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BENEDETTI REVISITADO. TERCERA PARTE

La segunda etapa de los cuentos

En un principio este iba a ser el último post sobre este tema. Pero lo siento, me quedaba demasiado extenso y los lectores se quejan. Y en este caso la extensión tiene otra contra más, ya que el contenido de este post, por razones que ya verán es muy repetitivo. Además se me terminan los temas y tengo que estirarlos (se reciben sugerencias de lectores sobre temas a  tratar). Así que decidí hacerlo en dos partes. La primera es una reseña de los cuentos de Benedetti de la etapa de la dictadura, la segunda de la etapa del exilio. Encontrarán – como ya dije – ambas reseñas reiterativas y aburridoras, y esa es justamente la idea que quiero dar, porque estos cuentos son así. Si  los termina abrumando imaginen lo que puede ser leer todos los cuentos. Hablan casi de lo mismo, contienen los mismos elementos que aparecen una y otra vez hasta el hartazgo. Leyendo la trama de unos se puede adivinar la del resto.   Esta  etapa es la peor de todas. Si los cuentos de Montevideanos o La Muerte y otras sorpresas eran mediocres por sus argumentos flojos, sus repeticiones, su exceso de simplicidad y la previsibilidad de muchos de ellos, los cuentos posteriores son – sencillamente – panfletos.  Son historias dominadas pura y exclusivamente por lo político, pero con un manejo absolutamente maniqueo y  grotesco, sin ningún tipo de sutilezas. Uno recuerda lo difícil de aquella época trágica dominada por la brutalidad en que los militares ejercieron un poder dictatorial encarcelando y torturando gente y puede entender la necesidad de un escritor comprometido políticamente de expresar sus angustias. Pero eso no es excusa para escribir malos cuentos y convertir la literatura en un panfleto.

Para empezar parece que en la época de la dictadura solo hubieran existido milicos torturadores por un lado y militantes políticos de izquierda por el otro. El resto de la gente, común y corriente, parece que no hubiera existido o incluso no hubiera padecido las privaciones de libertad de aquella época.  De golpe desaparecieron los funcionarios  que saturaron los cuentos de la primera época. El país pasó de ser una gran oficina a un gran campo de concentración. Todos los militantes son de izquierda y buenos y además sufren. Y los que no son de esa categoría son milicos malos. Por ejemplo, no existe gente normal de los partidos tradicionales, que en aquella época era la gran mayoría de la población. Al revés de la primera etapa, en la cual sus cuentos   estaban pensados para un público amplio, en ésta Benedetti escribe para una elite de militantes políticos. Por otra parte la visión que trasunta el libro es totalmente maniquea.  Los opositores políticos a la dictadura – sean estos guerrilleros, comunistas o simplemente militantes – son siempre buenos y heroicos. Son todos seres superiores capaces de resistir la picana y los golpes más brutales de la tortura sin hablar, sin delatar. En esta simplificación grotesca Benedetti ejerce –implícitamente – una fuerte censura moral contra quienes –humana y comprensiblemente – terminaron doblegados por el castigo y cantaron – que fueron, seguramente, muchos más de los que el escritor insinúa. Fallar en este sentido no tiene perdón para Benedetti  Por otra parte cuando los militantes efectúan una acción son capaces de mostrar grandes dosis de ternura y madurez. Son iluminados que siempre actúan por altos ideales; no hay en ninguno de ellos ansias de poder, odio, deseo de revancha, envidia. Ninguno comete excesos. Son todos de moral intachable. Tampoco hay traidores o arrepentidos, o gente que dude o tenga conflictos interiores. La única crítica que Benedetti permite deslizar – con un cierto toque cariñoso – es a las divisiones internas dentro de los grupos de militantes de  izquierda o a las discusiones interminables y estériles en que estos se embarcaban.

