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COMPORTAMIENTOS ADOLESCENTES

 

 

Los uruguayos tenemos un problema serio con la autoridad y, consecuentemente con las reglamentaciones, especialmente aquellas que implican sanciones económicas para quiénes las incumplen. Tendemos a ver   en ese tipo de disposiciones, solamente aspectos de interés recaudatorio de quien impone la medida. Nos amparamos en la muletilla de “lo que hay que hacer es educar y no multar” y no nos damos cuenta que muchas veces la toma de conciencia de los reales peligros de transgredir algunas normas comienza cuando el bolsillo empieza a doler. ¿Es necesario educar a un conductor explicándole que cuando hay una rampa para discapacitados no puede estacionar sobre ésta? ¿Hay que armarle un curso para ello? Parece algo de elemental empatía. . Sin embargo es de lo más común ver conductores que estacionan su auto en estos lugares, obstaculizando el paso a la gente que sale en sillas de ruedas o a quienes transportan Screenshot-2017-12-29 El salmón bizarro ( ElElsalmon) TwitterScreenshot-2017-12-30 El salmón bizarro ( ElElsalmon) Twittercarritos de bebé. La esquina de Coronel Mora y 21 de Setiembre es un claro ejemplo que este Salmón no ha parado de denunciar. ¿qué es lo que falta allí? ¿más educación o más represión? Seguramente si durante algunos días algún móvil de la IMM se diera algunas vueltas por el lugar podría detectar, guinchar y multar a los poco solidarios ciudadanos. Por supuesto, si se pusieran a hacer esto, como lo deberían hacer – ya que están reprimiendo poco y nada – seguramente saldrían voces a decir que eso lo hacen para recaudar y que, en realidad, el papel de los inspectores de tránsito sería quedarse en el lugar, esperar a que el conductor vuelva al auto y explicarle: “Señor, sea solidario. Esta rampa está para que personas que tienen discapacidades puedan cruzar la calle. Si usted se estaciona en ella esas personas no pueden cruzar la calle. Vaya ahora a su casa y confiamos que la próxima vez no lo va a hacer.” Piensen ustedes la cantidad de veces que han visto cortos por TV – algunos muy crudos – mostrando los peligros de manejar hablando por celular. Sin embargo la gente sigue hablando por celular mientras manejan, exponiendo su vida y la de los demás. ¿Cuál es el motivo? Que no salen los inspectores a sancionar esta conducta. Si salieran con multas fuertes se terminaba la costumbre y a la larga los conductores  terminarían aprendiendo “con sangre” que es una práctica peligrosa. En cierto sentido nos comportamos como si fuéramos adolescentes, que tienden a rechazar automáticamente todo tipo de normas que tratan de limitar algunas de nuestras conductas. Raramente nos ponemos a analizarlas a conciencia. En nuestra sociedad se ha creado un ambiente de total rechazo adolescente a todo tipo de medidas que busquen ordenar medianamente algo. A tal punto es ese rechazo que muchas veces las propias autoridades actúan como con culpa, mostrando cola de paja. Cuando se instalaron las cámaras para controlar la velocidad y el cruce en rojo en los Lee el resto de esta entrada

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DEFENDAMOS EL CHIVITO QUE ES NUESTRO

Como este post aparecerá el 24 de diciembre, nada mejor que dejarles un breve comentario culinario. No tengo, este año, ganas de discutir sobre vírgenes, balconeras y pesebres.

