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BENEDETTI REVISITADO (SEGUNDA PARTE)

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Decía en la primera parte de esa nota que Benedetti – especialmente sus cuentos de Montevideanos y Esta Muerte y Otras Sorpresas – había sido   tal vez el primer escritor con el cual comencé mi hábito de lector en mi juventud (dejando de lado las lecturas infantiles o adolescentes de Julio Verne, Salgari, Bomba y otros de la colección Robin Hood).  Con el paso del tiempo y al ir descubriendo lo banal de buena parte de su obra, especialmente sus poemas, dejó de interesarme por completo e incluso a  tumblr_m65uwzZ6VV1rwoqleo1_500generarme rechazo. Más aún me costaba – y me cuesta – comprender por qué tanta gente lo sigue considerando un gran escritor.  Pese a ello siempre me quedó el buen recuerdo de aquellos primeros cuentos, de los que recordaba su sencillez, su humor y su cotidianeidad.  Un día, paseando por una librería, vi que se había editado un libro con sus cuentos completos, publicado después de su muerte. Entonces decidí darle una oportunidad, y volver a leer aquellos relatos, de manera de ver si en la edad madura me generaban las mismas sensaciones.  Y de paso leía otros que nunca había leído, de la etapa en la cual ya no me había interesado.  Tal vez hubiera sido mejor no haberlo hecho y quedarme con la imagen que tenía de mis lecturas juveniles. Revisitar a Benedetti fue bastante decepcionante.

Podríamos dividir los cuentos en dos partes bien definidas:  los primeros, (los que había leído)  Esta Mañana, Montevideanos y La Muerte y Otras sorpresas,  escritos a fines de las décadas de los 40, 50 y 60 respectivamente, y el resto escritos durante el período dictatorial y postdictatorial.

Primera etapa

benedetti-mario-montevideanos-cuentos-envios-mdq-583511-MLA20569315401_012016-FFue en estos cuentos donde me llevé la decepción más grande, ya que esperaba reencontrarme con la frescura de mis primeras lecturas y me encontré con la mediocridad. Con algunas pocas excepciones, los cuentos tienen el nivel de esos relatos que se publican en un suplemento dominical para que la gente lea en la playa o antes de la siesta; son historias que se pasan de simples para caer en la obviedad, en las repeticiones y a veces en la cursilería. Por otra parte lucen envejecidas; las historias han perdido actualidad. El Montevideo de hoy es bastante diferente al que Benedetti describe, y si bien eso no debería ser en sí un problema, lo es cuando buena parte de la fuerza de los mismos se basa en la cotidianeidad. Hay grandes escritores que han sabido describir su lugar y su época de forma tal que su obra la trascendiera teniendo relevancia aún en épocas muy diferentes. No es el caso de Benedetti.

Es interesante, antes de seguir adelante, analizar algunos comentarios que, con sentido crítico, fueran efectuados por el autor en “El País de la cola de Paja”, en el cual, curiosamente,  explica algunas de las recetas que él mismo seguirá en su narrativa.

Ya hemos mencionado en otro post como,  al quejarse de la poca posibilidad que tenían los escritores de tener éxito en Uruguay, decía al respecto del lector uruguayo.

“Por lo general, tiende a evitar que sus lecturas multipliquen sus preocupaciones, y claro, los buenos libros suelen tener el grave defecto de ser intranquilizadores”  (pág 52)

Y citando a Ares Pons dice:

“Actualmente hay más lectores, pero se lee menos”, escribía en 1954 Roberto Ares Pons, “Hemos oído a un joven quejarse de Thomas Mann; no es un escritor para nuestro tiempo. Yo necesito libros breves, ágiles que puedan leerse en un par de viajes de ómnibus. No puedo dedicarle un mes a un libro” (pág 54)

En otra parte, hablando del humor y los humoristas comenta críticamente:

Pero también le gusta al lector – y lo festeja – el chiste que maltrata algún tic de nuestras convenciones sociales, de nuestro prejuicios familiares, de nuestros biombos éticos o morales. Lo que menos le llega es la broma universal, desarraigada. …..Puede que no le haga reir un buen chiste intelectual sobre loros, suegras o judíos (para sólo mencionar tres rubros clásicos), pero si el loro habla lunfardo o la suegra es quinielera, o el judío grita: “¡Peñarol vieja y peluda!”, las posibilidades de éxito aumentan considerablemente. El lector montevideano quiere índices locales, puntos de referencia……. Esa es, por otra parte la técnica más usada por nuestros mejores narradores orales, esas vedettes del chiste que suele haber en cada oficina, en cada familia, en cada velorio. Por lo general, su truco consiste en nacionalizar el ingenio importado, en agregar un sentido local a una broma que originariamente sólo manejaba conceptos (pág 24).

Estos  párrafos explican algunas de las claves de su narrativa y nos muestra que Benedetti tenía bien estudiado a su público, utilizando las técnicas que él mismo criticaba para complacerlo, transformándose él mismo también en una vedette del chiste o el drama. La mayoría de los cuentos de Benedetti – más allá de la supuesta rebeldía o carácter contestatario de alguno de ellos – podríamos catalogarlos de complacientes.  Es lo que el lector quiere leer. Nada de complicaciones que “multipliquen sus preocupaciones” o que lo lleven a cuestionarse sus convicciones. Sus cuentos son, absolutamente inofensivos.  Ese lector parecería ser como dice su propio y conocido poema: “mi cómplice y todo” . En su primera etapa tendrá de cómplice a un público amplio. En la segunda sus cómplices serán su pares políticos.  Y son libros de fácil lectura, ideales para leer en un viaje de ómnibus o en la sala de espera del dentista. Por otro lado Benedetti constantemente recurre al tema de lo cotidiano. Desde el título mismo de su obra de cuentos más famosa hasta las menciones a calles, lugares, personajes, instituciones o hechos conocidos para el ciudadano de Montevideo que a fuerza de abusar del recursos se torna empalagoso. Así, mirando al voleo sus primeros libros encontramos citas: las amuebladas del barrio sur, la casa de la Floresta, el Jardín Botánico, la casa de Pocitos, las calles Larrañaga, Dante, Gabriel Pereira, Maldonado, Río Negro, Agraciada, San Martín, Washington, 18 de Julio, las esquinas de Mercedes y Río Branco, Dieciocho y Ejido, Capurro y Dragones,  San Cono-tres de junio, el Parque Hotel, el Maciel, Bello y Reboratti, Punta del Este, Punta Carretas, el ómnibus 154 o 155, el Cementerio del Norte, la Vascongada, el tranvía de Millán, el Prado, el Parque Rodó, el Palacio Salvo, un restorán de Colonia y Convención (¿el Stradella?), el Presidente Tajes, Todas estas citas cumplen  la misma función que en el humorista: el traducir una temática más o menos universal – y muchas veces trivial – a la realidad cotidiana aumentando su efecto identificatorio.

Dentro de esta técnica hay  temas que se vuelven repetitivos y que conviene analizar

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Una muy recurrente es el tema de la oficina. Una gran parte de los cuentos de Montevideanos tiene como trasfondo la oficina: El Presupuesto gira sobre unos grises burócratas que esperan un aumento, y  los personajes parecen tener como única ambición ese aumento. El relato se complementa con la descripción de unos cuantos estereotipos respecto a la vida de oficina: los bizcochos, la valoración de la seguridad (“La seguridad de que no nos dejarían cesantes. Para que ello tuviera que acontecer se tenían que reunir los senadores, y nosotros sabíamos que los senadores apenas se reunían cuando tenían que interpelar a un ministro”). El protagonista de “Sábado de Gloria” es oficinista, así como el de “Aquí se respira bien” (un oscuro personaje que conversa con su hijo chico en un parque hasta que se le acerca un conocido y ahí nos enteramos que es un coimero), el de “La Muerte” o el de “Datos para un viudo”, el de “El fin de la disnea”, los personajes de “La familia Iriarte” o de “Tan amigos”, o el padre de María Julia de “Los novios”. Se nos sugiere que también lo es el marido infiel de “Almuerzo y dudas” (el protagonista cuando le preguntan por qué no está trabajando dice que salió en comisión).  No todas son oficinas públicas o de bancos: Musak transcurre en la redacción de un periódico y también trabaja allí el protagonista de “Todos los días son domingo”. Y recordemos que también el protagonista de La Tregua  es funcionario público. Por supuesto todos estos oficinistas están cortados con el estereotipo del empleado público: vida fácil, expedientes, buscar diferencias, trabajo estéril, poco trabajadores, siempre prontos para buscar la ventaja que les permita esforzarse poco o nada, coimeros, inescrupulosos.

