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DICTADURA (PRIMERA PARTE: EL GOLPE)

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El martes pasado fue 27 de junio y se cumplieron 44 años de que la Fuerzas Armadas y el Presidente Bordaberry disolvieran el parlamento, cumpliendo la última etapa del golpe de estado que daría inicio la infame y triste dictadura cívico-militar, que  ha marcado y seguirá marcando a fuego la memoria de los uruguayos durante mucho tiempo. Yo no recuerdo que en los 60 o los 70 , – o sea 30 o 40 años después   de la dictadura de Terra y algo menos de la de Baldomir  – se siguiera hablando de ellas con la intensidad que se sigue haciendo hoy con la que iniciara Bordaberry, que además es una referencia ineludible en nuestra historia reciente. Fue un dictadura diferente a todas las demás, seguramente de lo peor que se experimentó en el siglo XX en Uruguay.

Por eso me pareció adecuado hacer un post sobre mis vivencias de aquella época. No pretendo hacer una historia sobre el golpe de estado, para eso están los historiadores. Simplemente quiero contar un poco como vivió toda esta etapa un joven de 18 años, sin contactos con la política militante, aunque atento a lo que pasaba. Por supuesto, una persona muy distinta a la que es hoy este Salmón.

No fui de los más afectados por la dictadura. Quiero decir, no estuve preso, ni sufrí tortura, exilio o persecución de ningún tipo, ni tampoco nada de ello le ocurrió a mis familiares más cercanos. Eso no quiere decir que la dictadura no me haya afectado; sentí la falta de libertad, la represión, el miedo; tuve amigos y compañeros a los que les pasaron cosas terribles (presos, exiliados, desaparecidos). Y  también sentí un gran vacío,  una gran nada, ya que para un joven de entonces no había demasiadas posibilidades de ocupar el tiempo en actividades gratificantes, más allá del estudio o el trabajo (y en ocasiones ni eso). Comparo con la forma que vive la juventud hoy y me doy cuenta de todo lo que perdió mi generación. En definitiva, pese a no haber estado en la primera línea de fuego –  ni ahí – a mí también la dictadura me marcó.

El golpe de estado se veía venir. Hacía mucho que nuestra sociedad estaba crispada. Desde fines de los 60 se sabía que algo iba a pasar, no se sabía bien qué. La violencia política   provenía de todos lados. Me acuerdo un día – yo tendría quince años – venía por 18 de Julio de regreso a mi casa. Había una manifestación a la altura de la Universidad: gases, corridas, piedras que volaban. Al llegar a 18 y Eduardo Acevedo me quedé unos instantes parado, pensando qué camino tomar para llegar a mi casa y huir de todo aquel lío. No sé de donde se apareció un policía y al grito de “! circule! “ me pegó bruto golpe con su machete en mis piernas, que me quedaron doliendo durante varios días (además del susto que me pegué y que me hizo salir corriendo como pocas veces en mi vida). Era el reino de la impunidad.  Un sábado de noche a la salida de un cine había no menos de diez autos quemados por manifestantes en Plaza Independencia. Recuerdo una mujer indignada diciendo: “¿este es el cambio que quieren?”.  Tengo claro en mi memoria el día posterior a la muerte de Líber Arce. Yo había pasado la tarde en el Barrio Sur en la casa de una tía que festejaba Santa María. Entre el chocolate, los sandwiches y las masitas se armó una tremenda discusión familiar entre los que estaban a favor y en contra del gobierno, los que decían que el gobierno de Pacheco era una dictadura y los que sostenían que la juventud de entonces estaba perdida porque los totalitarios le habían lavado el cerebro. A la salida me volví caminando con mi padre; mi casa quedaba del otro lado de Dieciocho de Julio.  La cruzamos a la altura de Minas y justo pudimos ver una tremenda manifestación que al grito de “Líber Arce, Líber Arce, liberarse” rompía todo lo que encontraba a su paso. Estaban por cruzar Magallanes, apenas a una cuadra de dónde veníamos nosotros, Se podían sentir los ruidos de los vidrios rotos y de los autos que eran dados vuelta. Algún estampido que no sabíamos si eran balas o cohetes. Se podrán imaginar la velocidad con que tomamos Minas para volver a casa.   Y por supuesto estaban las bombas de los tupas y los secuestros y asesinatos. Y las bandas como la Juventud Uruguaya de Pie (JUP) que andaban a los tiros y cadenazos en los liceos. Era la época de los legendarios Manco Ulises,  Melogno,   Manini Ríos. Yo iba a un liceo privado, así que vivía en una burbuja, al margen de todas esas cosas. Pero supe de primera mano de compañeros de facultad lo que eran aquellos enfrentamientos. Liceos como el Bauzá eran epicentros de las acciones más violentas. Si bien no tenía ningún tipo de militancia,  trataba de estar al tanto  de lo que ocurría. Era muy común en aquel entonces que los líderes políticos tuvieran audiciones en las radios, y yo trataba de escucharlos a todos, aún aquellos que estuvieran en las antípodas de lo que yo podía pensar. Una de las audiciones que más me asombraban era la que tenía, precisamente la JUP en Radio Rural. Allí su líder Hugo Manini Ríos irradiaba un discurso que destilaba odio y violencia, y con un contenido inequívocamente antisemita. Se burlaba de “esos políticos con apellidos tan criollos” como Samuel Lichtestejn (simulaba incluso que le costaba pronunciar su nombre) o Vladimir Turiansky, hablaba de la sinarquía internacional, una especie de confabulación entre el comunismo y el capitalismo, de los homosexuales que se habían infiltrado en la enseñanza y  pedía la renuncia del vicepresidente Sapelli al que llamaba “el Plutócrata Rojo” a la vez que defendía todo lo más reaccionario del espectro político nacional e internacional. Por supuesto, veía comunistas hasta abajo de las piedras, como el héroe de la John Birch Society.