Durante algún tiempo los uruguayos nos ufanábamos de la demora que tuvo la cadena McDonald’s en entrar al país.  En vez de verlo esto como un rasgo de nuestro subdesarrollo lo tomábamos con orgullo nacionalista: la cadena de hamburguesas no podía competir con éxito con nuestra gastronomía. Y de paso se le agregaba también algún componente de disfrute ideológico, ya que McDonald’s hace mucho tiempo que desplazó con éxito a la Coca-Cola como símbolo del capitalismo yanqui. Ya hoy es raro encontrar gente que se niegue a tomar Coca-Cola por razones políticas. En cambio sí hay mucha gente que se niega a comprar en la hamburguesería por esos motivos y cada vez que hay alguna manifestación violenta de grupos de ultraizquierda sus locales son blanco seguro. La aversión ideológica hacia McDonald’s hizo que en algún momento alguien corriera la voz de que las hamburguesas se hacían con lombrices y no con carne vacuna, de la misma forma que años antes se había difundido aquella leyenda urbana de que un hombre había caído en un tanque donde estaban preparando el jugo con que se hace la Coca-Cola y había quedado disuelto instantáneamente. También se los ha acusado de usar sustancias venenosas para destruir grandes áreas de  selva tropical  , con el fin de crear terrenos de pastoreo para el ganado y proveer Lee el resto de esta entrada

NO SON PROPIEDAD DE LOS PADRES (CONTINUACIÓN)

En raras ocasiones utilizo un post para contestar comentarios de los lectores. En general prefiero contestarles directamente en el espacio que la página prevé. Sin embargo, alguna vez lo he hecho y nuevamente voy a usar este mecanismo en relación al último post. El último post –  “No son propiedad de los padres” – ha recibido una serie de comentarios de todo tipo, alguno de ellos muy buenos, que ameritan dar una explicación conjunta. Algo me dice, luego de leerlos que dicho post  no enfocó correctamente donde debía.

El objetivo del post era exponer la idea de que muchas veces los padres tratan a sus hijos como si fueran objetos de su propiedad, decidiendo por ello cosas importantes que los condicionan hacia el futuro, lo cual no me parece bien. Sin embargo esta idea quedó un tanto difuminada por la fuerza del ejemplo elegido hacia el final (el que un juez pueda decidir un cambio de sexo cuando los padres se oponen) y por mi invocación a cuestiones jurídicas de tipo constitucional que estarían avalando – de acuerdo a mi opinión – esta eventual potestad del Estado. Entonces quiero redireccionar a los lectores en el sentido de que el tema principal del artículo no es si un juez puede o no ir contra la voluntad de los padres, sino de cómo los padres no deberían tratar a sus hijos como si fueran de su propiedad al punto de tener poder absoluto sobre ellos. El caso del cambio de sexo no es más que un ejemplo. Tal vez el artículo quedó desenfocado y este tema sobredimensionado. De todas maneras. luego de remarcar las idea principales del post volveré sobre los argumentos que se han dado en relación con el tema del ejemplo, ya que me han parecido muy interesantes.

Volviendo al principio, es bueno desmitificar esa idea de la “perfección” de la educación en el seno familiar. Por supuesto, la familia es fuente de amor, de contención, de atención y de una serie de cosas positivas más, que la mayor parte de los padres suelen trasmitir a sus hijos. Pero el poder de los padres sobre sus hijos es tan grande que muchas veces estos abusan de ellos – de forma más o menos consciente – y terminan haciéndoles daño. Los padres son seres humanos que se equivocan y que a veces incluso pueden ser malvados, como los padrastros o madrastras de los cuentos de hadas y ogros que nos leían en nuestra niñez. Como dice Serrat:

Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
con nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos para dormir.

 

Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada y en cada canción.
                                                                                                                                    (Esos locos bajitos)

Ya he hablado en otro post de lo inconveniente que me parece que los padres hagan a sus hijos “cargar con sus dioses”, adoctrinándolos religiosa o ideológicamente, niño con pancartatransmitiéndoles prejuicios y un largo etcétera. Quería remarcar algo que tal vez pasó desapercibido en el post anterior. Hubo una marcha de varios padres disconformes con el uso de la Guía de Educación Sexual. Los padres se manifestaron en uso de los derechos que tienen de libre expresión. Hasta ahí todo bien. El tema es que en esa marcha hicieron participar niños a los cuales les hacían portar pancartas con leyendas, como si fueran ellos los que se expresaban (de sexualidad aprendo en mi casa y a a mis tiempos), leyendas que obviamente no podían entender, como seguramente no entendían por qué estaban allí.  Eso es un claro ejemplo de uso y abuso de padres que decían defenderlos. Más aún, a este abuso se le agrega que de todas esas marchas salieron fotos en la prensa (suponemos que con autorización de los padres) donde aparecían expuestas las imágenes de estos niños (el sombreado de la foto la hizo El Salmón, pero si se googlea “a mis hijos no los tocan” van a encontrar una gran cantidad de imágenes de prensa con las caritas de los niños totalmente expuestas). Esto, generalmente, se ve como algo natural, y no es más que consecuencia la manipulación que se hace de los niños como si fueran objetos. También es frecuente verlos en actos políticos portando las banderas del partido que votan sus padres.