Otro tema que se repite es el de la traición, ya sea en las relaciones de pareja o en otros aspectos de las relaciones humanas.  Y curiosamente, dentro de las primeras, una buena parte de éstas corresponden a la infidelidad femenina. Es, en muchos casos, la forma que tiene Benedetti de denigrar a algún personaje masculino: hacerlo aparecer como cornudo. En “La guerra y la paz” una pareja que se deshace se reprocha sus mutuas infidelidades delante de su hijo y la sorpresa del cuento radica en que cuando todos pensamos que el infiel es el hombre resulta que la mujer también lo es, lo cual hoy en día no generaría el impacto narrativo que podría haber generado en la época en que fue escrito. “No ha claudicado” es una historia de  traiciones familiares que gira en torno a la desaparición de un collar que desata años de enemistad entre dos hermanos. “Almuerzo y duda” es sobre un hombre casado que le propone una cita a una mujer y – como ya dijimos –  se desarrolla todo un diálogo banal respecto a la posibilidad de que ella acepte o no. En “Se acabó la rabia” gracias a un perro que trae un objeto que su amante dejó, un hombre descubre que su esposa le es infiel. En “Caramba y lástima” el joven que se ha prometido virgen hasta el momento del casamiento traiciona a su novia con una prostituta el día antes en su despedida de soltero (vaya argumento obsoleto). “Tan amigos” es sobre traiciones laborales; un compañero de trabajo que viene a pedir disculpas, aparentemente aceptadas, pero el que supuestamente las acepta termina denunciando al otro. El jefe de la Oficina de    “Familia Iriarte” tiene varias amantes. En “Los novios” el padre del protagonista fue traicionado por un amigo que lo estafó y el padre de la novia a su vez fue un estafador. La relación de pareja se basa en una estafa afectiva, que en algún momento se cruza con una infidelidad del protagonista. El tema de “El Pocillo” es de una mujer que engaña a su marido con su cuñado delante de su esposo aparentemente ciego (tal vez éste relato con una cierta reminiscencia cortaziana sea de los mejores cuentos). “Puntero izquierdo” termina con una traición del jugador de fútbol al pacto que había hecho con sus patrones de echar para atrás en el partido. En “Ganas de embromar” el protagonista es traicionado por su hermano que le pincha el teléfono, a consecuencia de lo cual lo detienen y torturan. “Requiem con tostadas trata de un hijo que entabla una especie de monólogo con la persona con quien su madre engaña a su padre y de paso nos enteramos que su padre se ha vuelto borracho y bruto después de haber sido destruido por la traición de un primo de su madre que trabajaba en el Municipio, quien “le hizo una porquería”. El personaje de “Péndulo” también tiene su momento de infidelidad, así como el de “La Muerte” que cuando entera de su enfermedad duda entre quien estar, si con su mujer o su amante. Por momentos da la impresión que tanta insistencia en temas de adulterio encierra, en el fondo, una cierta moralina, ya que son rasgos que en general al ser agregados al personaje, los hacen más despreciables.

