perros en lugares de alta densidad de población, menos gente y los canes se alimentaban con productos naturales, por lo que sus cacas tenían otra consistencia. También pasa algo parecido con la basura. Antes se generaba menos porque muchas comidas que hoy vienen en cajas o bolsas se hacían en forma casera (mayonesa, sopa, hamburguesas, congelados, pizzas, puré),   las botellas eran de vidrio reciclable y no desechables (agua, leche,  refrescos), y los pañales eran de tela y se reusaban. Los huevos no venían en cajitas, los envolvían en diarios y muchos productos que hoy se venden envasados se vendían sueltos (uyyy.. la higiene de aquellas épocas en que con la misma mano con que te cobraban agarraban las galletitas Solar o Chiquilín para pesarlas). Miren lo que ponen todos los días en su bolsa negra o anaranjada y verán que hay una gran cantidad de cosas que antes no existían. Por otra parte la gente antes no depositaba la basura en contenedores. Directamente no los había. Cada casa tenía un tachito de basura que  sacaban a la calle – sin preocuparse demasiado en calcular la hora a la que pasaba el basurero – o sino, simplemente envolvían su paquetito de restos en papel de diario (bolsitas negras de nylon ni existían). Allí quedaba, entonces la basura durante horas a merced de perros, gatos y moscas hasta que la retiraran. Y si en esos días se había juntado mucha basura se caminaba unas cuadras – o incluso se iba en auto – hasta el basural del barrio. En todos los barrios había alguna esquina o algún baldío donde la gente se había acostumbrado a tirar la basura. Tampoco era mal visto tirar papeles a la calle, o los puchos de los cigarrillos. Y respecto a los condones, siempre la gente los dejó tirados en el parque, lo que pasa que se usaban menos. En realidad la venta de éstos se disparó cuando apareció el SIDA (y seguramente antes la gente tuviera menos sexo en los parques, la sociedad era menos liberal en ese sentido).   O sea que, en realidad, nunca tuvimos demasiados hábitos de limpieza, solo que se notaba menos. Y cuando nuestra sociedad fue creciendo y generando más basura, al seguir con aquellos mismos hábitos de nuestros mayores y no adaptarnos a los nuevos tiempos, la situación se ha hecho más intolerable.   Pero los hábitos de poca higiene no son patrimonio de esta generación. Más aún, diría que, influidos por los que pasa en el resto del mundo y como fruto de esa globalización tan demonizada, en los últimos tiempos hemos adoptado –tal vez tímida o minoritariamente – algunas conductas más “higiénicas” que antes eran impensables. Me gustaría saber si algún veterano vio alguna vez en la década de los 70, 60, 50 o 40 a la gente salir con bolsitas de nylon a pasear el perro para recoger sus heces? Hasta lo hubieran mirado raro. Incluso, cada vez más, se puede ver personas que le señalan a otras en forma inquisidora cuando tiran cosas a la calle. Y algo importante,  los niños tienen más conciencia – una de las pocas cosas tal vez en que la educación escolar ha acertado – y a veces son ellos quienes hacen avergonzarse a sus padres cuando no cuidan el medio ambiente. Antes la gente se refería a ese tipo de conductas como una curiosidad que ocurría en los países desarrollados. Era típico el caso del turista que iba a Suiza y volvía enojado ya que tiraba un papel a la calle y había alguien que lo  rezongaba. Les cuento que a fines de los 80 hice un viaje a aquel país y tiré un papel a la calle a propósito, a ver si era cierto o un mito eso que decían de los suizos…y resultó que sí, no había terminado de caer el papel al piso que ya una persona me lo estaba señalando.

contenedor-quemadoÍntimamente unido al tema de la mugre está el del vandalismo. Hoy se incendian contenedores por diversión, antes no había contenedores y  los jóvenes solían ir de noche – a la salida de los bailes, por ejemplo – pateando tachos de basura, desparramando alegremente su contenido. Tecnológicamente hay una gran diferencia y la gracia hoy sale mucho más cara. Pero, en esencia, la conducta destructiva es la misma. Ni qué hablar de las cabinas telefónicas. No había un solo teléfono público sano en toda la ciudad. (ni siquiera se salvaban los que estaban en bares). Y ahí sí que el vandalismo tenía efectos embromados. No existían los celulares, no todo el mundo tenía teléfono y el contar con un aparatito de estos a mano podía salvar una vida. De nuevo, la gente que venía de Europa se maravillaba de cómo en algunos lados no sólo los teléfonos públicos estaban enteritos, sino también de cómo muchos de ellos tenían incluso las guías a la vista de todo el mundo. Tampoco son nuevos los graffitis en las fachadas de las casas. Y ni qué hablar del enchastre que hacían los pegatineros, no respetando nada.  Las elecciones del 71 fueron famosas en ese sentido:  no se respetaba nada, cualquier muro era pasible de ser pegatineado y ningún árbol se salvaba de que le clavaran un cartel. Era tal la depredación que en los 90 se aprobaron disposiciones que prohibían pegar carteles en los árboles y obligaban a los partidos a limpiar– después de la elección – todo el enchastre que habían hecho con sus carteles o pegatinas.