Pero dejémonos de introducciones y vamos a los comentarios de los lectores.

Lou Bizarro expone una visión desde el punto de vista jurídico. Dice compartir el fondo del artículo, pero no los fundamentos teóricos. Por lo visto es una persona que domina el derecho y “destroza” los argumentos que yo doy desde el punto de vista de que el derecho de los jueces de decidir apoyar un cambio de sexo contra la voluntad de los padres estaría amparado en la Constitución, así como el derecho del Estado en general de educar a los niños en forma subsidiaria. Para mi pariente Lou esa posible potestad de los jueces no estaría amparada en la Constitución, la educación sería exclusiva de los padres, y la intervención del Estado sería solo para proteger a los más débiles y vulnerables. Cuando el artículo 41 de la Constitución dice:

La ley dispondrá las medidas necesarias para que la infancia y juventud sean protegidas contra el abandono corporal, intelectual o moral de sus padres o tutores, así como contra la explotación y el abuso..

Lou opina que:

Respecto al segundo párrafo, el Estado actuará ante la omisión de los deberes de los padres o ante la comisión de delitos o faltas. Eso faculta al Estado a sustituir el derecho natural y constitucional que tienen los padres sobre sus hijos ante la comisión de hechos prohibidos por Ley o la omisión de los obligatorios. En definitiva, nada tiene que ver el Art. 41 con el tema de la educación sexual, histórica, religiosa o cualquier otra…………El espíritu del artículo es que la educación es un derecho de todas las clases sociales, nada tiene que ver con quién debe impartir la educación. .. En definitiva, trata sobre la igualdad, no sobre el papel de los padres y el del Estado en la formación de los menores

No voy a ponerme a discutir en temas legales con Lou que, por lo visto los domina. Simplemente se me generan algunas dudas  respecto a lo que él dice. Para empezar, una precisión…¿qué significa “el derecho natural que tienen los padres sobre sus hijos”? No existe tal cosa como el “derecho natural”. Salvo que pensamos que hay un derecho de inspiración divina, el derecho es una construcción de los seres humanos, no es algo que surja, para nada, de las leyes de la naturaleza. Entiendo y comparto sí, el papito-diosconcepto de “derecho constitucional”, pero los derechos naturales no existen.  Sabido es, por otra parte, que los abogados normalmente tienen dos – o más bibliotecas – para cada tema, por lo que es probable que encontremos juristas que lo interpreten de otra forma. Ahora bien, el que un padre no atienda a un hijo que quiere hacer un cambio de sexo (no digo el que no lo consiente necesariamente, luego de analizar concienzudamente el tema,  sino el que le niega totalmente la posibilidad porque lo considera aberrante, sin dar más argumentos  que sus prejuicios) ¿no lo podemos interpretar como “abandono”? Es algo que hace a su salud mental.

Por otra parte, si eso fuera como Lou dice. ¿dónde está la base jurídica por la cual el Estado puede intervenir – sin violar la Constitución – en cosas tales como obligar a los padres a que manden sus hijos a la escuela (después de todo si el derecho de educarlos es de ellos por qué están obligados a hacerlo, lo podrían hacer en sus casas y a su manera), a que se vacunen, a que reciban transfusiones de sangre si su vida está en peligro. ¿De dónde, entonces, viene la potestad de los jueces de autorizar a adolescentes a que se casen si los padres no los autorizan? Para mí el tema del cambio de sexo sería de alguna forma asimilable a estas situaciones. Pero, repito, es la opinión de un lego en la materia.