También aparece con mucha frecuencia  el tema de la muerte, especialmente la muerte sorpresiva y fuera del orden biológico, en algunos casos por una enfermedad, en otras por un suicidio, que es también otra de las obsesiones del autor y que aparecerá mucho en los cuentos de su segunda etapa.  El mismo tipo de muerte imprevisto de una mujer joven que – por partida doble – ocurre en La Tregua también aparece en Sábado de Gloria. El padre y la madre de la novia de “Los novios” mueren jóvenes y de una forma ciertamente imprevista (él se suicida). También muere joven el primer esposo de Elisa de Retrato de Elisa. En “Inocencia” un niño muere en una especie de túnel a través del cual espían a las mujeres desnudas del vestuario. La muerte por enfermedad sorpresiva es, precisamente, el tema de “La Muerte”. Este cuento me hace acordar un poco a “A la Deriva” de Quiroga. En los dos los condenados a muerte (por enfermedad mortal en un caso, por mordedura de víbora en el otro) tienen la ilusión de que se curan y comienzan a experimentar una especie de delirio en el cual piensan que se mejoran. En “El altillo” un niño muere a manos de un  niño retardado. También aquí hay algo de otro cuento de Quiroga: “La Gallina Degollada”   En “Requiem con tostadas” la mujer infiel es asesinada por su esposo. Y también es relativamente prematura la muerte de la esposa del protagonista de “Todos los días son domingo”. El anodino “Datos para un viudo” es un relato  sobre la esposa del protagonista, que ha muerto joven, y en el cual éste se entera de otros amantes que ha tenido su esposa, lo cual le genera una sorpresa desagradable (un verdadero anacronismo difícil de comprender para un lector de hoy). En el fallidamente fantástico “El Otro yo” es un muchacho que tiene otro yo con el cual pelea hasta que el otro yo se suicida, pero en realidad es él que ha muerto. También hay un suicidio en el cuento que tiene el cortazariano título de “Para objetos solamente”. En “Acaso Irreparable” nos enteramos que el protagonista ha muerto hace tiempo.

Y las clases sociales tienen también su rol: los ricos tienden a ser malos, los pobres buenos – o por lo menos tienen actitudes en las cuales se las ingenian para sobrevivir y con ello se ganan la simpatía del lector – y la clase media puede ser cualquier cosa: oscilan entre la pusilanimidad, la mediocridad o la normalidad. Obviamente a esta categoría pertenecen la mayor parte de los funcionarios que pululan en estos cuentos, seres mediocres y sin horizontes. Son ricos los malos que le proponen en “Puntero izquierdo” al crack del equipo echar para atrás y es heroica y no exenta de cierta dignidad la “traición” de este marginal que hace el gol de la victoria de su equipo, pese a que había prometido echar para atrás. Y también es cruel la represalia que los poderosos toman contra él. También los patrones ricos de la sirvienta de “Corazonada” son estereotipadamente malos y la muchacha se las  arregla para derrotarlos. Son de clase alta los hermanos que se pelean mezquinamente por el collar de la herencia en “No ha claudicado” y la maquinadora Elisa de “Retrato de Elisa” ha tenido un pasado de opulencia económica. Edmundo Budiño, personaje de “Todos los días son domingo” y que luego volvería a aparecer en la novela Gracias por el Fuego es un despreciable potentado, dueño de medios de prensa (La versión Benedetti de Citizen Kane?). Esta polarización de ricos buenos, pobres malos es bien propio de la visión ideológica del autor, que si bien no es demasiado explícita en sus primeros cuentos aparece subyaciendo. En su segunda etapa esta polarización quedará opacada por la de milicos malos y torturadores/ izquierdistas buenos y héroes.