Hago un paréntesis en mi relato, para explicar que seguramente esa costumbre de escuchar todas las audiciones políticas de radio que podía la tomé de mi padre, que al mediodía, antes de volver al trabajo, mientras tomaba mate y esperaba que mi madre le preparara la comida, tenía una  rutina de escuchar algunos políticos para reírse de ellos. Recuerdo la audición de Washington Guadalupe y la de Eduardo J. Corso,  entre otros. De noche también escuchaba a un  edil del Partido Demócrata Cristiano, de apellido Bonilla, que en las primeras épocas del Frente se despachaba con un discurso incendiario en contra del Gobierno. Mi padre era  un batllista – con poca instrucción, pero bastante informado – que con el paso del tiempo se había vuelto tremendamente conservador, pero que a la hora del almuerzo solía relatar historias del pasado de las cuales yo fui mamando mis primeros conceptos sobre lo que era la democracia. Recuerdo que contaba que en la década del 20 mi abuelo – un italiano que había emigrado para estos lados a principios del siglo XX – era un fervoroso hincha de Mussolini, convencido que el Duce le devolvería a su patria la gloria de antaño. Estando ya bastante enfermo, sus hijos lograron costearle un viaje para que pudiera visitar su pueblo natal antes de morir. A su regreso, apenas bajar del barco, ya demacrado por la enfermedad que poco después lo mataría, una de las primeras cosas que dijo fue: “me da vergüenza decir que soy italiano”. Había vivido de primera mano lo que era el fascismo y había entendido perfectamente su significado: los soplones, la prisión a los opositores, el aceite de ricino. Todas esas historias eran muy comunes en la mesa del almuerzo. Hablaba sobre la primera vez que votó; siguiendo lo que hacían todos los batllistas de entonces, lo había hecho por Terra, y contaba la desilusión y rabia de todos cuando éste se dio vuelta y, con ayuda de los herreristas, disolvió las cámaras. Supe así del sacrificio de Brum y el asesinato de Grauert. En esos almuerzos me enteré de los pormenores de la Segunda Guerra Mundial, cámaras de gas incluidas o sobre cómo Franco se cargó la república española con ayuda de los nazis ante la pasividad de Estados Unidos que no quería intervenir porque del lado republicano estaban los comunistas. A veces en estos almuerzos participaba mi tía, curiosamente más liberalmente batllista que mi padre respecto al pasado, pero mucho más conservadora respecto al presente de entonces, y de ella también aprendí más conceptualmente lo que habían sido las conquistas sociales y los avances en las libertades civiles promovidas por Batlle y Ordóñez a principios de siglo.

Después de las elecciones de 1971 los hechos comenzaron a precipitarse. El presidente Bordaberry tenía legitimidad legal (más allá del cuestionamiento por fraude en las JMBemJuntaelecciones hecho por el partido Nacional), pero no política. El sistema electoral – la cooperativa de votos llamada doble voto simultáneo –   había llevado a que fuera electo un presidente con poco más de un 20% de los votos.  Había gente que votaba sectores colorados minoritarios cuyo programa político era muy similar al del Frente Amplio (Flores Mora, Vasconcellos) y sus votos servían para elegir a alguien que estaba en las antípodas de su pensamiento. A decir de un político de la época: “En Uruguay el voto es tan secreto, que ni siquiera el que vota se entera por quién vota”. Por otra parte a la mayoría de la población no le gustaba Bordaberry. Ni siquiera a los que lo habían votado. Los colorados conservadores preferían a Pacheco, pero no lo podían votar al haber fracasado la reforma constitucional que habilitara la reelección, por lo que se tuvieron que conformar con su poco carismático delfín. O si no votaban a Jorge Batlle, que había colaborado estrechamente con el gobierno de Pacheco. En general a Bordaberry se lo consideraba un incapaz. Recuerdo una foto del semanario Marcha,  que lo capturaba con cara de pocas luces, con un gorrito marinero increpando con dedo acusador a un periodista para que no lo fotografiara. Y otra en la cual aparecía dentro de un auto, acompañado por un militar,  con una cara en la cual denotaba “esa triste expresión que no era tristeza sino más bien el vacío del mundo en la hoquedad de su cabeza”, como hubiera dicho Antonio Machado. Los hechos posteriores mostrarían que no era tan idiota como parecía.

La escalada militar se agudizó luego que los militares derrotaran a los tupamaros.  Y con ellos pasó al principio lo mismo que antes había pasado con los tupas: la gente común y corriente empezó a verlos con simpatía. Después de cargarse a la guerrilla – la mayoría de la gente estaba cansada de las acciones tupamaras contra los políticos corruptos o sospechados de corrupción.  Primero se llevaron a Jorge Batlle, por unas declaraciones de éste. Y como he dicho en un post anterior Batlle no era un político popular, así que buena parte de la población aplaudió su detención o fue indiferente a ésta. En particular la gente de izquierda que veía en el avance de las Fuerzas Armadas la posibilidad de subirse al carro, alentados por la posible existencia de militares progresistas liderando los movimientos (los llamados peruanistas). Era también la época de colaboración entre tupamaros presos y militares. El grupo político de Batlle – la lista 15 –  que hasta ese momento le había dado soporte parlamentario a los gobiernos de Pacheco y Bordaberry se retiró de la coalición de Gobierno. En el gabinete ministerial solo quedó el Ministro de Educación Julio María Sanguinetti, para cumplir su misión de defender una ley de Educación que había presentado al parlamento y que era resistida por los gremios de la enseñanza en una dilatada huelga que llevó a que los cursos finalizaran en enero. El partido de gobierno perdía así la mayoría parlamentaria, lo cual apresuraría el desenlace.  Después les tocó a los ediles de la Junta Departamental de Montevideo, muchos de los cuales estaban implicados en escandalosos casos de corrupción y abuso de poder.  http://memoriaviva5.blogspot.com.uy/2008/05/1973-corrupcin-en-la-junta.html Entre ellos el incendiario Bonilla, que vivía denunciando a la “rosca”, en la audición que mi padre escuchaba. Es que la podredumbre saltaba por todos lados.

Febrero de 1973 fue un momento clave, donde se dio la primera etapa del golpe, cuando las Fuerzas Armadas decidieron desobedecer al Ministro de Defensa nombrado por el Presidente para frenar el avance militar.