Por momentos  esta caricatura del militante heroico suena hasta como una especie de insulto a las víctimas de la tortura dictatorial – hayan mantenido el silencio o sucumbido humanamente al dolor y cantado. Y es el propio Benedetti quien una vez más nos da la clave de como son sus personajes en un cuento llamado Pequebú. Pequebú es un militante de origen pequeño burgués (de ahí su sobrenombre), pero que como todos sufre tortura. Pequebú también se dedicaba a escribir.  Sus compañeros le reprochaban que en sus cuentos nunca aparecían obreros como personajes. Incluso le ponían como ejemplo los de otro escritor, que siendo también de clase media, escribía sobre obreros. Cuando le preguntan a Pequebú si esos cuentos le gustaban la respuesta de éste era:   “Le aburrían, no porque no entendiera sino porque le sonaban a hueco; porque esos personajes no eran laburantes sino esquemas. Esquemones, más bien”   Tal cual. Benedetti parece estar hablando sobre sí mismo y sus esquemones de militantes buenos y milicos malos.  Porque eso es lo que son sus personajes: simples personajes unidimensionales y monocolores, sin relieves ni tonalidades.

El amor de pareja aparece frecuentemente en algunos de estos relatos. Pero siempre las parejas son – como en el famoso poema Te quiero – (el que dice “somos´más que dos”) – parejas cuyos afectos tienen sentido sólo a través de la militancia. Para Benedetti es como imposible pensar que alguien pueda querer a otro que no tiene sus ideas y comparte sus métodos. Claros ejemplos de ello son  Gracias vientre leal o el Hotelito de la calle Blomet.

Otros elemento recursivo es el del familiar del militante que es de derecha (muchas veces el hermano) y que generalmente termina con vínculos con la represión y actuando como soplón, (no hay derechistas honestos que se queden solo en sus ideas, todos evolucionan hacia la crueldad represiva) una temática que ya se insinuaba en sus cuentos de la primera etapa con la siempre presente traición. También está presente permanentemente el tema del suicidio, totalmente banalizado, como si fuera una sencilla decisión que se toma o abandona dependiendo de hechos puntuales.

56981714Y una cosa que de nuevo me ha llamado mucho la atención – ya lo comenté respecto a sus poemas – es el uso reiterado que hace de la palabra “fruición”, una palabra que no es relativamente muy usada cotidianamente. Pero aparece varias veces.

Esta etapa se compone por los relatos de Con y sin nostalgia, (volvemos al abuso de palabras opuestas como en su poesía?) cuya temática es la represión, Geografías, centrada en el exilio y el totalmente intrascendente “Despistes y franquezas”, al cual es difícil encontrarle una temática que unifique sus cuentos.

Pasemos revista a algunos de ellos.

Con y sin nostalgia

“Escuchar a Mozart” plantea un argumento que luego reiterará en una parte de Pedro y el Capitán:  la clásica historia de un capitán torturador que tiene su familia a la que aparentemente quiere y por la cual se preocupa. El capitán escucha a Mozart y su historia es una especie de conflicto con su conciencia. La parte obvia sobreviene cuando el hijo de 8 años se entera por sus compañeros de escuela que su padre tortura. A medida que el niño avanza con sus preguntas incómodas el Capitán  va acelerando su conflicto ético y –como no podía ser de otra manera – termina estrangulando a su impertinente hijo al que tanto parecía querer. Los malos nunca pueden tener una parte sensible o rescatable.

En La colección unos guerrilleros entran en la casa de un tipo para robarle su colección de armas. Por supuesto, el hombre es un oligarca que se ha ido frívolamente a Punta del Este con su mujer y ha dejado a sus hijos solos en la casa, entre ellos una niña paralítica. Como no podía ser de otra manera, la operación guerrillera es de punta en blanco, son respetuosos de los niños y especialmente de la paralítica quien, como era de esperar, termina diciéndoles por propia voluntad,  sin que la forzaran –traicionando a los de su clase – donde tenían escondidas las armas. Todo como ocurre en la realidad.