En estos primeros cuentos la parte político-ideológico aparece muy poco, lo cual los hace digeribles por un público amplio. Tal vez la forma en que   aparece más explícitamente es en el peor cuento de Montevideanos: El resto es selva, un largo, deshilachado y aburrido relato donde el protagonista cuenta sus peripecias y vivencias de un viaje a través de varias ciudades de Estados Unidos. Allí Benedetti tiene ocasión de descargar todos sus prejuicios  sobre los yanquis. Los personajes de los distintos lugares de Estados Unidos que recorre son totalmente esquemáticos: superficiales, banales, drogadictos, borrachos, materialistas, un poco idiotas, dependientes de la tecnología,  y la frutillita de la torta viene dada al final por la originalidad de presentar a un personaje que se ha resignado a vivir en las afueras de Washington D.C, ya que “la ciudad está llena de negros”. Y no es casualidad – dada esa sarta de obviedades e ingenuidades – que, a la salida de una fiesta llena de personajes idiotas, el único que le hace un comentario inteligente al protagonista es un negro: “Ustedes los latinoamericanos  siempre se interesan por el problema negro en Estados Unidos y además simpatizan con nosotros. Yo me he preguntado por qué será.Y  he llegado a la conclusión de que debe ser porque el Departamento de Estado  a ustedes los trata como a negros”: Guauuu !!!  A veces Benedetti parece que hubiera descubierto la pólvora o que presupone que su público no sabe todavía lo que ésta es y se la pretende enseñar. Y en el medio cuela un encuentro con un argentino en un avión, escena que es todo un gran cliché: desde la gastada anécdota de los dos tipos que se ponen a hablar en inglés hasta que luego de un rato se dan cuenta que son rioplatenses, hasta la descripción prototípica del porteño como de agrandado y fanfarrón. “Felices ustedes que tienen la lana y pare de contar; en cambio nosotros, que tenemos la desgracia de ser uno de los países más ricos del mundo..”  El nacionalismo izquierdoso que se desprende del relato y que explica el sentido del título del cuento es totalmente infantil.   También la temática política aparece en “Ganas de embromar” donde se habla de la costumbre de la policía de la época (1965) de hacer escuchas telefónicas y de la arbitrariedad con la cual detenía y torturaba a presuntos opositores. En “Musak” mientras para todos los compañeros de la oficina el funcionario Oribe enloqueció por la desesperante música funcional, para el protagonista fue por sus lecturas marxistas, algo parecido a la explicación que se daba en El Quijote, hace más de 400 años, de por qué Alonso Quijano había enloquecido (por leer tanto libro de caballería). Y como síntomas de su locura citaba frases obvias del funcionario Oribe: “Yo no soy partidario de la caridad, sino de la justicia social”.  “Otra vez me dijo que el deporte era una anestesia que se le daba al pueblo para que no pensara en cosas más importantes”, con lo cual el cuento termina adoptando las características de un panfleto.

Pero no son sólo estos clichés los que rebajan la calidad de las historias. Las tramas en general son flojas y los finales previsibles. Recuerdo que de aquella lectura adolescente me habían quedado grabados los cuentos Puntero Izquierdo y Caramba y Lástima por su humor y lenguaje tan particular. En el primero el que hablaba era un jugador de fútbol mezcla de lumpen con lenguaje de cronista deportivo. En el segundo, una despedida de soltero donde se describían todas las típicas guarangadas de esos acontecimientos. Una relectura más madura y estos relatos no califican más que para la página humorística de un semanario. Claro, cuando los leí en la adolescencia quedé fascinado porque en una parte dijera Andáaacagaaar, (la “vieja canción del sur”) y más aún por el hecho  de que una profesora de literatura del liceo nos lo había recomendado, con lo cual es como si se hubiera hecho cómplice con nosotros del disfrute de la grosería.

A veces Benedetti parece que quisiera ser Kafka, Cortázar o Borges y se rebusca con repeticiones infinitas o distorsiones del tiempo. Pero claro, se queda en una triste parodia de estos autores.  Tal es el caso de Péndulo, un relato que como su nombre lo indica va saltando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo de la vida de una persona común y corriente (me quedo con el cuento “Viaje a la semilla” de Carpentier que cuenta la historia de un tipo al revés, desde que muere hasta que nace como si estuviera pulsando “rewind”). O el de Cinco Años de Vida donde una hombre y una mujer se conocen una noche al quedar encerrados en un metro de París. Esa noche les es suficiente para enamorarse, decidir romper con sus parejas, y cuando al otro día salen del lugar y se dirigen a la casa de él, el protagonista se da cuenta que ha estado viviendo con esa mujer hace cinco años. Acaso irreparable es una repetición kafkiana de una situación en la que a un hombre se le atrasa indefinidamente un vuelo y nunca lo puede tomar. En el último intento por abordarlo se encuentra con un joven en el que reconoce a su hijo mayor y oye al pasar que comenta que su padre murió hace unos años en un accidente de aviación.  Otro “loop” a lo Borges ocurre en Miss Amnesia. Una joven se encuentra súbitamente en la Plaza Matriz de Montevideo sin saber quién es ni cómo ha llegado allí. Se le acerca un hombre que le ofrece ayuda; ella accede y el hombre la lleva a su apartamento donde intenta violarla. Ella logra huir solo para volver en estado de shock y sin memoria al mismo lugar de la Plaza donde empezó el cuento y donde el autor repite varias líneas del primer párrafo, incluyendo aquel en el cual el mismo hombre se le acerca ofreciéndole ayuda, sugiriéndose una repetición infinita. Benedetti prácticamente no volverá a intentar en sus futuros cuentos estas incursiones en el relato fantástico, aunque sí buscará emular algunas técnicas cortazianas.

