Canal RSS

TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR (TERCERA PARTE)

Publicado en

Última entrega de este post.

Una afirmación muy difundida y generalmente aceptada nos habla de la decadencia de nuestros valores y cultura en comparación con una anterior época dorada. En este y los dos posts anteriores analizamos qué tan ajustada a la realidad es la idealización de aquella época.  Y como probablemente muchos lectores no han leído la primera y segunda parte reitero el concepto: no se trata de defender algunas de las cosas lamentables que ocurren hoy social y culturalmente, sino que se trata de desmitificar este pasado en el cual, estas cosas, tal vez con otras formas también ocurrían.

La política y los valores cívicos

Otro aspecto que se critica mucho en nuestra época es el tema de la pérdida de valores cívicos, asociados con la llegada y permanencia de la izquierda al gobierno. Pese a que cada vez que hay una elección nacional los medios se llenan la boca hablando de la “ejemplar jornada cívica” y de la vocación democrática del pueblo uruguayo es muy común que también se hable de la degradación de los valores democráticos cuando, por ejemplo se ve a un presidente de la república hablar de que los político está por encima de los jurídico, o cuando muchas veces aparecen en los gobernantes reflejos autoritarios que no son repudiados por sus votantes, o que se defienden gobiernos dictatoriales o corruptos porque son amigos ideológicos.  También se habla de las políticas asistenciales y clientelísticas, de la demagogia, de la corrupción, de los acomodos, del poco apego al trabajo de los empleados públicos, de los abusos de su inamovilidad y de cómo una buena parte de los habitantes de esta nación tienen como máxima aspiración la de convertirse en funcionarios.

Todas esas cosas son ciertas en buena medida, pero no son peores que como eran hace 40, 50 o 60 años y más. En esas épocas nuestra sociedad era muy poco democrática y pocos actores políticos se salvaban de esta característica. Los partidos de izquierda despreciaban las libertades burguesas y no reparaban demasiado en los medios para hacerse del poder. Buena parte de la izquierda apoyó el “golpe previo al golpe” de febrero del 73, engañados por su supuesto contenido progresista y en el entendido de que la verdadera opción era entre “pueblo y oligarquía” sin reparar en la inminencia del avasallamiento de las libertades, que evidentemente no les importaba demasiado, siempre y cuando no fueran ellos el objeto de dicho avasallamiento como luego realmente ocurrió. Dictaduras como las de Cuba siempre ejercieron especial fascinación en esa parte del espectro ideológico. Pero en los partidos tradicionales la vocación cívica no era mucho mejor. El General Seregni contaba como cuando se produjo el triunfo del gobierno blanco en 1958 algunos militares y políticos colorados le sugirieron a Luis Batlle no entregar al poder, al punto que en el desfile de asunción de las nuevas autoridades la tropa se paseó con las armas cargadas. Una parte importante de los dirigentes y votantes del Partido Colorado, así como una porción del Partido Nacional apoyaron el golpe de estado militar del 73. Y prácticamente casi todo el Partido Colorado y muchos dirigentes del Partido Nacional (que conjuntamente eran más de la mitad del electorado) oficiaron de soporte a la escalada autoritaria de fines de los 60 – haciéndole el juego a la guerrilla – que precedió al golpe de junio del 73, mirando para el costado ante los síntomas de descomposición democrática. La mayor parte de la ciudadanía ofició de espectador indiferente al golpe – diría más una cantidad mayor a la que pensamos probablemente lo quería en su fuero más íntimo – y solo salieron a hacerle frente aquellos que anticipaban – con toda razón – que serían sus principales víctimas, y no necesariamente porque lucharan por la libertad y la democracia sino que a veces también lo hacían por ideales que excluían estos conceptos. Luis Alberto de Herrera, uno de los principales referentes del Partido Nacional en el siglo XX fue soporte de la dictadura de Gabriel Terra y fue solidario con gobiernos totalitarios de Francisco Franco o Alfredo Stroessner, y hay quien dice que tenía simpatías por algunos otros regímenes más autoritarios aún.     Y son muchos los personajes del siglo XX que tienen el currículum manchado por algún reflejo totalitario, por mirar a los costados en materia de violaciones de los derechos humanos o por ser tolerantes, a nivel internacional, con regímenes dictatoriales de acuerdo a su alineación con algunos de los dos actores principales de la guerra fría: Estados Unidos o la Unión Soviética . En todos los partidos.