Familia y sexualidad

La familia, se dice, está en decadencia. Ya lo había advertido, como vimos en el post anterior, Benedetti hace 55 años. Y probablemente alguien lo haya señalado antes. Los divorcios van en aumento, cada vez hay más madres solteras, la gente ya no se casa, solo se junta, y prácticas que antes eran consideradas propias de prostitutas, como el sexo oral o anal hoy lo hace cualquier chica de buena familia.

Las cifras respecto a la desintegración de la familia parecen dar la razón a quienes hablan de esto. Según datos del INE entre 1961 y 2014 la cantidad de matrimonios se reduce a la mitad (de 21.560 a 10.226). Entre el censo de 1996 y el de 2011 los divorcios crecieron 56% (la serie larga del INE de divorcios de 1961 a 2004 me parece que debe tener algún error porque  entre 2002 y 2003 se duplican, no puede ser). ¿Esto es un síntoma de pérdida de los valores familiares? No lo creo. Simplemente me parece que es consecuencia de un proceso de transición hacia un nuevo modelo de familia más sano. Hace 50 años y más el modelo era el heredado de nuestra tradición cristiana de la familia para toda la vida, pasara lo que pasara. No importaba si el hombre molía a palos a la mujer, si el tipo tenía todas las infidelidades que quisiera, si no había comunicación en la pareja, ni deseo sexual, ni respeto. Había que aguantar, que la familia es sagrada. Hoy la gente es más exigente, valoriza más la pareja, espera más de ella, no se banca determinadas cosas. La independencia laboral de la mujer y el ejercicio efectivo de ciertos derechos que antes solo estaban en el papel también contribuyó a ello.  Antes buena parte de las mujeres seguían en su matrimonio sólo porque dependían económicamente de sus esposos o por miedo al estigma que traía aparejado el divorcio que inmediatamente la llevaba a la categoría de “mujer fácil”. También cambió la forma en que la sociedad incorpora los derechos de los más jóvenes. Hace algunas décadas una mujer soltera que quedaba embarazada era un escarnio para la familia. Corría el riesgo de ser presionada para abortar o ser expulsada de su casa. Incluso desde aquellas épocas viene el que la legislación tome  como atenuante – en el aborto contra la voluntad de de la mujer, o incluso en el asesinato de un bebé – el que esos actos hayan sido perpetrados en defensa del honor. (ya lo hemos visto en un post anterior  https://salmonbizarro.wordpress.com/2016/04/24/que-penal/). Hoy ya no se ve así, e incluso muchas mujeres que no han podido formar pareja toman la opción de ser madres solteras. Los derechos sexuales de hombres y mujeres prácticamente se han igualado, hay un disfrute más libre de la sexualidad, sin tabúes y prejuicios que alcanza  a las opciones “no tradicionales”, como las mencionadas al comenzar esta parte de la nota. Tener relaciones sexuales antes de casarse no estaba  bien visto (no es que no se hiciera, pero se hacía en forma clandestina, había que ocultarlo). En una buena relación de pareja el hombre “respetaba” a su novia cuando no tenía intercambio íntimo con ella  y satisfacía su deseo sexual con prostitutas o mujeres de vida liviana (las que vivían su sexualidad como algo normal y eran llamadas “fáciles” o incluso “putas”). En muchas familias había alguna oveja descarriada, el o la que se había juntado a vivir con su pareja sin pasar por el registro civil, cosa que hoy es de todos los días, una sana costumbre que tiende a basar la unión entre un hombre y una mujer verdaderamente en los afectos y no en las ataduras legales.  En ese sentido los valores de (buena parte de) nuestra sociedad son mucho mejores.

¿Saben ustedes, por ejemplo de algún padre de hace 50 o 60 años que le cambiara los pañales a su hijo? Por supuesto que eso era muy raro, ya que se consideraba una típica tarea femenina como lavar los platos, cocinar, planchar o fregar los pisos. No voy a decir que hoy esas tareas se repartan en forma equitativa entre el hombre y la mujer, pero sin duda que se hace con mucha más frecuencia que entonces.