Veremos todo esto en la próxima entrega de este post.frases-mario-benedetti-cuando-los-odios-andan-sueltos-uno-ama-en-defensa-propia

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  1. el restaurante Stradella, de Colonia y Ciudadela, que tenía unos platos de entrada tentadores que casi no dejaban lugar al resto de la comida.

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  2. Bioy Casares lo nombra en uno de sus cuentos . Creo recordar a uno de los dueños del restaurante , Don Joaquín , un asturiano muy simpático .

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  3. Seré atrevido , irreverente y seguramente muy irrespetuoso con este primer mini comentario sobre los cuentos de Benedetti. Releyendo me dan ganas , y de hecho lo hago, de saltearme párrafos enteros sin que pase nada . En mi modesta e ignorante opinión , al tipo le falta hondura, misterio, interioridad. Al menos para mi gusto por Cortázar , Bioy o el más áspero Borges . Ni que hablar de escritores norteamericanos , franceses y rusos. Me resulta esquemático y siento que uno crece pero su literatura no. No se , me hace acordar cuando de chico iba con mi viejo al café Gran Palace de Bulevar y San Martín . Ahí habitaban desde mamados simpáticos y poco educados a otros mamados profesores de literatura e historia . Gente interesante desde mis ojos infantiles pero según pasaron unos pocos años viró mi opinión a que eran seres simpáticos , queribles pero muy al pedo y repetitivos . Si , tenían la esencia de los cuentos de Don Mario pero no evolucionaban. Aclaro , para que mi viejo no me puteé desde donde quiera que esté, que él solo tomaba café y yo Bilz Cinalco.

    Son buenas gentes que viven,
    laboran, pasan y sueñan,
    y en un día como tantos,
    descansan bajo la tierra.
    Vuelvo a alabarlo, no sé si está usted demente , es un neurótico obsesivo o familiar de alguna persona a la que Benedetti le jodió la vida.
    Lo digo porque amenaza con una tercera entrega que para peor , valga la redundancia , es la peor parte, las novelas
    PD Antes de terminar quesería decir dos cosas . Hay mucha gente que disfruta de la obra de este señor. Mis respetos hacia ellos . La segunda, cuál era la segunda ? Ah, se lo sigue leyendo como antes ? Una tercera , creo que a pesar de cierto adoctrinamiento esquemático era un buen , un buen , un buen ( qué mal día que tengo ! ) y respetuoso polemista

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  4. Recién pensaba que si Ud sigue con este “bombardeo” sucederá lo mismo que con el término “cantinflear”, dentro de unos años para criticar ciertos autores la gente usará el uruguayismo “benedettizar”
    Tendría que colocar este video en el post sobre Gardel ( que “revisité” anoche y está “recomentado”), pero mejor se lo dejo acá, adelantándome a las controversias que vendrán…o no!(Ud sabe que mis conclusiones son unas veces caóticas y otras “Bennedittianas”)

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  5. Nunca lo leí. Utlizando conceptos Herbertianos (DUNE), este es un “no-tema” para mí. 😉

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  6. Pingback: BENEDETTI REVISITADO. TERCERA PARTE | El salmón bizarro

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