Un dato que no es nada menor. Durante mucho tiempo la democracia uruguaya fue – por lo menos es lo que decíamos los uruguayos – muy elogiada a nivel internacional, a tal punto que se acuñó aquel calificativo de “la Suiza de América”. Vaya a saber quién fue el autor de tamaña frase, probablemente algún periodista europeo desconocedor a fondo de la realidad uruguaya, pero tal vez impresionado por las diferencias entre Uruguay y el resto de lo que entonces era Latinoamérica. (de la misma forma que muchos con la misma visión eurocéntrica se dejaron impresionar por Mujica). Lo cierto es que la paternidad dudosa de ese apelativo se desconoce, (no  descarten que la haya inventado algún uruguayo) e incluso es posible encontrar algún autor que llama de la misma forma a Chile. (ver referencias 1 y 2 a pie de página). Y si miramos fríamente los datos de nuestra Suiza de América nunca hubo en su historia un período de más de 30 años de vigencia continua y plena de las garantías constitucionales. El período actual es el más largo de toda su vida: 31 años por ahora.

El golpe de estado del 73 no vino porque sí. No era solo el tema de la guerra fría, sino que además la democracia estaba muy desprestigiada. En principio porque los políticos – y subsidiariamente la ciudadanía – parecía valorarla cada vez menos. “Aquí se necesita una mano dura” o “Necesitamos un Franco” eran frases que se oían comúnmente en aquellas épocas. No es casualidad que en 1966 se eligiera presidente un militar y en las elecciones de 1971 todos los partidos tuvieran algún candidato militar a Presidente.   Uno de los caballitos de batalla de tupamaros y militares en su escalada por la lucha del poder fue el tema de la corrupción. Los primeros golpes de los tupamaros fueron muy populares porque dejaron en evidencia muchos ilícitos: tal el caso del robo a la Financiera Monty con posterior divulgación de los libros contables de dicha institución donde se evidenciaban prácticas fraudulentas o del robo de las libras de oro propiedad de la familia Mailhos que estaban en una situación ilegal. Algo similar ocurrió con los militares que comenzaron con la bandera de la lucha contra la corrupción de los políticos. En ese sentido un caso paradigmático fue el que culminó, en 1972,  con el procesamiento de diez ediles  de la Junta Departamental de Montevideo, de todos los partidos por delitos de todo tipo, y donde casi nadie se salvaba.

La corrupción era práctica corriente por aquellas épocas a todo nivel. Y el clientelismo era, sin duda mucho mayor que hoy. Por ejemplo bastaba con arrimarse a un club de algún caudillo político, prometer el voto y colaborar en la campaña para obtener un empleo público. Eran innumerables los jugadores de fútbol retirados que eran empleados en el estado como agradecimiento a sus servicios, sin mediar ninguna prueba de admisión.  Hoy a los empleos públicos – y desde hace ya bastante tiempo, diría desde el mismo retorno a la democracia – se accede  principalmente por concurso, y si bien es cierto que  siguen existiendo “acomodos” no tienen ni por lejos la magnitud de aquellas épocas. Son, generalmente, casos puntuales. Otros elementos que utilizaban los políticos para captar fidelidades era el apurar una jubilación (en aquella época demoraba mucho tiempo el obtenerla) o el conseguir teléfono. Sí, aunque parezca mentira conseguir una línea  telefónica era muy difícil. La gente podía estar esperando diez años desde que lo solicitaban hasta que se lo instalaban. La explicación era que no había “borne”, un elemento tan popular como misterioso (todo el mundo hablaba del “borne”, pero nadie sabía lo que era). Si uno lograba arrimarse a un político el dichoso borne aparecía misteriosamente.  Hay otras corrupciones menores que han prácticamente desaparecido. ¿se acuerdan el nerviosismo que le venía a la gente cuando llegaba de otro país por el miedo de que le sacaran alguna cosa comprada en el exterior? ¿y cuando aparecieron los videograbadores, que tenían una tarifa de 100 dólares para el aduanero si lo traías de otro lado?