Gracias vientre leal es sobre un militante que tiene que hacer una operación secreta de la cual ni su mujer se debe enterar. La relación de la pareja es totalmente armónica. Ella sabe en lo que está el tipo y aunque él no le da cuenta de lo que hace lo comprende, pese a que preferiría tenerlo junto a ella y a los miedos que le genera su militancia. En medio de unas conversaciones absolutamente cursis hacen el amor. Después de hacerlo los diálogos son del tipo:

 “- estoy contenta, sabés?.// – ¿de qué? de que el país ande como el diablo?. // No. Estoy contenta porque nosotros andamos bien.  Lo del país me amarga, claro. pero te confieso que todavía no soy lo suficientemente generosa como para anteponer el destino del país al destino nuestro”. //– ¿”no te parece que el destino del país nos incluye a nosotros? //– sí claro  //– y entonces?  //– ya te dije que no soy lo suficientemente generosa. ……

o si no…….

decime_ ¿pensás seguir militando? //– sí  //– ¿lo crees realmente necesario ? //– sí Marta, lo creo. Sobre todo para mí para nosotros.  //- A veces tengo miedo. Todo se está complicando tanto. No sé si vale la pena el sacrificio //–  Siempre vale la pena. …//’Vos me querrías si supieras que le escapo a los riesgos, que me acobardo  flaqueo? // No sé. No creas que es tan simple. A lo mejor mi cabeza te haría reproches, pero creo que mi vientre te querría igual. Sabés una cosa? Mi cabeza puede atenerse a principios, y hasta asumir compromisos. Pero para mi vientre vos sos mi único compromiso.

durazno-y-convencic3b3n3Luego de este diálogo ético-filosófico vuelven a hacer el amor y a la mañana siguiente el hombre se va a su heroica misión que tendrá lugar en la esquina de Convención y Durazno. Toda una moralina barata sobre el deber del militante.

Pequebú es un tipo que cae preso,  y pese a que sus compañeros no confían demasiado en su valor – de hecho lo bautizan Pequebú porque es un pequeño burgués – soporta todo tipo de torturas sin cantar. Un verdadero héroe:

“A diferencia de otros que dijeron no sé, y no hablaron, y sobre todo a diferencia de aquellos pocos que dijeron no sé y sin embargo hablaron él había preferido inaugurar una nueva categoría_: los que decían sí sé, pero no hablaban”.

260px-P1120723_Paris_XV_rue_Blomet_rwkAh, macho héroe…él y todos sus compañeros, porque eran pocos los cobardes que hablaban.

“El hotelito de la rue Blomet” es la historia de dos exiliados que se encuentran en París y se convierten en amantes aunque ambos siguen teniendo en su cabeza a sus parejas de las cuales la dictadura separó.  Por supuesto hay espacio para que hablen de todo lo que pasaron, y lo que no podía faltar:

— No sé. En algún sentido, estoy conforme conmigo mismo, porque aguanté sin hablar, sin delatar a nadie. En aquellos días de mierda aquello se convertía en una obsesión. No hablar, sobre todo no hablar.

— ¿Y te parece poco? Entre otras cosas, yo estoy aquí porque vos no hablaste.

“Relevo de pruebas” es sobre una mujer que trabaja en una peluquería. Como en algún otro cuento aparece un cierto desprecio hacia las personas de baja cultura. En este caso a la peluquera se la presenta como ingenua y estúpida.  Esta mujer se está confesando  y le cuenta al cura,  ingenuamente, que trabajó espiando para un agente de la embajada americana (aunque ella no se daba demasiado cuenta del rol que jugaba). Una de sus misiones fue seducir a un cubano para que los americanos pudieran extorsionarlo y les diera unas claves. Ella acierta en seducir al cubano, pero, por supuesto, pese a que a éste le ofrecen plata y lo amenazan con contarle a su mujer la aventura amorosa, el cubano resultó de una moral intachable – como corresponde al hombre nuevo de la sociedad socialista – y no cedió a ninguna de las ofertas de los gringos. Sin duda, de la misma madera que lo héroes que no hablaban en la tortura.

También hemos fotografiado este cordial incidente”. “¿Para qué?”, preguntó Eduardo. “Para enviárselo a tu gobierno , así comprueban con qué fusto aceptás un platanito de gente como nosotros:” Entonces lo hicieron bajar del coche, le metieron el fajo de dólares en un bolsillo y lo dejaron solo. …El pobre no sabía que yo de algún modo participaba en la operación. Le pregunté que  qué pensaba hacer y dijo que entregaría el dinero en su embajada y contaría todo. “¿Y tu mujer?”. “Al carajo mi mujer”.