Recuerdo el día siguiente a la rebelión. Ese día acompañé a mi padre que tenía que hacer una trámite en el Centro. Subimos caminando hasta la Plaza Independencia. La Marina había tomado la Ciudad Vieja. Toda la calle Juncal estaba ocupada por autos y ómnibus a los cuales les habían desinflado las gomas y eran usados a manera de barricadas. Se veía milicos por todos lados y se los sentía marchar. Se podía oir los gritos de los oficiales ordenando a la tropa en formación: ¡De Frente, March!. Ciertamente que sentí miedo, mucho miedo. Me veía venir un enfrentamiento como no había pasado antes en Uruguay. Me imaginaba los tanques y los aviones bombardeando la Ciudad Vieja, el Centro, el Cordón donde yo vivía. Temía además que se les ocurriera hacer una leva, yo estaba en la edad justa para ello.

Bordaberry no resultó ser tan estúpido como parecía y logró torcer el golpe, que naturalmente debería haberlo desplazado inmediatamente,  y ponerse al frente de él.

De ahí en más todo fue una escalada imparable hacia la disolución del Parlamento, con todo el sector político desconcertado e incapaz de unirse para enfrentar la situación y con la mayor parte de la población ganada por la indiferencia.

En medio de todo aquel caos sorprendía la actitud de algunos grupos de izquierda alentando el golpe, ilusionados por un presunto espíritu progresista de los comunicados 4 y 7 emitidos por las Fuerzas Armadas. Yo – con mi falta de formación política militante – no podía entender como gente con otra preparación política podían comerse la pastilla de aquella declaración llena de lugares comunes y hechas por quiénes tenían a su cargo la brutal represión contra sus propios compañeros. El mismo día del levantamiento de febrero Seregni hace un discurso en 8 de octubre y Larravide que constituye, tal vez,  la mayor pifia política de su vida, ya que se muestra relativamente complaciente con los militares golpistas. Luego de pedir la renuncia de Bordaberry expresa:

Solamente a partir de ese diálogo restablecido es viable la interacción fecunda entre pueblo, gobierno y Fuerzas Armadas para recomenzar la reconstrucción de la patria en decadencia ….  Por eso militancia y dirigencia del Frente Amplio, están prontos a conceder su APOYO CRÍTICO a todas las instancias políticas, económicas y sociales que vayan en apoyo de la causa popular”.   “La patria es de todos, y se conquista luchando junto a todos los verdaderos patriotas; la construye el obrero y el ama de casa; la construye el estudiante y el profesional, y tiene que construirla también el militar y el campesino”. “Nada de falsos dilemas, de opciones falsas. Nada de dogmatismos ni de los prejuicios y falsas oposiciones con que intentan defenderse los oligarcas y políticos corrompidos. Una vez más la cuestión es sólo entre oligarquía y pueblo”. http://memoriaviva5.blogspot.com.uy/2007/07/lo-dicho-y-escrito-dicho-y-escrito-est.html

Más explícito fue el Partido Comunista que en su órgano oficial, El Popular,

Aquellos que se han pasado intentando dividir al país con falsos dilemas, para evitar que prevalezca la única divisoria real, oligarquía o pueblo, han lanzado la especie de que el problema que vive el Uruguay es un dilema entre civiles y militares y, aún más, entre institucionalistas y no institucionalistas”. “El dilema real del país es hoy oligarquía o pueblo, y la oligarquía no puede representar la democracia”. “… . Por eso nos parece un paso adelante el concepto del comunicado de los Comandantes en Jefe del Ejército y de la Fuerza Aérea concepto reiterado en el comunicado emitido ayer por cadena – de que las Fuerzas Armadas “no son ni serán el brazo armado de grupos económicos y o políticos, ……” http://memoriaviva5.blogspot.com.uy/2007/07/lo-dicho-y-escrito-dicho-y-escrito-est.html

El diputado Socialista José Díaz:

El programa impuesto por las Fuerzas Armadas…. es anti-oligárquico. Los socialistas lo consideramos reformista, progresista, apuntando contra la “rosca oligárquica”…consideramos positivo el planteo militar nacionalista…”

También había opiniones titubeantes o complacientes con los militares en otros sectores de la izquierda como el Partido Demócrata Cristiano o el Movimiento 26 de Marzo. Sólo Zelmar Michelini y Carlos Quijano parecían no morder el anzuelo.

Tampoco fue mucho más lúcida la respuesta del mayor sector de oposición de los partidos tradicionales. Wilson Ferreira Aldunate se sumaba a pedir la renuncia de Bordaberry y pedía que se realizaran elecciones con balotaje. (“Estado de Guerra”, Alfonso Lessa, pág 99). La idea del balotaje en sí no era mala para un país que comenzaba a abandonar el bipartidismo (y de hecho  unas décadas después terminaría implementándose, enmienda constitucional mediante) , pero sonaba un tanto traída de los pelos en aquel entonces: no estaba contemplada en la Constitución y nunca nadie la había propuesto antes. El planteo era tremendamente oportunista – aunque bastante ingenuo -: aprovechar la volada para terminar sentado en el sillón presidencial. Wilson descontaba que en un balotaje los votos del Frente que desempatarían le darían el triunfo.

Otros actores, como el batllismo tradicional, simplemente balconeaban.

Los niveles de enfrentamiento  dentro de la clase política eran tremendos. Se sucedían cartas y comunicados de los principales actores políticos agrediéndose entre ellos. Un diario había publicado una foto de Wilson Ferreira abrazado de Seregni y el Presidente Bordaberry aprovechó la volada para – en un momento que quería denostar a Wilson Ferreira – decir algo más o menos así como que “el Senador Ferreira que no duda en abrazarse al líder de los comunistas Líber Seregni”. La  respuesta de Wilson no se hizo esperar y dejó en evidencia la bajeza de Bordaberry. Después de  tratarlo de ordinario explicó que el abrazo se había debido a un saludo que le hizo porque en esos días había muerto su madre. Patético.