Sobre el final del comentario Lou nos dice:

Y aunque no esté personalmente de acuerdo, una madre o un padre tienen derecho a enseñarle a su hijo o hija a permanecer virgen hasta el matrimonio, a tener relaciones sexuales sólo para procrear o lo que sea. En este país hay libertad de cultos y todo lo que no está prohibido por la Ley, está permitido.

Estamos de acuerdo, pero también el Estado puede – y debe -, en defensa de los derechos de los niños y adolescentes hacerle ver a éstos que hay opciones diferentes a las que le están proponiendo sus padres. Y, como dice Perro, darles la mayor información posible al respecto. Y lo que además los padres de ninguna manera pueden hacer es castigar o estigmatizar a una adolescente porque ha tenido relaciones o quedado embarazada, o a un hijo que ha salido homosexual, cosa que todavía  ocurre en nuestra sociedad.

Pero, para terminar con la crítica de Lou apartémonos un poco del plano jurídico. La Constitución en un país democrático es la norma de derecho fundamental a la cual todos debemos acatar. Pero la Constitución es un acuerdo entre ciudadanos, no fue dictada por un dios, o sea por más que uno la acate puede perfectamente estar en desacuerdo con algunas de sus disposiciones – yo lo estoy con muchas de ellas – y expresarlo. Y promover reformas. Entonces, independientemente de lo que diga la Constitución la posición de este Salmón es que los padres deben tener límites en la educación de sus hijos, y esos límites deberían estar dado porque el Estado les muestre otras opciones para que estos elijan, tanto en temas religiosos, ideológicos como de comportamiento sexual, higiene, etc. En otras palabras, si la Constitución no ampara el derecho de los jóvenes a ser atendidos en su sexualidad diferente debería hacerlo.