¿No es conmovedor? Conmueve esa disciplina revolucionaria de Eduardo contando todo a su embajada, incluido su desliz adúltero. Poco le importa que su vida matrimonial vaya a verse alterada, después de todo no es más que algo burgués. Y también conmueve que se da por sentado que Eduardo tendrá la comprensión de su embajada. Son toda gente íntegra, por tanto le creerán la historia. Nada que ver con esas fábulas que andan por ahí de que a la más mínima sospecha a una persona la podían encarecelar.

En Compensaciones dos hermanos casi mellizos toman caminos diferentes: uno es de derecha e integra los cuerpos parapoliciales. Después entra en la policía y, por supuesto, tortura. El otro es de izquierda, milita en la clandestinidad. Un día el hermano izquierdista, al cual el derechista le ha sacado todas sus pertenencias, se viste con la ropa de su hermano y toma su maletín. Todos lo confunden con él cuando entra a Jefatura y cuando está junto al jefe de policía a solas saca del maletín el revólver 38 con el cual, se supone, realizará la heroica  tarea de matar al repudiable policía.

El último cuento – un cuento bastante largo – de esta serie de relatos se llama “La otra orilla”: un uruguayo de 17 años que se ve obligado a irse a Buenos Aires debido a que tuvo que exiliarse después de haber caído preso. Esta vez no se trata de un militante, sino que cayó “por boludo”. Pese a que al joven no le gusta militar, porque le aburren las interminables discusiones de sus compañeros Benedetti le perdona su inmadurez y el chico igual se comporta como si fuera uno de los buenos: es leal (fue preso por no haber dicho de quien fue la idea de una protesta que hicieron en el liceo), aguanta la tortura sin cantar, (uno más y van…..), se siente mal entre la gente rica, tiene amigos perseguidos y torturados y – por supuesto – termina siendo perseguido en la Buenos Aires pre-dictadura de los escuadrones de la muerte. A lo largo del cuento aparecen casi todos los elementos con los que Benedetti nos suele saturar: así hay una descripción detallada  como de tres páginas de las palizas y maltratos que recibió en la cárcel, donde vio morir gente en la tortura; se menciona una compañera de clase que había muerto porque le hicieron el submarino seco; hay un amigo uruguayo al que encuentra que salió rajado de la cana (aguantó estoicamente y tampoco cantó); aparece una señora con su hija de “una familia que siempre me cayó bien”, cuyo marido está en el penal de Libertad y al cual han reventado, mientras que el otro hijo hace un año que está desaparecido; también aparece un vecino del barrio, estudiante de química, que cayó con su novia y a la cual la violaron diez  tipos delante de él provocando que la joven haya quedado desequilibrada (además de que quedó embarazada, obvio); un tiroteo que lleva al protagonista a refugiarse en una galería; una pareja a la cual la policía se lleva en la calle en un procedimiento brutal; una actriz de papeles de segunda que vive en la frivolidad pero que empieza a darse cuenta de como son las cosas y que provoca cierta atracción en el joven, (“a lo mejor todavía sos rescatable” es la frase dirigida a ella con que termina el cuento); una profe de historia que está presa en Uruguay; un tipo desagradable que empieza a hablar a favor de la tortura con frases obvias tales como : “Ya que esos nenes quieren cambiar el país, ya que quieren que el país deje de ser occidental y cristiano, ya que quieren acabar con la propiedad privada……con la familia, con el culto a la madre, con la Navidad….bueno, entonces que paguen, che y si el precio es la tortura, entonces que los torturen”.  Además  apela sofocantemente al recurso de lo cotidiano, solo que en este relato el recurso de nombrar calles y lugares se refiere principalmente a Buenos Aires. Y entonces nos inunda con nombres porteños: Lacroze, Congreso, Callao, Cangallo, Evita, el Once, Clarín, el aliscafo, Libertador, Corrientes, el Obelisco, Palermo, Vélez, Boca, River, Pueyrredón, Viamonte, Gente, Siete Días, Córdoba, Canning, Ssanta Fe, Talcahuano, 9 de Julio, Rivadavia, Billinghurst, Plaza Italia, Palito Ortega, Leonardo Favio, Las heras, el bus 60 (no podía faltar !!!), Vicente López, Barrio Norte. También nos salpica con cotidianos uruguayos: (no vayan a pensar que nos abandona) el Prado, Atahualpa, el Penal de Libertad, la Casa Spera, Sarandí, el presidente Viera, el negro Gradín, la troupe Oxford, el Cementerio del Buceo, , El Diario, La Mañana, el Cordón, Candeau, Estela Medina, el Hospital Militar. Como quien dice no falta nada.