La juventud

imágenes-de-poeta-mario-benedetti“La juventud está perdida”. “La juventud no sabe lo que quiere”. Cuántas veces hemos oído esto. Pues bien, los más veteranos lo venimos oyendo desde hace mucho tiempo. Cuando yo ni siquiera era joven aún oía permanentemente la cantinela de mis mayores. Se decía que no querían trabajar, que no se bañaban, se les criticaba la forma de vestirse, el que llevaran el pelo largo, se decía que eran mal educados e insolentes, que cuestionaban todo lo que hacían sus mayores, que se drogaban, que nada les venía bien, que las chiquilinas cada vez eran más putas, que escuchaban una música espantosa que era puro ruido, etc. Hoy la historia es más o menos la misma aunque hayan agregado comunicarse-con-adolescentes-2-638algunas cosas para criticar: las modas de tatuarse y usar piercing, el no creer en nada, el no interesarse por nada, el no leer, el no tener ideales, el no sentir apego por su trabajo, el pasarse demasiado tiempo mirando el celular o interactuando en las redes sociales.     Hay una frase que se le atribuye a Sócrates criticando cosas parecidas de los jóvenes de su tiempo. Si bien es bastante probable que la frase no pertenezca a Sócrates lo que es cierto es que en todas las épocas los viejos han criticado a los jóvenes. Es lo lógico, ya que la característica normal de la juventud es el experimentar cosas nuevas, buscar el cambio, y desafiar el mundo de sus adultos. Con esta obviedad que estoy diciendo no estoy descubriendo nada. Pero si no fuera así sí que estaríamos en el horno.

Uno de los aspectos con los que se suele fustigar a los jóvenes de hoy es por su alto consumo de drogas. Es cierto que hoy se consume mucha droga. Pero esto tampoco es un fenómeno de hoy. La misma crítica estaba ya instalada en los 60 y antes aún: existen innumerables letras de tango que hacen referencia al consumo de cocaína en la primera parte del siglo XX. Todas las sociedades han utilizado los alucinógenos, esto no es un fenómeno nuevo, incluyendo dentro de esto el alcohol, de efectos tan devastadores como mucha droga dura, pero con mayor aceptación a nivel de la sociedad y sobre todo de aquellos nostálgicos de los tiempos de antes. Y si algunas letras de la música que escuchan los jóvenes actuales hace apología del uso de drogas los ejemplos referidos al nivel del tango son mucho más claros y elocuentes, mezclados y potenciados con el machismo de aquella época.

¡Che mozo! Sirva un trago más de caña,
yo tomo sin motivo y sin razón;
no lo hago por amor que es vieja maña,
tampoco pa’engañar al corazón.
No tengo un mal recuerdo que me aturda,
no tengo que olvidar una traición,
yo tomo porque sí… ¡de puro curda!
Pa’mi es siempre buena la ocasión.

Y hoy al verla envilecida y a otros brazos entregada,
fue para mí una puñalada y de celos me cegué,
y le juro, todavía no consigo convencerme
como pude contenerme y ahí nomás no la maté.
Tomo y obligo, mándese un trago;
de las mujeres mejor no hay que hablar,
todas, amigo, dan muy mal pago
y hoy mi experiencia lo puede afirmar.
Siga un consejo, no se enamore
y si una vuelta le toca hocicar,
fuerza, canejo, sufra y no llore
que un hombre macho no debe llorar.