Podemos encontrar un reflejo del lugar que tenía la mujer en la sociedad a través de la misoginia edípica presente en la música escuchada por la generación de mis mayores: el tango. La mujer la más de las veces es la mala que le arruina la vida al pobre hombre, y por cierto, siempre se encuentra presente el contraste entre la viejecita buena a la que se venera solo por el hecho de ser madre y la enamorada arpía. Se le ha endilgado al rock de las últimas décadas el hacer la apología de la droga, pero miren por ejemplo lo que consumían los tangueros de principios del siglo XX:

Noche De Reyes (Carlos Gardel)

La quise como nadie tal vez haya querido/y la adoraba tanto que hasta celos sentí./Por ella me hice bueno, honrado y buen marido/y en hombre de trabajo, mi vida convertí.
Al cabo de algún tiempo de unir nuestro destino/nacía un varoncito, orgullo de mi hogar;/y era mi dicha tanta al ver claro mi camino,/ser padre de familia, honrado y trabajar./Pero una noche de Reyes,/cuando a mi hogar regresaba,/comprobé que me engañaba/con el amigo más fiel./Y ofendido en mi amor propio/quise vengar el ultraje,
lleno de ira y coraje/sin compasión los maté!/Que cuadro compañeros, no quiero recordarlo!/Me llena de vergüenza, de odio y de rencor./De que vale ser bueno! Si aparte de vengarme/clavaron en mi pecho la flecha del dolor./Por eso compañero, como hoy es día de Reyes,/los zapatitos el nene afuera los dejo./Espera un regalito y no sabe que a la madre/por falsa y por canalla, su padre la mató!

 

Sin duda en aquella época esta apología de la violencia familiar interpretada nada menos que por uno de los principales íconos culturales del Río de la Plata pasaba desapercibida porque la sociedad no había tomado conciencia de ella. Lo veía como algo natural. Hoy por hoy, si bien este tipo de violencia sigue estando presente algo ha cambiado en la condena social.

Las diversiones

El Carnaval es un buen ejemplo para ver cómo nuestros mayores se divertían “sanamente” y con gran cultura. Se suele criticar mucho al Carnaval de hoy por su politización y unilateralismo, las famosas murgas compañeras que se dedican principalmente al proselitismo.  Comparto esas críticas, sobre todo porque al tornarse en algo tan político partidario y pretencioso se ha perdido la gracia: las murgas no hacen reír. Ahora bien, la murga política no es de hoy. Hace unos 45 años ya La Soberana había sacado aquel cuplé de la computadora, apologético del MLN. Pero más allá de eso ¿cómo era el humor de las murgas?. Se basaba en tres o cuatro prácticas humorísticas que se repetían año tras años: reirse de los políticos, hacer chistes de fútbol, pero además burlarse de los maricones y de la gente del interior (el clásico cuplé del canario que venía a la ciudad y se comportaba como un retardado). En aquella sociedad reprimida en que no se podían decir malas palabras en público la gente festejaba la rima elusiva de contenido sexual o escatológico: “se fue con mucho disimulo/ a limpiarse el…..” y cosas por el estilo, donde la sugerencia muchas veces era mucho “peor” que lo que hoy 6tfltwse explicita.  Y también estaban los famosos dúos o tríos cómicos (Capablanca, Santomar) que se subían al tablado a hacer chistes de grueso calibre y dudoso buen gusto. No me voy a poner en moralista respecto a este   humor que yo también alguna vez disfruté. Pero me molesta la hipocresía de que si este tipo de humor lo hace Tinelli es una ordinariez, pero en nuestro carnaval es cultura popular “Carnavales eran los de antes” oía una y mil veces repetir a mis mayores en mi infancia, mientras contaban orgullosos las hazañas de aquellos días felices e inocentes: en las guerras de agua muchos rellenaban las famosas bombitas con pichí….Aquella generación se divertía sanamente, sin duda.  También estaban los tablados de barrio, donde la mayor parte de las veces las murgas le faltaban el respeto al público haciéndolas esperar media hora, cuarenta y cinco minutos, una hora, y a veces no venían o si venían cantaban una mínima parte del repertorio. Y donde a veces los pobres vecinos que al otro día se tenían que levantar temprano a trabajar se tenían que fumar el sonido a todo volumen hasta las dos o las  tres de la mañana. Después me vienen a hablar de las normas de convivencia de aquella sociedad.