La tardecita antes del golpe yo tenía clase de inglés en el Anglo. Un compañero había llevado un diario recién impreso con un titular en tamaño catástrofe: “Preparan decretazo”.  El profesor, un gran profesor de inglés – un histórico del Instituto Anglo – que todos sabíamos que era también blanco wilsonista cuando nos vio mirando los diarios hizo un comentario que me sorprendió: “Esto ya no daba para más. Alguien lo tenía que hacer: fueran los militares, Wilson, el frente o los tupamaros”. Y no era un comentario aislado: en los días siguientes vería mucha gente cambiando sus posturas políticas, dándole una carta de confianza a los milicos. Y no lo hacían por arribismo o acomodo necesariamente, sino porque estaban convencidos que la solución era la mano dura.

Mientras leíamos aquel diario que anticipaba lo que iba a pasar,  en el Cerrito de la Victoria Wilson Ferreira pronunciaba ante un grupo de militantes un discurso tremendamente encendido, que se presenta aquí y que recomendamos especialmente escuchar, por varios motivos. En primer lugar es un documento histórico invalorable. En segundo lugar – más allá de su contenido – es una pieza  retórica brillante; Wilson era un gran,  ingenioso y seductor orador que tenía, incluso una increíble musicalidad en su discurso. Finalmente, refleja fielmente lo que era la realidad política de entonces y el desconcierto que tenían los principales opositores. Es un poco más de media hora de discurso, pero vale la pena y si lo empiezan a oir seguramente se enganchen. _dsc4861Es bien interesante  observar como, en vísperas del golpe, y con conocimiento pleno de lo que iba a pasar al otro día, Wilson, en lugar de tender puentes con el resto de la oposición, de manera de formar un frente común para enfrentar la dictadura hace un discurso totalmente sectario donde se empeña en pegarle más a sus posibles y eventuales aliados contra el golpe, que a los militares mismos. Así desfilan en sus críticas, el Senador Erro, el batllismo, Batlle y Ordóñez, el Senador Vasconcellos, los tupamaros, el Partido Comunista, la CNT, el General Seregni.  Para un oyente despistado parecería que al otro día el golpe no lo iban a dar los militares, sino el Partido Comunista junto con los sindicatos; prácticamente la mitad del discurso lo destina a pegarle a ellos (cabe aclarar que en ese momento ya había pasado la ilusión peruanista y el idilio con la izquierda por los comunicados 4 y 7). Muy curiosa la frase que pronuncia sobre el final y que, a la vista de cómo se desarrollaron los hechos posteriormente terminaría siendo involuntariamente irónica. Refiriéndose al Partido Comunista decía: “para restaurar la República no sirven los enemigos, con totalitarios nada, nada”. Años después, en pleno exilio y en una postura un tanto menos sectaria, junto a su hijo Juan Raúl fundaría la “Convergencia Democrática”, una unión estratégica con el Partido Comunista para enfrentar a la dictadura. Esto motivó que, en las elecciones internas de 1982, al estar el Frente Amplio proscripto, el Partido Comunista diera la orden a sus militantes de votar al grupo de Ferreira Aldunate, contrariando el pedido de Seregni que, desde la prisión, había llamado a votar en blanco.

Luego de mi clase de inglés me fui para mi casa. Aquella noche casi no dormí. Había un programa periodístico radial que se llamaba “Tomándole el pulso a la República” y ese día estuvieron hasta altas horas de la madrugada contando los detalles de lo que sería, al otro día,  la disolución de las cámaras,  o entrevistando a políticos de la oposición.

En el Parlamento, un reducido grupo de senadores celebraba una sesión puramente testimonial, donde dejaron para la posteridad sus últimos e inútiles discursos. Del Partido Colorado faltaba toda la bancada oficialista;  solo había 5 senadores, los que respondían a los grupos batllistas. Los herreristas del Partido Nacional – que formaban coalición con el Gobierno – tampoco estaban. Muchos de ellos colaborarían luego con el golpe. El vicepresidente de la República, Jorge Sapelli le había dejado la presidencia de la cámara al batllista Paz Aguirre y había ido a reunirse con el Presidente para convencerlo de que no disolviera las cámaras. Obviamente, una acción simbólica, pero lo cierto es que el vicepresidente no se plegó al golpe y rechazó el cargo de ser el presidente de la fantochada del Consejo de Estado que le fuera ofrecido posteriormente. Zelmar Michelini y Enrique Erro estaban en Buenos Aires y les habían recomendado que se quedaran allí, ya que si volvían corrían peligro. De hecho al momento que el Gobierno emite el comunicado anunciando el cierre del parlamento también se pide la captura de Erro. http://www.elobservador.com.uy/el-dia-la-larga-noche-n254013

De todos los discursos de aquella noche, el más recordado, sin duda, fue el de Wilson Ferreira

No es dictaduraDespués de haber estado escuchando las noticias hasta bien tarde,  me desperté  a las 6 de la mañana, y en la radio ya sonaban las marchitas militares, conjuntamente con los comunicados que se repetían a cada rato, anunciando el cierre del parlamento, el pedido de captura para Erro, (me quedó grabadam por lo reiterada,  la  frase: “se solicita la captura del Ciudadano Enrique Erro Picagnone”) y la prohibición de adjudicar propósitos dictatoriales al gobierno, lo cual ameritaría, días después un irónico titular del semanario Marcha: “No es dictadura”.  Como todos los días me levanté   – era miércoles y hacía mucho frío – me calenté en el primus un café con leche y me fui a la facultad. Estaba seguro que no iba a haber clase, pero quería saber qué era lo que pasaba. Era consciente de estar viviendo un momento histórico. También estaba con un susto tremendo y sabía que no iba a hacer nada arriesgado. En la puerta ya se percibía la agitación. Alguien había puesto sobre una mesa un frasco con Talipectín y una leyenda: “ahora, que a nadie le venga diarrea”.  Me acuerdo perfectamente las palabras del profesor que tenía que dar clase a las 8 de la mañana. Llegó como dictadura-civico-militar-en-uruguay-1973-1985-1siempre, se paró en el salón frente a los estudiantes y dijo: “En toda mi carrera docente solo en una oportunidad dejé de dar clase. Fue el día que nació mi hijo. Hoy será la segunda. Me imagino que ahora ustedes tendrán sus asambleas y harán lo que tienen que hacer”. Por supuesto, un estruendoso aplauso lo saludó, e inmediatamente se organizó la asamblea que decidiría la huelga estudiantil y ocupación de la Facultad. Recuerdo a Alberto, un militante de la línea del Partido Comunista, un tipo que tendría unos 26  o 27 años, que nunca había dado un examen y que hacía años que estaba en primer año – su función era agitar, no estudiar – haciendo un discurso en el cuál volcó todo su histrionismo – era actor, además – que lo remataría con la frase: “el que es consciente que esto es una dictadura y no la enfrenta es porque es un cagón”!!!. Yo sentí que era uno de esos cagones.