Fumando espero….se discute si lo que fumaba era un porro o un cigarrillo de cocaína….de tabaco seguro no.

Homofobia

¿Es nuestra sociedad más homófoba que hace 50, 60 o 70 años?. Seguramente hoy los homosexuales no la tengan fácil, porque nuestra sociedad mantiene cierta discriminación hacia ellos, pero sin duda que la situación es bastante mejor. Poco a poco han ido obteniendo mayor tolerancia a nivel social. Cada vez la gente tiende a verlos como personas comunes y corrientes que simplemente tienen una inclinación sexual diferente al de la mayoría; ya no se piensa tanto en términos de que su condición es una enfermedad o perversión.  Muchos de ellos aparecen en público asumiendo su condición y de hecho uno de sus grandes avances ha sido el reconocimiento de derechos como el matrimonio igualitario. Sin duda que todos sabemos que en mucha de estas cosas hay mucha hipocresía y que mucha gente en realidad reprime su homofobia  por miedo a ser castigado por transgredir lo políticamente correcto. Pero algo es algo y – aunque el objetivo del post, repito, no es comparar – la situación es infinitamente mejor que la de “antes”. A menos que pensemos- claro está – que esta nueva situación en que se encuentran hoy es una de las expresiones más de la pérdida de valores de nuestra sociedad.  “Antes” los homosexuales se tenían que ocultar dentro del placard. Hoy tienen cada vez más la posibilidad de mostrarse abiertamente. Obviamente, de muchos famosos que eran homosexuales se sabía igual y su condición solo se toleraba en gente que era muy notable en su especialidad.  Se decía: “es marica, pero es un gran escritor” o “es un muy inteligente, lástima que sea puto”. Pero si el homosexual era mala persona su homosexualidad era un ingrediente adicional que completaba su cuadro de tipo jodido.  Si se quería denigrar a una figura pública acusarlo de invertido era una forma y frecuentemente esta información era utilizada como arma política. El cuento “El Guardaespaldas” de Nelson Marra – ganador de un concurso efectuado por el Semanario Marcha y cuya publicación le costara el cierre del semanario a comienzos de la dictadura y la prisión del escritor-  relataba la historia de un policía torturador que era guardaespaldas de un político. http://el-pareja.blogspot.com.uy/2012/06/92-el-guardaespaldas-de-nelson-marra.html. El político era homosexual y se hacía penetrar por el guardaespaldas. Tanto el político como el policía son figuras absolutamente despreciables en el relato y el vínculo homosexual que mantienen es un elemento innecesario que se agrega para darle un contenido más denigratorio aún. Pero por otra parte la historia es una clara – y hasta obvia – alusión a dos personajes públicos; uno de ellos alude a un inspector de policía que había sido asesinado por los tupamaros (de hecho el argumento del cuento son los recuerdos del guardaespaldas agonizante después de haber sido acribillado), el otro, era un famoso político que había sido presidente de UTE durante el gobierno previo a la dictadura y de quién se decía que era homosexual. En el imaginario colectivo  de buena parte de aquella sociedad la supuesta homosexualidad de esta persona era un componente más de su perfil perverso y corrupto.

En este video de protesta de 1970   alrededor del minuto 1:05 un solista con voz afeminada hace alusión al mismo personaje.

Es que  el prejuicio se extendía,  sin distingos políticos de derecha a izquierda.