Paso ahora a ocuparme de lo que dice María, quien da una serie de elementos interesantes respecto al tema del cambio de sexo y a los efectos perjudiciales que éste puede eventualmente tener. Más allá de la verosimilitud o no de la información manejada al respecto (cosa que desconozco, pero supongo que la lectora está bien asesorada) este tipo de argumentos es de los más serios que he encontrado, ya que no parte del prejuicio. Sin embargo creo que contiene un pequeño error lógico, ya que en realidad desplaza el tema de la argumentación. Lo que dice María es referido a cómo debería un padre – o un juez eventualmente – actuar respecto al pedido de un joven de cambiar de sexo, o sea cuáles deberían ser los elementos a tener en cuenta para ayudarlo en su decisión. Pero no tiene nada que ver respecto a quién habilita esa decisión. Si hay peligros en el cambio de sexo esos elementos deberían ser sopesados por los padres en el momento de la decisión y – eventualmente – por un juez. Es parte de la decisión, no de quién decide. Para verlo con más claridad podríamos invertir el razonamiento. Supongamos ahora que un joven menor de edad quiere cambiar de sexo y sus padres lo autorizan a ello. Supongamos también que lo que dice María respecto a los efectos perjudiciales de un tratamiento es correcto. Si pensamos que el tratamiento tiene consecuencias terribles éste las tiene sea que quienes autoricen sean los padres, sean que quién autorice sea un juez. Si cambiar de sexo es “perjudicial para la salud” de un determinado adolescente, no lo deberíamos permitir en ningún caso, más allá de lo que digan los padres. Pero estamos tan acostumbrados a que los hijos sean propiedad de los padres que – aún en el caso de una medida que pudiera ser perjudicial para éstos nos parece bien que se lleve a cabo si éstos lo autorizan, ya que nos centramos en el caso de quién debe autorizar. De la misma forma que nos parece normal que un padre mande a un niño a un colegio religioso a que lo adoctrinen, mientras que al Estado le exigimos laicidad. Desde el punto de vista ético ni el Estado ni los padres tienen derecho – en mi modesta opinión – a condicionar a un niño a que crea que un día vino un ser todopoderoso a la tierra a desposar una virgen y a procrear otro dios que es él mismo, o a que una serpiente es la culpable de que los humanos elijan el camino del mal, o a que si uno muere en batalla luchando contra los infieles después de muerto llega a un paraíso donde se encontrará con mil vírgenes.  Como tampoco ni el Estado ni los padres tienen derecho a prohibirles a sus hijos que crean en algún dios. Lo correcto éticamente es enseñarle a los niños e informarlos de todas las opciones existentes y facilitarles la mayor libertad para que elijan. Y en el caso del ejemplo que tratamos voy a subir la apuesta. Si el cambio de sexo trae como consecuencias riesgos de tipo sicológico para el que lo efectúa ¿debería alcanzar con la autorización de los padres para que se efectuara? ¿O debería mediar también la intervención de un juez? Si pensamos que alcanza con la voluntad de los padres estamos en el mismo error de considerar a éstos dueños de sus hijos que cuando consentimos que lo prohíban. Porque los mismos argumentos para ser cautos en el caso del cambio de sexo debido a los problemas que éste puede acarrear se aplican sea que quienes deciden son los padres como los jueces. Algo de esto plantea Gonzalus en su comentario. Resumiendo este punto, seguramente una intervención de cambio de sexo – sea ésta hormonal o cirugía – puede acarrear riesgos e inconvenientes si no se cumplen una serie de condicionantes (madurez de la persona, convencimiento cierto). Estos elementos son lno quiero un hijo maricónos que evaluaría cualquier padre que tuviera la capacidad de ponerse en el lugar de sus hijos y decidir con estos elementos por sí o por no respecto a dar la autorización. Algunos otros padres se opondrán de plano por homofobia, prejuicios o lo que sea, probablemente sin analizar la situación e indignados por la opción que tomó el nene. En cualquiera de los dos casos el menor puede apelar ante un juez y pedirle que le autorice. En el primero de los casos, si los padres han evaluado correctamente los riesgos y concluido que el niño no es maduro sería de esperar que los jueces fallaran en el mismo sentido (sí, ya sé, esto es en un plano teórico). En el segundo caso el juez deberá hacer la evaluación que deberían haber hecho los padres no empáticos y decidir por ellos. O sea, no quiere decir que los jueces siempre van a autorizar, por algo son jueces. María presupone, asimismo, que los jueces van a obrar de manera irresponsable, ya que “es posible, sabiendo cómo está funcionando el Poder Judicial en estos momentos”. Es cierto que los jueces se equivocan con frecuencia y como seres humanos que son también muchas veces actúan guiados por preconceptos o presiones. Pero esto no  tiene por qué ser siempre así y además, en todo caso es aplicable para todos los aspecto en que tiene que intervenir el Poder Judicial en nuestra sociedad, que incluyen asuntos muchas veces tanto o más delicados como éste. Siguiendo por esta línea de razonamiento llegaríamos a la conclusión que el Poder Judicial no debería existir tampoco para juzgar delitos o decidir en litigios, ya que muchas veces terminan culpables sueltos, inocentes presos o se falla en contra de quién tiene razón. Y también los padres pueden actuar en forma irresponsable. Hay ejemplos que abundan al respecto. Y no me vengan con el argumento de que “nadie conoce a los hijos mejor que sus padres”, porque no siempre esto es así.

Y en relación a la supuesta contradicción en que el menor pueda cambiar su sexo sin autorización de sus padres, pero no pueda votar creo que son dos cosas distintas. En un caso decide sobre algo que le compete a sí mismo, en otro caso sobre el conjunto de la sociedad. Pero además la decisión siempre estará mediatizada por un juez. No me imagino un joven pidiéndole autorización a un juez para votar y éste evaluándolo si está maduro o no para ello. Y aún en el caso en que sigamos pensando que es contradictoria una cosa con la otra nada invalida el argumento del derecho del niño a decidir.