Eran declaraciones grandilocuentes, llamados al heroísmo y la resistencia. Ésta empezaría momentos después con la huelga general y las ocupaciones, pero no duraría demasiado tiempo. Los militares estaban bien afirmados en el poder.

Lo que viviría  después lo dejo para el próximo post.


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128. Dictadura (segunda parte: La Universidad)  https://salmonbizarro.wordpress.com/2017/07/09/dictadura-segunda-parte-la-universidad/

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  1. ignostico_misantropo_nihilista_iconoclasta

    Hola Salm, me trajo a la memoria la cantidad de veces que pase días en el patio de jefatura por la estrategia que tenían los muchachos de detener al barrer e ir “filtrando” con sus famosas “razias” sin importar que uno portara todos los documento habidos,solo bastaba estar en el camino y eras detenido sin mas y cuando te liberaban ni disculpas ni nada,solo era un “hasta la próxima” ya que al día siguiente podías caer de nuevo y vuelta a esperar por “averiguaciones” sobre tu persona

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  2. Pablo Crossroads

    Buen día Salmón, mis recuerdos predictadura y de comienzos de ella, son muy similares a los suyos, con algunas diferencias. La segunda mitad de los 60 yo era chico pero bastante politizado, fui al Bauzá, recuerdo al Manco y a varios más, cuyos nombre me guardo porque hoy son gente común y corriente y no sería bueno exponerlos al vilipendio público que sufren aquellos que alguna vez han osado enfrentarse ( y sobretodo pegarles unos buenas patadas en el culo) a la izquierda. Si recuerdo a un flaco, que con un largo palo con un clavo en la punta, mantenía a raya a varios de la UJC y de la seccional 20ª (hoy unos mártires inocentes) mientras algunos más chicos (11-12 años) entrábamos a clase un día de huelga. Ese flaco fue luego Diputado, aunque nunca lo voté y hoy está retirado. Piense…doble apellido.
    El Bauzá y su MNG ( lo conoce), el único liceo de Montevideo que no era dominado por la Izquierda y bien que se lo hicieron pagar. Las autoridades ( recuerdo al despreciable Schettini, director de 2aria.) nos cerraban cada pocos dìas, en 4º tuve solo clase hasta agosto y venían de todos lados a buscar camorra. Aún hoy sigue pintado ( no deben saber quien fue),47 años después, un cartel que habla de Zapicán Arhancet, asesinado en un club del FA donde intentó hacer una pìntada. Vaya por el Prado y mire la fachada del liceo, arriba, pegado al techo.
    Recuerdo las audiciones de la JUP, con el hoy arrocero diciendo disparates. Recuerdo los diarios de Fassano, que ya no le pagaba a sus empleados pero “vendía” bien la Revolución. Recuerdo tantas cosas que llevaron al desastre. Incluso recuerdo aquellas interpelaciones de Wilson, un genial e histriónico político que nos sedujo a muchos al comienzo, que me fue desilusionando a medida que pasaban el tiempo y al que finalmente abandonamos cuando perdió toda referencia con lo que pasaba acá, tanto que volvió pensando que iba a hacer caer alos miltares y en realidad quien cayó fue él, preso.
    Difícil entender para quienes no vivieron esa etapa el clima del país, sobretodo cuando hay elaborado un relato, una postverdad, de amplísima difusión, que miente, deforma y oculta.
    Era otro Uruguay, en mi casa de la Avda. MIllán estaban colgadas, una a la lado de la otra una balconera de Wilson-Carlos Julio de mi padre y una de Pacheco de mi abuela materna.
    Una época distinta, yo era ” carnero” y entraba cuando el liceo paraba por VietNam o cualquier otra excusa, , bajo lluvia de naranjazos, pero también cuando una vez se paró como protesta por la invasión de Checoeslovaquia del 67, bajo otra lluvia de naranjazos. Y tenía 11-12 años. Viniendo de famila de docentes, hasta hoy creo que ir a clase no es incompatible con protestar. Voy a clase de 12 a 16, me quedan 20 horas para armar todo el quilombo que quiera. Muchos años después intenté convencer de eso a algunos alumnos en la facultad, nooo, no se ría, los que se rieron fueron ellos.
    Finalmente recuerdo a los tupas, unos cracks peleando contra la Democracia, usando todas sus debilidades, riendose de sus derechos burgueses pero pidiéndolos apenas caían presos. Nunca tiraron un tiro contra la Dictadura, de hecho colaboraron bastante con ella.
    Paro por aquí Salmón, es domingo y mejor no agitar algunas aguas de los recuerdos.
    Tuve familiares directos en ambos bandos, alguno en altos puestos, alguno hoy desaparecido, y tuve suerte, nunca me detuvieron. Y digo suerte porque no había que hacer nada para que te levantara una chanchita, solo estar en el lugar equivocado en el momento justo.
    Si recuerdo pararme en la esquina de Millán y Cortonel Raíz y en Millán e Instrucciones a ver doblar los tanques que venían de sus cuarteles, el 9 de febrero, verdadero comienzo de la Dictadura, auqnque a algunos que apoyaron ese día y luego se dieron vuelta, les de verguenza decirlo. Eso pinta lo que era ese Uruguay, parados mirando pasar los tanques!
    Si seguirán los post sobre la Dictadura, habrá oportunidad de seguir escribiendo.
    Releí un poco lo escrito y es terrble, desordenado, caótico, mezclando épocas. Pero así salió.
    Abzo

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    • Interesantes tus recuerdos, más allá de lo que puedan ser tus ideas políticas. El objetivo es que cada pueda ir recordando como vivió esta época, el que la vivió, y los más jóvenes (si es que hay jóvenes que leen este blog) que sepan cómo la gente vivía aquellas cosas.