El gurú del progresismo uruguayo, Mario Benedetti escribió en “El País de la Cola de Paja” algunas páginas memorables al  respecto:

Pero se hunde (la prensa) en pudoroso silencio cuando los jóvenes son de familias bien, en cuyo caso ya no es demasiado importante que se dediquen al tráfico de estupefacientes o al contrabando  o asistan a bodas de homosexuales, o bromeen públicamente con armas de fuego, o, en su aristocrática versión de la patota, unan las detracciones de sus respectivos corajes para violar a alguna menor, elegida al azar entre la chusma.  (pág 60-61)

Observen que en este párrafo para Benedetti asistir a una boda de homosexuales es una actividad tan repudiable como ser narcotraficante, contrabandista o violador.  Más adelante escribe:

la  flexibilidad que había caracterizado las andanzas de la juventud, se bifurcó sin problemas y produjo influyentes legiones de maricas y cretinos..(pág 106)

En su novela La Tregua, escrita en 1959 el personaje principal, Santomé, se debe enfrentar al descubrimiento de la homosexualidad de su hijo. En varios pasajes de la novela deja sentir su veta homofóbica. Así leemos como Santomé  relata un diálogo con un compañero de oficina marica, en que no oculta su desprecio y su deseo de maltratarlo:

“Y los hombres ¿te gustan?”. Sacudió otra vez la cadenita y la medalla. Dijo: “pero eso es inmoral, señor”., me hizo un guiño que estaba a mitad de camino entre lo travieso y lo asqueroso. Lo saqué vendiendo boletines y le mandé un trabajo de esos bien pudridores. Tiene por lo menos para diez días de no levantar la cabeza. Eso es lo que me faltaba: un marica en la sección”.  http://www.portalalba.org/biblioteca/BENEDETTI%20MARIO.%20La%20Tregua.pdf (Pág 48)

También es interesante ver las disquisiciones que efectúa el protagonista sobre la homosexualidad de su hijo, buscando las causas de la misma – utilizando   razonamientos freudianos propios de un aprendiz de sicólogo – en presuntas fallas en su educación, o en sus amistades y dejando traslucir que pocas cosas peores le podrían pasar a un padre que tener un hijo gay.

 ¿Hasta dónde empezaba mi culpa y hasta dónde llegaba la de él?. Es cierto que yo no los entendí como debía, que no pude suplir totalmente a la madre. Ah, yo no tengo vocación de madre. Ni siquiera estoy demasiado seguro de mi vocación de padre. ¿Pero esto que tiene que ver con que él haya terminado así?  Quizás yo hubiera podido cortar esas amistades en su comienzo. Quizás, si lo hubiera hecho, él habría seguido viéndose con ellos sin que yo lo supiera. (pág 106)

Ya que el hombre de la familia le había fallado se dedicó a negar el hombre que había en sí mismo. … Mi hijo es un marica. Un marica. Uno como el repugnante de Santini, que tiene la hermana que se desnuda. Hubiera preferido que me saliera ladrón, morfinómano, imbécil. Quisiera sentir lástima hacia él pero no puedo. Sé que hay explicaciones racionales y hasta razonables. Sé que muchas de esas explicaciones me castigarían a mí con parte de la culpa (pág 114)

También como al pasar expresa en este otro pasaje su desprecio a los homosexuales:

Me gusta el Tupí a esta hora, bien temprano, cuando todavía no lo han invadido los maricas. (pág 110)

Se podría decir, en defensa de Benedetti, que todas estas reflexiones no son de él, sino que son de su personaje y que tal vez lo que quiso hacer fue retratar – en forma crítica – la forma de pensar de la clase media de su época. Al respecto dos comentarios: en primer lugar da toda la impresión que Benedetti habla él mismo a través de Santomé. Las cosas que escribirá un año después en El País de la Cola de Paja – como vimos – son bastante concordantes con los pensamientos de Santomé como para pensar que fueron escritos críticamente. En segundo lugar – y más importante – el objetivo de esto que estoy escribiendo no es analizar la homofobia de Benedetti, sino la vigente en la sociedad de entonces que nos han pintado tan maravillosamente. Sea que Benedetti intente describir lo sentimientos de la sociedad de aquel momento o los suyos propios (que en su momento no generaron demasiado escándalo entre sus innumerables seguidores) la sociedad no sale bien parada.