Luego hay algo importante en lo que dice María que, si bien es correcto como afirmación en sí misma,  no invalida mis argumentos:

Tal vez lo que motiva la negativa de los padres no es ignorancia, homofobia o crueldad, sino una clara preocupación por la trascendencia de la decisión

Esta afirmación seguramente sea válida en la mayor parte de los casos, y desde el momento que se requiere, en la legislación propuesta, la autorización de un juez para torcer la voluntad de los padres es de pensar que la preocupación está contemplada (de lo contrario hubiera alcanzado con la sola decisión del menor). Pero hay una minoría de casos en la cual la afirmación no es válida y seguramente exista un número de padres que frente a esto reaccionen en función de su homofobia o falta de empatía. Las leyes se hacen justamente para estos casos, por más que sean minoría. Si siguiéramos ese argumento no haríamos leyes para condenar a los ladrones, porque la mayor parte de los integrantes de la sociedad no son ladrones.

Luego están los argumentos de Noma. El primero de ellos – que detrás de estas posturas están quienes propugnan la deconstrucción del género y cosas por el estilo – es un argumento ad homine. No suelo juzgar determinadas posturas o ideas por quién está detrás de ellas impulsándolas o apoyándolas. Simplemente analizo si me parecen razonables o no, y en este caso, por los argumentos expuestos estoy de acuerdo. No me importa nada más. El segundo argumento de que “la trivialización está en estas nuevas teorías progresistas, que dicen que si un niño quiere cambiarse de sexo, que lo haga, esa es una solución brutalmente trivial, que además ya ha demostrado acarrear pésimos resultados”, además de tener también un cierto contenido ad homine no es lo que se plantea en este caso. Nadie plantea que el cambio de sexo se dé como quién cambia de celular. Y por otra parte me gustaría conocer la evidencia de la cual se desprende los pésimos resultados obtenidos. El último punto: “El hecho de que haya respuestas intolerantes y violentas frente a una teoría, no la valida, de ninguna manera” es correcto (nunca argumenté a favor de mis ideas en función de que los contrarios a ella efectúan respuestas intolerantes) y me da pie a volver a poner foco en el objetivo del post. La idea de mostrar las respuestas intolerantes no es validar ninguna teoría, sino mostrar cómo esas respuestas intolerantes son el reflejo de una idea generalizada de que los hijos son propiedad de los padres, lo cual queda muy patente en muchos de los comentarios.

El argumento de Pablo Crossroads respecto al aborto (A las primeras que habría que hacerles entender que los hijos no son de su propiedad, es a las mujeres que abortan escudadas en la penosa excusa de ” es una parte de mi cuerpo y me la saco cuando quiero”, igual que las pestañas o las uñas) no contradice para nada lo que yo expongo, en todo caso puede ser visto como un ejemplo más de los padres tratando a sus hijos como cosas, en este caso a un hijo no nacido, del cual podremos pasarnos horas discutiendo si es un ser humano vivo o no (ese es otro tema y no voy a abordarlo aquí). Luego de hacer un balance de pros y contras no me opongo a la despenalización del aborto, pero hay algo que tengo muy claro: de todos los argumentos que se manejan a favor de la despenalización el que menos me convence es el de “la mujer hace lo que quiere con su cuerpo”, porque justamente el feto no es parte del cuerpo de la mujer. Podemos – repito – discutir siglos respecto a qué es, pero seguro que no es parte del cuerpo de la mujer. (en ese sentido es muy bueno el aporte de Carl Sagan en el artículo que trae a colación Perro) Y diría más. Esta concepción de ver al embrión como “propiedad” seguramente sea pariente próxima – incluso antepasado –  de estas visiones de derecho exagerado sobre los hijos.  Y respecto a la educación, por supuesto que la que imparte el Estado no es la panacea. Ni ahí. No la ha sido en los últimos 50 o 60 años (si es que alguna vez la fue). Ya hemos escrito en otros posts cómo se ha dedicado, más que a formar individuos libres en sus opciones, a generar adoradores de mitologías, y esto le ha sido común a todos los partidos políticos que han manejado la educación. Pero mi post está más pensado desde el punto de cómo deberían ser las cosas, pensando siempre en el necesario equilibrio entre lo que se imparte en casa y fuera de ella. Los hijos de Pablo tienen – a estar por sus palabras, y no tengo por qué dudarlo – la suerte de haberse desarrollado en un hogar “funcional”, pero éste no es el caso de todos los niños, y tal vez ni siquiera sea el de la mayoría de éstos. En estos casos alguien debe protegerlos del mal que le hacen sus familias.