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  3. Amigo Salmón vimos la misma película el mismo día pero en cines distintos. El pueblo donde nací y aún vivo fue siempre un bastión colorado, cimentado en un clientelismo político muy parecido al actual, pero diametralmente opuesto, ideológicamente hablando. Toda la estructura del estado estaba al servicio del partido, que administraba favores por medio de los caudillos locales que se disputaban los votos gracias a puestos en Intendencia, Junta
    Local, Ministerio de transporte y obras públicas, Parque forestal del BSE ( el más codiciado por sus beneficios), viajes de balasto de vialidad para el camino vecinal y especialmente por las gestiones jubilatorias. Mucha gente al llegar a su vejez se encontraba sin poder justificar los aportes jubilatorios que les permitieran jubilarse debiendo entrar en el perverso mecanismo de los “clubes políticos”. Esos clubes políticos eran meros boliches con un cartel de la Lista 123 y 15 colorada o 4 y 5 blancas, porque el partido nacional también utilizaba la técnica de captar votos por medio de la gestión ante la Caja de Jubilaciones. Recuerdo a una tal Doña Elba que vivía en Santa Lucía y que “trabajaba” para la lista 4 de Bari González (eterno senador blanco) que llegado el momento visitaba las casas de los correligionarios para avisarles que en pocos días “salía ” su jubilación. Cuando salió la de mis abuelos la recibieron con un asado ya que era como una especie de dádiva que el sistema político y especialmente ese sector te daba como premio a los votos de tu familia. Mi abuelo y su eterna camioneta Studebaker del 51 (azul, preciosa, con overdrive, en la que yo aprendí a manejar) recorrió inaccesibles caminos de tierra llevando fieles a votar en épocas de elecciones. “Qué cara que me salió la jubilación!” decía el viejo sonriendo cada vez que los amortiguadores de la Stude se quejaban en los zanjones que atravesaba, cargado con viejitos agradecidos y embarazadas esperanzadas en que algún día verían a sus hijos en un salvador empleo público.
    Yo acompañé en ese periplo de fiestas políticas a mis abuelos paternos, memorables comilonas en el boliche de mi tío “El gallego” que cambiaba de lista como de camiseta “pero siempre blanco” y sin ocultar que ese último caudillo le había sacado la libreta de chofer o conseguido un permiso para la carnicería que también tenía.
    Las elecciones del 62 y 66 me tuvieron de mero espectador, en las del 71 ya fui protagonista. Una vez en otro post te conté que un profesor del liceo me regaló “El país de la cola de paja” y nos llevó a recitales de Viglietti y Los Olimareños, en una actitud supuestamente militante propia de muchos profesores que jugaron con fuego sobre nuestras cabezas.
    Bueno te dejo, no sin antes recordar una anécdota del 71.
    En mi pueblo la izquierda era numéricamente apenas testimonial y sumamente estigmatizada, lo que me llevó a estar muy distanciado con familiares y vecinos La guerra de las pegatinas de carteles en época de elecciones era una inútil y porfiada gimnasia nocturna por las calles del pueblo (“los carteles no votan” decía sin ser escuchado el Viejo Skorja). El “Caballo” Roberto y yo estábamos en todas, sentíamos una emoción especial “ser parte de la historia” y cuantas más críticas e insultos recibíamos más tozudos nos poníamos. Eramos los peones que subían en las escaleras para pegar bien alto en las columnas esos afiches que nadie leía, esperanzados en que duraran 24 horas sin ser arrancados o tapados por los “fachos”. Una noche estábamos en esa tarea cuando el caballo que era muy fuerte y llevaba la escalera, la colocó en una columna a lo que yo subí ,pues acostumbrado a subir árboles no tenía miedo a las alturas. Estaba en pleno untar la columna con engrudo, cuando llega Adán, un “compa2 mayor que nosotros y nos advierte: “no! en esa no, el Naranjo ya me dijo que acá no le pusiéramos nada”. El Naranjo era un colorado pachequista que compartía la afición de la timba con el Adán, al cual en una de esas “tenidas” previas a las elecciones le había pedido que no “le ensuciaran el frente de la casa”. Al escuchar eso el Caballo dijo sin pensar y como chiste un disparate : “qué bueno pa encajarle una Molotov” ¡Mamita los cabezudos!!! el Naranjo en esa calurosa noche estaba durmiendo de ventana abierta y con todo nuestro bochinche estaba despierto escuchando todo. Saltó por la ventana en calzoncillos y encaró al Caballo que se cagó hasta las patas, lo mismo que yo, que me aferré a la columna salvadora cuando mi ladero largó la escalera y salió rajando, corrido por el Naranjo. Nunca supe si el Naranjo pateó la escalera al pasar o mi susto lo hizo, la cuestión es que quedé abrazado al menjunje pegajoso de harina con soda cáustica de la columna, por la cual me deslicé rompiendo camisa y vaqueros en el arrastre de la bajada.
    Resumiendo, Gracias a Dios que ni yo me quebré ni el Naranjo alcanzó al Caballo. La escalera quedó como trofeo de guerra junto con el balde y la brocha en casa del Naranjo que con los rollos de carteles prendió el fuego de varios asados.
    Yo estuve todo el resto de la noche lavando engrudo de la ropa y de mi Africa Look, que no “curtía” por Angela Davis (como sería políticamente correcto) sino por otro yanqui J. Hendrix. Contradicciones de mi cabecita adolescente, no?.
    PD hace unos días al pasar por la Central térmica de Ute vi que en la costa hay un viejo barco en cuya proa pegaron unos afiches con fotos de desaparecidos, una es del Caballo Roberto Castro, que en el 75 se fue a la Argentina donde lo “alcanzó la historia”, pero de la peor e injusta manera.