Por aquella época el cantautor  Héctor Numa Moraes – en su etapa de barricada – tenía una canción muy popular que en uno de sus versos decía: “al puntaesteño marica, fuera, fuera”. Ser homosexual parecía una consecuencia de ser burgués.  Los pensadores más supuestamente progresistas estaban demasiado influidos por su culto a la revolución cubana y soviética, que se caracterizaron  por su persecución a los homosexuales, tomados como un elemento propio de la decadencia del capitalismo (¿se acuerdan de Fresa y Chocolate?). Y por supuesto si la izquierda era homofóbica la derecha conservadora no le iba en zaga. También entre ellos la homosexualidad era vista como una expresión de la decadencia de los valores de la sociedad.

Esa era la visión que en la época se tenía de los homosexuales., visión que –no niego – sigue teniendo hoy en día sus grandes coletazos. No voy a negar que la homofobia vive y lucha. De última todos hemos sido educados homofóbicamente en aquella maravilla de sociedad que teníamos “antes”. Pero por lo menos hoy hay grandes brechas abiertas, impensables 50 años atrás.

Seguramente si La tregua o El País de la Cola de Paja fueran escritos hoy el enfoque al respecto sería diferente. De lo contrario seguramente generarían bastante repudio en muchos sectores de nuestra sociedad que están empezando a entender que ser homosexual no tiene nada de malo.

 

Referencias:

1. https://books.google.com.br/books?id=C0Nol4DipbMC&pg=PA296&lpg=PA296&dq=chile+la+suiza+de+am%C3%A9rica+drucker&source=bl&ots=TfyNMsxNd7&sig=EGvwlbWU1mUr0zC19l9WyIEhYDw&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwigs_qZi-zMAhUBjJAKHVepCgQQ6AEINTAE#v=onepage&q=chile%20la%20suiza%20de%20am%C3%A9rica%20drucker&f=false 

2.  https://books.google.com.br/books?id=n9d3jej9nBsC&pg=PA11&dq=luis+maira+chile+la+suiza+de+am%C3%A8rica&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjYyuz8jOzMAhWIDJAKHaLPCogQ6AEIHTAA#v=onepage&q=luis%20maira%20chile%20la%20suiza%20de%20am%C3%A8rica&f=false

Anuncios

»

  1. Sí, Salmón, no todo tiempo pasado fue mejor en toooodoooossss los aspectos de la vida. Ha habido progresos en algunas áreas, sin duda.
    Lo que decís sobre Mario Benedetti me suena a disparate. Es evidente que no es el autor el que expone sus opiniones a partir de un personaje, en este caso Santomé, en La tregua. El escritor simple -y magistralmente, como lo hace también en los cuentos de Montevideanos- retrata a la clase media montevideana de los 50 y los 60: qué piensan, cómo se comportan, como se inter-relacionan, cómo viven.
    Lo de los bornes es cierto y me hizo reir mucho. Era dificilísimo conseguir teléfono. Yo lo logré recién a través de “muñeca” luego de 6 años de estar casada y con niñas pequeñas. Y hay qué ver la sorpresa del funcionario que me atendió! Cómo había hecho para conseguirlo en tan poco tiempo?
    Por otro lado insisto: en materia de vestimenta, se ha degradado todo. Es tan lindo vestirse bien para ir al teatro, a la òpera, a cualquier evento! Yo he visto, horrorizada a jóvenes con vaqueros agujereados y ojotas en el Solís. Mi hija menor asistía a la facu de Arquitectura con un jean rajado allá, donde la espalda pierde el nombre.
    Y en una Fiesta de la X -evento al que asistí con una amiga veterana como yo, para ver qué era aquello-le comento, guiándome por la vestimenta: -“Cuántos chicos pobres! Cómo hacen para pagar una entrada tan cara?” “No son pobres” me contesta mi amiga, “es la onda andar así con mochilas mugrientas, crocs, medias agujereadas y jeans viejos.”
    Y no me vengas con lo de la comodidad!
    Rosario.