Aunque un poco tangencial, me resulta muy interesante el argumento de Gonzalus respecto a la adopción. Para ejercer la patria potestad de un menor alcanza con que sea el padre biológico (soy el dueño) y ésta se pierde en casos muy límites. En cambio si quiero adoptar me van a exigir una cantidad de condiciones. Es una intromisión del Estado totalmente absurda y desproporcionada tendiente a convalidar la propiedad del niño por ser simplemente del mismo origen biológico, con lo cual se le impide o dificulta a muchos potenciales padres adoptivos la posibilidad de otorgarles una paternidad a niños abandonados.

Hay otras reflexiones de los lectores – muchas de ellas muy interesantes – que no considero en este post, ya que no hacen al tema y, por otra parte ya han sido contra argumentadas por otros lectores.

Desde ya, un agradecimiento a todos los lectores que – cada uno con su estilo particular – han participado de este debate caracterizado por el nivel y el respeto

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Posts relacionados:

No son propiedad de los padres:                                                                                                  https://salmonbizarro.wordpress.com/2017/12/10/no-son-propiedad-de-los-padres/

NO SON PROPIEDAD DE LOS PADRES

 

En los últimos tiempos una serie de leyes o proyectos de ley muy polémicos han despertado la reacción de muchos padres indignados que al grito de “a mis hijos los educo yo”,  “el Estado no va a decidir por mí respecto a mis hijos” o “con mis hijos no se metan” rechazan estas leyes y levantan la bandera de la libertad individual.

Uno puede entender la molestia de muchos de estos padres que – ya sea que estén mujeres-detestablespresos de prejuicios o temerosos de un estado que se pueda volver omnipotente – rechazan que se les permita a sus hijos hacer cosas que ellos no quieren. Más allá de las responsabilidades y derechos que le caben a los padres respecto a sus hijos – en particular a su educación – da la impresión que muchos de ellos actúan respecto a sus vástagos como si fueran un objeto de su propiedad, sintiéndose, incluso, en el derecho de decidir en contra de los intereses de éstos.

Muchas veces estos padres invocan el artículo 41 de la Constitución:

Artículo 41.- El cuidado y educación de los hijos para que éstos alcancen su plena capacidad corporal, intelectual y social, es un deber y un derecho de los padres. Quienes tengan a su cargo numerosa prole tienen derecho a auxilios compensatorios, siempre que los necesiten.

Esta invocación es parcial, ya que se pone énfasis en la referencia al derecho de los padres pero no al deber que tienen de cuidar a los hijos para que alcancen su plena capacidad corporal, intelectual y social, en otras palabras, no es un derecho para que hagan cualquier cosa con los niños. Pero también se suele omitir el segundo párrafo de este artículo:

La ley dispondrá las medidas necesarias para que la infancia y juventud sean protegidas contra el abandono corporal, intelectual o moral de sus padres o tutores, así como contra la explotación y el abuso.

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PENA DE MUERTE Y RELIGIÓN

Publicado en

En post anterior traté distintos elementos relacionados con la pena de muerte, un poco como reacción a toda la arremetida “justiciera” que se había generado al respecto. Mientras consultaba material para el mismo, me encontré con una gran cantidad de páginas que analizaban dicha pena desde el punto de vista religioso. Así, de lo que voy a escribir es en relación al rol que han cumplido las distintas religiones en alentar esta forma de barbarie, sin pretender, ni mucho menos, efectuar un análisis exhaustivo del tema. La pena de muerte existió desde épocas remotas, y las religiones, en general, en tanto construcciones ordenadoras de la vida social, han tendido a reafirmarla y promoverla. Podemos encontrar referencias a la pena de muerte en muchos de sus libros sagrados y justificaciones a ésta en preceptos religiosos de todo tipo. Pero como los textos sagrados de cualquier religión son,  – tal como lo analiza muy bien Robert Wright en el libro “La Evolución de Dios” – recopilaciones de tradiciones orales o de relatos efectuados en distintos momentos del tiempo y obedeciendo a distintas circunstancias,  normalmente están llenos de contradicciones, lo cual lleva a que cada uno las interprete como quiera. Sin contar, por supuesto, los problemas lingüísticos originados en los idiomas en que fueron escritos y sus traducciones Lee el resto de esta entrada

PENA DE MUERTE ?