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  4. Pablo Crossroads

    Don Guaya, esa politiquería barata fue una de las principales cosas que fueron llevando a los PPTT a la debacle, criticados por la izquierda…hasta que ésta llegó al poder y cometió los mismos errores en pocos años, dando muestra de una capacidad asombrosa de aprender a hacer cosas que a los PPTT les llevó décadas. Igualmente no me afilio a eso de ” son todos iguales” o ” no me interesa la política”.
    Quien sabe si por esos años nos hubiéramos encontrado…por suerte , no.
    Te cuento una: hace como 10 años me tocó armar la web de primer año de la facu. Tenía idea y experiencia, encontré interés en ese momento y me puse a buscar 1 de cada cátedra para armar un grupo. Cuando terminó el primer año nos juntamos para un festejo que bien nos merecíamos: habíamos logrado ganar un concurso de proyectos en la UDELAR frente a los monstruos de Ingeniería, Economía, etc., nos habían financiado el proyecto, lo habíamos armado y ejecutado, a los estudiantes les había servido, todo perfecto. Una de las compañeras pone su casa a disposición, con horno de pan incluído, yo llevo todo para hacer las pizzas ( un arte que cultivo con fruicción y dedicación) y cuando estamos en plena fiesta cae el marido de la dueña de casa. Era “El Pérez” ( apellido falso, obviamente no voy a deschavarlo), el más zurdo de los zurdos del liceo,enemigo mortal ( solo la falta de puntería y el susto habitual impidieron que esta palabreja no fuera literal). Llamé a mi amiga del alma, la hermana que no tuve, y le conté en la casa de quien estaba. Hasta hoy atribuyo parte de mi sordera al grito que pegó: Nooooooooooo!!!!!! Con “El Pérez” nos dimos un abrazo, concordamos que esta situación hace 40 años no hubiera sido posible y nos alegramos por haber salido de toda esa mierda intactos.

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    • Lástima que no nos hayamos encontrado Pablo, te aseguro que nos habríamos entendido, por acá éramos unos tiernos ilusos. Siempre fui de tender puentes, mi brigada no era Palo y Palo sino Pelo y Pelo.

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      • Pablo Crossroads

        jajajaj por lo de la brigada, captaste perfecto quien era el flaco con el palo, jajaja.
        No estaría tan seguro de que nos hubieramos entendido, me da pena admitirlo. Aunque hubo un episodio de finales del 72, creo, por la gente con quien estaba, que fue un quiebre en mi forma de pensar y obrar.
        Iba de madrugada por un barrio con estación de ferrocaril, con un grupo de amigos de mi novia, de ese barrio, y me encontré una banda de pegatineros “del otro bando” , pero amigos y conocidos de quienes iban conmigo, que estaban pegando carteles propios y arrancando ajenos, muy idealistas, alguno de ellos muy buena persona y luego fallecido en circunstancias extrañas. Nos cruzamos, se saludaron, me presentaron y seguimos. A las pocas cuadras nos cruzamos con una banda, pesada, pesada, con alguno de esos nombres mencionados en otros mensajes, que andaban buscando a quienes les estaban arrancando algunos carteles. Pararon, me saludaron, hoy con verguenza recuerdo mi orgullo de que me saludaran ( solicito piedad, era chico y ellos eran famosos…) y me preguntaron si no había visto a “los otros”. Yoooo, noooo….Apenas doblaron la esquina de la avenida, salí para el lado hacia donde habían ido los otros a avisarles, que largaran, que se fueran, que éstos no estaban para la joda, que los iban a reventar, que eran repesados. Y así lo hicieron.
        Ese día me gané, sin quererlo, el respeto de unos pibes y yo, aparte del cagazo de que descubrieran mi mentira, ahí , recién ahí, luego de muchos entreveros, tiroteos, ocupaciones, descubrí lo que era la violencia. Y se acabó.
        Don Guaya, que épocas nos tocaron vivir de jóvenes, eh?
        Estas cosas solo se entienden entre quienes las vivieron, es bravo que al contarlas uno pueda transmitir todo lo que significaron.

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  5. Salmón: me gustó hoy (en gral me gusta). Una bobada, chiquita: “volada” es con “b” porque viene de “bola” (bolada).

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  6. Salmón, usted no será historiador pero en este relato hay más Verdad que en muchas historias “oficiales”, ya sean las que vienen del lado de Sanguinetti como las del de Mujica.

    Lo felicito por animarse a escribir sobre la dictadura y, más importante aún, por hacerlo como lo hizo, sin caer en los tontos y tuertos maniqueísmos a los que estamos acostumbrados.

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  7. ignostico_misantropo_nihilista_iconoclasta

    Copio y pego un poema de Wisława Szymborska

    Bajo una pequeña estrella
    Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
    Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
    Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
    Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
    Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
    por alto a cada segundo.
    Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo
    el primero.
    Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
    Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
    Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco
    de un minué.
    Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño
    a las cinco de la mañana.
    Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
    Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
    Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
    inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
    absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
    Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
    Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas
    respuestas.
    Verdad, no me prestes demasiada atención.
    Solemnidad, sé magnánima conmigo.
    Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
    No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
    Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
    Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos,
    cada una de ellas.
    Sé que mientras viva nada me justifica
    porque yo misma me lo impido.
    Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
    y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.

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  8. kakuzade zukade

    Excelente articulo. Ya había leído varios, pero este me ha gustado especialmente Salmón. Para los jóvenes como yo (25 años) es muy difícil encontrar textos sobre la dictadura que cuenten las cosas de primera mano y aporten información.

    Por cierto, algún día podrías hacer un artículo sobre libros de historia del Uruguay. Por ejemplo, en la dictadura, tengo una idea general de lo que paso, pero casi ningún detalle.