En estos días estoy leyendo un libro que habla también de torturas, desapariciones, exilios y desexilios y que cuenta tragedias iguales o peores a las que vivió nuestro país y que seguramente sea tema de El Salmón en el futuro, dada la impresión que me está generando. Se trata de “El fin del homo sovieticus” de Svetlana Aleksievich. Ahí es posible ver la diferencia entre como un escritor mediocre y una escritora con altura tratan un tema similar. En el primero todo es blanco o negro, solo hay buenos o malos. En el segundo están todos los colores y una gran cantidad de condiciones morales indefinidas, difíciles de catalogar. Es una de las diferencias entre un panfleto y una obra de literatura.

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  1. Cháchara emergente.

    Muchachos, no me expliquen más el concepto de la palabra emergente y sus distintos usos en la física, en la química, en la filosofía y la biología. Ya los conozco y no hay diferencia alguna entre nosotros respecto a eso.

    Les repito lo que de alguna forma ya ejemplifiqué en el diálogo entre dogmas cristianos y dogmas cientificistas.

    – Decir “la conciencia proviene de Dios” es un dogma, un acto de fe.

    – Decir “la conciencia emerge de la materia” es otro dogma, otro acto de fe.

    Respeto ambos dogmas, pero no me los presenten como verdades divinas ni mucho menos verdades científicas porque no lo son.

    La verdad respecto a la conciencia, la verdad científica, filosófica, física, biológica, química, es que no sabemos de donde emerge la conciencia. El resto es cháchara, exactamente igual a la cháchara y dogmas cristianos de hace 2.000 años, con respuestas absolutas tranquilizantes para toda pregunta. Todo es Dios, todo es materia.

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  2. Hector, ya pasamos a la segunda página de comentarios, ya es demasiado. Te contesto en una línea algunas de las repreguntas que me hiciste y dejo la frutilla de la torta del ad hominem para el final.

    Para todo lo siguiente me baso en el mayor y más antiguo registro escrito que tenemos de otra civilización. Que es de Grecia hace 2.500 años atrás más o menos. Luego hay muy pequeños fragmentos de de distintas culturas de distintas partes del globo, algunos ilegibles, otros que han sido traducidos pero todo extremadamente incompleto.

    – Cuando y para qué se inventaron las matemáticas te lo dije en el primer comentario, no es ninguna demostración mía, es lo que se sabe, por escrito, de la civilización griega. Un detalle importante, las matemáticas no se inventaron en ningún punto específico, se fueron desarrollando.

    – Filosofía y ciencia. Ya escribí sobre esto en varios comentarios de esta misma entrada.

    – Me preguntaste ¿cuál es el objeto de la filosofía? ¿Se supone que era una pregunta difícil? Lo saco del diccionario: “Conjunto de saberes, que busca establecer, de manera racional, …” Ahí está el objeto de la filosofía, lo pueden terminar de leer en el diccionario online de la RAE o cualquier otro diccionario.

    – Respecto a tus preguntas “1500 años después de qué? Cuando se creó la ciencia?”. Lo mismo que ya escribí en este comentario. Respecto al mayor registro escrito de una civilización de la historia que poseemos hoy, la griega. Te hago el mismo apunte de la matemática, la ciencia no se creó en ningún punto específico, se desarrolló. Y tenemos registro de que la ciencia ya existía y en muchos casos estaba avanzada, hace 2.500 años. Los primeros indicios del método científico se dieron hace 500 años, da Vinci, Copérnico, Kepler, Galileo. Creo que queda más que demostrado que tu afirmación era falsa, la verdad es que el método científico se desarrolló al menos 1.500 años después de que existiera la ciencia.