 

– Hijo: Papá, si matamos a todos los malos, ¿Quedaríamos solo los buenos?

– Padre: No hijo, quedaríamos solo los asesinos.

De vez en cuando – y cada vez más frecuentemente –  en nuestra sociedad se producen crímenes espantosos que sacuden e indignan a  todo el mundo: asesinatos seriales, violaciones y asesinatos de niños, inocentes muertos en medio de una rapiña o de una balacera producto de guerra de bandas de narcos, secuestros con final trágico,  y un largo etcétera. La indignación de la gente es absolutamente comprensible y probablemente, cualquiera de nosotros, por más mesurados que nos mostremos, si nos viéramos en una situación en la cual nos enfrentáramos con alguien que  hubiera hecho algún daño de este tipo a algún familiar o persona querida (o incluso a algún desconocido con el cual hubiéramos empatizado por su desgracia y la injusticia del crimen) nos veríamos inclinados a actuar con violencia para descargar nuestra indignación. Pero no debemos confundirnos. Una cosa es este tipo de actitudes, ejecutadas en caliente y entendibles por la ira del momento en cualquier ser humano, otra muy distinta es pretender que la sociedad genere normas para “linchar” a los delincuentes.

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VACAS SAGRADAS Y VACAS PROFANAS

 

Cuando inauguré este blog, en mi primer post, explicaba por qué me definía a mí mismo como “iconoclasta”. Para resumirlo,  me resistía a endiosar seres humanos y tomar cada una de sus acciones o pensamientos como modélicas en todo momento. También, íntimamente ligado a esto, estaba el negarme a ver el mundo de los humanos como dividido en dos clases de categorías nítidamente diferenciadas:  la de los buenos y la de los malos.   En aquel post la mayor parte de los ejemplos de “iconodulia” ( la adoración incondicional de seres humanos, o sea lo opuesto a la iconoclastia ) estaban referidos más bien al campo de la historia o de la política más o menos contemporánea. Artigas, Stalin, Fidel Castro, Hitler, Chávez, Perón, el Che Guevara, todos ellos (entre muchos más) fueron en su momento o en la actualidad objeto de idolatría, ya sea cuando ejercieron su poder, ya sea en el recuerdo que la historia les tiene reservado o en ambos casos. En otros posts fui analizando el mismo fenómeno, pero referido a elementos de nuestra cultura, ámbito en el cual se había desarrollado una especie de adoración a determinados elementos representativos de ésta, los cuales se consideran prácticamente intocables, por lo menos por cierto sector dominante en los medios culturales.  Estos personajes constituyen verdaderas vacas sagradas, ya que no sólo son idolatrados en forma incondicional, sino que además criticarlos o cuestionarlos puede constituirse en una especie de blasfemia. El que ose tocar con su crítica a una de estas vacas sagradas corre el riesgo de ser tratado poco menos que como un delincuente. Si bien el fenómeno muchas veces se le suele atribuir en exclusividad a toda la cultura “de izquierda” (ya que normalmente la mayor cantidad de  referentes culturales en el país tiende a ser “de izquierda”)  no es un fenómeno exclusivo de ésta. Hay vacas sagradas que atraviesan todas las ideologías, como Artigas o José Pedro Varela. Atrévase alguien a hablar mal de Gardel o cuestionar la supuesta nacionalidad uruguaya de éste (lo cual para los gardelianos de ley es lo mismo que denigrarlo) y seguramente reciba una Lee el resto de esta entrada