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    • gracias por su comentario. Me alegro poder llegarle y aportarle a una persona joven. el tema de libros de historia en uruguay está bueno, no solo en dictadura, pero requiere mucha recopilación de material. ta lvez en algún momento de más tiempo lo haga. he estado pensando en hacerlo, pero me he topado con ese problema. lo más cercano fue e lque hice sobre los pitufos, pero es de la era actual

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      • Pablo Crossroads

        Ahhh que tema el de los libros de Historia…..qué difícil les resulta a los historiadores apartarse de su ideología. Y no es de ahora, eh? En mis clases siempre cuento que para los americanos la sífilis fue traida por los europeos pero para los europeos,ellos la importaron de América. Entre los europeos, los tanos era la enfermedad de los franceses.. y ypara los franceses era la enfermedad de los tanos. Nadie quería ser su padre y así quienes hacían la Historia la modificaban a su agrado. Si hubiera pasado ahora, Sendic diría que era creada por la derecha….

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      • discullpe mi ignorancia. ¿donde se originó realmente la sífilis?

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  9. VOLVEREMOS!!

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  10. Jeje menos mal se lo tomaron con humor

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  11. Pablo Crossroads

    Salmón, que prefiere? Una respuesta europea o una americana? Acá es a pedido la cosa jajajaj No se sabe, o por lo menos , yo no lo sé. Girolamo Francastoro fue el primero en denominarla de esa manera, era un cirujano italiano ( bah, Italia no existía en esa época) que tenía algunos aires de poeta. Pero se sabe que existía desde mucho antes, por los restos encontrados en excavaciones en todo el mundo en épocas bastante remotas. Seguro que, como todo antes, salió del Africa llevada por alguien. Si fuera de ahora, sería de orígen Chino. Y si se la hubiera pescado Sendic, seguro que habría sido culpa de algún calzoncillo prestado…

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    • yo la versión que tengo es la europea. Por lo menos así la recuerdo de Cándido de Voltaire, que hace una cadena muy interesante.

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      • Pablo Crossroads

        Uhhh no me acordaba que en Cándido se hablaba de eso, “en el mejor de los mundos posibles ” no debería haber sífilis…

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      • Querido Cándido, vos conocisteis a Paquita, aquella criada tan guapa de nuestra augusta baronesa; gocé en sus brazos de los placeres del paraíso, que me ocasionan ahora estos tormen
        tos infernales; ella estaba completamente infectada y quizá haya muerto ya a causa de ellos. A Paquita le había hecho tal regalo un fraile franciscano muy sabio, que había investigado su origen, pues a él se lo había contagiado una vieja condesa, que lo había recibido a su vez de un capitán de caballería, que se lo debía a una marquesa, que lo había cogido de un paje, el cual lo había recibido de n jesuita, quien, cuando era novicio, lo había adquirido directamente de uno de los compañeros de Cristóbal Colón. En cuanto a mí, yo no se lo pegaré a nadie, porque me estoy muriendo.-
        ¡Oh Pangloss! – exclamó Cándido – , ¡qué extraña genealogía! ¿No será cosa del diablo tal linaje?
        – En absoluto -replicó aquel gran hombre -era cosa indispensable en el mejor de los mundos, era un ingrediente totalmente necesario: si Cristóbal Colón no hubiera cogido en una isla de América esta enfermedad que envenena el origen de la vida, y que incluso impide muchas veces la procreación, cosa que evidentemente es contraria a los fines de la naturaleza, no conoceríamos ni el chocolate ni la cochinilla; por otra parte debemos observar que, actualmente, en nuestro continente, esta enfermedad, junto con la dialéctica, es una de nuestras características propias. Turcos, indios, persas, chinos, siameses, japoneses aún no la conocen; si bien hay una razón suficiente para que la conozcan a su vez dentro de unos siglos. Mientras tanto se ha desarrollado prodigiosamente entre nosotros, y especialmente entre los grandes ejércitos integrados por militares honrados y bien educados, que deciden el destino de los países; se puede asegurar que, cuando treinta mil soldados combaten en batalla campal contra tropas semejantes en número, unos veinte mil hombres de cada bando mostrarán pústulas.

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  12. Pablo Crossroads

    Gracias Salmón, hace como 35 años que no leía Cándido. Voltaire se aferra a la teoría del orígen americano, ignora que ya se conocía en el resto del mundo, aprovecha a pegarle 2 palitos a la Iglesia Católica (si creyera en la reencarnación diría que Igno es Voltaire redivivo…jiji)
    Desafío: trivia JethroTulliana.
    Donde aparece el Professor Panglos en un disco de Jethro??
    Pista: de las mejores cubiertas de discos de la historia…
    Espero respuesta, si acierta se gana un balde de 5 kilos de yerba Zara

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  13. Pablo Crossroads

    jajajaja la última es la respuesta correcta, pág. 7 del St. Cleeve Chronicle. Y de acuerdo, conceptualmente es la mejor. Pegaditas luego, portadas e interior de Aqualung y la carátula de Sticky Fingers.

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    • no nos olvidemos de la histórica Sargent Peppers

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      • Bueno llegué tarde a la respuesta, no porque supiera quien es el profesor, pero con esa mensión y la de la mejor tapa tenía muchas chances de ser Thick As… No se si la mejor tapa, al menos un gran trabajo en la edición en Vinilo. La semana pasada puse a andar un sintoamplificador nuevo, pero el diablo me jugó la mala pasada de haber indispuesto las dos bandejas existentes, por lo que sólo me quedé con eso de ordenar discos e intentar que no se sigan deteriorando. Como se doblaba el diario que hace de sobre? porque como lo está ahora no queda bien pero las maneras que intenté quedan peor… Soprendido me encontré que de niño había dibujado el “siga los puntos” de la sección infantil del “diario”. Jeje…

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  14. Pablo Crossroads

    Perro666, yo también tengo dibujado el punteado del Rincón de los chicos. Una mina en topless jajajajajajajaj.
    Es bravo de explicar: abrí el diario dando vuelta solo la tapa de cartón, la primera hoja. Luego dobla hacia arriba lo que sobra del tamaña del vinilo. Listo. Habré sido capaz de explicar esta maniobra? Se habrá entendido?

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