4Otra cosa que se suele identificar como de decadencia es la tendencia a la chabacanería de hoy. Y por supuesto, siempre le echamos la culpa de ello a los porteños. Antes nosotros éramos más cultos, íbamos al teatro, ahora vemos a Tinelli. Dejando de lado  que hoy hay una gran cantidad de teatros, mucho mayor que hace 30 o 40 años el “gusto por la chabacanería” no es patrimonio de esta generación. Ya lo hemos visto en el Carnaval, pero también se manifestaba en las masivas legiones de uruguayos que en los 40,50 o 60 cruzaban el charco sólo para ver la revista porteña y disfrutar de chistes un poco más audaces o de la visión de un par de voluminosas tetas o de un generoso culo de las agraciadas vedettes. ¿o no? Y que yo sepa el humor “verde” y simplote siempre existió en la sociedad uruguaya, dentro de los límites, claro está, que le marcaba la pacatería de la época.

En la próxima semana, tercera y última entrega de este post.

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  1. Recorto y pego:
    —¿Cómo recuerda usted aquel Montevideo de su infancia y adolescencia?

    —Fue una gran suerte para mí todo eso: había mucha cultura, muchos conciertos, mucho interés en el arte. Esa es la memoria que yo tengo: un gran ambiente musical. Era una época de mucho crecimiento de la cultura, un renacimiento, un gran auge. Tuve la gran suerte de nacer en Uruguay en esa época de oro, de cultura, y de paz. Me considero muy afortunado por todo eso.
    JOSÉ SEREBRIER

    “Nací en el Uruguay de la época de oro”
    Es amigo de famosos, como Dustin Hoffman, y compartió camarín con Britney Spears. Es uruguayo, nació en 1938, tiene ocho premios Grammy en su haber. El próximo jueves 2 de junio será declarado Ciudadano Ilustre de Montevideo, en una ceremonia que tendrá lugar a las 11:30 en la Sala Delmira Agustini del Teatro Solís.
    elpais.com.uy
    Como detalle al margen,parece ser que Serebrier si es amigo de Dustin y no un amigo imaginario como fue de la China Zorrilla

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  2. No sé, Salmón…parecés un gran defensor de la actualidad social y cultural uruguaya en detrimento de ese “pasado de oro” en el cual nos llamaron “la Suiza de América”. Por qué habrá sido? En principio, creo que estás profundamente equivocado y que tanto los ciudadanos como la ciudad eran mejores décadas atrás.
    Más adelante releeré tu artículo y te contestaré más detalladamente.
    Saludos,
    Rosario

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    • Gracias por su comentario, pero creo que no ha entendido el espíritu de mis posts. No pretendo justificar el presente actual, que en algunas cosas es absolutamente injustificable. Tampoco hacer comparaciones – aunque en algunos casos se me escapan si las considero pertinentes – . Simplemente lo que busco es desmitificar ese pasado tan idealizado que no fue maravilloso como nos lo pintan. No sé quién inventó eso de la Suiza de América. Pero es muy común que los europeos tengan una visión distorsionada – y a veces generosa – de lo que ocurre en estos países, tal vez por comparación con los vecinos o con situaciones que ocurren en sus países. Pensemos por ejemplo en la gran popularidad que tiene Mujica hoy en muchos países y que se explica por las propias carencias de ellos. Para un español el que exista un presidente que vive como Mujica – sin entrar en valoraciones – es incomprensible en su país dominado por la más absoluta corrupción. Nos llamaban Suiza de América por nuestra democracia, pero en toda nuestra historia nunca tuvimos más de 30 años de continuidad de vigencia institucional. Curiosamente el período más estable es el actual. Casi 30 años desde la finalización de la guerra de 1904 al golpe de Terra de 1974. Otros 30 años desde la salida de Baldomir hasta el golpe del 73 (Y le hago precio con el período autoritario del 68 en adelante). Y desde la salida de la dictadura ya llevamos 31, todo un récord. No justifiquemos el pasado comparándolo con nuestro presente.
      Leo una crónica del diario El País en el cual se dice que cuando se estrenó el viejo aeropuerto de Carrasco era “el más lujoso de Sud América”. Tengo mis dudas. ¿de dónde salió esa afirmación? ¿quién la dijo? Así se crean los mitos que todos repetimos sin verificar.
      Gracias por el comentario

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  3. Estoy contigo Salmon. Siempre nos quejamos y lo seguiremos haciendo. Y cuando seamos más veternos (tengo 41 recién) segurmaente miraré para atrás con algo de nostalgia por aquel tiempo en el que yo viví mi “juventud” e intentaré dar enseñanzas sobre las diferencias. Esta en nuestro ADN. Más allá de que la realidad sea una u otra.

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