    – Te expliqué por qué las matemáticas nunca rompieron las ataduras con el mundo material, porque jamás las tuvieron. Gracias por tu pregunta sobre los infinitos, afirma mi posición. Los infinitos nada tienen que ver con el mundo material, la matemática jamás rompió sus ataduras con el mundo material porque nunca estuvo atada al mundo material, siempre fue pura razón y abstracción.

    Lo del ad hominem lo dejo para el siguiente, es corto y no tiene desperdicio.

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  3. Ad hominem, ¡qué divino!

    Hector, para finalizar y que veas que no hay rencores, te voy a dar un tip para que en tus futuras charlas o discusiones no dejes tu credibilidad por el piso desde el arranque.

    No soy ni apologeta del cristianismo, ni filósofo que se gana la vida filosofando, pero eso no tiene nada que ver.

    Hector, usted utiliza la falacia ad hominem a troche y moche. Lo hizo en su primer comentario y continuó utilizando ese recurso falso a lo largo de todo su discurso.

    Si todavía acusa a alguien más de utilizar el ad hominem, cuando esa otra persona no lo utilizó y usted sí lo hizo y continúa haciéndolo, su credibilidad queda por el piso, más bien sepultada.

    Llevándolo a las analogías con el fútbol, es como que al comienzo de un partido le pasen la pelota a Hector y él arranque con un ímpetu tremendo, con una vorágine impresionante, corriendo hacia su propio arco, y al pisar el área chica, dé un punta pié impresionante que termine en el fondo de su propio arco, luego de impactar la cara del golero desprevenido, que no entendía nada, y noquearlo. Gol en contra y cambio de golero en el primer minuto de partido.

    – Decir “yo afirmo tal cosa, los que afirman lo contrario son apologetas del cristianismo” es un argumento ad hominem. [1]

    – Decir “yo opino esto, los que opinan distinto son filósofos que se ganan la vida filosofando” es un argumento ad hominem.

    – Invento otra por si no quedó claro, decir “las manzanas son cúbicas, los que digan lo contrario son neonazis del ku kux klan” es un argumento ad hominem.

    Saludos!

    [1] Aquí tu afirmación era la de los 20 siglos de paralización de la ciencia causada por la autoridad de Aristóteles. Algo que roza o se da de lleno con lo absurdo. Comenzando porque Aristóteles y los filósofos de esa época fueron los que más ávidamente desarrollaron la ciencia, continuando con infinidad de hechos históricos, descubrimientos avances impresionantes de la ciencia durante esos 20 siglos que usted dice estuvieron paralizados, y terminando porque absolutamente todos los avance científicos del siglo XXI sólo fueron posibles porque partieron de una base de conocimientos inmensa. Éstos son hechos, no opiniones.

    PS: Pablo, acá tenes uno sin profundidad alguna, nada místico ni trascendental, nada sesudo. Historia muy básica, lógica muy básica y una linda analogía futbolera!

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    • Pablo Crossroads

      Se agradece Noma. Sigo viniendo a este post a ver a cuanto llegan los comentarios. Te comento que el primer trabajo que presenté en la Asociación Rioplatense de Anatomía, en 1987, se intituló : Iglesia vs disección, una historia de historiadores.. Y refería a la falsa creencia de que la Iglesia impidió el desarrollo de la Anatomía en la Edad Media y por ende de la ciencia médica. Para la medicina y la ciencia fue mucho peor la influencia nefasta de Galeno en las pobres mentes medioevales que la de la Iglesia. Y como siempre empezaba mi disertación con “no soy católico, no tengo fe y no profeso ninguna religión, por lo cual esta investigación comenzó sin preconceptos”.
      Abrazo

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      • Gracias por compartir conocimiento de verdad Pablo. Interesante trabajo. No sé del tema más que superficialmente, pero sí sé, sin dudas, que cualquier absoluto donde se señala a un único y malvado culpable de todos los males, es falso. Ya sea la Iglesia, la religión, el capitalismo, el comunismo, el nazismo, los ateos, los musulmanes, los pobres o los ricos. Siempre son un poco más complejas las cosas, sólo un poco.

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