    Me gusta

    Responder
    • Bueno, creo que todo es cuestión de opiniones, por suerte podemos discrepar civilizadamente.

      Algunas aclaraciones:

      respecto a Benedetti te voy a repetir lo que dije en mi mail.
      Tú sostenés que Benedetti pone en Santomé palabras que no son del autor. Puede ser. Si así fuera eso reafirma lo que yo digo en el sentido de que la mayoría de la gente de aquella época era homófoba. En la línea de las descripciones de Benedetti de la persona de clase media – que para ti son magistrales, pero para mí son caricaturas – se deduce que la clase media era así. Pero por otra parte el tono general de lo que dice Santomé responde un poco a lo que sentía Benedetti también en aquella época. ¿En qué me baso? En los comentarios que hace en El País de la Cola de Paja (ahí si hablando por sí mismo ya que es un ensayo) donde habla con todo desprecio de los homosexuales e incluso equipara el homosexualismo con delitos: “Pero se hunde (la prensa) en pudoroso silencio cuando los jóvenes son de familias bien, en cuyo caso ya no es demasiado importante que se dediquen al tráfico de estupefacientes o al contrabando o asistan a bodas de homosexuales, o bromeen públicamente con armas de fuego, o, en su aristocrática versión de la patota, unan las detracciones de sus respectivos corajes para violar a alguna menor, elegida al azar entre la chusma. (pág 60-61)” y “la flexibilidad que había caracterizado las andanzas de la juventud, se bifurcó sin problemas y produjo influyentes legiones de maricas y cretinos..(pág 106)” ¿Seguís pensando que es el personaje el que habla y no él mismo?

      Me gusta

      Responder
      • No, ahí el autor expresa sus opiniones, porque es un ensayo y no ficción. Tenés razón. Quizá sea que MB -al ser izquierdista y admirador de la revolución cubana- adopte esa tendencia de desprecio hacia a homosexualidad, que la caracterizó.
        De todas maneras, los cuentos de Montevideanos me siguen gustando mucho y me siento identificada cuando los leo o los analizo. Los siento “nuestros”; creo que el escritor captó la esencia del montevideano.
        Del mismo modo, creo que Maitena captó magistralmente la esencia de la mujer rioplatense.
        Me gusta intercambiar opiniones, pero jamás discutir agresivamente y muchísimo menos agredir.
        Del canto popular no opino porque jamás le presté atención. Sólo admiro profundamente a Zitarrosa, lo considero único y en todo caso sería un “antecedente” del mismo.
        Bajofondo me encanta! (sí, ya sé que no es cantopopu)
        Saludos!

        Me gusta

      • en breve artículos sobre Benedetti. Creo que Benedetti le sacó jugo a una cierta visión del montevideano. No sé si captó su esencia, sí creó varias caricaturas. Coincido con su opinión sobre Zitarrosa

        Me gusta

  2. Con respecto al comentario que escucho diariamente de “que las chiquilinas vienen cada vez más putas”…

    Fui a mi primer cumpleaños de 15 en 1986, cuando tenía 13 años.

    En aquella época, a los padres que los organizaban les recomendaban usar manteles cortos en las mesas, porque era la única forma de evitar que “las putitas del liceo” se escondieran abajo de las mesas y les hicieran sexo oral a los muchachos. Lamentablemente, aún en los cumpleaños de 15 con manteles largos en las mesas, nunca encontré una de esas “putitas del liceo”.

    Pasaron tres décadas.
    Una prima segunda de mi esposa le estaba organizando la fiesta de 15 a su hija (a la que estaríamos eventualmente invitados) y nos espetó exactamente el mismo comentario, con las mismas palabras.

    No pude evitar reírme y además de contarle lo viejo de esa leyenda urbana, le tiré lo fuera de onda que está, ahora las “putitas del liceo” están para enviarles fotos en pelotas a sus compañeritos..

    En fin, hay cosas que nunca cambian.

    Me gusta

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: